¿Cómo pasó de fruto seco distinguido a ingrediente omnipresente en Instagram y TikTok?
Hubo un tiempo en que el pistacho era un fruto seco distinguido. No como la almendra, que suena a Navidad y guirlaches; no como la nuez, un poco básica y de mayores; ni la avellana, que se dejaba querer en cremas y bombones. El pistacho era otra cosa: un verde discreto, un precio algo elevado y una presencia exclusiva y limitada al helado artesanal italiano, el baklava, algún turrón navideño y poco más. Ese producto que comprabas con cáscara, pelabas con paciencia y comías sin prisa, disfrutando de ese sabor mantecoso y ligeramente dulce que no se confundía con ningún otro.
Entonces llegaron las redes sociales; y con ellas, la “pistachitis”. Actualmente, el pistacho está en todas partes. No como fruto seco, sino transformado en crema, pasta, polvo, aroma sintético y hasta perfume (no comestible, en este caso), listo para teñir de verde fosforito cualquier cosa que se ponga por delante. El pistacho ya no es un ingrediente, es una tendencia.
El momento Chocolate Dubai
Y uno de los momentos en el que el pistacho comenzó a llamar mucho más la atención fue, con la aparición del Chocolate Dubai: una tableta de chocolate rellena de crema de pistacho y pasta kataifi crujiente, convertido en un producto muy reconocido en las redes sociales. Se compra, se fotografía, se sube a stories, colas kilométricas y miles de vídeos probando el invento. Pero el fenómeno no se detuvo ahí: desde su aparición en 2024 el Chocolate Dubai ha mutado en versiones cada vez más barrocas y exageradas.
Primero fue el helado, luego la burger dulce con capas de brownie, knefeal pistacho y mousse verde, hasta llegar a la extravagancia de una torre de pancakes con pasta kataifi, crema del ubicuo fruto seco y untable de avellana, en la versión deluxe, suma una barra entera de Chocolate Dubai y copos de oro de 24 quilates. Todo ello servido por 100 dólares la ración.
Es el mismo patrón de las modas alimentarias en redes: un producto goloso, visual y replicable que, gracias a su estética, se multiplica hasta el empacho. El pistacho se ha convertido en el comodín para decir “esto es especial”, aunque no aporte nada más que color: si estás pensando que hay otro verde omnipresente en redes (el té matcha) no te falta razón, pero aquí los melones los abrimos de uno en uno.
Deliciosos… o no tanto
Desde luego, el pistacho puede ser maravilloso: un buen gelato siciliano de pistacho, con ese sabor intenso y no demasiado dulce, es un tesoro. Un baklava bien hecho, un bizcocho con pistacho picado, el panettone que lo incorpora a la masa, ese pesto de hierbas silvestres con pistacho en lugar de piñón… ahí sí. El problema viene cuando el pistacho se mete con calzador, forzando su presencia allí donde no aporta nada.
No hablamos solo de lo que encontramos en las grandes superficies (desde las cápsulas de Pistacchino para café latte de pistacho, hasta el Kit Kat o las Oreo teñidos de verde), sino también de los restaurantes, que tampoco se libran de la fiebre: pizzas saturadas de pistacho en crema y picado; casi siempre junto a esa otra plaga que es la burrata, o coronando piezas de sushi. En redes, la cosa alcanza tintes paródicos, tanto que te quedas con la duda de si son reales o creaciones hechas con IA. Se infiltra en el hummus, el salmorejo o el tiramisú: todo se pistachea, como si la mera presencia de ese verde bastara para convertir cualquier receta en algo especial.
https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-10-24/pistachitis-aguda-por-que-el-pistacho-y-su-verde-fosforito-estan-hasta-en-la-sopa.html