¿Por qué no es buena idea comer mientras ves la televisión?

Comer frente a la pantalla se ha convertido en algo tan habitual como encender el mando de la tele o echar un vistazo al móvil durante la comida. En España, más del 30 % de las personas menores de 30 años admiten que almuerzan o cenan frente al televisor.
Y aunque parezca inofensivo, los expertos señalan que este hábito puede jugarle una mala pasada a nuestro cuerpo y nuestra mente.

🍽️ Lo que ocurre cuando comemos distraídos

Cuando estamos pendientes de la televisión, de Instagram o de revisar el móvil mientras comemos, dejamos de prestar atención a lo que estamos ingiriendo. Eso tiene varias consecuencias:

  • Perdemos parte de la señal que envía nuestro estómago al cerebro para decir “ya estoy lleno”, lo que hace que, sin que nos demos cuenta, comamos más de lo necesario.
  • Al no saborear bien los alimentos —porque nuestra atención está en otro sitio— el disfrute se reduce. Y cuando disfrutamos menos, podemos tender a comer más para compensar.
  • Comer rápido, sin masticar lo necesario y sin pausa, favorece digestiones más pesadas o molestias como aerofagia (tragar aire al comer).

📊 ¿Por qué importa “estar presente”?

La atención plena durante la comida —es decir, comer con calma, saboreando cada bocado, siendo consciente del plato— ayuda a regular mejor cuánto comemos y a disfrutar más del momento. En cambio, comer distraído rompe ese vínculo natural entre cuerpo y alimento. Un estudio mostró que, al comer mientras se jugaba un juego simple frente al ordenador, los participantes sentían menos saciedad y más tarde comían el doble en un pequeño aperitivo respecto a quienes comieron sin distracción.
La conclusión es clara: no basta con qué comemos, también cómo lo hacemos importa.

✅ Consejos para comer con más conciencia

Puedes empezar hoy mismo a darle un giro sencillo a tu relación con la comida:

  • Haz de la comida (almuerzo o cena) un momento libre de pantallas. Apaga la televisión, guarda el móvil y presta atención al comer.
  • Sirve tu porción en el plato y evita “picotear” directamente del envase o de un bol grande mientras ves la tele.
  • Mastica despacio, saborea texturas y sabores, y deja al menos 20-30 minutos para disfrutar la comida —el cuerpo tarda un rato en darse cuenta de que está lleno.
  • Pregúntate antes de comer: “¿realmente tengo hambre, o es sólo hábito o aburrimiento?” Esto ayuda a distinguir el hambre emocional del físico.
  • Y si por circunstancias debes ver algo en pantalla mientras comes (por ejemplo, con niños o en momentos poco flexibles), al menos sé consciente de que la comida es la protagonista: acompáñala de conversación, intenta que sea una pausa real.

En definitiva: disfrutar de la comida es mucho más que nutrirnos. Es un momento para conectar con nosotros mismos, con nuestra familia o quienes estén a la mesa, saborear y cuidar. Cuando una pantalla se interpone, ese momento puede perder valor —y además puede favorecer hábitos menos saludables. Apagar la tele, aunque solo sea uno o dos días a la semana, puede significar mucho.

Fuente: https://www.eldiario.es/consumoclaro/no-buena-idea-comer-ves-television_1_12029114.html

Alimentación y cine

El cine actual ha acogido la gastronomía como uno de sus temas más recurrentes. Películas comerciales, tanto nacionales como internacionales, como «Sin reservas», de Scott Hicks (remake de «Deliciosa Marta», de Sandra Nettelbeck), «Fuera de carta», de Nacho G. Velilla, junto a producciones más antiguas como «American cuisine», de Jean-Yves Pitoun o «Como agua para chocolate», basada en la novela homónima de Laura Esquivel, giran en torno al mundo de los fogones. Un género que ha sorprendido por su gran aceptación entre el público tanto profesional como aficionado es el documental gastronómico, un cine más especializado y en el que se ofrece una visión realista del mundo de la gastronomía. Otras cintas con distintos argumentos recogen escenas memorables relacionadas con la cocina, es el caso de «Blade Runner» en la que se muestran unos inquietantes puestos volantes de comida asiática, o la más cercana «Todos a la cárcel» de Berlanga, en la que se elabora una peculiar paella.

Se ha criticado en repetidas ocasiones el caso de «Ratatouille», una rata cocinera, como el peor ejemplo de higiene en una cocina. En este caso debe tenerse en cuenta que se trata de una licencia cinematográfica, una ficción que responde a una historia imaginaria en la que el director ha querido situar una rata como chef de alta cocina francesa. El problema es cuando, no queriendo transgredir, se comete el error por puro desconocimiento: una escena en una cocina profesional de un restaurante supuestamente de prestigio en la que solamente un cocinero lleva un protector cubrecabeza, o en la que se manipulan alimentos con reloj, anillos y pulseras o se utilizan utensilios de madera.

Una paella realizada en el film de Berlanga en la que se echa de todo menos ingredientes comestibles no incita a error porque se busca a propósito el rechazo y la nausea del espectador. Un plano-secuencia en el que un cocinero profesional entra en la cocina de la calle y se pone a cocinar directamente tras ponerse el delantal sin ni siquiera lavarse las manos, o un restaurante en el que el personal desayuna sentado sobre los mostradores o come habitualmente en la cocina, mal ejemplo. ¿Por qué se cuidan en los medios audiovisuales los patrones de conducción (respeto a las normas establecidas de circulación, uso de cinturón) o ciertos hábitos saludables (no fumar, no beber alcohol…) y no las normas de seguridad alimentaria, especialmente cuando se está mostrando un cocinero trabajando en una cocina profesional? En todos los casos se trata de un tema de salud pública y de la transmisión de unos cánones de vida saludables.

Un tema de reflexión sobre el que los responsables de comunicación de cualquier medio vinculado al mundo de la gastronomía deberían dedicar unos minutos. En definitiva, los medios de comunicación audiovisuales resultan ser un excelente vehículo de transmisión de buenas prácticas de manipulación y formación básica en el campo de la seguridad alimentaria que debe ser aprovechado, especialmente si se repiten periódicamente como es el caso de los programas de cocina.

La mayoría de las películas con temática gastronómica contratan los servicios de consultores que les ilustran sobre diferentes técnicas y nomenclaturas culinarias, al igual que los programas de cocina que cuentan con personal especializado, aunque quizás los temas de seguridad alimentaria no ocupan dentro del ranking de importancia el lugar que deberían. Es por muchos conocida la triste historia de Bernard Loiseau, asesor gastronómico de «American cuisine» y cuya cocina sirvió de modelo para recrear el set de grabación de la película y que posteriormente se suicidaría ante la posibilidad de perder una estrella Michelin en su establecimiento.

https://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/cine-y-seguridad-alimentaria.html