Un estudio reciente, fruto de la colaboración entre la Universitat Rovira i Virgili (URV) y otras entidades sanitarias, ha puesto en evidencia una significativa discrepancia entre la oferta de alimentos comerciales para la primera infancia en España y los criterios nutricionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La investigación, publicada en la revista European Journal of Pediatrics, se basó en el análisis de 850 productos de 42 marcas, resultando en la creación de la base de datos InfantBase.
Los hallazgos indican que únicamente el 20% de los alimentos evaluados cumple con los perfiles nutricionales recomendados por la OMS. El problema principal radica en el contenido de azúcar: el estudio determinó que el 60% de los productos contiene niveles excesivos de este componente. Esta situación es especialmente evidente en los purés de fruta, donde el 99% de las referencias analizadas requeriría un sello de advertencia por su alta concentración de azúcar, incluyendo azúcares o edulcorantes añadidos en el 30% de los casos.
La preocupación profesional se extiende al ámbito de la promoción comercial. La investigación señala que el 98% de los productos presenta alegaciones o mensajes publicitarios que no están autorizados por los estándares de la OMS. Este uso de publicidad no autorizado puede influir en las decisiones de compra de los padres.
La creación de la base de datos InfantBase busca proveer a los profesionales sanitarios de una herramienta objetiva para evaluar la calidad nutricional en un mercado en rápida expansión. En conclusión, el estudio subraya la necesidad de implementar un mayor control regulatorio sobre la composición y la promoción de los alimentos infantiles en el mercado español, con el objetivo de asegurar una alimentación basada en evidencia científica que favorezca el desarrollo saludable desde los primeros años de vida.
Una reciente revisión de estudios, publicada en la revista The Lancet, ha puesto de manifiesto la escala del impacto que los alimentos ultraprocesados (UPFs) ejercen sobre la salud pública global. El consenso científico subraya que el consumo masivo de estos productos no solo deteriora la calidad de la dieta, sino que desplaza activamente a los alimentos frescos y mínimamente procesados, incrementando el riesgo de múltiples enfermedades crónicas. Este trabajo se suma a la evidencia previa, como la revisión de The BMJ de 2024, que asoció la ingesta elevada de UPFs con hasta 32 resultados adversos, incluyendo un 50% más de riesgo de muerte relacionada con enfermedades cardiovasculares, un aumento del riesgo de ansiedad y, en general, un 21% más de riesgo de muerte por cualquier causa.
El desafío es de naturaleza global, tal como revelan los datos de consumo revisados, que muestran que la proporción de UPFs en la dieta puede variar drásticamente (del 9% en Irán a más del 60% en EE. UU.), pero con una tendencia al alza en todos los niveles de ingresos, destacándose un aumento del 60% en ventas per cápita en Uganda entre 2007 y 2022. Ante esta escalada, los investigadores enfatizan que la industria alimentaria es la principal responsable de este consumo masivo y señalan la necesidad crítica de una respuesta global y coordinada para contrarrestar las estrategias de comercialización de estas empresas.
Expertos españoles, como Esther López-García, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UAM, refuerzan el llamado a la acción, indicando que estos estudios respaldan firmemente la implementación de políticas de salud pública destinadas a reducir la exposición y el consumo de ultraprocesados, como las ya aplicadas en España para su eliminación en comedores escolares. Para el consumidor, la identificación de estos productos sigue siendo esencial: los UPFs son formulaciones industriales con alto contenido de azúcares, grasas refinadas, sal y aditivos, y baja densidad nutricional. La recomendación práctica clave es revisar la lista de ingredientes, ya que un producto es generalmente más saludable cuanto menos ingredientes incluya y de mayor calidad sean.
En definitiva, esta revisión consolida el argumento de que la mejora de la calidad de la dieta es fundamental para reducir la alta prevalencia de problemas de salud en la sociedad, haciendo de la regulación de los alimentos ultraprocesados una prioridad urgente a nivel mundial.
Los alimentos ultraprocesados han pasado de ser una opción puntual a ocupar un espacio central en nuestra alimentación diaria. Según una serie de revisiones publicadas en The Lancet, su consumo masivo ya es una amenaza real para la salud pública. La OMS y UNICEF alertan de que estas preparaciones industriales —baratas, adictivas y ampliamente publicitadas— están desplazando las dietas tradicionales en todo el mundo.
Un control global de unas pocas multinacionales
El informe señala a unas pocas empresas que dominan el mercado y comparan sus tácticas con las de la industria tabacalera: presión política, manipulación de la opinión pública y campañas de marketing multimillonarias. Mientras tanto, el consumo de ultraprocesados crece sin freno, especialmente en países en desarrollo, y en España se ha triplicado en solo dos décadas.
Riesgos para la salud
La evidencia científica revisada asocia estos productos con obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, depresión y mayor mortalidad. A pesar de los debates sobre la clasificación NOVA, los expertos coinciden en que es urgente actuar: mejorar el etiquetado, gravar los productos insanos, limitar su publicidad y aplicar políticas globales que prioricen la salud sobre el beneficio corporativo.
Impacto ambiental
Los ultraprocesados no solo dañan nuestro organismo; también perjudican al planeta. Su producción intensiva, transporte y envases plásticos multiplican su impacto ambiental. Frenar su expansión requiere algo más que decisiones individuales: hace falta transformar el sistema alimentario y recuperar una relación más saludable y sostenible con la comida.
Lo creías olvidado, pero el dalgona coffee volvió a TikTok y nos recuerda que la creatividad en casa puede ser deliciosa.
Nunca imaginé que un café batido con un par de ingredientes pudiera arrasar tanto en redes sociales, pero aquí estamos. El dalgona coffee, esa bebida espumosa que mezcla café instantáneo, azúcar y agua caliente sobre leche fría, se ha convertido en un fenómeno viral que inunda TikTok con tutoriales, trucos y variaciones infinitas.
Lo divertido de esta tendencia es que es un experimento casero más que un café gourmet. He probado hacerlo varias veces y, aunque al principio parece complicado, el truco está en batir bien hasta conseguir la espuma perfecta. Luego, ver cómo esa capa dorada flota sobre la leche me da una sensación curiosamente satisfactoria, como si el café se convirtiera en un pequeño postre líquido.
Lo que más me gusta es cómo la comunidad de TikTok ha reinventado la receta: versiones veganas con leche de avena, alternativas con cacao, matcha o incluso sabor a caramelo. Cada video trae un toque diferente, y siempre hay alguien mostrando un truco nuevo para lograr la espuma perfecta o decorar con cacao, canela o incluso pétalos comestibles.
Más allá del café, esta tendencia me recuerda cómo plataformas como TikTok han cambiado nuestra forma de interactuar con la cocina. Ya no solo seguimos recetas: exploramos, probamos y compartimos el proceso. Y, sin darnos cuenta, una bebida que parecía simple se transforma en un momento de creatividad, conexión y diversión en casa.
Al final, el dalgona coffee es mucho más que café: es un pequeño ritual diario que combina nostalgia, paciencia y satisfacción instantánea. Y sí, aunque no sea un café de cafetería de especialidad, hay algo en prepararlo uno mismo que lo hace mucho más especial.
El consumo de alimentos ultraprocesados (alimentos listos para consumir que suelen contener altos niveles de azúcar, sal, grasas saturadas y aditivos alimentarios) ha aumentado paralelamente al incremento de los casos de cáncer colorrectal de inicio temprano (CCRIT).
En un estudio realizado con casi 30.000 enfermeras menores de 50 años, un grupo de investigadores de Estados Unidos, descubrió que un alto consumo de alimentos ultraprocesados se asociaba con un mayor riesgo de pólipos de colon que pueden ser precursores de cáncer colorrectal. En concreto, estas mujeres tenían un 45% más de riesgo de desarrollar este problema.
En promedio, los participantes consumieron 5,7 porciones de alimentos ultraprocesados por día, lo que representó el 35% de sus calorías diarias totales.
A partir de la endoscopia, los investigadores identificaron a 2787 participantes que desarrollaron pólipos precursores del cáncer colorrectal. Las mujeres que consumian la mayor cantidad de alimentos ultraprocesados (promedio de 10 porciones diarias) presentaban un riesgo de 45% mayor de desarrollar cáncer colorrectal, en comparación con aquellas que consumían la menor cantidad (promedio de 3 porciones diarias).
En el estudio se tenía en cuenta también información detallada sobre otros factores de riesgo de cáncer colorrectal en los participantes, como el índice de masa corporal, la diabetes tipo 2 y la baja ingesta de fibra. Aún así se mantuvo la asociación del desarrollo de esta enfermedad con los alimentos ultraprocesados.
Pero se debe destacar que los alimentos ultraprocesados no explican completamente el aumento del cáncer colorrectal de inicio temprano, y los investigadores trabajan para identificar otros factores de riesgo. También buscan la manera de clasificar mejor los alimentos ultraprocesados, ya que algunos de ellos podrían ser más dañinos que otros.
La comida callejera está cambiando. Lo que antes era sinónimo de frituras y exceso de calorías, hoy se reinventa con opciones frescas, saludables y llenas de sabor.
Siempre he asociado el street food con hamburguesas enormes, patatas fritas y comida rápida que satisface más el hambre que la salud. Pero últimamente, en mis paseos por mercados urbanos y ferias gastronómicas, me he encontrado con un fenómeno que está cambiando completamente esa percepción: la comida callejera saludable.
Hoy en día, muchos emprendedores y chefs que trabajan en food trucks, puestos callejeros o pop-ups están apostando por ingredientes locales, frescos y nutritivos. He probado desde bowls de quinoa con verduras asadas y hummus casero, hasta tacos de pescado con salsas de mango y aguacate, pasando por wraps integrales con proteína vegetal y semillas. La creatividad no tiene límites y cada plato está pensado para equilibrar sabor, textura y beneficios nutricionales.
Lo que más me sorprende es la combinación de conveniencia y calidad. La comida rápida ahora puede ser nutritiva, con porciones controladas, ingredientes sin procesar y opciones veganas o sin gluten. Incluso he visto postres callejeros reinventados: helados de fruta natural, brownies con harinas integrales o snacks energéticos con frutos secos y cacao. Comer en la calle ya no es solo “llenarse”, sino disfrutar de sabores auténticos y saludables.
Además, la forma en que estos negocios conectan con su público me parece fascinante. Muchos usan redes sociales para mostrar sus procesos: cómo seleccionan los ingredientes, cómo cocinan al momento y cómo buscan minimizar el desperdicio. Esto hace que el consumidor se sienta parte del proceso y, sin darse cuenta, aprenda a valorar más lo que come y cómo lo come.
Personalmente, cada vez que visito un mercado o feria con este tipo de food trucks, me doy cuenta de que la comida callejera saludable no es una moda pasajera. Es una respuesta a un estilo de vida urbano que quiere rapidez sin sacrificar salud, y sabor sin renunciar a conciencia alimentaria. Y lo mejor: es accesible, divertida y, sobre todo, inspiradora para todos los que buscamos comer bien sin complicarnos la vida.
Los probióticos son bacterias beneficiosas que viven en el intestino y mejoran la salud general del organismo, trayendo beneficios como facilitar la digestión y la absorción de nutrientes, y fortalecer el sistema inmunológico.
Cuando la flora intestinal no está en equilibrio, frecuente tras el uso de antibióticos o cuando no se tiene una alimentación saludable y equilibrada, el intestino acaba siendo poblado por bacterias malas, que no ayudan al sistema inmune y dejan al organismo susceptible a enfermedades.
Beneficios de los probióticos.
Los principales beneficios de los probióticos son:
Combatir y prevenir enfermedades intestinales como colitis, síndrome del intestino irritable, enfermedad de Crohn e inflamación intestinal.
Combatir enfermedades como cáncer, candidiasis, hemorroides e infección urinaria.
Mejorar la digestión y combatir la acidez.
Combatir el estreñimiento y la diarrea, regulando el tránsito intestinal.
Aumentar la absorción de nutrientes, como vitamina B, calcio y hierro.
Fortalecer el sistema inmunológico, por aumentar la producción de macrófagos, unas células de defensa del organismo.
Impedir la proliferación de bacterias malas en el intestino.
Ayudar a digerir la lactosa, especialmente en personas con intolerancia a este componente.
Prevenir problemas como obesidad, colesterol alto e hipertensión.
Prevenir alergias e intolerancias alimentarias.
Ayudar a mejorar el humor, pues se ha encontrado una relación directa entre el equilibrio de la flora intestinal con una disminución de enfermedades como la depresión y la ansiedad.
Podrían ayudar a mejorar condiciones como el autismo, pues algunos estudios parecen indicar que hay mejoras no solo a nivel gastrointestinal sino también a nivel del comportamiento, mejorando la habilidad para concentrarse y escuchar.
Una flora intestinal sana y rica en probióticos comienza a formarse desde el nacimiento, especialmente cuando el bebé nace por parto normal y cuando es amamantado con exclusividad durante el inicio de la vida.
Cómo tomar probióticos
Hay dos formas de ingerir probióticos:
Por una parte, tenemos la posibilidad de aumentar el consumo de alimentos que son considerados como probióticos naturales, como el yogur o el kéfir.
Por otra parte, se puede hacer mediante el uso de suplementos con probióticos.
Cuales son alimentos probióticos
Entre los alimentos probióticos podemos encontrar:
– Yogur natural, estos son la principal y más fácil fuente de probióticos en el mercado en la actualidad.
– Kéfir, es un producto fermentado con levadura y bacterias, semejante al yogur, pero posee una cantidad más elevada de probióticos.
– Leche fermentada, son productos especiales que generalmente contienen Lactobacillus agregados por la industria, siendo el Yakult el más famoso.
– Kombucha, es una bebida fermentada hecha principalmente a partir del té negro
– Productos orientales a base de soja, legumbres y hortalizas como Miso, Natto, Kimchi y Tempeh que pueden ser comprados en tiendas especializadas;
– Chucrut, es una preparación culinaria que se elabora a través de la fermentación de las hojas frescas del repollo o de la col
– Los pepinillos, preparación de pepinos en agua y sal, se dejan fermentar durante un tiempo.
– Masa madre o levadura natural, es un cultivo vivo compuesto por levaduras y bacterias que se producen a través de la fermentación de cereales como el trigo y de los microorganismos que se encuentran naturalmente en el ambiente, siendo utilizada para elaborar diversos productos como pan, tortas y galletas.
– Algunos quesos como el Cabrales, Roquefort también pueden contener cultivos vivos de microorganismos con propiedades probióticas, siendo importante leer el etiquetado nutricional para confirmar si ese tipo de queso contiene o no estas bacterias.
Los suplementos probióticos
Existen en diversas presentaciones cápsulas, líquidos o sobres, los cuales deben ser diluidos en agua o jugos naturales para ser consumidos. Se pueden encontrar en las farmacias y tiendas de productos nutricionales.
Hay varios tipos de suplementos, que incluyen entre 1 a 10 tipos diferentes de probióticos. Los más importantes son:
Bifidobacteria animalis: ayuda a fortalecer el sistema inmune, además de facilitar la digestión y a combatir las bacterias transmitidas por la ingesta de comida contaminada.
Bifidobacteria bifidum: están presentes en el intestino delgado y grueso, ayudando en la digestión de los productos lácteos.
Bifidobacteria breve: están presentes en el intestino y en el tracto vaginal ayudando a combatir infecciones por bacterias y hongos.
Bifidobacteria longum: es uno de los tipos de probióticos más comunes en el intestino y ayuda a eliminar las toxinas del organismo.
Lactobacillus acidophilus: es quizás el tipo más importante de probióticos, ya que ayuda en la absorción de varios nutrientes, además de combatir infecciones y facilitar la digestión.
Lactobacillus reuteri: están presentes especialmente en la boca, en el estómago y en el intestino delgado, siendo importantes contra la infección por Helicobacter pylori.
Lactobacillus rhamnosus: están presentes en el intestino y pueden ayudar a combatir rápidamente casos de diarrea, especialmente cuando se viaja a otros países. También puede ayudar a tratar el acné, eccema y la cándida.
Lactobacillus fermentum: ayudan a neutralizar productos y toxinas liberadas durante la digestión, mejorando el ambiente para el crecimiento de la flora intestinal.
Los estantes de los supermercados están llenos de yogures, batidos, leches fermentadas, quesos y otros lácteos enriquecidos con proteínas que se presentan como opciones saludables, especialmente pensados para aquellos que tienen una alimentación con déficit de proteínas o para deportistas.
El nutricionista Mario Ortiz, con miles de seguidores en redes sociales, explica en un vídeo publicado en TikTok, que aunque son alimentos procesados, esto no significa que sean necesariamente malos. «La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) afirma que lo importante es el conjunto de tu alimentación. Este tipo de yogures te aporta una cantidad considerable de proteínas, tienen bajos valores de grasas y bajos valores de azúcares» y añade: «En comparación con la mayoría de los postres que vienen cargados de azúcar, son una mejor opción».
Respecto a los edulcorantes, el nutricionista asegura que las cantidades en estos productos es muy baja y está muy lejos de los límites máximos actuales «tendrías que comer mucha cantidad para que pudiera tener un efecto negativo» y añade: «Sin duda es mejor el yogur natural pero si comiendo estos yogures de proteínas eliminas otros con una gran cantidad de azúcar siempre será mucho mejor». En conclusión, los yogures de proteínas no son un súperalimento, pero tampoco son una basura. Es un buen procesado que puede formar parte de tu alimentación».
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) asegura que la verdadera necesidad de estos productos no está tan clara como parece: el consumo de estos lácteos supone un coste adicional que no siempre justifica una mejora significativa en la salud.
En un comunicado la OCU afirma que a pesar de su importancia nutricional, las proteínas no deberían suponer más del 12 o el 15 % de las necesidades energéticas diarias en un adulto. Esta cantidad cubre las necesidades básicas de la mayoría de las personas y es suficiente para mantener una buena salud y función muscular.
No obstante, algunas personas pueden necesitar más proteínas. Los deportistas suelen tener mayores requerimientos proteicos, no solo por la cantidad de masa muscular, sino porque hay un mayor grado de ruptura de proteínas musculares durante el ejercicio físico.
Cada vez más jóvenes están empezando a comer con auriculares puestos, no solo para ver vídeos o escuchar música, sino para crear su propio ambiente sensorial mientras comen. Puede sonar raro, pero tiene sentido: vivimos rodeados de ruido, distracciones y prisas, y muchos usan el audio como una forma de reconectar con la comida… o de desconectarse del mundo.
Lo interesante es que esta tendencia está empezando a estudiarse seriamente. Resulta que el sonido influye muchísimo en cómo percibimos los sabores. Por ejemplo, los tonos más agudos hacen que la comida parezca más dulce, mientras que los graves resaltan lo amargo. Por eso hay gente que se pone música suave o sonidos relajantes cuando quiere comer más despacio, o playlists “crujientes” para disfrutar snacks o comida callejera.
Pero también hay otra cara: algunos jóvenes sienten que comer sin auriculares les produce ansiedad porque se han acostumbrado a “aislarse” mientras comen. Para otros, es simplemente un truco para concentrarse y desconectar del móvil, del ruido o de conversaciones que no quieren escuchar.
Lo cierto es que esta manera de comer dice mucho sobre cómo estamos cambiando nuestra relación con la alimentación. Ya no se trata solo de sabores, sino de crear un pequeño espacio propio incluso en algo tan cotidiano como una comida rápida.
¿Está bien? ¿Está mal? Depende. Si te ayuda a disfrutar, a comer más tranquilo y a desconectar, es una herramienta increíble. Pero si te impide compartir la mesa, conversar o estar presente, quizá sea momento de revisar el hábito.
En cualquier caso, es un reflejo perfecto de la generación actual: buscamos experiencias… incluso cuando nos sentamos a comer.
La obesidad no es solo un tema estético; es un problema de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo. Según la OMS, más de 1.900 millones de adultos tienen sobrepeso, y de ellos, 650 millones son obesos. Pero lo que a menudo pasa desapercibido son las consecuencias reales: diabetes tipo 2, hipertensión, problemas cardíacos y hasta impactos en la salud mental.
Personalmente, he visto cómo esta situación cambia vidas. Conozco gente que lucha con su peso desde la infancia y, más allá de las restricciones de dieta o ejercicio, el verdadero desafío suele ser entender cómo los hábitos, la genética y el entorno interactúan. La obesidad no aparece de la noche a la mañana: es el resultado de factores acumulativos como alimentación procesada, vida sedentaria y estrés, que a menudo se mezclan con predisposición genética.
Lo que también es sorprendente es la influencia del entorno: publicidad de comida ultraprocesada, falta de espacios verdes para moverse y desigualdad económica aumentan el riesgo. Y aunque la educación y la conciencia ayudan, sin políticas públicas que faciliten cambios estructurales, es difícil que muchos logren mantener un peso saludable.
Una de las cosas que más me ha impactado es cómo la prevención temprana marca la diferencia. Pequeños cambios en la dieta, actividad física diaria y hábitos de sueño pueden tener un efecto enorme a largo plazo, especialmente en niños y adolescentes. La obesidad es compleja, pero con información, apoyo y acceso a opciones saludables, se puede abordar de forma efectiva.
En definitiva, hablar de obesidad no es solo hablar de kilos: es hablar de salud, de educación, de políticas y de cómo nuestro estilo de vida moderno moldea nuestro cuerpo y nuestro futuro.