Dalgona Coffee y su regreso viral: café, azúcar y nostalgia en un vaso

Lo creías olvidado, pero el dalgona coffee volvió a TikTok y nos recuerda que la creatividad en casa puede ser deliciosa.

Nunca imaginé que un café batido con un par de ingredientes pudiera arrasar tanto en redes sociales, pero aquí estamos. El dalgona coffee, esa bebida espumosa que mezcla café instantáneo, azúcar y agua caliente sobre leche fría, se ha convertido en un fenómeno viral que inunda TikTok con tutoriales, trucos y variaciones infinitas.

Lo divertido de esta tendencia es que es un experimento casero más que un café gourmet. He probado hacerlo varias veces y, aunque al principio parece complicado, el truco está en batir bien hasta conseguir la espuma perfecta. Luego, ver cómo esa capa dorada flota sobre la leche me da una sensación curiosamente satisfactoria, como si el café se convirtiera en un pequeño postre líquido.

Lo que más me gusta es cómo la comunidad de TikTok ha reinventado la receta: versiones veganas con leche de avena, alternativas con cacao, matcha o incluso sabor a caramelo. Cada video trae un toque diferente, y siempre hay alguien mostrando un truco nuevo para lograr la espuma perfecta o decorar con cacao, canela o incluso pétalos comestibles.

Más allá del café, esta tendencia me recuerda cómo plataformas como TikTok han cambiado nuestra forma de interactuar con la cocina. Ya no solo seguimos recetas: exploramos, probamos y compartimos el proceso. Y, sin darnos cuenta, una bebida que parecía simple se transforma en un momento de creatividad, conexión y diversión en casa.

Al final, el dalgona coffee es mucho más que café: es un pequeño ritual diario que combina nostalgia, paciencia y satisfacción instantánea. Y sí, aunque no sea un café de cafetería de especialidad, hay algo en prepararlo uno mismo que lo hace mucho más especial.

La infobesidad, una epidemia silenciosa

Picoteamos información en las redes al igual que antes comíamos a deshoras y, lo que es peor, nos conformamos con contenidos ultraprocesados

Jessie Inchauspé, una bioquímica francesa que se quedó parapléjica tras decidir tirarse de una cascada en Háwai se marcó un propósito vital: cuidar de la salud propia y ajena. Lideró una investigación sobre los efectos de la glucosa en el organismo con una ingente cantidad de datos obtenidos a partir de mediciones de azúcar en sangre tras la ingesta de distintos alimentos, combinados de formas diferentes o consumidos en momentos distintos del día y en estados emocionales dispares. Este trabajo sirvió de base para su libro La revolución de la glucosa (Diana Editorial, 2022), en el que desgrana su metodología y propone una serie de pequeños cambios cotidianos para mantener estables los niveles de glucosa.

Las redes sociales han amplificado la difusión de las dietas antiinflamatorias. Sin embargo, mientras llenamos la despensa de nueces, brócoli y omega 3, otro trastorno inflamatorio se ha colado en nuestras vidas y no lo hemos visto venir. Ha llegado de la mano del exceso de información. La denominada “infobesidad” define una nueva enfermedad social caracterizada por la saturación de los espacios donde nos informamos y el exceso de canales.

Hemos entrado en la era de la inflamación informativa. Las redes sociales se revelan como el azúcar digital que provoca picos de dopamina a cada notificación. Picoteamos información al igual que antes comíamos a deshoras y, lo que es peor, nos conformamos con contenidos ultraprocesados que nos distraen un segundo, pero no alimentan. Somos la mercancía de una industria que busca nuestra atención a cualquier precio y vivimos saturados de estímulos. Y una sociedad saturada no contrasta, no filtra ni profundiza. La inflamación afecta negativamente a capacidades como la atención, la concentración, el análisis pausado y nos instala en una inmediatez emocional que beneficia a quien opera desde la polarización o la manipulación.

Seguiremos viviendo apabullados por un tsunami informacional si no hacemos algo por evitarlo. De la misma forma que hemos aprendido a comer sin inflamarnos podemos aprender a marcar los límites de nuestro régimen de información. En este punto necesitamos pensar, que es como masticar despacio. Reducir los canales y las notificaciones de nuestro móvil, definir el tiempo que queremos dedicar a informarnos o entretenernos, buscar proteína informativa que nos alimente de verdad, como un buen libro, un reportaje trabajado, un documental, pero también seleccionar con mayor espíritu crítico lo que las redes sociales son capaces de ofrecernos. Es el momento de delimitar el perímetro de nuestra vida fuera de las pantallas para proteger nuestras capacidades intelectuales que son la puerta abierta a nuestra libertad.

Bibliografía

https://elpais.com/opinion/2025-11-03/la-infobesidad-una-epidemia-silenciosa.html

Almidón resistente: ¿descubrimiento útil para comer hidratos o falacia de ‘influencers’?

Actualmente las redes sociales son un escaparate muy grande para los jóvenes repleto de nuevas modas, que también se aplican a la alimentación. En este caso, transformar el almidón de las patatas, el arroz o la pasta en “resistente” está de moda en las redes sociales.

Tiktokers enfriando y calentado boles de arroz, instagramers garantizándote que tu pizza puede transformarse en un alimento saludable por arte de magia solo metiéndola en el frigorífico, mentores espirituales de la dieta keto rompiendo su férrea disciplina anti-hidratos de carbono comiendo una rodajita de pan. Y el secreto es… ¡el almidón resistente! Hay una razón tecnológica real tras los mensajes de esos influencers que han oído campanas y no saben dónde.

¿Qué es el almidón “resistente”?

Para entender de qué se trata hay que conocer sobre la química de los alimentos. Tiene su mérito, porque no deja de ser una excepción frente al resto de almidón que podemos encontrar en los alimentos, y todo apunta a que tiene efectos beneficiosos sobre nuestra salud.

El almidón es la manera que tienen algunas plantas de almacenar paquetes de hidratos de carbono en forma de gránulos cristalizados. Está formado exclusivamente por moléculas de glucosa que se unen entre sí como los eslabones de una cadena.

Según cómo se organicen estas cadenas estamos ante almidón de tipo A, típico de los cereales; almidón tipo B, que es el que encontramos en la patata cruda o el plátano verde; y tipo C, que es una mezcla entre el A y el B y aparece típicamente en legumbres. ¿Qué característica tiene que darse para que un almidón sea “resistente”? Pues que no podamos digerirlo. Esa digestión depende de enzimas como la amilasa pancreática, aunque también otras como disacaridasas y dextrinasas, todas ellas encargadas de romper los enlaces entre las moléculas de glucosa para liberarlas y que nuestro intestino pueda absorberlas.

Si las enzimas no pueden acercarse a los enlaces, no pueden romperlos. Si no hay digestión el almidón permanece como una estructura enorme que, incluso aunque se haya roto parcialmente, no va a atravesar la pared intestinal para pasar a la sangre, así que no podremos utilizarlo como fuente de energía. Tanto en los alimentos que contienen almidón resistente de forma natural, como en aquellos en los que forzamos su formación, por lo que  el almidón resistente es solo una porción del almidón total que convive con el almidón “normal”.

¿Cómo hacer “almidón resistente” en casa?

Al cocer el alimento, se produce un cambio en la estructura llamado gelatinización. El calor unido al agua hace que se rompan los enlaces de las cadenas, los gránulos pierden su estructura, el agua queda atrapada y el almidón ya no puede volver a su forma inicial. Es como si la estructura cristalina se hubiera derretido. Esta gelatinización es la responsable de que podamos digerir sin problema el almidón que era inicialmente resistente, el tipo B, y por eso podemos aprovechar los hidratos de carbono de la patata cocida, pero no de la cruda.

Para que sea resistente queda un paso más: ese almidón debe retrodegradarse. Cuando el alimento empieza a enfriarse, una parte de las cadenas de amilosa y amilopectina que se desordenaron durante la gelatinización vuelven a establecer enlaces y se reordenan, pero de una forma diferente de la que tenían los gránulos originales. Se ha retrogradado y la nueva estructura no es accesible a la digestión. Ahí tienes tu almidón resistente.

Por lo que, enfriar alimentos como pasta o arroz una vez cocinados va a transformar parcialmente su almidón gelatinizado en resistente. Pero hay que tener cuidado, porque en estos alimentos hay un riesgo microbiológico específico debido a que es frecuente que estén contaminados con esporas de Bacillus cereus, una bacteria que produce toxinas que pueden hacer que pasemos unos días toledanos entre vómitos y diarreas. 

¿Qué pasa con el pan?

El pan recién cocido tiene su almidón gelatinizado y ahí empieza su proceso de retrogradación. Forzar el enfriamiento, por lo tanto, funciona por el mismo motivo: el frigo o, incluso, el congelador, te ayudan a conseguirlo. A través de esto aceleran su envejecimiento porque es un fenómeno de retrogradación del almidón. Los primeros indicadores de envejecimiento se deben a la retrogradación de las cadenas de amilosa, que son más sencillas, y su consistencia sigue siendo aceptable.

Cuando ha pasado más de un día desde la cocción se retrogradan las complejas cadenas de amilopectina y se pone duro como una piedra. Así que si quieres almidón resistente puedes, simplemente, dejar pasar el tiempo.

¿El almidón resistente ayuda a tu salud?

¿Por qué hay ese interés en tomar alimentos con almidón resistente? Al no poder digerirlo ni absorberlo, el valor calórico del almidón resistente es menor. Por esto, en gran medida, es por lo cual ha aumentado su fama.

Pero además tiene propiedades intersantes para la salud, el almidón resistente llega al intestino grueso, donde puede ser utilizado como “alimento” por los microorganismos. Es decir, actúa de una forma muy similar a la fibra y puede considerarse un prebiótico y algunas investigaciones encuentran resultados positivos en la composición de la microbiota intestinal y sus rutas metabólicas.

También parece que puede jugar un papel en la regulación de la glucosa en sangre, mejorando su control especialmente en personas con prediabetes o que tienen establecida una diabetes tipo 2 o síndrome metabólico.

¿Merece la pena tomar almidón resistente?

Podemos decir que sí: es un compuesto interesante nutricionalmente. Pero volvemos al mensaje de siempre: más que un nutriente concreto, lo que nos interesa son los alimentos completos. Por ejemplo, lo interesante es consumir plátanos, derivados de cereales integrales, entre otros; ya que lo beneficioso es el alimento en su conjunto.

Bibliografía

https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-07-02/almidon-resistente-descubrimiento-util-para-comer-hidratos-o-falacia-de-influencers.html

Las redes sociales y la alimentación

Las redes sociales han cambiado radicalmente la forma en que descubrimos, experimentamos y compartimos la gastronomía. Lo que antes se limitaba a recomendaciones boca a boca o reseñas especializadas, hoy se viraliza en segundos a través de plataformas como TikTok e Instagram, donde las recetas innovadoras, los restaurantes de moda y los conceptos culinarios visualmente impactantes capturan la atención de millones.

Desde el auge de la comida “instagrameable” hasta la creciente demanda de sostenibilidad y desperdicio cero, estas tendencias no solo definen lo que comemos, sino también cómo lo consumimos y compartimos. En este contexto, chefs, restaurantes y marcas están adaptando sus estrategias para conectar con audiencias digitales cada vez más exigentes.

En esta nota, exploraremos cómo las tendencias gastronómicas en redes sociales están transformando la industria, destacando varias corrientes que están ganando popularidad.

1. Comida ‘Instagrameable’. La presentación visual de los platos se ha vuelto más esencial que antes, ya que los comensales buscan compartir imágenes atractivas en plataformas como Instagram y TikTok. Esta tendencia ha llevado a los restaurantes a crear platos visualmente impactantes para atraer a un público más amplio. 

Se ha hecho común la costumbre de subir una foto de lo que comemos; así nacieron canales de contenidos especializados en probar comida, ‘foodies’ en busca de los platillos más exóticos, y los que recorren y recomiendan restaurantes y sitios para el compartir. Ahora, los nuevos escaparates para exhibir los platillos son Facebook, Instagram, YouTube, Twitter y TikTok, donde se definen las nuevas tendencias.

Incluso, hay restaurantes que han dedicado un espacio dentro de sus locales solo para que las comensales se hagan una foto para sus redes sociales.

2. Cocina sostenible y desperdicio cero. Hay una creciente conciencia sobre la sostenibilidad en la gastronomía. Los chefs y restaurantes están adoptando prácticas que minimizan el desperdicio de alimentos y promueven el uso de ingredientes locales y de temporada, alineándose con las demandas de los consumidores conscientes del medio ambiente. 

Las técnicas de producción artesanales vuelven a estar en auge, las cuales resultan totalmente respetuosas con el medio ambiente, así como el consumo de alimentos más saludables y con menos alteraciones de los procesos productivos.

3. Recetas virales en TikTok: Plataformas como TikTok han dado lugar a tendencias culinarias virales, donde recetas innovadoras o reinterpretaciones de platos tradicionales ganan popularidad rápidamente, influenciando las preferencias gastronómicas de una audiencia global. 

4. Conexión directa con chefs y restaurantes: Las redes sociales permiten a los usuarios interactuar directamente con chefs y establecimientos gastronómicos, siguiendo sus recetas, participando en eventos en línea y sintiéndose más conectados con la comunidad culinaria. 

Estos “influencers gastronómicos”, muchos de ellos chefs profesionales, pero también cuentan los cocineros amateurs, amasan miles de seguidores en sus redes, quienes están deseosos de ver sus recetas y seguir los paso a paso de sus preparaciones.

5. Digitalización de la experiencia gastronómica: La integración de herramientas digitales en la gastronomía, como pedidos en línea, pagos sin contacto y marketing en redes sociales, ha transformado la forma en que los consumidores descubren y disfrutan de la comida. 

BIBLIOGRAFÍA: https://revistasumma.com/la-revolucion-gastronomica-en-redes-sociales-tendencias-que-marcan-el-2025/