Un estudio incide en cómo la desinformación alimentaria es una amenaza que altera hábitos de compra y erosiona reputaciones.
La desinformación sobre alimentación es hoy una amenaza real para consumidores y empresas. Su impacto ya no solo erosiona reputaciones y resultados, sino que puede alterar hábitos de compra, incentivar dietas desequilibradas y, en última instancia, poner en riesgo la salud pública. Esta es una de las principales conclusiones del informe Salud, Alimentación y Fake News, elaborado por la Oficina Alimentaria de la consultora LLYC.
“La conversación pública sobre alimentación y salud nunca había estado tan expuesta a la desinformación. Las redes sociales han amplificado la velocidad y el alcance de mensajes emocionales y bulos que confunden al consumidor y erosionan la confianza en la industria», señala Fernando Moraleda, director de la Oficina Alimentaria de LLYC.
Según la OCU, el 45% de los españoles reconoce dificultades para interpretar el etiquetado nutricional; y apenas el 48% de los europeos confía en que los fabricantes ofrecen información justa y honesta, de acuerdo con el Food Trust Report 2023, de EIT Food.
A pesar de que el informe señala que la evidencia científica es la herramienta más eficaz para contrarrestar la información, también pone de manifiesto que esta no es estática: lo que ayer se desaconsejaba, hoy puede ser parte esencial de una alimentación saludable.
Se señalan principalmente cinco ejemplos de mitos alimentarios:
- La leche es menos saludable
- Lo natural es siempre más sano que lo procesado
- El azúcar es un veneno
- La carne es menos saludable que la proteína vegetal
- Los aditivos son perjudiciales para la salud
Bibliografía

