Un estudio del ICM-CSIC apunta a una caída del 60% de este nutriente en la pesca local entre 2000 y 2023

La investigación, iniciada en 2018, ha analizado el perfil lipídico de 3.000 ejemplares de 36 especies capturadas en puertos gerundenses. Los resultados muestran que el suministro de Omega-3, esencial para la salud de las personas y excelente indicador de la salud de los organismos marinos, ha pasado de 15 toneladas anuales en el año 2000 a 6 en 2023, una caída de más del 60%. “Es la primera vez que cuantificamos este bajón en el Mediterráneo, -ya detectado en otros lugares– y los resultados son preocupantes”, destacan Mar Vila y Sebastian Biton-Porsmoguer, biólogos y coautores del estudio. “El cambio climático y la presión pesquera han reducido las poblaciones de peces tradicionales y su capacidad de aportar Omega-3”, afirman.
En los 23 años analizados, peces pelágicos como la sardina y la anchoa fueron los principales proveedores de omega 3 local, con el 89% del total de omega 3 desembarcado. Demersales como la merluza o el rape representaron un 10%, y crustáceos y cefalópodos como gambas y pulpos sólo el 1%.
Ante este escenario, los científicos proponen reforzar la gestión pesquera para recuperar poblaciones locales y fomentar el consumo de especies infrautilizadas de gran valor nutricional, como la alacha o la anjova. También aprovechar mejor los subproductos ricos en omega 3 –cabezas e hígados- y priorizar el consumo de pescado en lugar de destinarlo a harinas y aceites para la acuicultura. “Si queremos garantizar el acceso a Omega-3 de calidad, debemos diversificar el consumo de especies y aprovechar al máximo los recursos pesqueros locales. Depender de importaciones no es sostenible ni deseable”, concluyen. Además, aunque algunos vegetales como nueces o semillas de lino aportan omega 3, “su forma es menos efectiva para la salud”, aseguran.

