Luces, cámara, nutrición: “Se han cambiado planes de rodaje de películas por no pensar en el asesoramiento nutricional”

Pensar en cine es observar una orquesta: una función sincronizada donde cada actor tiene su espacio y la armonía del conjunto crea una obra colectiva. La magia del cine está en lo que no se ve, pero está.

En una productora audiovisual hay un rol poco visible pero muy influyente: los asesores nutricionales, quienes acompañan a los actores antes, durante y después del rodaje y pueden influir incluso en decisiones clave como la elección del elenco.

Ángela Quintas, química clínica experta en nutrición y microbiota, lleva 15 años asesorando en el mundo audiovisual, donde comenzó ayudando a Antonio de la Torre a ganar 40 kilos para Gordos (2009). Desde su consulta en Madrid u online, guía a personas que buscan mejorar sus hábitos. Además, colabora en A vivir, que son dos días (Cadena SER) y es autora de varios libros, entre ellos SuperPedorro (2023), sobre la microbiota intestinal.

Ángela Quintas ha sido asesora nutricional en más de una decena de películas de directores como Almodóvar, Amenábar, Dolera, Sánchez Arévalo y Rodríguez. También ha trabajado en series, siendo su proyecto más reciente el plan nutricional de Candela Peña para El caso Asunta.

Así se realiza un asesoramiento nutricional de cine

Al inicio, la productora presenta la idea del proyecto, aunque no siempre puede cumplirse. Según Ángela Quintas, “No se puede hacer que un actor esté muy delgado, suba de peso y luego vuelva a bajar en cuestión de dos semanas. Se han cambiado planes de rodaje porque no se había pensado en el asesoramiento nutricional”.

El equipo de asesores evalúa si es recomendable que un actor cambie de peso de forma extrema, considerando su historial clínico o patologías. Según Quintas, “Hay veces en los que el cuerpo del actor ya no puede más. Fue el caso de Carlos Santos en El hombre de las mil caras. Carlos me decía que no podía seguir comiendo más porque ese no era su cuerpo, y tuvimos que parar. En Gordos también nos pasó con Raúl Arévalo, que en principio tenía que subir mucho peso. Llegó un momento en el que enfermaba y perdía los kilos que había ganado, su cuerpo rechaza ese peso”.

El caso más destacado de cambio extremo de peso fue el de Antonio de la Torre en Gordos, donde ganó 40 kilos bajo la supervisión del equipo de Quintas, llegando a pesar 102 kilos. Primero se le hizo bajar de peso para las primeras escenas y luego subirlo. Según Quintas, “el problema es que cuando se va a subir de peso a un actor, se piensa que se le va a poner a comer como si no hubiera un mañana, pero esto no funciona así”. “Con Antonio incluso tuvimos que parar de grabar para estabilizar sus analíticas y proteger su salud”, añade.

El asesoramiento nutricional no solo aplica para ganar peso, sino también para perderlo. En El fotógrafo de Mauthausen, Mario Casas perdió 12 kilos para interpretar a un fotógrafo catalán en un campo de concentración nazi. Quintas explica que “A veces los actores entran en un estado en el que se meten demasiado en el personaje, pero hay unos límites”, y que se hicieron pruebas para decidir si continuar con el proyecto.

Enfocar las vulnerabilidades

El acompañamiento nutricional se intensifica en roles que exigen cambios extremos de peso en poco tiempo, pero también es crucial en papeles delicados que requieren cuidado, como interpretar enfermedades a través de la alimentación, por ejemplo, representar a una persona con anorexia.

En la serie Madres, Ángela Quintas y su equipo asesoraron a Carla Díaz, quien interpreta a Elsa, una adolescente anoréxica. En estos casos, el vestuario y maquillaje son clave: “Mientras ella va bajando de peso se le va poniendo un pijama de hospital cada vez más grande, de tal manera que parece que está todavía más delgada. Con todo eso se juega y al final es muy bonito porque formamos parte del equipo que va construyendo la historia”, explica Quintas.

Bibliografía: https://www.infobae.com/espana/2024/08/04/luces-camara-nutricion-se-han-cambiado-planes-de-rodaje-de-peliculas-por-no-pensar-en-el-asesoramiento-nutricional/

‘Hunger’, la película que triunfa en Netflix a base de alta cocina, noodles y lucha de clases

Dirigida por Sitisiri Mongkolsiri, se estrenó el pasado mes de abril y en pocas semanas se ha convertido en una de las más vistas en la plataforma de streaming

 Le traen la cuenta y comprueba que el restaurante la está insultando en el ticket: «Indignante»

En un caldo con ideas de El Menú sobre cocineros tóxicos y esnobismo de alta cocina servimos una generosa porción de street food al estilo de The Bear. Sazonamos generosamente con estrés recién exprimido de Hierve, emplatamos y ya tenemos Hunger.

Reducir una película a la suma de tramas o ideas vistas en otras es muy simplista y seguramente una falta de respeto para los creadores. Pero esta improvisada receta a partir de recientes éxitos del cine gastronómico puede ayudar a entender de qué va Hambre. Y también el inesperado éxito de esta película tailandesa en Netflix.

Dirigida por Sitisiri Mongkolsiri, se estrenó el pasado mes de abril y en pocas semanas se ha convertido en una de las más vistas en la plataforma de streaming. A poco que uno haya visto otras sobre el tema o algunos de los documentales para foodies que abundan en Netflix, es muy posible que aparezca bien arriba en las sugerencias personalizadas.

¿Pero de qué va Hunger? Sin spoilers que arruinen una trama que, por otro parte, resulta bastante predecible, Aoy, una joven con un puesto de cocina callejera, acaba trabajando en Hunger, el restaurante más aclamado del país y dirigido por Paul. Para sorpresa de nadie, él chef en cuestión es un auténtico cretino que representa de una forma un tanto extrema esa toxicidad laboral en hostelería de la que tanto se ha hablado.

Todos los estereotipos de la alta cocina sobre el lujo, los clientes encaprichados con el chef de moda, o los ingredientes prohibitivos se suceden uno tras otro. Al otro lado, la cocina de la calle, la familia, las personas… Un chef despiadado y traumatizado en la infancia al que sólo ella, nuestra particular heroína, se atreve a poner en su sitio. De primero de drama gastronómico.

Pese a que la película se llega a hacer bastante larga -le sobran al menos 45 minutos, si Mongkolsiri nos permite el apunte- hay que reconocerle que la parte social ocupa un lugar destacado en la trama y le da cierto interés al asunto. Porque más allá de dar hambre y contar una historia que ya hemos visto muchas veces, Hunger no esquiva las cuestiones morales, económicas y políticas. Son casi lo más interesante, pese a ser presentadas a veces de forma un tanto burda.

Vaya, que si la pretensión era hacer una película a lo Ken Loach pero entre fogones, ha salido regular. Pero si la idea era más sencilla y se trataba de reírse un poco de los ricos -añadir un poco de El triángulo de la tristeza a la receta mencionada antes- y de cierta denuncia social -acompañar de un par de cucharadas de Parásitos– al final ha quedado un plato resultón.

Pero poco más. Porque el resultado recuerda a esos platos con demasiadas elaboraciones e ínfulas, pero en los que, al meter la cuchara, nada parece ligar del todo bien. Se entiende la idea, se ven las buenas intenciones e incluso la técnica es más que correcta. Pero seguramente al salir por la puerta del restaurante ya nos habremos olvidado de él. O nos estaremos preguntando donde nos habían servido algo parecido antes.

Pese a todo ello, se agradecen un par de bofetadas de lucha de clases en un momento el que todavía parece incomodar a muchos que se recuerde que la cocina y el hambre también son política. Alta cocina frente a humildes puestos callejeros. Ricos contra pobres. Caviar o noodles.

Pero volvamos a lo meramente culinario. ¿Las películas sobre gastronomía tienen que dar hambre? Ocurre con The Bear, por ejemplo. Pero en Hierve (Boiling Point) o The Menu no se contempla esta opción. La cocina es protagonista, pero lo que sale de ella o da igual o casi pretende ser una sátira del mundillo gastronómico de altos vuelos.

En Hunger el único plato que tiene cierto protagonismo y que apetece comer -los del chef Paul no pintan muy bien- son los fideos que prepara la protagonista en su humilde puesto de comida callejera. La misma cocinera que quema kilos de kobe hasta conseguir hacerlo perfecto, luego es la diosa del wok cuando se trata de hacer unos noodles.

Pero volvamos a lo meramente culinario. ¿Las películas sobre gastronomía tienen que dar hambre? Ocurre con The Bear, por ejemplo. Pero en Hierve (Boiling Point) o The Menu no se contempla esta opción. La cocina es protagonista, pero lo que sale de ella o da igual o casi pretende ser una sátira del mundillo gastronómico de altos vuelos.

En Hunger el único plato que tiene cierto protagonismo y que apetece comer -los del chef Paul no pintan muy bien- son los fideos que prepara la protagonista en su humilde puesto de comida callejera. La misma cocinera que quema kilos de kobe hasta conseguir hacerlo perfecto, luego es la diosa del wok cuando se trata de hacer unos noodles.

¿Veremos en España también estos noodles versionados por Dani García como ya ocurrió con el bocadillo de The Bear? Seguramente no, pero ahí queda la idea por si se anima.

Bibliografía: Moran, I. (11 de Septiembre, 2023). ‘Hunger’, la película que triunfa en Netflix a base de alta cocina, noodles y lucha de clases. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20230511/8956755/hunger-pelicula-triunfa-netflix-base-alta-cocina-noodles-lucha-clases.html