¿Podemos realmente «subir las defensas» con la comida?

Cuando llega el invierno, todos buscamos alimentos para «blindar» nuestro sistema inmune. Vemos suplementos y superalimentos que prometen inmunidad instantánea. Sin embargo, el sistema inmunológico es complejo y no tiene un interruptor de encendido y apagado que podamos controlar con una sola comida.

¿Más es mejor? El mito de potenciar la inmunidad. Técnicamente, no queremos un sistema inmune «hiperactivo», ya que eso es lo que ocurre en las enfermedades autoinmunes o alergias. Lo que buscamos es un sistema inmune competente y equilibrado. Ningún alimento por sí solo evita que cojas un virus, pero una desnutrición o déficit de vitaminas sí te hace más vulnerable a infecciones.

¿Cuáles son los verdaderos nutrientes clave? Más allá de la famosa Vitamina C (naranjas, pimientos), hay otros protagonistas. El Zinc (mariscos, semillas de calabaza) es vital para el desarrollo de células de defensa. La Vitamina D (pescado graso, huevos, sol) modula la respuesta inmune y su déficit es muy común en invierno. La salud intestinal también es clave, ya que una gran parte de nuestras defensas reside en las barreras del intestino.

¿El ajo y el jengibre sirven para algo? Tienen propiedades interesantes. El ajo contiene alicina, que ha demostrado tener efectos antimicrobianos leves en estudios de laboratorio. El jengibre es antiinflamatorio. Si bien no curan una gripe mágicamente, incluirlos en la dieta habitual ayuda a reducir la inflamación crónica de bajo grado, permitiendo que el cuerpo responda mejor cuando llega una amenaza real.

Enlace de referencia: https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/nutrition-and-immunity/