Nestlé está (de nuevo) en el ojo del huracán tras revelarse que sus alimentos infantiles vendidos en países tercermundistas contienen niveles alarmantes de azúcar añadido, mucho mayores que en sus productos para mercados ricos. Este doble estándar no solo cuestiona la ética de la empresa, sino que además genera dependencia por sabores dulces desde la infancia, afectando la salud a largo plazo.
La investigación de la ONG suiza Public Eye y la International Baby Food Action Network (IBFAN) analizó productos como Cerelac y Nido, y descubrió que en algunos países del Sur Global contienen hasta 7,3 gramos de azúcar por ración. En contraste, en Europa estas mismas fórmulas se venden con cero azúcar añadido. Este exceso de azúcar no solo aumenta el riesgo de obesidad infantil, sino que condiciona a los niños a preferir sabores dulces desde edades tempranas (cuando su cerebro está aún en desarrollo), un patrón que persiste durante toda la vida.
Nestlé está priorizando beneficios sobre salud: al fomentar esta preferencia temprana por el dulce, la empresa asegura que sus productos se vuelvan irresistibles y generen consumo continuado. Esta estrategia, aunque legal, plantea un serio dilema ético, ya que explota la vulnerabilidad de los bebés y sus familias.
Nestlé ha defendido las diferencias entre hemisferios por “regulaciones locales y disponibilidad de ingredientes” y asegura que sus productos mantienen “valor nutricional”. Sin embargo, la evidencia es clara… la exposición temprana a azúcar añadido altera los hábitos alimenticios, haciendo que los niños desarrollen preferencia por alimentos ultraprocesados y dulces, con consecuencias a largo plazo en su salud.

Organismos como UNICEF y autoridades sanitarias en India ya han pedido medidas más estrictas, reclamando que se regule el contenido de azúcar en alimentos infantiles, y que se deje de aplicar un doble estándar que afecta a los más vulnerables.
En definitiva, la polémica respecto a estas prácticas abusivas critica a la forma en que se condiciona a los niños desde, literalmente, la cuna, fomentando adicción al azúcar y hábitos que pueden marcar su salud para toda la vida. Para empresas de este calibre, el lucro se encuentra por encima del bienestar infantil.
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