Like Water for Chocolate: amor, cocina y literatura mágica.

Like Water for Chocolate se sitúa en el México de principios del siglo XX, en una hacienda gobernada por una matriarca autoritaria. La protagonista Tita De La Garza crece en la cocina familiar bajo la tradición que impide que la hija menor se case porque debe cuidar a su madre toda su vida.

Cada capítulo del libro comienza con una receta, integrando la gastronomía en la narrativa. Esa estructura convierte la comida en medio de expresión emocional y simbólica. A través de los platos que prepara Tita, sus emociones de amor, deseo, ydolor trascienden lo personal e impactan en quienes los consumen.

Además, el realismo mágico impregna la historia: los efectos de sus guisos trascienden lo físico, manifestándose en reacciones intensas en personajes ajenos. Esa técnica literaria permite transformar lo cotidiano en algo profundamente simbólico, vinculado a la sensualidad, la opresión, la rebelión y la memoria también.

Temas como el amor prohibido, la represión familiar, la tradición y la lucha individual por la libertad están presentes constantemente. La cocina se convierte en espacio de resistencia y autoexpresión. Aunque Tita sufre la imposición de roles, encuentra en el acto de cocinar un medio de afirmación personal.

En conclusión, Like Water for Chocolate ofrece una combinación singular de realismo mágico, sensibilidad emocional y reflexión sobre la tradición y la identidad de las mujeres. A través de la comida, la autora hace una metáfora poderosa sobre deseo y sometimiento.


BIBLIOGRAFÍA – REFERENCIAS:
https://literariness.org/2023/08/01/analysis-of-laura-esquivels-like-water-for-chocolate/

NUEVO LIBRO IMPULSADO POR EL CSIC PARA INFORMAR SOBRE LOS FALSOS MITOS DE LA ALIMENTACIÓN

En un contexto social donde la preocupación principal ya no es la escasez de alimentos, sino la gestión del consumo y el exceso de información, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado el libro Los falsos mitos de la alimentación, del investigador Miguel Herrero. Esta obra se enmarca en la necesidad de abordar la desinformación que surge al trasladar los hallazgos científicos al público general.

El objetivo central del libro es ofrecer una perspectiva rigurosa sobre las nuevas corrientes alimenticias y las creencias populares que carecen de base científica. El autor, experto en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, se centra en desmantelar mitos sobre dietas «milagro» y desvelar la verdad científica detrás de ciertos productos de consumo habitual.

Entre los temas específicos que se abordan, el trabajo examina la justificación detrás de la moda de las dietas sin gluten en personas no celíacas, evalúa los verdaderos beneficios y riesgos del aceite de palma, cuestiona la eficacia de las populares dietas detox y analiza por qué ha disminuido la calidad organoléptica de productos básicos como el tomate.

A través de esta publicación, el CSIC subraya la importancia de acceder a un conocimiento científico fiable para que el consumidor pueda tomar decisiones informadas, priorizando la salud en un entorno saturado de información contradictoria.

Más información: https://www.csic.es/es/cultura-cientifica/libros-de-divulgacion/coleccion-que-sabemos-de/los-falsos-mitos-de-la-alimentacion

Upton Sinclair y la denuncia de la industria cárnica: The Jungle (1906)

La publicación de The Jungle en 1906 marcó un antes y un después en la historia de la literatura de denuncia social y en la regulación de la industria alimentaria en Estados Unidos. Escrita por el periodista y activista Upton Sinclair, esta novela no solo reveló las condiciones inhumanas de los trabajadores inmigrantes en los mataderos de Chicago, sino que también expuso prácticas insalubres y peligrosas en la producción de carne.

A comienzos del siglo XX, Estados Unidos vivía una etapa de industrialización acelerada. Las grandes ciudades como Chicago se convirtieron en centros de producción cárnica, atrayendo a miles de inmigrantes europeos en busca de trabajo. Estos trabajadores eran explotados en condiciones miserables: jornadas extenuantes, salarios ínfimos, viviendas insalubres y ausencia total de derechos laborales.

Sinclair, influido por el socialismo y el periodismo de investigación del movimiento muckraker, se infiltró durante siete semanas en los mataderos de Chicago para documentar la realidad desde dentro. El resultado fue una novela que trataba de Jurgis Rudkus, un inmigrante lituano que llega a Chicago con su familia con la esperanza de una vida mejor. Pronto descubre que el “sueño americano” es una ilusión cruel: la explotación laboral, la corrupción empresarial y la degradación moral lo arrastran a la miseria. A medida que Jurgis desciende por la escala social, el lector es testigo de las prácticas más atroces de la industria cárnica:

  • Carne en mal estado reciclada y vendida como fresca.
  • Animales enfermos sacrificados sin control sanitario.
  • Uso de productos químicos para disimular la descomposición.
  • Contaminación cruzada y falta de higiene en las plantas procesadoras.

El escándalo fue tan grande que como resultado, en 1906 se aprobaron dos leyes fundamentales:

  • Meat Inspection Act: estableció inspecciones federales obligatorias en los mataderos.
  • Pure Food and Drug Act: prohibió la venta de alimentos y medicamentos adulterados o mal etiquetados.

La literatura gastronómica y sus orígenes. ¿Desde cuándo escribimos sobre cocina?

El hombre del siglo XXI vive en una gran paradoja: ya no cocina, pero habla de cocina. Y no solo hablamos de lo que tenemos, sino también de lo que deseamos

Está inmerso en un mundo donde la comunicación gastronómica le rodea, le provoca y le estimula. El hombre de las cavernas también dormía entre pinturas de bisontes y soñaba con un chuletón muy hecho. Esa es la función de la literatura gastronómica: mover al individuo hacia el ámbito del placer mientras le recuerda su condición de ser social, finito y hambriento.

Así empezaron los sumerios y otros pueblos de la antigua civilización mesopotámica, apuntando en unas tablillas de arcilla y en escritura cuneiforme la cantidad de alimentos. Al poeta griego Arquestrato (siglo IV a.C.) le gustó tanto la idea que escribió un larguísimo poema lleno de guasa y hexámetros sobre qué comer y dónde y lo llamó Hedypàtheia, traducido como Gastronomía. No fue un éxito de ventas, pero tanto las tablillas sumerias como el poema griego nos ayudan a comprender el pasado con una perspectiva más humana y apetecible que la descripción de la sangrienta batalla de las Termópilas.

En la Roma clásica ya habían aprendido de sus antecesores lo suficiente como para saber que en la vida hay que tener un Imperio donde abastecerse, un agrónomo hispano y un gastrónomo que lo escriba todo.

En la Edad Media y en el Renacimiento escribían de comida los que la tenían.

En el siglo XVII español se escribe de comida, pero de formas opuestas. La novela picaresca es la mejor descripción del hambre. La cocina opulenta de palacio la contó muy bien Carmen Simón Palmer en el libro La Cocina de Palacio, pero la de las calles, Francisco de Quevedo en El Buscón (1603) y, ya en el siglo XX, Lorenzo Silva en La Cocina del Barroco.

Para conocer lo que se comía en la España del XVIII y principios del XIX, además de recurrir al recetario del fraile aragonés Juan de Altamiras (¡por fin, después de dos siglos, se le echa tomate a los platos!), es muy interesante la literatura de viajes, aunque la cocina española no salga muy bien parada, como ocurre con el puchero de garbanzos (“guisantes del tamaño de una bala”) en el periplo de Dumas De París a Cádiz.

Y es que el inicio del XIX fue esplendorosamente gastronómico. Y francés.

En el XIX, el de las dos Españas culinarias, la de los conservadores y liberales gobernando por turnos, se escribió mucho y bien sobre la cocina y sus aledaños: nación, historia, cultura, tradición, identidad y territorio. Fueron precursores de temas que siguen vigentes. Pero no sirvió de nada, porque poco después la gente tuvo que cocinar con inmundicias. Volvió el fantasma del hambre. 

Y luego, llegaron ellos, los escritores de la Transición, los cocineros de la Nueva Cocina Vasca, los críticos, los gastrónomos de oficio y beneficio, los Mc Donald’s, el chef mediático, el gurú de lo gastro y hasta un premio de literatura gastronómica apellidado como el recetario medieval: el Premio Sent Soví.

A día de hoy —dicen algunos lastimosamente— “ya no se escribe igual”. Porque no se vive igual. Pero se comunica, se predica, se difunde, se redescubre el pasado, se intuye el futuro…. Porque la vida sigue y habrá que comérsela para contarla.

Bibliografía

https://elpais.com/gastronomia/2024-04-23/la-literatura-gastronomica-y-sus-origenes-desde-cuando-escribimos-sobre-cocina.html

Literatura y gastronomía: maridaje entre libros y comida

La gastronomía en la literatura a lo largo de la historia

Más allá de los antecedentes más o menos remotos que ya hemos citado, en la cultura occidental deberemos esperar hasta la época griega pre-clásica para encontrar los primeros tipos de literatura y textos literarios en los que la gastronomía juega un papel significativo, para encontrar ejemplos fehacientes de gastronomía en obras literarias. Este será el caso de La Ilíada, de Homero, en donde se explican, por ejemplo, los banquetes a base de cerdos y carneros asados al espeto que disfrutaban los soldados.

Aunque quizás el primero texto en el que la literatura tenga la gastronomía como su tema principal sea el Calendario de Ananio, un texto poético del S.VI a.C., que en versos yámbicos describe un calendario gastronómico en el que no faltan alusiones a recetas como la gamba en hoja de higuera, los pescados en salsa de ajo y a ingredientes muy valorados en aquel entonces como el atún, la cabra o el buey cebado.

A partir de esta época, la cocina y la gastronomía jugarán un papel relevante en la historia de la literatura universal, con una primera etapa de oro durante la era imperial romana, en la que abundan obras de temática gastronómica, como el De Re Coquinaria de Apicius y otras, como el Satiricón, considerada la primera novela de la literatura occidental y atribuida a Petronio, en las que lo culinario tiene una importancia particular.

Será también en época romana cuando nos encontremos con un uso extendido de lo gastronómico como un elemento de descripción, como una caracterización de los personajes, lugares o pueblos descritos. Dentro de una cultura que contraponía lo civilizado a lo bárbaro, la descripción de los pueblos del norte de la Península Ibérica, recién conquistados por los romanos, es un buen ejemplo de metáforas culinarias en la literatura. Mientras los romanos se caracterizan por alimentarse con trigo, aceite de oliva, vino o garum, los pueblos cántabros y galaicos que Estrabón describe en el Libro III de su Geografía se alimentan con pan de bellotas, prefieren la manteca al aceite y consumen zythos, una bebida similar a la sidra o a la cerveza, en lugar de vino, una diferencia que permite apreciar el simbolismo de la comida en libros.

Bibliografía:

https://bonviveur.com/es/preguntas/literatura-y-gastronomia

Desmontando mitos alimentarios: lo que dice el especialista

El investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Miguel Herrero aborda en su libro Los bulos de la nutrición la proliferación de afirmaciones sin fundamento en torno a la alimentación, y aporta evidencia científica para desmontarlas.

¿Qué aborda en su obra?

Herrero analiza de forma rigurosa una serie de creencias populares —como “lo ecológico es mejor que lo convencional”, “el azúcar moreno es mucho más sano que el blanco” o “las bebidas vegetales imitan perfectamente a la leche”— y muestra con datos que muchas de estas afirmaciones no se sostienen.

  • Sobre los productos ecológicos vs. convencionales: no existe evidencia científica que demuestre que lo ecológico sea nutricionalmente superior; lo que sí puede cambiar es el precio.
  • En cuanto al azúcar blanco frente al moreno: aunque el moreno suele tener algo más de impurezas y quizá algo menos de porcentaje puro de sacarosa, en la práctica la diferencia en términos de salud es mínima.
  • Respecto a mantequilla vs. margarina: ambas son altamente grasas; la margarina puede tener ventaja al no aportar colesterol, pero si la mantequilla se consume ocasionalmente, tampoco presenta un problema grave.
  • Sobre las bebidas vegetales (“leches vegetales”): Herrero advierte que muchas se procesan para parecer leche, pero carecen de nutrientes que la leche aporta de forma natural, y muchas están ultraprocesadas.
  • Y otro mito extendido: el de “el zumo de naranja pierde vitaminas si no se bebe inmediatamente”. Según el autor, la degradación no es tan crítica como se dice, por lo que la afirmación se ha perpetuado más por costumbre que por evidencia.

¿Por qué es importante este tipo de análisis?

En un entorno saturado de información —y desinformación— sobre alimentación, resulta esencial poder distinguir lo que tiene respaldo científico de lo que es puro “boca-oreja” o “modo de vida saludable” popular. Al desmontar estos mitos, se favorece una alimentación más informada, más realista y más accesible para todos.

Reflexión final

El mensaje de Herrero invita a pensar la nutrición desde la evidencia y no desde la moda. No se trata de demonizar alimentos ni de buscar fórmulas mágicas, sino de adoptar hábitos razonables, seleccionados en función de datos fiables, y sin que el consumidor pague de más por ideas que no están avaladas.

Fuente: https://www.cuatro.com/noticias/sociedad/20241016/bulos-nutricion-desmiente-miguel-herrero_18_013740675.html

Los microbios nos ayudan📚🦠

Publicado en 2022 por Manuel Sánchez Angulo, Pero, ¿qué han hecho los microbios por nosotros? es mucho más que un manual académico, es una puerta de entrada al mundo de la microbiología industrial aplicada a la alimentación. Siendo uno de los mejores literaturas para estudiantes de Biotecnología, Biología, Tecnología de los alimentos, entre otras.. el libro está estructurado en siete unidades temáticas que abordan desde la bioeconomía y la biología sintética hasta la ingeniería de bioprocesos y el diseño de biorreactores:

  • Unidad A: Fundamentos de la microbiología industrial
    • Introducción a la bioeconomía, biología sintética y el papel de los microorganismos en la industria.
  • Unidad B: Crecimiento de microorganismos
    • Cinética del crecimiento, cultivos discontinuos y continuos, y sistemas de fermentación.
  • Unidad C: Ingeniería de bioprocesos
    • Procesos pre-fermentativos (upstream), diseño de biorreactores y control de parámetros.
  • Unidad D: Aplicaciones industriales
    • Producción de enzimas, antibióticos, ácidos orgánicos, biocombustibles y alimentos fermentados.
  • Unidad E: Seguridad y legislación
    • Normativas sobre microorganismos modificados genéticamente y control de calidad.
    • Tratamiento de residuos, biorremediación y microbiología del suelo.
  • Unidad G: Divulgación y sociedad
    • Impacto social de la biotecnología y percepción pública de los microbios.

Lo destacable de esta obra es su enfoque integrador: no se limita a describir procesos técnicos, sino que permite al lector ponerse en contexto con la narrativa en cuanto a el papel de los microorganismos en la transformación de materias primas en productos alimentarios de alto valor. Desde el cultivo de bacterias lácticas para yogures hasta la fermentación de levaduras en pan y vino, el texto muestra cómo la biotecnología ha convertido a los microbios en aliados esenciales de la industria alimentaria moderna. Además, el libro introduce conceptos clave como el cultivo continuo, la cinética del crecimiento microbiano y el procesamiento upstream, fundamentales para entender cómo se optimizan los procesos industriales en la producción de alimentos.

Gastronomía y literatura: de Cervantes a Valle Inclán, los escritores que hicieron un hueco al arte culinario en sus obras

El libro La cocina española de Fernando Villaverde Landa (Editorial Arzalia) analiza cómo distintos autores, de diversas épocas, reflejaron en sus obras la gastronomía de su tiempo.

No importa lo hedonista que seas, siempre hay un tipo de arte que te cautiva por completo. Entre las distintas manifestaciones artísticas —pintura, escultura, cine, moda— también destacan la literatura y la gastronomía, dos disciplinas que históricamente han estado unidas tanto en España como fuera de ella.

La gastronomía, considerada un arte en sí misma, es motivo de orgullo internacional gracias a la calidad y diversidad de los productos españoles y al talento de sus chefs, que han posicionado la cocina española entre las mejores del mundo. Sobre esta riqueza culinaria, su historia y sus protagonistas trata el libro La cocina española de Fernando Villaverde Landa, publicado por la Editorial Arzalia.

Villaverde Landa heredó su pasión por la cocina, ya que proviene de una familia que, durante varias generaciones, ha formado parte destacada de la historia de la restauración en España.

El libro, de más de 1.000 páginas, repasa la historia de la gastronomía en España e incluye fragmentos de grandes autores que reflejan su amor por la cocina.

Edad Media: Arcipreste de Hita y Jorge Manrique

Entre los autores medievales con referencias gastronómicas destaca El Arcipreste de Hita, cuyo Libro de Buen Amor incluye numerosas menciones a la comida en cantares como Las especias, Tres caballeros, Tres ricos o Tres ladrones.

Otros autores medievales que mencionan la comida y los pecados asociados a ella son Pedro López de Ayala en Gula y tragonía, Jorge Manrique en Cebollas albarracanas y cabezuelas de ranas y Juan de Mena en Malvada glotonía.

Edad Moderna: Calderón de la Barca y Cervantes

En la Edad Moderna, además de obras anónimas como El Lazarillo de Tormes, con numerosos pasajes sobre la comida y la escasez, autores como Calderón de la Barca (La pugna de los guisados), Alonso de Castillo Solórzano (Hambre y pasteles) y Miguel de Cervantes (El Quijote) incorporaron la gastronomía en sus textos, según recoge Villaverde Landa.

También destacan en esta época Luis de Góngora (Bizcochos como piedras), Lope de Vega (El príncipe inocente), Francisco de Quevedo (Historia de la vida del Buscón), Santa Teresa de Jesús (El Libro de las Fundaciones) y Tirso de Molina (El Condenado), quienes incluyen referencias gastronómicas en sus obras.

Edad Contemporánea: de Becquer a Lorca

En la Edad Contemporánea, la gastronomía sigue presente en la literatura. Autores como Gustavo Adolfo Bécquer (Desde mi celda, Memorias de un pavo) y José de Espronceda (De Gibraltar a Lisboa, Un volcán en el estómago) reflejan su gusto por la comida en sus obras.

Federico García Lorca dedicó un capítulo a los mesones de Castilla en Impresiones y paisajes, mientras que Mariano José de Larra abordó los convites en El castellano viejo y las fondas en La fonda nueva.

Antonio Machado repasó la tradición culinaria en Coma usted con los dedos, de Una y no más, y Emilia Pardo Bazán también trató el tema en La Tribuna y otras de sus obras.

Benito Pérez Galdós es uno de los autores con más referencias culinarias, con hasta 14 pasajes dedicados a la comida en distintas obras, y Valle-Inclán aborda la gastronomía en textos como El primitivo, La corte de los milagros y Divinas palabras.

Con este recorrido, Fernando Villaverde Landa rinde un homenaje a la historia de la literatura española y demuestra cómo la gastronomía ha conquistado a autores de todas las épocas.

Bibliografía: https://www.20minutos.es/gastronomia/recetas/literatura-gastronomia-autores-cervantes-valle-inclan-5178554/

Bibliografía 1ª foto: https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Ftienda.carmenthyssenmalaga.org%2Fes%2F2668-la-cocina-espanola-fernando-villaverde.html&psig=AOvVaw0qxiVDkPNNftZah9BXaL-Y&ust=1760379855348000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBUQjRxqFwoTCMCM65Okn5ADFQAAAAAdAAAAABAS

Bibliografía 2ª foto: https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Fwww.todoliteratura.es%2Fnoticia%2F59183%2Fentrevistas%2Fentrevista-a-fernando-villaverde-landa-la-fusion-en-la-comida-no-es-de-ahora-ocurrio-en-siglos-anteriores.html&psig=AOvVaw0qxiVDkPNNftZah9BXaL-Y&ust=1760379855348000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBUQjRxqFwoTCMCM65Okn5ADFQAAAAAdAAAAABAY

Literatura y gastronomía: entre libros y comida

La gastronomía literaria es casi tan antigua como la escritura misma, un fenómeno que cuenta con miles de años de historia y diversos géneros que vale la pena conocer y explorar.

La alimentación es una de las necesidades básicas del ser humano, por lo que no es extraño que este le haya prestado especial atención a lo largo de su historia. Por ese motivo, desde el momento mismo en el que surgió la escritura encontramos textos que aluden a alimentos y comida, a su almacenaje y su comercio que se convierten en lo que podemos entender como la prehistoria de la literatura gastronómica.

A partir de ahí, hemos visto como el alimento atraviesa diferentes géneros en la literatura y estilos, en todas las culturas y en todas las épocas, del Gilgamesh a la Biblia, de las leyendas populares a los textos medievales del ciclo artúrico, adquiriendo en ocasiones un carácter simbólico o ritual que mantendrá, adaptándose, a lo largo del tiempo.

La gastronomía en la literatura a lo largo de la historia

Más allá de los antecedentes más o menos remotos que ya hemos citado, en la cultura occidental deberemos esperar hasta la época griega pre-clásica para encontrar los primeros tipos de literatura y textos literarios en los que la gastronomía juega un papel significativo, para encontrar ejemplos fehacientes de gastronomía en obras literarias. Este será el caso de La Ilíada, de Homero, en donde se explican, por ejemplo, los banquetes a base de cerdos y carneros asados al espeto que disfrutaban los soldados.

Aunque quizás el primero texto en el que la literatura tenga la gastronomía como su tema principal sea el Calendario de Ananio, un texto poético del S.VI a.C., que en versos yámbicos describe un calendario gastronómico en el que no faltan alusiones a recetas como la gamba en hoja de higuera, los pescados en salsa de ajo y a ingredientes muy valorados en aquel entonces como el atún, la cabra o el buey cebado.

A partir de esta época, la cocina y la gastronomía jugarán un papel relevante en la historia de la literatura universal, con una primera etapa de oro durante la era imperial romana, en la que abundan obras de temática gastronómica, como el De Re Coquinaria de Apicius y otras, como el Satiricón, considerada la primera novela de la literatura occidental y atribuida a Petronio, en las que lo culinario tiene una importancia particular.

Será también en época romana cuando nos encontremos con un uso extendido de lo gastronómico como un elemento de descripción, como una caracterización de los personajes, lugares o pueblos descritos. Dentro de una cultura que contraponía lo civilizado a lo bárbaro, la descripción de los pueblos del norte de la Península Ibérica, recién conquistados por los romanos, es un buen ejemplo de metáforas culinarias en la literatura. Mientras los romanos se caracterizan por alimentarse con trigo, aceite de oliva, vino o garum, los pueblos cántabros y galaicos que Estrabón describe en el Libro III de su Geografía se alimentan con pan de bellotas, prefieren la manteca al aceite y consumen zythos, una bebida similar a la sidra o a la cerveza, en lugar de vino, una diferencia que permite apreciar el simbolismo de la comida en libros.

A partir de este punto, lo gastronómico aparece como un motivo plenamente consolidado, ya sea como recurso descriptivo o como un elemento cargado de simbolismo, en todos los periodos de la historia de la literatura.

Como elemento descriptivo encontramos lo gastronómico dentro de la literatura española en El Quijote, de cuyo protagonista se explica, ya en la primera página, que «una olla de algo más de vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda», en una tendencia que continuará en obras clásicas de la literatura picaresca hispánica.

Será, sin embargo, a partir de finales del S.XVIII y en especial a lo largo del S.XIX cuando corrientes literarias como el realismo y el naturalismo hagan de lo gastronómico una constante.

La literatura culinaria contemporánea

El S.XX no ha sido una excepción de esta tendencia. Si las décadas anteriores fueron las de la consolidación de lo gastronómico en la literatura, los primeros años del siglo pasado supondrán la diversificación definitiva.

Es ahora, en el cambio de siglo, cuando aparece y se consolida la relación entre lo gastronómico —también la gastronomía líquida— y los géneros policíaco y detectivesco, la relación entre cocina y personajes literarios, algo en lo que las obras de Arthur Conan Doyle sobre el detective Sherlock Holmes, abundantes en referencias a desayunos y cenas, tienen un papel fundacional.

La literatura gastronómica sigue disfrutando hoy de una gran popularidad, tal como demuestra la reciente creación de los Roca Awards por parte de los hermanos Roca para reconocer la creación literaria en gastronomía y esto se traduce en una diversidad de géneros y enfoques nunca antes vista y en una garantía de que en las próximas décadas no solamente seguirá en vigor sino que muy probablemente explorará campos que continúan inéditos en la actualidad.

https://www.bonviveur.es/preguntas/literatura-y-gastronomia

Alimentación, Literatura y Salud

La alimentación, la literatura y la salud mantienen una relación ya que los alimentos nutren el cuerpo, de igual modo que la literatura nutre la mente.

Alimentación y salud

La relación entre la alimentación y la salud es bastante destacable. Una buena alimentación resulta primordial para poder gozar de una buena salud; pero en sentido inverso resulta aún más evidente la afirmación, porque una buena salud es muy difícil de alcanzar sin una buena alimentación.

Cuerpo y mente

Por su parte, el cuerpo y la mente están fuertemente ligados. Si el cuerpo está bien nutrido, esto puede repercutir de forma satisfactoria en una mente bien nutrida. Y a la inversa, si se posee una mente bien reforzada, puede resultar más fácil alcanzar un cuerpo vigoroso. Si uno de los elementos no se encuentra conectado de forma adecuada con el otro, la persona no podrá gozar de un completo equilibrio. Por ejemplo, con una buena alimentación puede conseguirse un cuerpo fuerte; pero si la mente no está bien alimentada, se tratará de un cuerpo no totalmente equilibrado. En cambio, si le añadimos una mente fortalecida, por ejemplo, con la literatura, entonces sí podrá estar bien equilibrado.

Aparte de las necesidades básicas esenciales (comida y bebida), una vez alcanzada los seres humanos necesitan otras aportaciones. Y una de las importantes es mantener bien “alimentada” la mente, para poder llevar una existencia plena. Entonces, es cuando entra en escena la necesidad de cultura, una de cuyas máximas exponentes es la literatura.

Alimentación y literatura

Aunque la alimentación y la literatura poseen características propias diferenciadoras, permiten numerosas analogías, dado que los mundos de la alimentación y de la literatura están ligados de numerosas y variadas formas.

Así como no solemos comer siempre los mismos alimentos, también podemos ir leyendo obras de diferentes temáticas. Existen libros de muchos y variados contenidos, así como existen muchos y variados alimentos; por eso se podría decir que los libros de temáticas variadas que leemos son como las comidas variadas que comemos.

Los libros educativos, por ejemplo, podríamos asimilarlos a las hortalizas y verduras. Quizás no siempre apetecen, tal vez no gustan a algunas personas, pero son recomendables e, incluso, necesarias. Existen alimentos difíciles de digerir si no los masticamos de forma adecuada, así como existen libros densos que se deben leer con cierta concentración y con la mente abierta.

También podría comentarse la importancia de la dosis o ración. A veces, no tenemos mucha hambre y con una ración pequeña tenemos suficiente; pero en otras ocasiones nos apetece un buen plato, aunque tal vez no comamos nada más en aquella comida. Asimismo, a veces solo queremos leer durante un rato, pero hay ocasiones que lo que más nos apetece es coger un libro y dejar que las horas vayan pasando en buena compañía.

Algunas obras están dirigidas a un público infantil o juvenil, de igual modo que algunos alimentos pueden estar, en principio, destinados a ser consumidos por personas jóvenes. Además algunas personas pueden llegar a aburrir un determinado alimento, quizás porque tuvieron una mala experiencia en el pasado. De igual modo, puede suceder que una persona no lea a algún autor o autora porque la única obra que leyó no le gustó.

Comer más rápido o más despacio es una cuestión de hábitos; como leer lentamente o más velozmente. Las personas expertas recomiendan tomarse el tiempo necesario para poder comer de manera sosegada, masticando los alimentos las veces que haga falta. Respecto a la literatura, puede depender de la clase de lectura, aunque la calma acostumbra a ser buena aliada.

Casi todo lo que rodea a la acción de comer, como lo que rodea a la acción de leer, puede ser comparado. Hay quien es capaz de comer cualquier alimento en cualquier sitio, pero hay quien no come a gusto si no es con la mesa puesta, sentado y con tranquilidad. Con la lectura sucede lo mismo. O incluso igual que no es recomendable abusar de algunas comidas, puede suceder también con según qué tipo de libros.

Conclusiones

Se podría decir que los libros son el alimento del alma, porque esta también necesita cierta dosis de sustento nutritivo.

En la medida de lo posible, los tres elementos que conforman el título de esta publicación (la alimentación, la literatura y la salud) deberíamos mantenerlos bien presentes en nuestra vida.

Sería deseable un buen control de los tres componentes, para que el resultado final de la combinación sea lo más beneficioso posible para nosotros.

Bibliografía