La gastronomía literaria es casi tan antigua como la escritura misma, un fenómeno que cuenta con miles de años de historia y diversos géneros que vale la pena conocer y explorar.
La alimentación es una de las necesidades básicas del ser humano, por lo que no es extraño que este le haya prestado especial atención a lo largo de su historia. Por ese motivo, desde el momento mismo en el que surgió la escritura encontramos textos que aluden a alimentos y comida, a su almacenaje y su comercio que se convierten en lo que podemos entender como la prehistoria de la literatura gastronómica.
A partir de ahí, hemos visto como el alimento atraviesa diferentes géneros en la literatura y estilos, en todas las culturas y en todas las épocas, del Gilgamesh a la Biblia, de las leyendas populares a los textos medievales del ciclo artúrico, adquiriendo en ocasiones un carácter simbólico o ritual que mantendrá, adaptándose, a lo largo del tiempo.
La gastronomía en la literatura a lo largo de la historia
Más allá de los antecedentes más o menos remotos que ya hemos citado, en la cultura occidental deberemos esperar hasta la época griega pre-clásica para encontrar los primeros tipos de literatura y textos literarios en los que la gastronomía juega un papel significativo, para encontrar ejemplos fehacientes de gastronomía en obras literarias. Este será el caso de La Ilíada, de Homero, en donde se explican, por ejemplo, los banquetes a base de cerdos y carneros asados al espeto que disfrutaban los soldados.
Aunque quizás el primero texto en el que la literatura tenga la gastronomía como su tema principal sea el Calendario de Ananio, un texto poético del S.VI a.C., que en versos yámbicos describe un calendario gastronómico en el que no faltan alusiones a recetas como la gamba en hoja de higuera, los pescados en salsa de ajo y a ingredientes muy valorados en aquel entonces como el atún, la cabra o el buey cebado.
A partir de esta época, la cocina y la gastronomía jugarán un papel relevante en la historia de la literatura universal, con una primera etapa de oro durante la era imperial romana, en la que abundan obras de temática gastronómica, como el De Re Coquinaria de Apicius y otras, como el Satiricón, considerada la primera novela de la literatura occidental y atribuida a Petronio, en las que lo culinario tiene una importancia particular.
Será también en época romana cuando nos encontremos con un uso extendido de lo gastronómico como un elemento de descripción, como una caracterización de los personajes, lugares o pueblos descritos. Dentro de una cultura que contraponía lo civilizado a lo bárbaro, la descripción de los pueblos del norte de la Península Ibérica, recién conquistados por los romanos, es un buen ejemplo de metáforas culinarias en la literatura. Mientras los romanos se caracterizan por alimentarse con trigo, aceite de oliva, vino o garum, los pueblos cántabros y galaicos que Estrabón describe en el Libro III de su Geografía se alimentan con pan de bellotas, prefieren la manteca al aceite y consumen zythos, una bebida similar a la sidra o a la cerveza, en lugar de vino, una diferencia que permite apreciar el simbolismo de la comida en libros.
A partir de este punto, lo gastronómico aparece como un motivo plenamente consolidado, ya sea como recurso descriptivo o como un elemento cargado de simbolismo, en todos los periodos de la historia de la literatura.
Como elemento descriptivo encontramos lo gastronómico dentro de la literatura española en El Quijote, de cuyo protagonista se explica, ya en la primera página, que «una olla de algo más de vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda», en una tendencia que continuará en obras clásicas de la literatura picaresca hispánica.
Será, sin embargo, a partir de finales del S.XVIII y en especial a lo largo del S.XIX cuando corrientes literarias como el realismo y el naturalismo hagan de lo gastronómico una constante.
La literatura culinaria contemporánea
El S.XX no ha sido una excepción de esta tendencia. Si las décadas anteriores fueron las de la consolidación de lo gastronómico en la literatura, los primeros años del siglo pasado supondrán la diversificación definitiva.
Es ahora, en el cambio de siglo, cuando aparece y se consolida la relación entre lo gastronómico —también la gastronomía líquida— y los géneros policíaco y detectivesco, la relación entre cocina y personajes literarios, algo en lo que las obras de Arthur Conan Doyle sobre el detective Sherlock Holmes, abundantes en referencias a desayunos y cenas, tienen un papel fundacional.
La literatura gastronómica sigue disfrutando hoy de una gran popularidad, tal como demuestra la reciente creación de los Roca Awards por parte de los hermanos Roca para reconocer la creación literaria en gastronomía y esto se traduce en una diversidad de géneros y enfoques nunca antes vista y en una garantía de que en las próximas décadas no solamente seguirá en vigor sino que muy probablemente explorará campos que continúan inéditos en la actualidad.
https://www.bonviveur.es/preguntas/literatura-y-gastronomia