El centro tecnológico ITENE está desarrollando el proyecto AGROSENS, una iniciativa financiada por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (IVACE+i) con fondos FEDER. Su objetivo es revolucionar la seguridad alimentaria mediante la detección y cuantificación de contaminantes microbiológicos en la cadena agroalimentaria en menos de una hora.
¿Qué engloba el proyecto?
AGROSENS busca crear un sistema de biosensado capaz de aplicarse tanto en alimentación animalcomo en alimentación humana —ya sea en productos frescos, elaborados o en superficies de producción— para identificar patógenos como Listeria monocytogenes y Salmonella spp., junto con sus serotipos más relevantes.
Para conseguirlo, el proyecto se apoya en tres líneas de trabajo principales:
Biorreceptores de alta especificidad: desarrollo de moléculas capaces de reconocer las bacterias objetivo con gran precisión, reduciendo al mínimo los falsos negativos.
Nanomateriales ópticos avanzados: incorporación de nuevos materiales que incrementen la sensibilidad y fiabilidad del biosensor.
Formatos de detección rápida: integración de estos avances en sistemas de flujo lateral (LFA) y dispositivos portátiles que permitan realizar la detección directamente “in situ”.
Contexto y relevancia del proyecto
La contaminación microbiológica sigue siendo uno de los mayores retos de la seguridad alimentaria mundial. En los últimos años se ha registrado un aumento de brotes y alertas causados por microorganismos, impulsados por factores como el cambio climático, la intensificación agrícola y ganadera o la expansión de resistencias antimicrobianas.
Ante esta situación, disponer de tecnologías de detección rápida es clave para actuar de manera preventiva, reducir riesgos sanitarios y reforzar la seguridad en toda la cadena alimentaria.
Beneficios previstos
El biosensor desarrollado por ITENE no solo permitirá detectar bacterias de forma rápida, sino que además será versátil, robusto y de bajo coste, lo que facilitará su implantación en la industria.
Entre sus beneficios destacan:
Mayor capacidad de respuesta ante posibles brotes y alertas alimentarias.
Mejora de la trazabilidad y del control de calidad de los productos.
Refuerzo de la confianza del consumidor y de la competitividad del sector agroalimentario, especialmente en la Comunidad Valenciana.
Calendario y próximos pasos
El proyecto AGROSENS se desarrollará entre junio de 2025 y junio de 2026. Durante este periodo, ITENE avanzará en las tres líneas de investigación mencionadas y llevará a cabo ensayos de validación en condiciones reales, acercando la tecnología a su aplicación práctica en la industria.
El Gobierno de Navarra, a través del Departamento de Industria, Transición Ecológica y Digital Empresarial, ha concedido una financiación de 3,57 millones de euros a tres nuevos proyectos de investigación y desarrollo (I+D) que se centrarán en la alimentación saludable y sostenible durante el periodo 2025-2028. Esta inversión se alinea con la Estrategia de Especialización Inteligente S4 de la Comunidad Foral, que prioriza el sector agroalimentario por su alta competitividad.
Los tres proyectos estratégicos seleccionados para recibir la financiación son ALIMPACK, LEGUNOVA y NUTRACAPS. Sus líneas de trabajo abarcan áreas clave para el futuro de la alimentación, incluyendo: el desarrollo de soluciones de embalaje sostenible que mejoren la preservación de los alimentos, el aprovechamiento integral de leguminosas, y la investigación de nuevos compuestos bioactivos.
Este anuncio se realizó durante el evento estratégico S4 ALPES, celebrado en Olite, que reunió a representantes del tejido industrial, universitario y centros tecnológicos. El consejero de Industria, Mikel Irujo, destacó el liderazgo de Navarra en inversión en I+D, situando su gasto sobre el PIB en un 2,34%, la cifra más alta a nivel estatal, con un incremento del 39,5% respecto al año anterior.
El evento no solo sirvió para anunciar las nuevas ayudas, sino también para fomentar la colaboración sectorial y abordar los desafíos en el reto ALPES (Alimentación Saludable y Sostenible, especialmente Vegetal). Entre los temas debatidos se incluyeron los avances en la investigación de agentes moduladores de la microbiota intestinal, la valorización de subproductos agroalimentarios, y la aplicación de tecnologías de digitalización y nuevos envases biodegradables en la cadena de frío. Con estas acciones, Navarra busca consolidar su posición de ventaja en el sector a través de la transferencia de conocimiento y la innovación.
Los premios Ig Nobel 2025, un evento que nos hace reflexionar, pero también reír por la aparente absurdidad de algunos descubrimientos, han distinguido este año trabajos tan insólitos como reveladores.
Uno de los premis más llamativos fue el de Química, otorgado a Rotem Naftalovich y su equipo por proponer una dieta que incluye PTFE (Teflón) para aumentar el volumen de los alimentos sin añadir calorías. Según los investigadores, este polímero, completamente inerte, podría saciar sin metabolizarse.
Luego, en Biología, unos científicos japoneses recibieron el premio por un experimento sorprendente: pintaron vacas con rayas similares a las de las cebras para averiguar si eso reduce las picaduras de moscas. Efectivamente, esto fue cierto y sufrieron menos mordiscos.
La Pediatría también tuvo su parte ya que se premió un estudio sobre cómo el consumo de ajo por parte de madres lactantes afecta el olor de la leche materna. Resulta que el olor a ajo hace que los bebés mamen más tiempo.
En la categoría de Aviación, el galardón fue para un estudio que demostró que murciélagos frutales ebrios (que han consumido frutas con alcohol) tienen una menor capacidad de vuelo y ecolocalización.
También se reconoció un experimento de Paz, que revela que una pequeña cantidad de alcohol puede mejorar la fluidez al hablar un idioma extranjero, aunque probablemente sea por aumentar la confianza del hablante y no por una mejora real.
Otros premios que vale la pena mencionar son los siguiente:
En Física, científicos estudiaron cómo la salsa de la pasta “cacio e pepe” puede producir grumos indeseados, analizando las transiciones de fase que causan esos coágulos.
En Nutrición, se premió un estudio sobre lagartos arcoíris en Togo (prefieren la pizza de cuatro quesos sobre otros alimentos)
En Psicología, se analizó cómo reaccionan las personas narcisistas cuando se les dice que son inteligentes y muchos terminan reforzando su narcisismo.
En Ingeniería, investigadores diseñaron un zapatero con luz UV para neutralizar el mal olor de los zapatos, matando hongos y bacterias.
Y en Literatura, se premió de forma póstuma a William B. Bean por medir durante 35 años el crecimiento de una uña de su mano, considerada un logro poético.
En conclusión, cabe decir que estos premios muestran que la ciencia no siempre necesita ser seria para ser significativa. Incluso los estudios más disparatados pueden ofrecer ideas útiles o inspiradoras.
Existe mucha evidencia científica sobre los beneficios del aceite de oliva para la salud, especialmente el virgen extra o rico en polifenoles. Te contamos cuáles son y por qué es la mejor opción para aliñar ensaladas y para freir.
Las grasas son una parte importante de la dieta. Son una fuente de energía importante, ya que, entre otras funciones “aíslan el cuerpo del frío y ayudan a asimilar algunas vitaminas, como la A,D, E y K (vitaminas liposolubles)”, informan Inmaculada Yruela Guerrero e Isabel Varela-Nieto, expertas del Centro Superior de Investigaciones Científicas y autoras del documento Las moléculas que comemos. También son necesarias para el desarrollo del cerebro, el control de la inflamación, la función de los riñones, la regulación de la presión sanguínea y la coagulación de la sangre. Pero no todas las grasas son igual de saludables. Es importante prestar atención al tipo ya que si son saturadas serán menos saludables que si son insaturadas, que sí son más sanas, eso sí, siempre que se consuman de forma moderada.
Dentro de las grasas insaturadas y saludables se encuentra el aceite de oliva, que es el más recomendado por los nutricionistas tanto para cocinar como para comer en crudo ¿por qué?
Existe mucha evidencia científica sobre los beneficios del aceite de oliva para la salud, especialmente el virgen extra o rico en polifenoles. Entre ellos, el aceite de oliva “reduce la mortalidad cardiovascular y la incidencia de evento cardiovascular mayor, tanto en prevención primaria como secundaria”, informa Andrés Jiménez Sánchez, de la Unidad de Gestión Clínica de Endocrinología y Nutrición, Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y del Instituto de Biomedicina de Sevilla (iBIS), en el informe Aceite de Oliva en Nutrición Clínica. Esta protección, informa, “está sustentada por una abundante evidencia mecanicista que demuestra su capacidad para mejorar múltiples biomarcadores de salud cardiovascular, como son estado redox, inflamación y función endotelial, entre otros”.
Por otra parte, tanto el aceite de oliva como el virgen extra y sus polifenoles “pueden reducir la incidencia de diabetes tipo 2 y diabetes gestacional, así como mejorar componentes de síndrome metabólico en diabetes tipo 1”.
Una de las claves de sus beneficios está, sobre todo, en su alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados (ácido linoleico), y es por ello que el aceite de oliva aporta beneficios como:
Eleva los niveles de colesterol HDL (bueno)
Disminuye el colesterol LDL-c (colesterol malo)
Beneficia el control de la hipertensión arterial
Reduce la aparición de trombosis y previene la aparición de diabetes
Aceite de oliva o de girasol
Respecto a otra opciones, como el aceite de girasol, que se podrían usar en vez del aceite de oliva, los expertos del Codinucova son muy claros: “No podemos recomendar una alternativa 100% similar en cuanto a su composición nutricional que lo sustituya porque las propiedades del aceite de oliva no se encuentran en otro tipo de aceites”. Hay que recordar que el aceite de girasol procede de una semilla que se extrae con el uso de disolventes orgánicos y después se refina, por lo que las propiedades se pierden.
«Las modificaciones genéticas no son algo nuevo, sino que se han hecho a lo largo de toda la historia de la agricultura, solo que se hacían de otra manera y sin tanto conocimiento científico. Los tomates, los plátanos y las zanahorias actuales apenas se parecen a sus versiones originales».
Existe un día internacional contra los alimentos transgénicos, lo que resulta tan absurdo como que exista un día contra la salud, contra el medioambiente o contra el acceso a los alimentos. El posicionamiento opuesto a los transgénicos, liderado por algunas organizaciones supuestamente ecologistas, no está basado en hechos científicos, pero ha infundido una falsa idea de conciencia medioambiental y ha convencido al 25 % de la población española de que su consumo es perjudicial para la salud.
Antes de entrar en materia es importante distinguir dos términos que a menudo se confunden: transgénicos y organismos modificados genéticamente (OMG). Todos los seres vivos contienen ADN en sus células, incluyendo las plantas y sus frutos. Este material genético es como un manual de instrucciones en el que está escrito cómo es cada ser vivo, así que alterarlo podría cambiar algunas de sus cualidades. La disciplina científica que se dedica al estudio de las modificaciones del ADN es la ingeniería genética. Los transgénicos son aquellos organismos cuyo ADN ha sido alterado para introducir genes de otras especies, mientras que los organismos modificados genéticamente (OMG) pueden incluir modificaciones que no necesariamente provienen de otros organismos, sino que son alteraciones del propio material genético de la especie. A menudo, el término «transgénico» se usa como sinónimo de «modificado genéticamente», pero no todos los OMG son transgénicos.
Las modificaciones genéticas no son algo nuevo, sino que se han hecho a lo largo de toda la historia de la agricultura, solo que se hacían de otra manera y sin tanto conocimiento científico. Los tomates, los plátanos y las zanahorias actuales apenas se parecen a sus versiones originales. Hace miles de años los tomates eran pequeñas bayas de un rojo pálido, los plátanos se comían con gran dificultan porque estaban llenos de semillas duras, y las zanahorias eran delgadas y de un color blanquecino. Sin embargo, la agricultura ha ido transformando estos alimentos para mejorar sus características: mayor tamaño, mejor sabor, mejor aspecto, mayor resistencia a plagas o mejor adaptabilidad al clima. Los agricultores han utilizado métodos como la hibridación, que consiste en cruzar diferentes variedades de una misma especie para obtener nuevas variedades con mejores propiedades. También se ha recurrido a la exposición de las plantas a radiación para generar mutaciones en el ADN que dieron lugar a nuevas características. Estas técnicas, aunque efectivas, tienen un alto grado de incertidumbre y, en muchos casos, pueden generar resultados imprevistos o no deseados, ya que no se controla con precisión el cambio genético que acarrean.
Aquí es donde la ingeniería genética marca la diferencia en la agricultura. A través de la modificación directa del ADN de una planta, es posible introducir cambios específicos, sin los riesgos de mutaciones aleatorias de las técnicas antiguas. Los alimentos transgénicos, como el maíz Bt o el arroz dorado, son ejemplos de cómo esta tecnología ha permitido crear cultivos más resistentes, con menores impactos medioambientales y con beneficios claros para la salud.
Uno de los mayores beneficios de la ingeniería genética en la alimentación es el impacto positivo que puede tener en la salud humana. Los avances científicos permiten la creación de alimentos enriquecidos con nutrientes esenciales. El ejemplo más claro de esto es el arroz dorado, un arroz genéticamente modificado para producir betacaroteno, un precursor de la vitamina A. Este arroz fue desarrollado para combatir la ceguera infantil en países en desarrollo, una enfermedad que afecta a millones de niños debido a la falta de vitamina A en su dieta. Aunque el arroz dorado podría haber sido una solución vital, las campañas en contra de los alimentos transgénicos perpetradas por algunas organizaciones —mal llamadas— ecologistas impidieron su implementación, condenando a muchos niños a sufrir consecuencias irreparables. Otros desarrollos como las patatas resistentes a las enfermedades o el tomate enriquecido con licopeno, también se han visto frenados por la oposición irracional a los OMG, a pesar de sus claros beneficios potenciales.
Los beneficios de los transgénicos no se limitan solo a los alimentos. Uno de los ejemplos más conocidos es la producción de insulina. Antes del desarrollo de esta tecnología, la insulina se extraía de los páncreas de animales, lo que conllevaba riesgos y limitaciones. Hoy en día, la insulina recombinante producida por microorganismos genéticamente modificados es una solución segura y eficaz para los pacientes diabéticos de todo el mundo. Otros productos derivados de la ingeniería genética incluyen vacunas, proteínas terapéuticas y, sobre todo, tratamientos para enfermedades raras para las cuales la ingeniería genética suele ser la única opción.
Además de mejorar la salud, la ingeniería genética juega un papel crucial en el cuidado del medioambiente. Al modificar genéticamente las plantas para hacerlas más resistentes a enfermedades, plagas y condiciones climáticas adversas, se reduce la necesidad de pesticidas y fertilizantes. Esto no solo supone un gran ahorro, sino que disminuye la potencial contaminación del suelo y el agua, pero es que además también mejora la biodiversidad al evitar la alteración de los ecosistemas. Los cultivos transgénicos como el maíz Bt, que resiste el ataque de ciertas plagas, son un ejemplo de cómo se puede minimizar el uso de fitosanitarios al mismo tiempo que se protege la flora y fauna autóctonas.
El potencial de la ingeniería genética para adaptar los cultivos a las nuevas condiciones climáticas es vital para luchar contra el calentamiento global. Los cultivos más eficientes —menos suelo y recursos para obtener el mismo alimento— tienen una menor huella hídrica y de carbono. Al mejorar la productividad agrícola, los OMG también pueden contribuir a reducir la escasez de alimentos, logrando que suelos que se han vuelto infértiles a causa de sequías o inundaciones recurrentes puedan recuperar su uso agrícola. Estos cultivos pueden ser la clave para alimentar a una población mundial creciente, aumentando el acceso a una alimentación más segura y sostenible.
A pesar de los prejuicios, hay cultivos transgénicos que afortunadamente han sido aprobados por la Unión Europea, una de las regiones más estrictas en cuanto a la regulación de organismos modificados genéticamente. Ejemplos de alimentos transgénicos aprobados en Europa incluyen el maíz Bt, el maíz MON810 (resistente a insectos) y la soja resistente al herbicida glifosato. Aunque la legislación europea ha sido cautelosa, la investigación y la evidencia científica han demostrado que estos productos no presentan riesgos para la salud humana y que su uso puede ser una herramienta valiosa para que la agricultura sea cada vez más sostenible.
Las principales autoridades científicas, como la Organización Mundial de la Salud y la Academia Nacional de Ciencias, respaldan el uso de transgénicos, señalando que no existen pruebas que indiquen que los alimentos modificados genéticamente sean peligrosos para el consumo humano ni para el medioambiente. En 2016, más de cien premios Nobel pidieron en una carta pública dirigida a Greenpeace el cese de sus campañas contra los alimentos transgénicos. La última frase de la carta es un buen resumen: «¿Cuántos pobres tienen que morir en el mundo antes de que lo consideremos un crimen contra la humanidad?».
La oposición a los transgénicos es una oposición al progreso, al conocimiento y a la vida. Sin embargo, sus promotores disponen de una desproporcionada maquinaria publicitaria que difunde miedos infundados. Cada individuo con miedo se convierte en un nuevo altavoz propagandístico. En este caso, la promoción del miedo y del desconocimiento trae consigo socios, cuotas y hasta subvenciones, así que hay un importante interés económico detrás. A pesar del ruido, la ciencia sigue trabajando para crear un mundo más justo y sostenible en términos sociales, económicos y medioambientales. Por eso es tan importante poner el conocimiento científico al alcance de toda la sociedad, para que lo bueno no se frene por miedos injustificados.
Introduction: Nutrition plays an integral role in optimizing football players’ performance during training sessions and matches and maintaining their overall health throughout the season. This study aimed to evaluate how well the dietary practices of professional and adolescent football players in Morocco during the competitive period met international macronutrient recommendations, and to explore the relationship between their nutritional status and aerobic performance, as measured by the Yo-Yo IRL1 test.
Methods: A total of 277 footballers from Morocco’s professional league, “Botola-Pro”, were monitored over a seven-day (training microcycle) during the competitive period. The dietary intake was assessed through self-reported methods and 24-hour recalls. Relevant body composition was measured with bioelectrical impedance (BI), and aerobic performance was evaluated using the Yo-Yo IR test.
Results: The results indicated significant variations in performance and nutritional status across different categories and age groups. The nutritional status of the players didn’t match the UEFA recommendations (p < 0.001). We found that higher intake levels of carbohydrates and proteins were positively correlated with the total distance covered by the players (p < 0.001, r = 0.63, R2 = 0.4 for carbohydrates; p < 0.001, r = 0.59, R2 = 0.35 for proteins). Conversely, a higher proportion of energy derived from fats in the diet was negatively correlated with the distance covered (p < 0.001, r = −0.64, R2 = 0.41).
Conclusion: These findings suggest that optimizing carbohydrates and protein intake while managing fat consumption is crucial for enhancing sporting performance. This information is essential for tailoring training programs and nutritional regimens based on the competition level.
Gracias a la herencia que se ha ido enseñando de padres a hijos o de médicos a aprendices, hasta nuestros tiempos ha llegado un gran repertorio de raíces y plantas que se pueden emplear, si se sabe, en determinadas heridas, para sanarnos o para fortalecer nuestras defensas. En Aquí la Tierra, nuestro experto en ellas es el conocido etnobotánico Juan Plantas, quien es el encargado de hacernos llegar estos conocimientos. Te mostramos algunas de las raíces más importantes que hemos desenterrado junto a él.
La mandrágora
Esta planta la conoceréis por grandes películas o novelas históricas como La Odisea. Se ha utilizado desde los inicios de la historia de las plantas medicinales como una hierba anodina, ya que tiene propiedades narcóticas y soporíferas, además de por su uso emético y laxante. También es anti infecciosa pero, ¡ojo! sin el uso adecuado puede llegar a ser extremadamente tóxica.
Ginseng
Su uso tiene origen en la medicina tradicional china. Tiene un alto contenido en vitaminas, aminoácidos y posee propiedades hidratantes y desintoxicantes. También era usada antiguamente para incrementar la libido tanto en hombres como en mujeres.
La cúrcuma
Además de dar colorido y sabor a nuestros platos, la cúrcuma posee muchos beneficios para la salud: es un activo antiinflamatorio, antioxidante, antiséptico, antitumoral y antibacterial. Sí, sí, ¡todo eso! Aparte, favorece la circulación de la sangre y protege al hígado
Se especula mucho sobre el futuro alimentario y cada cual dispara su teoría distópica. Los más adictos a la ciencia ficción aseguran que con pastillas de colores nos bastará; los más catastrofistas auguran que solo una clase muy privilegiada, con huertos electrificados, tendrán comida fresca todo el año y el resto nos alimentaremos de sus basuras; o bien, repiten como grillos otras voces, los insectos serán la alimentación del futuro.
Los comen más de 2.000 millones de personas en el 80% de los países del mundo. Pero no, no se trata de los menús de ninguna conocida cadena de hamburgueserías. Si añadimos que su consumo ha formado parte de nuestra dieta durante miles de años, queda claro que hablamos de otro tipo de alimento. Y a pesar de su larga historia, en las sociedades occidentales hemos prescindido de una fuente de nutrientes que podría ser la solución del futuro de la alimentación; siempre que seamos capaces de dejar de lado nuestra aversión a comer bichos.
Antes de mediados de este siglo, la Tierra contará con más de 9.000 millones de bocas humanas que alimentar. Y no es sencillo que la producción de alimentos pueda crecer al mismo ritmo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 26% de la superficie seca del planeta se dedica a pastos para el ganado, y un 33% de las tierras cultivables producen cosechas para la ganadería. Esta actividad es responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y prescindir de más bosques para abrir espacios a la agricultura aumentaría el problema del cambio climático.
Con nuestro sistema actual, los números no cuadran. Pero hoy son muchos quienes piensan que es posible salir de esta difícil encrucijada sin renunciar al alimento de origen animal; se trata simplemente de variar el menú de especies que comemos. En occidente ya estamos acostumbrados al consumo de artrópodos, pero sólo acuáticos, como cangrejos o langostas. En cambio, hasta 3.000 grupos étnicos de Latinoamérica, África, Asia y Oceanía incluyen los insectos como parte de su dieta.
La Universidad holandesa de Wageningen mantiene una lista que recoge 2.111 especies comestibles de insectos y arácnidos, sobre todo escarabajos, orugas, hormigas, abejas, avispas, saltamontes, langostas y grillos, pero también moscas, arañas y cucarachas. En la exaltación de las virtudes nutritivas de estos animalitos ha desempeñado un papel crucial la FAO, que lleva años promoviendo la entomofagia como solución a la inseguridad alimentaria.
Una delegación institucional de alto nivel de España ha viajado al Reino Unido para participar en una misión de inmersión en la innovación científica y regulatoria en el sector agroalimentario. La iniciativa, organizada por CNTA (Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria), tiene como objetivo estrechar la cooperación bilateral en un momento clave para la transformación global del sistema alimentario.
La delegación española ha tenido ocasión de conocer de primera mano las últimas investigaciones en fermentación microbiana, carne cultivada y optimización de proteínas mediante Inteligencia Artificial, así como los modelos de transferencia de conocimiento entre universidad e industria Con esta misión, España y Reino Unido refuerzan su compromiso compartidocon la ciencia, la innovación y la seguridad alimentaria, impulsando un diálogo estratégico que combina excelencia científica, cooperación institucional y visión regulatoria de futuro. Los resultados de este encuentro contribuirán a abrir nuevas oportunidades de colaboración internacional y a consolidar el liderazgo de España en el ámbito de la innovación agroalimentaria, situando al sector en una posición clave para responder a los retos globales de sostenibilidad, salud y competitividad.
Una de las pocas alegrías que nos ha dado la ciencia de la nutrición en los últimos años es que algo muy rico, el chocolate, es además sano. Y cada día más, a tenor de los múltiples beneficios que demuestran recientes investigaciones.
Las últimas dos décadas han sido las de recuperación del buen nombre del chocolate, ese inestimable amigo de tantas infancias que, por culpa de las grasas y los azúcares con los que habitualmente se ha asociado, pasó a convertirse casi en el enemigo público número uno de la alimentación. Que si engorda mucho (una onza de chocolate con leche convencional, 10 gramos, aportan unas 58 Kcal), que si salen granos (por cierto, que se ha probado recientemente que esta tesis de la sabiduría popular es cierta)…
Pero llegó el chocolate sin azúcar, el chocolate con grasas más saludables y el chocolate con contenidos altísimos de cacao, y así nació una nueva era para este manjar. Hoy, las virtudes del chocolate negro están avaladas por multitud de estudios científicos, algunos tan sorprendentes como el que afirma que puede proteger la piel del sol. Aquí van otras de sus virtudes demostradas más notables (siempre para chocolates con altos contenidos en cacao, por encima del 75%).
1. Es una gran fuente de antioxidantes
Una de sus ‘nuevas’ virtudes más conocidas junto a la de activar la producción de endorfinas, esto es, la de hacernos felices. Por otra parte, los polifenoles del cacao también tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y se han relacionado con la salud arterial e incluso la disminución del riesgo de sufrir un derrame cerebral.
2. Protege el corazón
Uno de los aspectos que más se han investigado es el papel del cacao como protector cardíaco. Uno de esos estudios, publicado en ‘Clinical Nutrition’ asegura que «El consumo de chocolate está inversamente asociado con la cardiopatía coronaria prevalente». El estudio, muy ambicioso, desarrollado por el estadounidense National Heart, Lung, and Blood Institute llegó a la siguiente conclusión: comer chocolate más de cinco veces a la semana hace disminuir el riesgo de enfermedad cardíaca en un 57%.
3. Regula el colesterol
Grandes noticias. Aunque a veces leemos que el chocolate reduce el colesterol, su efecto es aún más interesante, ya que algunos estudios demuestran que incrementa el HDL (el colesterol bueno) y hace disminuir el malo (el nefastamente famoso LDL), neutralizando su oxidación. La clave está de nuevo en la acción de los antioxidantes.
4. Mejora el funcionamiento del cerebro
Aunque falta mucho por investigar al respecto, los estudios realizados hasta la fecha sobre los efectos del cacao, y más en concreto de los flavonoides del cacao, sobre el cerebro humano, abren una nueva y esperanzadora senda hacia la protección contra el deterioro cognitivo que suele ir aparejado al envejecimiento. De momento, sabemos que los flavonoides absorbidos penetran y se acumulan en las regiones del cerebro involucradas en el aprendizaje y la memoria, especialmente en el hipocampo.