Faisandage: el perro gourmet de Camerún

La tribu Vame del norte de Camerún, tiene la costumbre de comer ciertas razas de perro. Cuando un perro va a ser destinado a un festín, en el que se desea ofrecer el mayor placer a los invitados, dejan al perro sin comer varios días, hasta que el pobre animal, ya hambriento, empieza a procurarse la comida hurtada. En ese momento agarran al perro, le ‘juzgan’, le declaran culpable de robo y, como castigo, le fustigan para que huya, con el fin de someterle a persecución y a una serie de crueles castigos durante todo un día. Finalmente, le sacrifican y le dejan ‘faisandar’ cierto tiempo. Esos comensales afirman que existe una notable diferencia entre las suculencias de un perro así tratado, y las de otro que hubiera sido sacrificado en forma menos traumática.

https://es.wikipedia.org/wiki/Faisandage

Talo (gastronomía)

El talo es un plato típico de Euskal Herria (País Vasco, Navarra y País Vasco francés) hecho como un taco con una tortilla de maíz grande de México, pero con la diferencia fundamental de que el maíz no se ha nixtamalizado previamente, por lo que la pasta de la que está hecho no alcanza la misma cohesión (su textura es quebradiza y arenosa) y es menos nutritivo. La masa se elabora con harina de maíz tostada, sal y agua, y se hace a la plancha. También se puede añadir harina de trigo. A partir de el se produjo, sobre todo en Guipúzcoa, una gran emigración hacia América, ya que lo ondulado del terreno y las altas precipitaciones impedían sembrar agricultura de secano como el trigo o la cebada. Empezó, por tanto, la elaboración del maíz en forma de talos. El talo solía utilizarse como pan en los caseríos vascos (originalmente en Guipúzcoa y norte de Navarra) y el sobrante se comía untado en leche para cenar, en una especie de sopa. En el País Vasco francés se come generalmente en fiestas u otras manifestaciones (partido de pelota, fiestas de eskolas…) con «xingar» (panceta) o con queso de oveja (AOC Ossau-Iraty). En Cantabria «talo» se denomina a un recipiente de latón o similar utilizado para elaborar la torta de borona, elaborada a partir de harina de maíz, agua y sal. Para elaborar el talo se necesita una cierta cantidad de harina de maíz, que se remoja en agua templada con una pequeña cantidad de sal. Se mezcla la harina, la sal y mantequilla, y se añade poco a poco el agua en el centro mientras se va amasando, hasta formar una masa con la textura adecuada. Al resultado se lo deja reposar un cierto tiempo y se forman bolitas que se van extendiendo desde el centro hacia fuera hasta formar una especie de oblea delgadita que se pone a tostar ligeramente en una plancha por los dos lados. Se sirve acompañada de txistorra, chorizo frito, morcilla, bacon, lomo, tortilla.

https://es.wikipedia.org/wiki/Talo_(gastronom%C3%ADa)

Talo - Gastronomía Vasca: Escuela de Hostelería Leioa

La alimentación como identidad cultural.

Los alimentos han formado parte o han estado estrechamente relacionados con determinadas organizaciones de grupos humanos y, en general, no han sido establecidos por razones científicas ni siquiera racionales. Es el caso de personas que mueren antes de comer determinados alimentos prohibidos en sus sociedades. Alimentos que suelen ser consumidos sin restricción alguna en otras latitudes de la Tierra. Esto dice mucho de la función que la alimentación tiene en la identidad individual o de grupo. Hablamos de alimentos tabú y alimentos santificados. En la mayoría de las culturas, comer tiene una función básicamente social. Alrededor de la comida se afianza un conjunto de reglas, a menudo muy estrictas, que dan sentido e identidad a cada grupo. Desde la reunión familiar a la comida de trabajo, todo tiene su ritual con códigos aparentemente invisibles, pero enraizados férreamente en la idiosincrasia de cada grupo humano. Comer supera ampliamente el ámbito de la vida cotidiana y va más allá. Supone una complicada red de pensamientos, actos y emociones.

El queso y su divinidad

El queso, con su variedad de sabores, texturas y aromas, ha sido un elemento esencial en la dieta de la humanidad durante milenios. Esta delicia láctea ha servido no solo como una fuente sustancial de nutrición, sino también como un componente integral en la gastronomía y cultura de muchas civilizaciones. El queso ha sido enaltecido en la literatura, utilizado como moneda de cambio e incluso como ofrenda divina.

El origen exacto del queso es un tema de debate entre los historiadores. Sin embargo, la mayoría está de acuerdo en que el queso probablemente se originó en el Medio Oriente, en regiones donde la domesticación de animales de granja, como las ovejas y las cabras, era común. La teoría más aceptada es que el queso se descubrió accidentalmente cuando la leche se almacenaba en recipientes hechos del estómago de animales, donde las enzimas naturales harían que la leche se cuajara y fermentara.

El queso tiene una rica y variada historia, que se extiende a través de diferentes civilizaciones y eras. Durante la antigüedad, la producción de queso se había convertido en una práctica común en muchas partes del mundo. En el antiguo Egipto, se encontraron restos de queso en las tumbas de los faraones, lo que indica la importancia que le daban a este alimento. En la antigua Grecia, el queso era un elemento básico en la dieta, y se creía que era un regalo de los dioses.

Durante la Edad Media, la producción de queso se expandió por toda Europa. Los monjes en los monasterios eran conocidos por su habilidad en la elaboración del queso, y muchas de las técnicas y recetas que desarrollaron siguen siendo utilizadas hoy en día. Durante este tiempo, se vio una diversificación en los tipos de queso producidos, con diferentes regiones desarrollando sus propias variedades especializadas.

https://picnik.es/origen-queso

10 alimentos del nuevo mundo que triunfaron en Europa

Entre las consecuencias de la llegada de Colón a América, una de las que pasan más desapercibidas a pesar de su enorme importancia es la introducción de muchos alimentos nuevos en la gastronomía de Europa, especialmente cuando empezó la era de los conquistadores. El contacto con las culturas precolombinas les hizo descubrir muchos cultivos que no conocían porque eran especies que no existían en el Viejo Mundo.

Este fenómeno fue tan importante que se lo conoce como “intercambio colombino”. Tuvo un impacto significativo y duradero en la gastronomía de muchos países, hasta el punto de que algunos de estos alimentos que no existían en Europa hace apenas cinco siglos se han convertido en distintivos de la cultura culinaria nacional.

La introducción de estos nuevos ingredientes no solo aportó más variedad de sabores, sino que mejoró mucho la salud de gran parte de la población y la seguridad alimentaria. Algunos cultivos fueron de gran ayuda para evitar hambrunas, mejorar la alimentación y solventar el déficit de nutrientes que sufrían las capas más humildes de la población.

Desde productos de dieta básica como el maíz, las patatas o los tomates, hasta delicatessen como el cacao y la vainilla, la llegada de estos nuevos alimentos revolucionó la gastronomía europea. Estos son 10 alimentos de las Américas que triunfaron en Europa.

Maíz

El maíz era uno de los cultivos más importantes y un pilar básico de la alimentación en la Mesoamérica precolombina. Después de su introducción en Europa se convirtió en un alimento esencial en muchas regiones, gracias a su capacidad para adaptarse a diversos climas y condiciones de cultivo. También se empleó para muchos productos derivados como harina, aceite e incluso bebidas alcohólicas.

Patatas

Las patatas, originarias de los Andes, se convirtieron en un cultivo fundamental en Europa, especialmente en zonas frías. La patata desempeñó un papel importante en la prevención de hambrunas y mejoró la seguridad alimentaria en Europa, hasta el punto de convertirse en un ingrediente básico de algunas gastronomías como la alemana. Hay cientos de variedades de patata, pero en Europa se cultivaron unas pocas.

Moniatos

El moniato o boniato es otra raíz comestible que se cultivaba en Mesoamérica y en las regiones andinas de América del sur desde el Neolítico. Aunque también se la llama batata o patata dulce, en realidad pertenece a otra familia distinta. Igual que la patata, triunfó gracias a sus grandes propiedades nutricionales y a la facilidad de su cultivo.

Tomates

Los tomates, nativos de América Central y del Sur, se introdujeron en Europa a partir del contacto con los mexicas y se convirtieron en un ingrediente esencial de la cocina mediterránea. Aunque científicamente está catalogado como una fruta, se ha usado siempre como verdura. Al contrario de otros alimentos, el tomate triunfó no por su valor nutricional (que es más bien escaso) sino como condimento, especialmente en salsas y guisos.

Cacao

El cacao, utilizado por las culturas mesoamericanas para hacer una bebida tradicional, llegó a Europa casi por casualidad: en su último viaje, Colón se topó con un cargamento maya de cacao y lo llevó de vuelta a Europa, donde se transformó en la bebida de chocolate y luego en productos de chocolate sólido. Al principio no tuvo el éxito esperado, ya que tenía un sabor fuerte y amargo, pero tras experimentar con dulcificantes y aromas se convirtió en una delicia popular en toda Europa.

Vainilla

La vainilla, una especia que proviene de las vainas de una planta nativa de México, fue otra de las delicatessen que los europeos encontraron en América. Los mayas la utilizaban como ingrediente para su bebida de cacao y, copiando este uso, los chefs europeos la usaron para aromatizar alimentos y bebidas, y postres en particular, por lo que revolucionó el mundo de la pastelería.

Pimientos

Los pimientos, que incluyen variedades picantes y dulces, proceden de las zonas tropicales y subtropicales de América. Fue el propio Colón, al regreso de su segundo viaje, quien trajo semillas de pimiento, haciendo de este uno de los primeros alimentos americanos que llegaron a Europa. Los pimientos triunfaron en la cocina de muchas regiones: las variedades dulces se usaron como verdura, y las picantes – como el chile – para salsas y condimentos.

Frijoles y legumbres

Varios tipos de frijoles y legumbres, como los frijoles negros y las habas, eran junto con el maíz el principal alimento de las culturas mesoamericanas. Se trata de una importante fuente de proteínas y por ese motivo se hicieron rápidamente un lugar en la gastronomía de muchos países de Europa: mejoraron mucho la alimentación y la salud de las clases humildes, que no podían permitirse comer carne ni pescado demasiado a menudo.

Calabazas

Igual que el tomate, la calabaza es un fruto al que culinariamente se le ha dado uso como verdura. En la Mesoamérica precolombina era uno de los tres cultivos básicos, junto con el maíz y los frijoles. Las calabazas se hicieron populares en Europa por su sabor, su facilidad de crecimiento y resistencia tanto en climas cálidos como fríos, y por lo bien que casaban con todo tipo de comida: por ese motivo se empezaron a utilizar en una amplia variedad de recetas, desde sopas y estofados hasta dulces y pasteles.

Cacahuetes

Los cacahuetes, también conocidos como maníes, se originaron en América del Sur y se difundieron a Mesoamérica. Varias culturas precolombinas les daban usos muy variados, desde la alimentación – y especialmente la producción de aceite – hasta la elaboración de accesorios. Los españoles conocieron este alimento al llegar a Tenochtitlán, la capital mexica, y llevaron semillas a Europa, donde se popularizó como aperitivo y para la elaboración de mantequilla de cacahuete, muy popular en algunos países.

BIBLIOGRAFÍA: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/10-alimentos-nuevo-mundo-que-triunfaron-europa_20297#

La lata de conserva: nace la dieta industrial

A finales del siglo XVIII, en plena era de guerras y exploraciones, los ejércitos y marinos europeos enfrentaban un problema vital: cómo conservar los alimentos durante largos viajes sin que se estropearan. La necesidad llevó a la innovación.

El francés Nicolas Appert descubrió que, si se colocaban alimentos en frascos herméticamente sellados y luego se calentaban en agua, podían mantenerse en buen estado durante meses. Su método, publicado en 1810, fue el primer sistema eficaz de conservación y le valió el reconocimiento del gobierno francés.

Poco después, Peter Durand, en Inglaterra, perfeccionó la idea sustituyendo los frascos de vidrio por latas de hojalata, más resistentes y fáciles de transportar. La primera fábrica de conservas abrió en 1813, marcando el inicio de la industria alimentaria moderna.

Las conservas transformaron la alimentación mundial: los alimentos dejaron de depender del lugar y la temporada, y pudieron producirse, almacenarse y distribuirse en masa. La dieta pasó a ser industrial y global, con ventajas logísticas pero también consecuencias nutricionales que todavía se sienten hoy.

Bibliografia: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/lata-conserva-nace-dieta-industrial_11258

Del pan de los pobres a un lujo gourmet.

Durante la posguerra española, cuando la escasez de alimentos era extrema, el pan de trigo se convirtió en un lujo casi inalcanzable. Ante la falta de harina blanca, la población recurrió a harinas más humildes: de centeno, cebada o legumbres molidas con tal de elaborar el llamado pan negro. Este pan, de sabor más fuerte, textura densa y aspecto oscuro, fue durante años símbolo de pobreza y necesidad.

Con el tiempo, ese mismo pan ha pasado de ser un alimento humilde a convertirse en un producto gourmet. Hoy se vende en panaderías artesanas y ecológicas, con etiquetas bio y precios elevados, valorado por su sabor intenso y sus beneficios nutricionales.

El pan de centeno es rico en fibra, ayuda a la digestión, mantiene estables los niveles de azúcar en sangre y aporta vitaminas del grupo B, hierro, fósforo, magnesio y zinc. Además, contiene menos gluten que el pan de trigo, lo que lo hace más fácil de digerir, aunque no apto para celíacos.

Para hacer pan negro en casa sin amasar, solo necesitas seguir estos pasos:

  1. Mezcla los ingredientes: combina 500 gramos de harina integral de centeno con 500 mililitros de agua tibia, 10 gramos de sal y media cucharadita de levadura seca. Remueve con una cuchara de madera hasta obtener una masa pegajosa.
  2. Prepara el molde: úntalo con mantequilla y vierte la mezcla.
  3. Fermentación: deja reposar la masa unas 3 horas, hasta que la superficie se abombe ligeramente y presente grietas.
  4. Horneado: cuece el pan 10 minutos a 250 °C y luego 30 minutos a 230 °C.
  5. Formar la corteza: saca el pan del molde y hornéalo otros 10 minutos con la puerta del horno entreabierta.
  6. Enfriado: deja enfriar el pan sobre una rejilla antes de cortarlo.

BIBLIOGRAFÍA: https://okdiario.com/gastronomia/espana-fue-comida-pobres-durante-posguerra-hoy-lo-sirven-mejores-restaurantes-como-articulo-gourmet-15570309

La Comida en la Literatura

El vínculo entre la alimentación y la cultura es profundo, y la literatura ha sido testigo de ello durante siglos. Los alimentos encierran significaciones sociales, identitarias y comunicativas que van mucho más allá de lo puramente nutricional .

Un ejemplo paradigmático, como se señala en el artículo, lo encontramos en las maravillosas páginas de Marcel Proust. En «En busca del tiempo perdido», el sabor de una magdalena mojada en té desencadena un torrente de recuerdos y emociones del pasado . Este episodio es mucho más que una descripción culinaria; es un elemento revelador que muestra cómo un simple sabor puede ser la llave para recuperar la memoria emocional de un personaje, conectando instantáneamente el presente con un «tiempo perdido» lleno de significado.

Este «flashback emocional apoyándose en el gusto» ilustra a la perfección que la comida en la literatura nunca es solo un alimento delicioso . Cada plato, cada banquete, o cada simple bocado puede entrelazarse con:

· Sonoridades y afectos: evocando la atmósfera de un lugar o momento.
· Historias y relaciones: actuando como un símbolo de vínculos familiares o sociales.
· La construcción de identidad: mostrando los lazos del personaje con su cultura o su clase social.

Como concluye el análisis, «cada plato puede entrelazarse con sonoridades, significados, afectos, imágenes» . La magdalena de Proust nos recuerda que la comida es, en esencia, «hecha de recuerdos, personas, historias y relaciones» . Incorporar este nivel de profundidad en las descripciones culinarias puede enriquecer enormemente la narrativa de cualquier historia, conectando al lector con los personajes a un nivel íntimo y sensorial.

Un vinito con historia? 🍷📰

El vino es una de las bebidas más antiguas y simbólicas de la humanidad. Su historia comienza hace más de 6.000 años en las fértiles tierras de Mesopotamia, donde se cultivaban vides y se fermentaba el jugo de uva en vasijas de barro. Las primeras evidencias arqueológicas provienen de la región que hoy ocupa Irán, donde se han hallado restos de vino en jarras de cerámica en las cuales se fermentaban con la cascara misma de la uva, esta fue la forma en la que accidentalmente se inició con el vino.

Estas son las etapas claves del vino a lo largo de la historia:

  • Egipto y Grecia: el vino se integró en rituales religiosos y banquetes. Los egipcios lo ofrecían a los dioses, mientras que los griegos lo asociaban a Dionisio, dios del vino y la fertilidad.
  • Roma: los romanos perfeccionaron técnicas de cultivo y conservación, expandiendo el vino por todo el Imperio. Se crearon las primeras denominaciones geográficas.
  • Edad Media: los monasterios cristianos conservaron el saber vitivinícola, elaborando vino para la liturgia y el comercio.
  • Edad Moderna: con la colonización, el vino llegó a América. Se fundaron bodegas en México, Chile y Argentina.
  • Siglo XX y XXI: la globalización y la tecnología transformaron la producción. Hoy, el vino es una industria de precisión, con control climático, genética de cepas y trazabilidad digital.

Más allá de su valor económico, el vino representa identidad cultural, patrimonio gastronómico y expresión artística. Su historia es la historia de la civilización misma, tanto así que fue una de las primeras bebidas alcohólicas, recolectadas en la antigüedad en cestos y exprimida a pisadas con los pies descalzos y colado con un pedazo de tela estrujado con dos palos de madera, estas son las formas en las que se demuestra que la historia continua hasta hoy como signo de cultura, elegancia, y sobre todo calidad.

Cómo la langosta pasó de ser comida para cerdos a cena de ricos

Decir que uno va a comer langosta o que es una de tus comidas preferidas denota lujo y elegancia.

Y es que, además de ser delicioso, los precios de este crustáceo lo han mantenido por mucho tiempo como un privilegio reservado para los más acaudalados o para los que de vez en cuando se pueden permitir este manjar en una ocasión especial.

Pero no siempre fue así.

La langosta, a la que se le ha llamado «la cucaracha del océano», es una muy efectiva trepadora social.

Su caso es considerado como uno de los más extraordinarios cambios de imagen en la historia de los productos: la langosta pasó de ser la comida de los más pobres a la de los más ricos.

¿Volviendo a ser lo que era?

El pasado del crustáceo vuelve a estar presente ahora gracias a una bonanza de langosta en el norte de América.

Por ello, desde hace un tiempo, está apareciendo en menús de restaurantes que antes no se habrían aventurado a ofrecer un animal de tal alcurnia.

«El producto se está democratizando«, le dijo a la BBC Adam Leyland, una autoridad en la industria alimenticia y editor de la publicación online «The Grocer».

Como es de esperar, los precios están directamente vinculados a la regla básica de oferta y demanda. Y, en el caso de la langosta en Estados Unidos –a diferencia del maíz, trigo y la carne– su valor puede subir sin límite, pues no está sujeta a ninguna estructura de precios impuesta por el gobierno.

En 2012, por ejemplo, aumentó en un 18%.

Pero también puede caer, cuando la realidad cambia.

Y, según le dijo a la BBC la historiadora de alimentos Polly Russell, la realidad cambió «debido al cambio climático, que ha llevado a que se reproduzcan más rápido por el alza de la temperatura del mar, y también porque hemos diezmado la población de bacalao, que son su depredador natural».

Aunque no niega que lo que dijo Russell sea cierto, Leyland señala que lo que está pasando es que «las existencias están alcanzando los niveles más altos de los últimos 100 años», y subraya: «Eso significa que hace un siglo había una cantidad enorme de langosta disponible».

Un detalle que no se debe pasar por alto, y que nos remonta mucho más atrás que un siglo.

Modestos orígenes

Los escritos de los primeros colonos europeos que llegaron Norteamérica cuentan que las langostas eran tan abundantes en las costas atlánticas de Canadá y Nueva Inglaterra que se llegaban a acumular en las playas de la colonia Massachusetts Bay en montones que alcanzaban la altura de las rodillas.

Por ser tantas, eran indeseables: más bien un estorbo para los pescadores que lo que querían atrapar era peces.

Los nativos americanos las usaban para fertilizar los campos y como señuelo.

Los colonos se las daban a sus cerdos, vacas y gatos.

Las consideraban como «comida de pobres»: las tomaban de las pozas de marea y las aprovechaban para alimentar a los niños, a los presos y a la servidumbre por endeudamiento (criados ligados por un contrato que los obligaba a trabajar siete años a cambio de su pasaje a América).

De hecho, el prestigio del crustáceo era tan bajo que eventualmente algunos de los sirvientes en Massachusetts se rebelaron y lograron consignar en sus contratos que no los forzarían a comer langosta más de tres veces por semana.

¿Cómo pasó entonces de ser poco más que basura al plato que se servía en las bodas de las clases altas?

Se subió al tren

La suerte de la langosta cambió a finales del siglo XIX, gracias a los enlatados y el ferrocarril.

Su primer salto en el mundo del comercio llegó con la introducción de la primera fábrica de enlatados de Estados Unidos, establecida en Maine en 1841.

Aunque al principio fue difícil convencer a las tiendas que compraran alimentos enlatados, eventualmente quienes vivían en el centro del país tuvieron al alcance langosta barata en un abrir y cerrar de… lata.

Pero su estatus de miembro de la realeza, con corona de mantequilla y hierbas, servida en un trono de porcelana y plata se lo dieron los turistas.

Los encargados de los ferrocarriles descubrieron que si presentaban a la langosta como una exquisitez, a los pasajeros que no conocían su reputación les parecía deliciosa.

Y no sólo ellos.

Los restauranteros no dudaron en servírselas con pompa y ceremonia a los turistas de clase alta que venían del sur a Maine en verano, atraídos por el mar y sus exóticas delicias.

Cuando esos elegantes visitantes regresaban a sus hogares, seguían antojados de langosta. La llegada de la refrigeración permitió enviarlas vivas hasta lugares tan lejanos como Inglaterra, donde se vendían por diez veces el precio original.

¿Femenina o sobrevalorada?

Los precios de este exitoso crustáceo alcanzaron su primer punto máximo en los años 20, pero la Depresión los tiró abajo.

No obstante, para los años 50 ya había logrado cementar su reputación como manjar de los reyes, o al menos de los opulentos y las estrellas de Hollywood.

Más de un siglo antes, una celebridad ya había exaltado a la que fuera comida de prisioneros. En 1812, el «loco, malo y peligroso» poeta Lord Byron escribió en una carta:

Pero, hoy en día no sólo hay quienes no aceptarían la opinión del poeta por considerarla misógina, sino que otros no le encuentran el encanto a la celebrada langosta.

Bibliografía: Redacción. (13 de marzo de 2016). Cómo la langosta pasó de ser comida para cerdos a cena de ricos. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160309_langosta_comida_cerdos_esclavos_abono_lujo_finde_dv