Cuando pensamos en una fruta que ha viajado por muchos continentes, que se ha cruzado con muchas especies y ha pertenecido a jardines reales hasta llegar a la fruta que conocemos hoy en día debemos pensar en la fresa.
Desde hace más de 2.000 años ya existían ejemplares de fresas silvestres domesticadas, sobretodo en Europa. Y fue en la Edad Media cuando se conoce que las fresas aparecen en los jardines europeos; se encontraron registros del siglo XIV y XV, y se dice que el rey Carlos V llegó a tener más de mil plantas de estas bayas en los jardines del Louvre.
La especie europea tradicional fue Fragaria vesca, conocida como fresa del bosque o salvaje, y fue usada en Europa con fines culinarios y medicinales.
Con el tiempo, se sumaron otras especies como; Fragaria moschata, fue apreciada por su aroma aunque se presenta con una baja producción, y Fragaria viridis, usada más como ornamento. En paralelo, los europeos empezaron a importar la especie norteamericana Fragaria virginiana, originaria de Canadá / Virginia, que produjo frutos más grandes y color rojo intenso.
Mientras tanto, en Sudamérica crecía la especie Fragaria chiloensis, usada desde hace siglos por pueblos indígenas en Chile. En el siglo XVIII, el capitán francés Amédée Frezier llevó algunas plantas de F. chiloensis desde Chile a Europa; aunque solo sobrevivieron pocas, esas supervivientes fueron plantadas en París para fines de investigación y cruce.
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