Tres ensaladas para exprimir la huerta en otoño

Las ensaladas no son solo cosa del verano ni un recurso para quienes evitan encender el fuego; ya en otoño, podemos seguir sacándoles mucho partido. Atrás quedan el tomate, el pepino, las frutas de hueso y otros productos estivales para dar paso a los que están ahora de temporada: la calabaza, el boniato, las coles, el aguacate o los cítricos, entre otros. Combinados con granos, legumbres, proteínas animales o frutos secos dan lugar a platos reconfortantes, frescos. Aquí van tres ensaladas otoñales para seguir comiendo productos de la huerta.

Calabaza, col lombarda, naranja, pan tostado y alcaparras

Comienza calentando el horno a 180 ºC. Rompe 100 g de pan con buena miga en trozos pequeños-medianos con las manos. Ponlos en una bandeja de horno con papel vegetal y rocíalos con un chorrito de aceite de oliva. Salpiméntalos y muévelos para que se impregnen bien. Hornéalos, dándoles la vuelta de vez en cuando, hasta que estén dorados. Déjalos enfriar. Sube la temperatura del horno a 200 ºC. Pela, despepita y corta en cubos 400 g de calabaza (cacahuete o de otro tipo).

Distribúyela en una bandeja para horno con papel vegetal y añade un chorrito de aceite de oliva, sal, pimienta negra y las hierbas secas que quieras. Cocínala hasta que esté tierna y dorada, dándole la vuelta transcurridos 10 minutos. Si quieres servir la ensalada templada, puedes usarla en el momento, si no, déjala enfriar. Aparte corta en juliana 200 g de col con una mandolina o cuchillo afilado. Ponla en un bol, añade sal y masajeála un poco. Pela y corta una naranja en rodajas o gajos.

Prepara el aliño mezclando tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra, el zumo de media naranja pequeña, dos cucharaditas de alcaparras, sal y pimienta negra. Añade la calabaza, el pan tostado y la naranja al bol y mezcla con suavidad. Agrega el aliño y vuelve a mezclar. Sírvela con unas semillas de calabaza tostadas por encima.

Boniato asado, alubias negras, cebolla morada y vinagreta de lima y chile

En esta ensalada traemos a las legumbres, que juegan entre lo dulce, lo ácido y lo picante. Comienza calentando el horno a 200 ºC. Pela y corta un boniato grande en daditos. Ponlo en una bandeja de horno con papel vegetal y rocíalo con aceite de oliva, sal y pimienta. Hornéalo hasta que esté tierno y dorado, dándole la vuelta de vez en cuando. Déjalo reposar hasta que se temple o enfríe por completo. Mientras, corta media cebolla morada a pluma o juliana fina. Ponla en un cuenco con agua con hielo para que pierda intensidad y quede más crocante. Prepara el aliño mezclando muy bien tres cucharadas de aceite de oliva suave, el zumo y la ralladura de una lima, tanto chile fresco como quieras picado o en juliana, media cucharadita de azúcar y sal al gusto. En un bol mezcla el boniato asado, 200 g de alubias negras cocidas, la cebolla morada escurrida y la vinagreta. Sírvela con cilantro fresco por encima.

Lechuga, aguacate, manzana, pollo y nueces

Esta ensalada puede convertirse en tu salvavidas para cenas ligeras que requieran poco esfuerzo o para el eterno dilema “qué llevaré mañana al trabajo para comer”. Parte de una pechuga de pollo cocida, asada o a la plancha: desmenúzala apenas con las manos. Corta una manzana y un aguacate en láminas o daditos. En un bol mezcla dos o tres puñados generosos de lechuga –una o distintas variedades– cortada en trozos grandes con aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez y sal. Añade el pollo, la manzana, el aguacate y un puñado de nueces comunes o pecanas, mezcla y corrige la sazón como sea necesario. Si te la vas a llevar al trabajo, no la mezcles y pon en el táper, en capas y en este orden, el pollo, las nueces, la lechuga, la manzana y el aguacate con un chorro de limón por encima para que no se oxiden los dos últimos y la vinagreta aparte. Cuando llegue el momento, mézclalo todo y listo.

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