Para perder peso, el cambio más lógico parece ser sustituir el azúcar por sacarina, estevia o aspartamo. Bebidas «Zero» y postres «sin azúcares añadidos» llenan los estantes. Pero si no tienen calorías, ¿por qué sigue habiendo debate sobre si engordan o no?
¿Engañan los edulcorantes a tu cerebro? Cuando comes algo dulce, tu cerebro anticipa una llegada de energía (calorías). Con los edulcorantes, llega el sabor dulce pero no la energía. Algunos estudios sugieren que esto puede mantener la adicción por el dulce y generar más hambre más tarde, ya que el cuerpo sigue buscando esa energía prometida. Además, al tener el umbral de dulzor muy alto, la fruta natural puede empezar a parecerte insípida.
¿Cómo afectan a la flora intestinal? Aquí radica una de las mayores preocupaciones recientes. Investigaciones sugieren que ciertos edulcorantes artificiales pueden alterar la composición de la microbiota intestinal, lo que paradójicamente podría empeorar la resistencia a la insulina y el metabolismo de la glucosa, justo lo que un diabético o alguien a dieta intenta evitar.
Entonces, ¿es mejor volver al azúcar? No necesariamente. El exceso de azúcar es un factor claro de obesidad y enfermedad. Los edulcorantes son una herramienta útil de transición o para consumo ocasional, pero no son agua. El objetivo final debería ser reeducar el paladar para disfrutar del sabor real de los alimentos sin necesidad de endulzarlos tanto, ni con azúcar ni con químicos.
Las golosinas o “chuches” son un clásico en cumpleaños, meriendas y celebraciones, especialmente entre los más pequeños. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar qué contienen realmente estos productos, cómo se fabrican y qué impacto pueden tener en la salud. Aunque están reguladas y autorizadas, muchas de sus sustancias pueden generar preocupación, sobre todo si se consumen en exceso o con frecuencia.
¿Qué llevan las golosinas? Ingredientes más comunes
Las golosinas son productos ultraprocesados, es decir, alimentos elaborados industrialmente con múltiples ingredientes que no se encuentran de forma natural. En su composición se utilizan sustancias con diferentes funciones: saborizantes, edulcorantes, colorantes, gelificantes y conservantes, todos diseñados para lograr el sabor, la textura y el aspecto tan característicos que las hacen tan atractivas.
1. Azúcares y jarabes Son la base de la mayoría de las golosinas. Ingredientes como la dextrosa, la glucosa líquida o el azúcar invertido se utilizan no solo para dar dulzura, sino también para modificar la textura y conservar el producto.
2. Gelificantes Permiten conseguir esa textura gomosa o blandita que tienen muchas chuches. Los más utilizados son la gelatina (de origen animal) y la pectina (de origen vegetal). La elección del gelificante depende del tipo de golosina que se quiera fabricar.
3. Reguladores de acidez El ácido cítrico, el ácido láctico y el citrato trisódico son empleados para ajustar el sabor, equilibrar el dulzor y controlar el pH del producto.
4. Colorantes Son probablemente los ingredientes más polémicos. Muchos caramelos y gominolas contienen colorantes sintéticos como los colorantes azoicos (E102, E110, E122, E129, E133), que dan colores intensos y brillantes. Estos aditivos están autorizados en la Unión Europea, pero deben incluir una advertencia en el etiquetado si se utilizan: “pueden tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”. Por esta razón, su uso está disminuyendo. Además, la legislación europea (Reglamento CE Nº 1333/2008) establece límites específicos, como un máximo de 50 mg/kg para ciertos colorantes en caramelos o chicles.
5. Conservantes y agentes de recubrimiento Sustancias como el sorbato potásico (E202) se añaden para prevenir la aparición de moho o bacterias. También se utilizan ceras y abrillantadores (E901 a E904) para mejorar el aspecto visual y dar ese brillo característico.
¿De dónde sale la gelatina? El lado oculto del colágeno animal
Uno de los ingredientes esenciales en la fabricación de muchas golosinas es la gelatina. Este compuesto proviene del colágeno, que se extrae de pieles, huesos y cartílagos de animales (vacas y cerdos, principalmente). El proceso industrial de obtención de gelatina incluye varios pasos:
Selección de materia prima: se eligen tejidos ricos en colágeno, como pieles y huesos provenientes de mataderos.
Pretratamiento:
Ácido (Tipo A): se aplica en pieles de cerdo.
Alcalino (Tipo B): se usa para pieles y huesos de bovinos.
Extracción del colágeno: se calienta entre 50 y 80°C para disolver la gelatina en agua.
Filtrado y purificación: se eliminan impurezas y se mejora la calidad del producto.
Secado: se obtiene la gelatina en forma de láminas o polvo.
Aunque es un ingrediente seguro y aprobado, no es apto para personas vegetarianas o veganas, lo cual no siempre está claramente indicado en el etiquetado. Algunas marcas han empezado a utilizar alternativas vegetales como pectina de frutas o agar-agar para sustituir la gelatina animal.
Según la tecnóloga de alimentos Alba Ramírez, esto no es algo que la industria “oculte”, sino que no se suele destacar, ya que no es una información que los niños entiendan o valoren. Es un caso similar al de otros productos como nuggets o salchichas, cuyo proceso de producción no suele comunicarse abiertamente por la misma razón.
¿Existen golosinas más saludables?
Aunque muchas chuches comerciales tienen un perfil nutricional poco favorable, sí es posible encontrar opciones más saludables si se sabe qué buscar. Alba Ramírez recomienda fijarse en:
Menor contenido de azúcar y edulcorantes naturales: algunas marcas utilizan menos azúcar o recurren a ingredientes como miel, jarabes naturales o edulcorantes vegetales como la estevia o el eritritol.
Colorantes naturales: productos que emplean colorantes a base de frutas o vegetales, como remolacha (rojo), cúrcuma (amarillo) o espirulina (azul), son preferibles a los sintéticos.
Menos conservantes y aditivos artificiales: una lista de ingredientes más corta y comprensible suele indicar un producto más natural.
Presencia de ingredientes reales: algunas chuches incluyen jugos de frutas, pulpa, fibra vegetal o incluso vitaminas, lo cual mejora su valor nutricional.