Edulcorantes 0%: ¿Mejores que el azúcar o un engaño dulce?

Para perder peso, el cambio más lógico parece ser sustituir el azúcar por sacarina, estevia o aspartamo. Bebidas «Zero» y postres «sin azúcares añadidos» llenan los estantes. Pero si no tienen calorías, ¿por qué sigue habiendo debate sobre si engordan o no?

¿Engañan los edulcorantes a tu cerebro? Cuando comes algo dulce, tu cerebro anticipa una llegada de energía (calorías). Con los edulcorantes, llega el sabor dulce pero no la energía. Algunos estudios sugieren que esto puede mantener la adicción por el dulce y generar más hambre más tarde, ya que el cuerpo sigue buscando esa energía prometida. Además, al tener el umbral de dulzor muy alto, la fruta natural puede empezar a parecerte insípida.

¿Cómo afectan a la flora intestinal? Aquí radica una de las mayores preocupaciones recientes. Investigaciones sugieren que ciertos edulcorantes artificiales pueden alterar la composición de la microbiota intestinal, lo que paradójicamente podría empeorar la resistencia a la insulina y el metabolismo de la glucosa, justo lo que un diabético o alguien a dieta intenta evitar.

Entonces, ¿es mejor volver al azúcar? No necesariamente. El exceso de azúcar es un factor claro de obesidad y enfermedad. Los edulcorantes son una herramienta útil de transición o para consumo ocasional, pero no son agua. El objetivo final debería ser reeducar el paladar para disfrutar del sabor real de los alimentos sin necesidad de endulzarlos tanto, ni con azúcar ni con químicos.

Enlace de referencia: https://www.who.int/es/news/item/15-05-2023-who-advises-not-to-use-non-sugar-sweeteners-for-weight-control-in-newly-released-guideline

Información sobre los alimentos ultra-procesados

En la actualidad, la gran mayoría de los productos alimenticios que consumimos presentan algún grado de procesamiento. Desde hace milenios, se vienen utilizando diferentes técnicas de procesamientos de los alimentos (secado, salazón, fermentación y ahumado), que se han complementados con otras mas actuales como la congelación, pasteurización y el envasado. El objetivo de estos procedimientos ha sido aumentar la conservación de los alimentos, mejorar su seguridad y ampliar su disponibilidad. El problema puede presentarse cuando este procesamiento se lleva hasta un nivel de mayor complejidad dando lugar a los llamados alimentos “ultra-procesados”.

Estos productos se caracterizan por tener muchas calorías en una porción pequeña de alimentos, ser ricos en azúcares, grasas saturadas y sal, tener una baja calidad nutricional, ya que son pobres en fibra dietética, proteínas, vitaminas y minerales, y llevar muchos aditivos. Todas estas modificaciones hacen que sean alimentos muy sabrosos, listos para consumir, duraderos y baratos.

Cómo identificar los alimentos ultra-procesados.

La industria alimentaria no está obligada a poner en la etiqueta de los alimentos los diferentes procesos que se llevan a cabo para su elaboración. Los consumidores podemos tener claro que alimentos como las verduras frescas y congeladas, frutas, leche pasteurizada, carnes y pescados refrigerados, son alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Sin embargo, no siempre es tan fácil distinguir los alimentos ultra-procesados.

La forma más práctica de saber si un alimento está dentro de la clasificación de ultra-procesados es ver la lista de ingredientes, ya que en ella podemos identificar una serie de elementos claves que los caracterizan. Entre ellos destacan:

  1. La presencia, al menos, de un producto alimenticio que nunca o rara vez utilizamos en las cocinas. Por ejemplo, azúcar invertido, maltodextrinas, jarabe de maíz, fructosa, lactosa, caseína, hidrolizado de proteínas de soja o gluten, entre otros.
  2. La existencia en la lista de ingredientes de aditivos cuya función es hacer que el producto final sea agradable al paladar y más atractivo. Es lo que se conoce como “aditivos cosméticos”. Entre los aditivos cosméticos más utilizados destacan los potenciadores del sabor (ej. glutamato), los aromatizantes, espesantes, texturizantes, emulsionantes (ej. lecitina de soja), colorantes (ej. color caramelo), conservantes, edulcorantes (ej. sucralosa, aspartamo y sacarina). Muchos de ellos se nombran con el código que tienen en la lista de aditivos permitidos. Este código lleva la letra “E” y un número de identificación. También se pueden identificar con el nombre genérico del producto.
  3. Productos que por su forma no se pueden identificar con los alimentos de origen. Por ejemplo, salchichas de pollo.

Más información:https://www.revistadiabetes.org/investigacion/que-deberiamos-saber-sobre-los-alimentos-ultra-procesados-y-como-afectan-a-la-diabetes/