
La forma en que almacenamos los alimentos en el frigorífico puede marcar la diferencia entre consumirlos de forma segura o arriesgar su calidad. Dejar productos como la leche o los huevos en la puerta del frigorífico es un error más común de lo que pensamos. La tecnóloga de alimentos y divulgadora Alba Ramírez explica que este hábito, lejos de ser inocuo, puede comprometer la seguridad alimentaria.
¿Por qué la puerta del frigorífico no es el lugar adecuado?
- Cuando abrimos y cerramos el frigorífico, la puerta sufre variaciones de temperatura constantes. Es precisamente en esta zona donde los cambios térmicos son mayores.
- Productos como los huevos o la leche son especialmente sensibles a esos vaivenes de temperatura y necesitan una zona estable y fría para conservarse correctamente.
- Por ello, colocarlos en la puerta —un lugar con más oscilación térmica— reduce su seguridad y calidad.
¿Dónde ponerlos entonces?
- Se recomienda situar la leche y los huevos en alguna de las baldas intermedias del frigorífico, donde la temperatura sea más constante.
- Los huevos, de hecho, deberían sacarlos del cartón original del supermercado y colocarlos en un recipiente plástico adecuado, siempre en una de las estanterías intermedias.
Buenas prácticas adicionales en el frigorífico
- Mantén la temperatura del frigorífico siempre entre 2 y 6 °C. Esta es una de las normas fundamentales de la conservación de alimentos.
- Distribuye los alimentos de lo más perecedero (parte inferior) a lo menos perecedero (parte superior).
- Aplique la regla «primero que entra, primero que sale» al organizar los alimentos recién comprados: colócalos detrás de los que ya tienes.
- Las carnes y pescados deberían colocarse en la parte más fría del frigorífico (normalmente en la balda inferior) para evitar que los líquidos que sueltan contaminen otros productos.
- En el congelador, evita la formación de hielo excesiva ya que indica que no se alcanza la temperatura óptima de conservación. Rotula y organiza los alimentos con la fecha de envasado/congelado, y usa recipientes bien cerrados.
¿Y sobre contenedores y plásticos?
El material del recipiente es menos importante que su estado: si los envases plásticos están rajados, deformados, con textura alterada o han perdido su integridad, es hora de sustituirlos. Incluso si se indica que son aptos para lavavajillas, su uso repetido puede deteriorarlos más rápido.

