Qué es la listeria y qué hacer en caso de alerta alimentaria

Se trata de una bacteria altamente resistente y puede ser peligrosa para ciertos grupos de población, no obstante, la posibilidad de que nos afecte es baja si se atiende a las normas de seguridad recomendadas.

Hace unos días se notificó una alerta alimentaria que preocupó a mucha gente. Es lógico, si se tiene en cuenta que afectó a siete productos diferentes de consumo cotidiano como la mortadela, chóped y demás, que se vendían en dos cadenas de supermercados muy conocidas (Aldi y DIA). Además estaba involucrada una bacteria que arrastra merecida mala fama por la grave crisis que causó hace pocos años: la Listeria monocytogenes.

Afortunadamente, en esta ocasión de momento no ha afectado a ninguna persona. Pero esta alerta puede servirnos para hablar de dos temas importantes que todo el mundo debería conocer: la dichosa bacteria (y cómo evitarla) y las alertas alimentarias (y cómo actuar cuando se producen).

NO ES SOLO SALMONELA

Si hablamos de comida y bacterias patógenas, lo primero que nos suele venir a la cabeza es la salmonela. No es para menos porque las autoridades sanitarias y varias personas, llevan años haciendo hincapié en ella para advertir sobre sus riesgos y prevenir la salmonelosis. Pero esta bacteria no es la que provoca más casos de gastroenteritis transmitida por alimentos: ese honor corresponde a Campylobacter, que se asocia, sobre todo, al consumo de carne de pollo contaminada. Provocó 148.200 casos en la Unión Europea durante el año 2023 (frente a 77.500 casos de salmonelosis).

A pesar de su popularidad, Salmonella tampoco es la bacteria que suele producir más quebraderos de cabeza a la industria alimentaria o a las autoridades sanitarias; Sin embargo, Ese papel sí corresponde a Listeria. No es la que causa más toxiinfecciones –ocupa el quinto puesto en la Unión Europea, con casi 3.000 casos en 2023–, pero estas pueden ser graves, sobre todo en grupos de riesgo, como veremos más adelante. Aunque lo más preocupante de esta bacteria es que es muy escurridiza.

SUPER RESISTENTE
Si hacemos caso de la vieja frase “mala hierba nunca muere”, podríamos decir que la listeria es malísima; ya que lo aguanta casi todo. Sobrevive y se multiplica en ambientes poco favorables, donde otras bacterias no pueden hacerlo. Esto además le da ventaja para desarrollarse, porque no tiene que competir con otras. Por ejemplo:

  • Es capaz de multiplicarse a bajas temperaturas (hasta -2ºC), así que puede desarrollarse, por ejemplo, en un trozo de salmón ahumado o un embutido loncheado, aunque lo tengamos en el frigorífico.
  • Puede crecer en alimentos muy ácidos: resiste un pH de hasta 3,3. Para orientarnos, es el pH que podemos encontrar, por ejemplo, en alimentos como los pepinillos en vinagre o el zumo de naranja.
  • Resiste concentraciones muy altas de sal, de hasta un 20%. Para hacernos una idea, los alimentos muy salados, como el jamón curado o el salchichón, contienen un 5% de sal.
  • Puede desarrollarse en condiciones donde hay poca agua, como por ejemplo en el chorizo curado que todavía está un poco tierno (resiste una actividad de agua de hasta 0,92).
  • Es capaz de desarrollarse en condiciones de escasez de oxígeno; por ejemplo, en un embutido loncheado envasado.
  • Puede resistir temperaturas relativamente altas, sobre todo si la carga bacteriana es elevada (por ejemplo, en leche cruda podría sobrevivir a un tratamiento térmico de 74ºC durante un segundo).

¿En qué alimentos se puede encontrar?

Si tenemos en cuenta de dónde puede proceder esta bacteria y las condiciones en las que puede sobrevivir y multiplicarse, es fácil imaginar los alimentos donde se puede encontrar:

Carne y pescados crudos o poco cocinados como carpaccio, tartar, sashimi, ceviche y similares.
Frutas y verduras crudas: sobre todo si están troceadas, en forma de zumo natural, macedonia o ensalada.
Leche sin pasteurizar y derivados lácteos elaborados con ella, como queso fresco.
Alimentos listos para consumir que requieren frío para su conservación y que no se cocinan antes del consumo: fiambres y embutidos loncheados, ensaladas de bolsa, patés o sándwiches.

¿Cómo combatir la listeria?

Hasta ahora, el panorama que se plantea parece descorazonador: una bacteria todoterreno que parece resistir todo lo que le echen, puede causar daños muy graves en población de riesgo y que parece cada vez más presente; pero afortunadamente tenemos herramientas para tratar de combatirla. En la industria se aplica un sistema de gestión de la seguridad alimentaria que se basa en dos puntos: el primero consiste en asegurar que se den las condiciones necesarias para que los alimentos sean inocuos; por ejemplo, que el agua sea segura, que las instalaciones y la maquinaria se encuentren en buen estado y estén limpias y desinfectadas, etc.

El segundo pasa por identificar partes del proceso productivo que son especialmente sensibles y que deben ser controladas para asegurar la inocuidad del producto. Por ejemplo, si hablamos de una planta procesadora de leche, un punto crítico es el tratamiento de esterilización, donde deben controlarse el tiempo y la temperatura para asegurar que se eliminan los microorganismos patógenos (listeria incluida). Además, se verifica con medidas de control; por ejemplo, la toma de muestras para analizar. Así, en caso de que se produzca algún fallo, se puede descartar el producto y tomar medidas para evitar que ese fallo se repita.


Para concluir, aunque su incidencia general es baja si se siguen las normas de seguridad alimentaria, la listeria debe tenerse en consideración y vigilancia por parte de la población. Así las alertas, como la reciente en productos de consumo cotidiano, nos recuerdan la importancia de mantener buenas prácticas de higiene y control en la industria y en el hogar para prevenir riesgos y garantizar alimentos seguros.

Fuente: MIGUEL A. LUREÑA, EL PAÍS https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-11-27/que-es-la-listeria-y-que-hacer-en-caso-de-alerta-alimentaria.html

Comer con auriculares: la tendencia que está cambiando cómo disfrutamos la comida

Cada vez más jóvenes están empezando a comer con auriculares puestos, no solo para ver vídeos o escuchar música, sino para crear su propio ambiente sensorial mientras comen. Puede sonar raro, pero tiene sentido: vivimos rodeados de ruido, distracciones y prisas, y muchos usan el audio como una forma de reconectar con la comida… o de desconectarse del mundo.

Lo interesante es que esta tendencia está empezando a estudiarse seriamente. Resulta que el sonido influye muchísimo en cómo percibimos los sabores. Por ejemplo, los tonos más agudos hacen que la comida parezca más dulce, mientras que los graves resaltan lo amargo. Por eso hay gente que se pone música suave o sonidos relajantes cuando quiere comer más despacio, o playlists “crujientes” para disfrutar snacks o comida callejera.

Pero también hay otra cara: algunos jóvenes sienten que comer sin auriculares les produce ansiedad porque se han acostumbrado a “aislarse” mientras comen. Para otros, es simplemente un truco para concentrarse y desconectar del móvil, del ruido o de conversaciones que no quieren escuchar.

Lo cierto es que esta manera de comer dice mucho sobre cómo estamos cambiando nuestra relación con la alimentación. Ya no se trata solo de sabores, sino de crear un pequeño espacio propio incluso en algo tan cotidiano como una comida rápida.

¿Está bien? ¿Está mal? Depende. Si te ayuda a disfrutar, a comer más tranquilo y a desconectar, es una herramienta increíble. Pero si te impide compartir la mesa, conversar o estar presente, quizá sea momento de revisar el hábito.

En cualquier caso, es un reflejo perfecto de la generación actual: buscamos experiencias… incluso cuando nos sentamos a comer.

Lo que las bebidas energéticas no te dicen (pero tu cuerpo sí)

Las bebidas energéticas están por todas partes: en el gym, en la biblioteca, en el metro a primera hora y hasta en las noches de estudio desesperado. Parecen inofensivas, casi un aliado cotidiano, pero lo cierto es que la relación que tenemos con ellas es más compleja de lo que parece.

El gran gancho es la promesa: más concentración, más energía, más rendimiento. Y sí, la cafeína hace su trabajo. El problema llega cuando ese “empujón” se convierte prácticamente en una muleta diaria. Muchos jóvenes terminan tomando dos o tres latas al día sin darse cuenta de que el cuerpo va acumulando efectos secundarios: insomnio, ansiedad, palpitaciones… incluso problemas digestivos que nadie asocia a la bebida que parecía tan inocente.

Lo irónico es que nuestras necesidades reales suelen ser mucho más básicas: dormir más, hidratarnos mejor, o simplemente descansar la mente. Pero es más fácil abrir una lata que parar un momento y escuchar al cuerpo. Por eso es tan importante entender qué estamos consumiendo: cantidades enormes de azúcar (aunque diga “zero”), estimulantes extra, vitaminas añadidas que no siempre necesitamos y un chute de cafeína pensado para mantener despierto a un búho.

Eso no significa que haya que demonizarlas. No pasa nada por tomarlas de forma puntual. El problema comienza cuando se vuelven parte de la rutina, un parche rápido que tapa el cansancio pero no lo resuelve. Y sí, pueden encajar en un estilo de vida equilibrado, pero solo si entendemos sus límites y no las convertimos en nuestra fuente principal de energía.

Al final, lo que tu cuerpo intenta decirte es que la energía de verdad no viene en una lata. Y cuanto antes lo escuchemos, mejor.

TENDENCIAS ALIMENTARIAS DE 2025

El panorama alimentario de 2025 está definido por un consumidor más consciente que nunca. Ya no se trata solo de comer, sino de cómo nuestros alimentos impactan nuestra salud personal y la del planeta. La salud y el bienestar son la prioridad, lo que impulsa la demanda de alimentos funcionales enriquecidos con vitaminas, prebióticos o antioxidantes. Esta búsqueda de salud va de la mano de una exigencia de transparencia total: queremos etiquetas limpias, con pocos ingredientes y que sean fáciles de entender.

Esta conciencia se extiende a la sostenibilidad. La tendencia plant-based (basada en plantas) sigue creciendo, pero ahora de forma más sofisticada; los consumidores buscan opciones menos procesadas, con ingredientes vegetales reconocibles, más allá de las simples imitaciones de la carne. A esto se suma la preferencia por envases biodegradables y la reducción de residuos.

Curiosamente, vivimos una paradoja en nuestras cocinas. Aunque vemos más programas culinarios, cocinamos menos en el día a día, dependiendo más de la comida preparada. Sin embargo, cuando comemos fuera o elegimos productos, valoramos más que nunca la cocina tradicional y casera (el real fooding). Buscamos experiencias sensoriales y emocionales, huyendo de lo estandarizado.

En resumen, el consumidor de 2025 busca alimentos que sean saludables, éticos y transparentes, todo ello mientras la tecnología, como la IA, trabaja discretamente para mejorar la seguridad y reducir el desperdicio en la cadena de suministro.

Más información: https://blogs.uoc.edu/cienciasdelasalud/es/tendencias-alimentarias-2025

Más ultraprocesados, más riesgo: confirman la relación con el cáncer colorrectal de inicio temprano

El consumo de alimentos ultraprocesados vuelve a ponerse en el punto de mira de los expertos en nutrición y salud intestinal. Un estudio reciente, realizado con casi 30.000 mujeres menores de 50 años, confirma la relación entre este tipo de productos y el riesgo de desarrollar adenomas colorrectales, esos pólipos que pueden evolucionar a cáncer de colon si no se detectan a tiempo. Lo que llama especialmente la atención es que la investigación destaca cómo la alimentación puede afectar la salud intestinal incluso en personas jóvenes, no solo en adultos mayores.

Según los datos del estudio, las participantes que consumían unas 10 porciones diarias de ultraprocesados tenían un 45 % más de riesgo de desarrollar estos adenomas en comparación con quienes consumían solo tres porciones al día. Este hallazgo es significativo porque demuestra que no hace falta esperar a la edad adulta para que la dieta empiece a influir en el riesgo de problemas intestinales graves. Además, los resultados se mantuvieron incluso al ajustar otros factores de riesgo, como el índice de masa corporal, la presencia de diabetes tipo 2 o el consumo de fibra, lo que refuerza la idea de que los ultraprocesados por sí mismos representan un riesgo independiente.

Qué son los ultraprocesados y por qué cuesta tanto parar de comerlos? |  ObesiMad

Por otro lado, el estudio observó que no había una relación clara entre los ultraprocesados y otro tipo de lesiones precursoras del cáncer, conocidas como “lesiones serradas”, lo que sugiere que los efectos del exceso de alimentos procesados podrían ser más específicos de ciertos tipos de pólipos. Aun así, los expertos recuerdan que esta investigación subraya la importancia de revisar nuestros hábitos alimentarios desde edades tempranas y prestar atención a la calidad de los alimentos que consumimos a diario.

El mensaje es claro: reducir el consumo de ultraprocesados puede ser una de las estrategias más efectivas para prevenir el aumento de casos de cáncer colorrectal en personas jóvenes. Productos como snacks industrializados, refrescos azucarados, bollería empaquetada o comidas preparadas con alto contenido de aditivos y conservantes deberían ser disfrutados con moderación, mientras que una dieta basada en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales sigue siendo la mejor aliada para cuidar la salud intestinal.

Aunque la dieta es un factor crucial, los investigadores también recuerdan que no es el único que influye en el riesgo de desarrollar adenomas o cáncer colorrectal. La genética, el estilo de vida, la actividad física y otros factores ambientales también juegan un papel importante. Sin embargo, la ventaja de la alimentación es que es un aspecto sobre el que sí podemos actuar, y hacer cambios desde jóvenes puede marcar una gran diferencia a largo plazo.

Bibliografía: https://www.infosalus.com/nutricion/noticia-mas-ultraprocesados-mas-riesgo-confirman-relacion-cancer-colorrectal-inicio-temprano-20251114074950.html?_gl=1*1bur32g*_ga*OTg1OTI1NjIwLjE3NjIzMzMwODk.*_ga_2HWC8HS3FS*czE3NjMzOTkzODIkbzMkZzEkdDE3NjMzOTk1NTEkajU3JGwwJGgxNjE2MDQ3NDAy

Una Copa de Vino al Día es Saludable, ¿Seguro?

Una copa de vino al día es un concepto común en la cultura popular, sin embargo, la ciencia contemporánea apoyada en estudios mejor estructurados es contundente: no se debe considerar como un hábito beneficioso para la salud. A pesar de que estudios previos indicaban ventajas, los análisis recientes muestran que estas afirmaciones eran un engaño estadístico y que el consumo de cualquier cantidad de alcohol implica peligros para la salud.

El Origen del Mito
La creencia en los beneficios del vino se popularizó en la década de 1990, principalmente por dos conceptos clave:

La «Paradoja Francesa», idea formada a partir de la observación de los franceses que, a pesar de sostener una dieta rica en grasas saturadas, tenían una menor incidencia de enfermedades cardíacas. Con el tiempo, una hipótesis ampliamente difundida atribuyó este efecto protector al consumo regular de vino tinto.

El resveratrol: Se identificó este compuesto antioxidante en la uva, al que se le atribuyeron propiedades cardioprotectoras y antienvejecimiento en estudios de laboratorio . Sin embargo, la cantidad de resveratrol en una copa de vino es mínima; se necesitarían más de 100 copas para alcanzar la dosis utilizada en algunos estudios con animales, haciendo inviable e inseguro obtener beneficios por esta vía.

La evidencia actual: ¿Qué nos dice la ciencia sólida?

El metaanálisis de 2023 (JAMA Network Open) abarcó 107 investigaciones y casi 5 millones de personas, determinó que el consumo bajo o moderado de alcohol no está relacionado con un menor riesgo de muerte. De hecho, el riesgo de fallecimiento prematuro aumenta considerablemente después de tres copas al día.

Por otro lado, no hay un nivel seguro, ya que tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como investigaciones recientes han sido claras al respecto: no hay ningún nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud. El alcohol se clasifica como un carcinógeno de Grupo 1 (igual que el tabaco y el asbesto) y se asocia a varios tipos de cáncer, incluidos los de boca, garganta, esófago, hígado, colon y mama.

Además, se debe considerar el riesgo cardiovascular frente al riesgo de cáncer, pues, aunque existe alguna evidencia muy específica que sugiere un posible beneficio para el corazón en ciertos grupos, este posible efecto positivo no compensa el aumento del riesgo de cáncer que se observa incluso con niveles bajos de consumo.

Por lo tanto, una copa de vino no es saludable una vez al día, la ciencia moderna ya lo ha desmentido en múltiples estudios y por ende, Los beneficios atribuidos al vino, como los antioxidantes, se pueden obtener de forma mucho más segura y eficiente ingiriendo otros alimentos como arándanos, chocolate negro, maní y pistachos.

Fuentes:

-JORDI SABATÉ, El Diario Una copa de vino al día: ¿en qué quedamos: es buena o es mala para la salud? Consultado el 16/11/2025

-REBEKAH VALDERRAMA, Natural womanhood, ¿Es bueno consumir vino? – Femineidad natural Consultado el 16/11/2025

Por qué comiendo distraídos tenemos más hambre.

Si alguna vez has devorado un plato de comida mirando la televisión o scrolleando en tu móvil, para solo unos minutos después sentir un vacío en el estómago y ganas de picar algo más, tienes que saber que no eres el único. Esta común situación paradójica tiene hoy una explicación científica fascinante que va más allá de lo que hay en tu plato y se adentra en los mecanismos de tu memoria.

Un estudio pionero de la Universidad del Sur de California, liderado por el neurocientífico Scott Kanoski, ha revelado la existencia de las «neuronas de la comida» . Estas células especializadas, localizadas en el hipocampo —una región clave para la memoria—, son las responsables de crear «engramas de comida», es decir, las huellas físicas que deja un recuerdo sobre lo que hemos comido.

Cómo se relacionan la memoria y el apetito

La investigación describe cómo estas neuronas no solo archivan lo que comemos, sino también detalles del contexto, como el lugar y la hora de la comida. Este registro es crucial porque, una vez completado, el hipocampo se comunica con el hipotálamo, que es el centro regulador del hambre en el cerebro, para indicarle que el cuerpo ya está satisfecho.

El problema surge cuando el sistema en cuestión experimenta fallos. Según el equipo de investigadores, si este sistema falla, el cerebro puede «olvidar» qué se ha comido, lo que provoca la aparición de hambre y puede llevar a comer en exceso. En experimentos con modelos animales, cuando se bloqueaba esta comunicación, los sujetos comían de forma compulsiva y no recordaban su última comida.

Nuestro gran obstáculo: la distracción

Lo que más interfiere con la correcta formación de estos recuerdos son las distracciones durante las comidas. Como el estudio señala, los recuerdos de comida se consolidan en los breves intervalos entre bocado y bocado, momentos en los que el cerebro se dedica a evaluar el entorno. Si nuestra atención está capturada por una pantalla, el cerebro no cataloga adecuadamente la experiencia, dejando un registro incompleto, similar a «una fotografía desenfocada».

Sin esta especie de registro mental claro, la señal de saciedad se debilita significativamente, y la sensación de hambre aparece mucho antes, incluso después de una comida nutritiva y abundante.

Por ello, es recomendable seguir los siguientes consejos si quieres que la distracción no se apodere en tus comidas:

Evitar las pantallas en las comidas, bien sea desconecta de la televisión, el móvil o el ordenador durante la ingesta.

Practicar la conciencia plena prestando atención a los sabores, aromas y texturas de los alimentos con cada bocado.

Hacer pausas: No hay que tener prisa a la hora de comer, es incluso aconsejable respirar y hacer pequeñas pausas durante la comida.

Observa el plato y dedica unos instantes a observar y describir mentalmente tu comida antes de empezar.

Mantener horarios regulares: De esta manera, ayudas a tu cerebro a anticiparse a la ingesta y registrar así las comidas más fácilmente.

Fuentes: Infobae Comer distraído puede alterar la memoria alimentaria y aumentar el hambre, según un nuevo estudio – Infobae Consultado el 16/11/25

Consultorio de nutrición; errores comunes en nuestra alimentación diaria

Sostener una dieta equilibrada parece simple, pero en la práctica muchos de nosotros cometemos pequeños errores que, repetidos cada día, pueden alterar nuestro metabolismo y favorecer la inflamación. Según el nutricionista Javier Fernández Ligero, uno de los fallos más comunes está en modular mal las cargas de hidratos de carbono a lo largo del día.

El especialista detalla que el error comienza muchas veces en el desayuno, cuando optamos por alimentos con alta carga de hidratos (como tostadas o cereales) que provocan un pico glucémico elevado. A media mañana, al añadir una pieza de fruta, se mantiene ese entorno inflamatorio, que puede acentuarse aún más en la comida si se incluyen productos con gluten y poca proteína.

Distribución de los macronutrientes de forma correcta
Ante tal situación, el nutricionista recomienda aprender a distribuir los macronutrientes de forma adecuada: incluir proteínas en cada comida, priorizar los hidratos de carbono de buena calidad (como legumbres o tubérculos) y ajustar su cantidad según el nivel de actividad física.

“En definitiva —concluye—, comer bien no es solo elegir alimentos saludables, sino también saber cuándo y cómo combinarlos para mantener una buena salud metabólica”.

Fuente: Noticias de Navarra Consultorio de nutrición | ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos en nuestra alimentación diaria? Consultado el 16/11/2025

Esta licenciada en Químicas te va a enseñar a comer bien para que no te sientas mal

La experta en nutrición Ángela Quintas nos explica en De la boca a tu salud cómo funcionan los nutrientes, para que entendamos la importancia de la alimentación en nuestro bienestar.

Ángela Quintas

Editorial: Planeta

Año de publicación original: 2025

¿Sabrías decir para qué sirve la insulina? ¿Por qué se produce la inflamación o qué es eso del metabolismo? ¿Podrías decir qué son las calorías, de qué fuentes obtenemos grasas e hidratos de carbono y cómo tiene que ser un producto para que se considere light?

Seguramente, y más ahora que acabamos de empezar el año, tengas la intención de cuidar la alimentación para perder esos «kilitos» que creemos que sobran. Porque nos lo ha recomendado el médico o porque de verdad tenemos el propósito de cuidar nuestra salud.

Pero a veces podemos cometer errores, a la hora de comer bien, porque hay demasiada información o bien porque esta, a veces, suele estar trufada de bulos o imprecisiones. Pues para eso ha llegado la experta en nutrición Ángela Quintas y su De la boca a tu salud, un manual con el que aprenderemos conceptos básicos para alimentarnos bien.

Por eso, si eres de esos que tienen como propósito de año nuevo empezar a cuidar la alimentación, este libro es para ti.

Acabando con los mitos de la comida

Seguramente más de una vez te han dicho eso de que «los hidratos engordan». Pues nos enseña Ángela Quintas que afirmar tal cosa es un error. Sí es cierto, cuenta, que conviene no abusar de ellos, pero el verdadero problema radica en consumirlos solos, sin proteína, porque «es cuando causan un pico de insulina, haciendo que nuestro cuerpo los convierta en grasa para normalizar los niveles de glucosa en sangre después de haber llenado los almacenes del hígado de nuestros músculos en forma de glucógeno».

Para ser considerado «light» un producto debe tener un solo 30% menos de calorías que el original 

Si también alguna vez has escuchado a algún «gurú» de las redes sociales aconsejarte eliminar por completo las grasas de tu dieta, que sepas que puedes acabar provocándote graves problemas de salud. Tampoco es bueno lanzarse de cabeza, pues, al mercado de lo «light», porque «light» o «bajo en grasas» no significa «sin calorías».

De hecho, esta calificación la obtienen al compararse con el producto original, es decir, para ser considerado «light» un producto deberá tener un solo 30% menos de calorías que el original, pero es que, además, es probable que contengan una alta cantidad de otros aditivos nada saludables que, es probable que no tengamos en cuenta.

Apuntes sobre metabolismo e inflamación

Todos hemos hablado alguna vez de nuestro metabolismo, pero rara vez, esto es cierto, sabemos de qué hablamos. Ángela Quintas, nos enseña qué es, los conceptos básicos y cómo «entrenarlo» para que juegue a nuestro favor. Y todo esto con un lenguaje científico, pero sencillo, que uno puede comprender para aprender.

La inflamación, o como la llama la autora «el iceberg de nuestro Titanic», es otra de las grandes desconocidas de nuestro bienestar 

La inflamación, o como la llama la autora «el iceberg de nuestro Titanic», es otra de las grandes desconocidas de todo esto que tiene que ver con nuestro bienestar. Por eso la autora aporta ocho claves con las que, a través de la alimentación, podremos controlar tres elementos que mejorarán nuestra calidad de vida: la citada inflamación, el peso y los picos de insulina. Conociendo estas tres cosas y sabiendo cómo funcionan podremos recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo.

Con casos concretos que sirven como ejemplo, recetas saludablesconsejos prácticos que permiten que, más que un pesado manual que leer, De la boca a tu salud sea una guía con la que seguir una dieta saludable y un día a día sencillo y útil. Además, al final del libro, Quintas ofrece incluso una guía para aprender a interpretar nuestras analíticas y conocer nuestro estado real de salud a cada momento.

BIBLIOGRAFÍA:https://www.lasexta.com/ahoraqueleo/libros/esta-licenciada-quimicas-ensenar-comer-bien-que-sientas-mal_20250108677e74a0af2175000149a9a1.html?utm_source=chatgpt.com

Virus transmitidos por los alimentos: medidas de prevención y control

Medidas de prevención y control 

La revisión se centró en las combinaciones virus-alimento consideradas de máxima prioridad en la Parte 1: los norovirus humanos y el virus de la hepatitis A en mariscos, vegetales frescos y congelados, alimentos preparados y listos para el consumo (RTE), y el virus de la hepatitis E en la carne de cerdo y la caza silvestre.

Las principales fuentes de contaminación por norovirus y virus de la hepatitis A son la materia fecal humana y el vómito de personas infectadas. En toda la cadena de suministro de alimentos, las principales vías de contaminación vírica son las aguas contaminadas con heces, los manipuladores de alimentos portadores de virus transmitidos por los alimentos y las superficies contaminadas.

Las medidas de prevención y control recomendadas son:

Mariscos (moluscos bivalvos)

Los mariscos (moluscos bivalvos) están contaminados con virus principalmente al cultivarse en aguas contaminadas por heces, que pueden surgir de aguas residuales comunitarias, fallas de tanques sépticos, contaminación difusa etc. La monitorización del nivel de contaminación de las aguas donde se cultivan los mariscos puede prevenir la comercialización de producto contaminado.

El procesamiento a alta presión es eficaz para la inactivación de virus, aunque las propiedades organolépticas pueden verse afectadas.

La depuración (<48 horas) no elimina ni inactiva adecuadamente los virus de los productos contaminados, pero su reubicación en agua de mar limpia durante >21 días es eficaz.

El tratamiento térmico inactiva los virus a temperaturas internas muy altas (>90º C) mantenidas durante 90 segundos, pero esto puede resultar en un producto inaceptable.

Vegetales frescos y congelados

Los vegetales frescos y congelados suelen estar contaminarse antes de la cosecha por fuentes de agua afectadas por heces humanas (por ejemplo, utilizadas para riego, lavado, pesticidas, protección contra heladas), así como por manipuladores de alimentos infectados (recolectores/empaquetadores). Los productos congelados (particularmente las bayas) predominan como causa de brotes, un fenómeno facilitado por el hecho de que la congelación preserva la infectividad del virus. La prevención se basaría en aplicar buenas prácticas agrícolas, de manipulación y de higiene, poniendo énfasis en la calidad del agua utilizada en todos los eslabones de la producción.

La pasteurización de zumos puede proporcionar cierta inactivación, pero es posible que se necesiten tiempos más prolongados y/o temperaturas más altas para eliminar las cepas resistentes al calor.

El lavado de productos como lechugas y cebollas sólo con agua elimina <1 log10 de patógenos víricos transmitidos por los alimentos. La adición de bajas concentraciones de desinfectantes a base de cloro puede aumentar la eficacia, pero también puede causar problemas a nivel de normativa y organolépticos.

La esterilización comercial (mermeladas y jaleas) es efectiva para la inactivación del virus.

Alimentos preparados y listos para el consumo

En el caso del norovirus y el virus de la hepatitis A, los alimentos preparados y listos para consumir generalmente se contaminan debido a la manipulación por parte de manipuladores de alimentos infectados. La prevención se centra en excluir del trabajo a los manipuladores de alimentos infectados, utilizar guantes, desinfectar las superficies y prestar atención a la higiene personal, incluido el lavado de manos.

  • La inactivación de virus mediante productos químicos en este grupo de productos se centra en la desinfección de superficies y el saneamiento de manos. Para obtener la máxima eficacia, las superficies se deben limpiar antes de desinfectar. 
  • La mayoría de los desinfectantes solo proporcionan una inactivación parcial del norovirus. Existe una variabilidad significativa en el rendimiento del producto según la(s) sustancia(s) activa(s) y la formulación.

Carne de cerdo y caza silvestre

El virus de la hepatitis E transmitido zoonóticamente se introduce en la cadena alimentaria mediante la infección de cerdos y animales de caza silvestre. La exposición humana puede ocurrir por el consumo de carnes crudas o mal cocidas de estos animales (por ejemplo, hígado, intestino y músculo), el contacto directo con animales infectados en granjas y mataderos (contaminación cruzada de superficies) o con sus heces. La prevención debería centrarse en evitar la infección animal (medidas de bioseguridad y desinfección) y en las intervenciones durante el procesado (prevención de la contaminación cruzada, inactivación de virus por calor, etc).

  • En la carne, el virus de la hepatitis E es muy resistente al calor. 
  • Evitar el uso de tejidos contaminados de alto riesgo (hígado o sangre) en productos porcinos crudos o poco cocidos puede reducir el riesgo de transmisión a través de los alimentos.

BIBLIOGRAFÍA:https://higieneambiental.com/virus-en-los-alimentos