Un chef con tres Estrellas Michelin revela el truco para pelar un huevo cocido en segundos: sal y vinagre es la clave

Son muchas las maneras que hay de disfrutar un huevo en toda su esencia. Este producto, tan arraigado a la cultura culinaria de España, se puede comer frito, cocido, revuelto, etc. En el caso de consumir un huevo duro, existe un método para quitarle la cáscara de una forma fácil y segura porque sí, hay trucos y algunos han conquistado las redes sociales.

Este ‘tip’ lo ha contado Jesús Sánchez, chef de Cenador de Amós, el único tres Estrellas Michelin en Cantabria. El cocinero relató en un vídeo publicado en sus redes sociales por qué agregar sal y vinagre al agua de cocción de un huevo es útil para pelar la cáscara después. 

Según él, la razón tiene que ver con la estabilización de las proteínas de la clara así como el papel de la sal en la adherencia del huevo con la cáscara. «Resultado: huevos cocidos perfectos, sin peleas al pelarlos», señala el chef en el ‘post’ que acompaña el vídeo. 

Huevos duros (2 piezas)

En el vídeo, Sánchez comienza explicando que «agregar sal y vinagre al agua puede hacer que la cáscara se pele». Por un lado, el vinagre «ayuda a estabilizar las proteínas en la clara del huevo». Por otro, la sal «reduce la adherencia entre la cáscara y la clara, haciendo que se separen más fácilmente». Así, señala que «la próxima vez que cocines huevos no te olvides de agregar un poco de sal y vinagre al agua de la cocción antes para que la peladura sea un proceso mucho más sencillo». 

Además del de Jesús Sánchez, existen otros trucos con el mismo propósito. Por ejemplo, está el de rodar el alimento. Consiste en dejar enfriar el huevo y, tras ello, quitarle la cáscara de los dos extremos. Después, haciendo un poco de presión con la mano, lo rodamos y veremos cómo sale sin ningún tipo de complicación. Y sí, hay dos métodos más que puedes empezar a poner en práctica en tus cocinas, por no dejar de hablar de este en el que se usa un utensilio muy común en repostería. 

Bibliografía: https://www.20minutos.es/gastronomia/productos/jesus-sanchez-chef-con-tres-estrellas-michelin-revela-truco-para-pelar-un-huevo-cocido-segundos-agregar-sal-vinagre-agua-puede-hacer-que-cascara-se-pele_6512571_0.html

‘Ratatouille’ no solo es un clásico de Pixar. Un venerado chef la consideró la mejor película sobre cocina de la historia

Los años 2000 marcaron una etapa dorada para Pixar, con éxitos como Monstruos S.A., Los Increíbles y Up. Sin embargo, para muchos, la joya de esa época sigue siendo Ratatouille (2007), la entrañable historia de Remy, una rata parisina que sueña con convertirse en chef y lo logra gracias a la ayuda de un joven humano inseguro.

Según el reconocido chef y escritor Anthony Bourdain, Ratatouille posee una gran virtud: es «simplemente la mejor película sobre comida de la historia. La mejor película sobre restaurantes, y la mejor película sobre un chef.» Un elogio que confirma su lugar como una obra maestra del cine gastronómico.

El secreto está en los detalles. Para Anthony Bourdain, el secreto de Ratatouille está en los detalles: refleja con realismo la cocina, las reacciones a los platos y las marcas del oficio. “Es significativo de cómo de deficiente ha sido Hollywood haciendo películas de restaurantes realistas que de lejos la mejor haya sido de una rata animada”.

Entre las películas favoritas de Anthony Bourdain estaban Big Night y Tampopo, que consideraba «graciosa de narices» por su mirada fetichista hacia la comida.
Aun así, ninguna lo cautivó tanto como Ratatouille.
En Reddit confesó sentirse orgulloso de aparecer en los agradecimientos de Pixar, pese a no haber participado directamente.

No, Bourdain nunca llegó a ver The Bear, ya que falleció en 2018, antes del estreno de la serie, y es dudoso que la hubiera disfrutado, pues lo que le fascinaba de Ratatouille era su mensaje optimista, ausente en la ficción de FX.
Más allá de detalles sobre cocina que otras obras podrían superar, lo que mantiene imbatible a Ratatouille son sus mensajes: un recordatorio de que la comida tiene valor emocional y, para el mundo culinario, representa la mejor promoción posible.

Bibliografía: https://www.espinof.com/animacion/ratatouille-no-solo-clasico-pixar-venerado-chef-considero-mejor-pelicula-cocina-historia

El truco de Arguiñano para que la mayonesa tenga la textura perfecta.

En la mayonesa las cantidades importan y tan malo es pasarse como no llegar. Si no hay aceite suficiente, tendremos una mayonesa líquida con textura como aguada; si nos pasamos de aceite, tendremos una salsa líquida y aceitosa que hasta puede llegar a cortarse.

El chef Karlos Arguiñano tiene la solución para que esto no suceda, un truco muy sencillo que, una vez incorporado todo el aceite de la receta y, habiendo conseguido una mayonesa muy espesa, nos permite aligerar su textura hasta el punto deseado, sin que se corte, sin necesidad de añadir más aceite y sin que nos quede una salsa tosca, al contrario, la salsa resultará incluso más fina que la mayonesa sin aplicar este truco.

El truco consiste en añadir un poco de agua templada. Esto nos servirá para arreglar la textura de una mayonesa que se haya quedado demasiado espesa por error sin tener que hacerla de nuevo desde cero, pero también nos servirá para aligerar una mayonesa tradicional cuando necesitemos una textura más ligera y fluida.

Para conseguirlo, simplemente tendremos que agregar una pequeña cantidad de agua templada que iremos integrando poco a poco mientras removemos con una cucharilla. No debe ser agua fría ni agua demasiado caliente, pues el agua muy caliente podría cuajar el huevo y cortar la mayonesa. El agua muy fría podría solidificar parte de la grasa y también estropearía la salsa.

Lo bueno de este truco es que también lo podríamos usar con una mayonesa comercial cuya textura nos resulte demasiado espesa y necesitemos aligerarla un poco.

Más información: https://www.elespanol.com/

Cuánta gente cocina en España diariamente

Un reciente estudio refleja que casi un 60% de españoles cocina a diario, mientras más de ocho millones de personas lo hacen “muy rara vez”.

Actualmente esto se debe a un aumento en la variedad de platos preparados que ofrece el mercado a la vez de la disminución del tiempo libre de la población española, que no puede dedicar tanto tiempo a cocinar.

Aunque hay una España que sigue cocinando en casa, empresarios como Juan Roig deducen que en 2050 ya solo cocinarán los profesionales y todos nos alimentaremos con comida preparada. Lo muestran estudios como el que la doctora Elena Sandri ha publicado hace apenas unos días en The International Journal of Gastronomy and Food Science (TIJGFS). En él se afirma que, a día de hoy, la claudicación definitiva sigue muy lejos, porque un 59,1% de los españoles cocina a diario.

¿Son muchos los que cocinan? Según como lo interpretemos. Para el científico y profesor universitario Javier Sánchez Perona, el dato “alarmante” es más bien que el número de los que no cocinan nunca o muy rara vez va creciendo de manera gradual desde hace décadas y alcanza ya el 40,9%. Es decir, que cuatro de cada diez compatriotas viven ya en algo parecido a ese escenario distópico –viviendas sin cocinas, porque ya nadie querrá utilizarlas– en el que Roig augura que nos habremos instalado todos dentro de un cuarto de siglo.

Así nos ven allá fuera

A MadridMan, célebre youtuber estadounidense, le fascinan las peculiares costumbres alimenticias de los españoles. Tal como él lo ve, desde una cierta estupefacción cómplice, el nuestro es un país en el que se desayuna café con churros, las propinas son opcionales, se comparten tapas de morcilla, pulpo a feira y patatas bravas. Además, amigos y familiares meten la cuchara en postres ajenos –algo impensable para una cultura tan germofóbica como la norteamericana– y los comensales apoyan los antebrazos en la mesa tras ponerse la servilleta sobre las rodillas.

Más aún, es un país en que la comida no ha perdido su carácter de ritual social. De ahí esos pantagruélicos festines de varias horas en que se come, se ríe y se conversa hasta la extenuación. Los españoles, concluye MadridMan tras más de 20 años viviendo en la piel de toro, saben que la mejor manera de comer es hacerlo en compañía, con la cabeza descubierta y, a ser posible, en casa de alguien y con platos caseros. Un país que ha vertebrado su cultura popular en torno a la comida, que da lo mejor de sí mismo cuando se sienta a la mesa, no puede dejar de cocinar.

Correlación entre cocina y hábitos de alimentación saludable

Entre las principales conclusiones del ya citado estudio de Sandri, destaca que las tradiciones de la dieta mediterránea siguen estando muy presentes en la práctica culinaria habitual de esos irreductibles hispanos que cocinan a diario. Cuanto mayores son los conocimientos del cocinero hogareño, concluye la investigadora, más saludables y nutritivos tienden a ser sus platos.

La herencia gastronómica popular, esas recetas caseras que pasan sin apenas interferencias de una generación a otra, tiende a priorizar, además, “los ingredientes frescos y mínimamente procesados”. Una vez más, según apunta Sandri, conocimiento es salud, aunque también influyen “variables sociodemográficas” como el poder adquisitivo o las tradiciones específicas de cada zona concreta.

Teniendo en cuenta que las personas con mayor conocimiento práctico de las técnicas culinarias dedican a cocinar un mínimo de hora y media diaria, se deduce que la excelencia en la elaboración exige tiempo.

¿Apocalipse Now?

En España, son ya más de ocho millones las personas que se alimentan sobre todo con comida preparada y, en consecuencia, no consumen alimentos cocinados en casa “nunca” o lo hacen “muy rara vez”. En 2024, los platos de microondas alcanzaron un volumen récord en nuestro país: más de 700.000 toneladas, lo que equivale a alrededor de 15 kilogramos por cabeza, un 6,6% más que el año anterior.

A nivel global, instituciones como el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos están detectando un declive imparable de la cocina casera que afectaría muy especialmente a Norteamérica, Australia y la Europa Occidental. Al parecer, los millennials ya dedican a la cocina hora y media semanal menos que sus predecesores, los X, y eso les está llevando a frecuentar más los restaurantes y a nutrirse en mayor medida de pastas, dulces y comida de microondas.

Datos como los del último Índice de Cocina Mundial de Gallup parecen abrir un resquicio para la esperanza (con matices). Según esta encuesta, entre 2020 y 2022 se habría producido en nuestro país un tímido repunte de la media de menús semanales cocinados en casa.

Parte de ese repunte podría atribuirse al impacto de la pandemia y estaría; siempre según Gallup, empezando a remitir de nuevo. Pero los datos parecen confirmar que aún existe en España un ejército de irreductibles que cocina a diario, lo que nos llevaría a pensar que el muerto que entierra Roig sigue gozando de buena salud.

Quién cocina y por qué

Hace ahora 11 meses, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntó por primera vez a los españoles si consideran que el auge de la cocina industrial y la comida rápida están desplazando a la cocina casera. Tres de cada cuatro encuestados contestaron de manera afirmativa.

Un 48,7% de los que creen que este cambio de tendencia ya se está produciendo lo atribuye a la falta de tiempo y, en general, a estilos de vida acelerados. También destaca ese 13,2% que lo achaca al aumento de oferta de cocina preparada, el 12,6% que no cocina porque no sabe, el 6,7% que no lo hace porque no le gusta o el 9,6% que considera que comer en casa resulta “más caro”.

El CIS ofrecía una aproximación a los platos estrella de esa gastronomía popular de diario, constatando que lo españoles son grandes consumidores de ensaladas, pechugas de pollo, lentejas, tortillas, macarrones, sopa de pasta, merluza, huevos fritos y judías verdes y no hacen ascos a las pizzas.

El auge de la pizza, es un ejemplo de hasta qué punto la comida rápida y no necesariamente saludable se infiltra incluso en el ámbito doméstico

Buettner recomienda apostar por “los ingredientes que crecen en la tierra” y ahorrarse los “excesos de grasa, sal y azúcar” que caracterizan tanto a la alimentación industrial como a la mayoría de restaurantes, incluidos muchos de los “saludables”. Si la distopía de Juan Roig se acaba materializando, Buettner tiene claro que la España sin cocinas será un país mucho menos salubre, y además habrá renunciado a una parte esencial de su identidad.

Bibliografía

https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-07-18/cuanta-gente-cocina-en-espana-y-cuanta-no-toca-casi-nunca-una-sarten.html