Studio Ghibli y el encanto de su comida animada.

En Mi vecino Totoro (1988) se incluyó una escena aparentemente sencilla: la preparación de un bento de arroz y un pequeño pez a la parrilla. Sin embargo, lo cotidiano se convierte en algo inolvidable. Este es uno de los muchos ejemplos del papel que juega la comida en las películas de Studio Ghibli, donde los platos animados transmiten emoción, cuidado y parte de la historia de los personajes.

La representación de la comida en el anime se ha convertido en un fenómeno cultural. Los alimentos aparecen exagerados en color, textura y detalle, hasta resultar casi más apetitosos que en la realidad. Studio Ghibli ha sabido aprovechar este recurso de una manera única: en sus películas, cocinar y comer no son simples adornos, sino parte esencial de la narrativa y de la construcción del mundo que rodea a los protagonistas.

Algunos ejemplos icónicos son los siguientes:
En Ponyo (2008), un cuenco de ramen con huevo y jamón refleja la alegría infantil de descubrir algo nuevo. En Totoro, el bento preparado con esmero simboliza tanto el cariño familiar como la carga de responsabilidades que la niña asume en ausencia de su madre. En El castillo ambulante (2004), el desayuno de huevos y bacon cocinado sobre las llamas de Calcifer (una llama viviente) muestra la relación de los personajes a través de un gesto cotidiano. En Nicky, la aprendiz de bruja (1989), la tarta de arenque con calabaza, rechazada por una niña, subraya la soledad de la protagonista. Y en El viaje de Chihiro (2001), un simple onigiri ofrece consuelo en un momento de vulnerabilidad y demuestra cómo incluso la comida más humilde puede adquirir una carga emocional inmensa.

Estas escenas transmiten la importancia de los lazos humanos y la capacidad de la cocina para convertirse en lenguaje universal. La comida en Ghibli es hogar, es intimidad y hasta llega a ser pérdida. Pero sobre todo es un recordatorio de que, en el cine, nada es casualidad, y la comida es una manera más de contarnos la historia (aunque no nos demos cuenta).


BIBLIOGRAFÍA:
https://www.seriouseats.com/studio-ghibli-anime-best-food-scenes

¿Por qué comemos tanto en las salas de cine? (Hay una explicación científica)

El hecho de comer palomitas en las salas de cine es para muchos un ritual y se ha convertido en habitual, pero para quienes hacen y proyectan películas es una estrategia. La relación entre salas de cine y comida no es casualidad y hasta tiene gran parte de base científica.

La mayoría de los espectadores tiene una regla de oro: comprar palomitas antes de que empiece la película. Una vez comienza la proyección, se activa la cuenta atrás para llegar al final del bote, pero también para evitar que tu acompañante te robe más de la cuenta. Pero, ¿por qué se despierta el apetito de manera intensa mientras vemos una película?

¿Qué impacto tiene el entorno en nuestro consumo?

El fenómeno de sentir hambre mientras disfrutamos de una película en la pantalla grande tiene mucho que ver con el entorno en el que comemos. Y es que el espacio produce un importante impacto en nuestras elecciones y comportamientos a la hora de comprar comida.

Por eso los cines buscan crear un espacio sensorial ‘prefabricado’ con una iluminación tenue que cree un ambiente relajado y centrado en la pantalla, que aumente el ansia de consumir en los espectadores y que no se preocupen de la cantidad de comida que comen. Es una estrategia que también utilizan los restaurantes de lujo para animar a los comensales a comer más, condicionando su estado de ánimo.

Hay estudios que demuestran que, en ambientes con poca luz, las personas tienden a optar por comidas más ‘indulgentes’ en lugar de saludables. Esta tendencia se amplifica en el cine, donde la distracción con la trama en pantalla juega un papel adicional. Es aquí donde las palomitas de maíz, un snack poco atractivo en otros lugares, se convierten en un capricho reconfortante. Del que siempre queremos más.

¿Qué otros elementos nos pueden incitar a consumir más?

En el apetito que se nos despierta en el cine también intervienen otros factores ambientales como el aire acondicionado de las salas. Una temperatura baja consigue que queramos comer más, puesto que el frío consume nuestras reservas de energía y hace que el cerebro envíe señales en busca de más calorías. Y los cines, obviamente, aprovechan esta técnica de termostato.

¿Y lo que hay en la pantalla no afecta en el apetito? Evidentemente, las películas en sí mismas desempeñan un papel determinante en nuestro ritual gastronómico en el cine. De hecho, los personajes y la trama pueden moldear nuestro apetito durante la proyección.

Seguro que te ha pasado alguna vez que has visto a un personaje comiendo una hamburguesa o cualquier otra apetitosa comida en una escena y has cogido un gran puñado de palomitas. Así lo explica Vivien Shuo Azhou, profesora de estudios de comunicación en la Universidad Bautista de Hong Kong: «Las acciones de los personajes de las películas, particularmente cuando están comiendo, crean patrones en la forma en que come la audiencia». Se trata de un efecto de imitación –o experiencia vicaria– donde los espectadores comen cuando los personajes lo hacen, a modo de imitación.

Algunos cines en los que se permite cenar dentro de la sala llevan esta relación entre la película y la comida un paso más allá, ofreciendo elementos temáticos del menú que coinciden con la trama de la película. Por ejemplo, ante el fenómeno de la película Barbie, el menú edición limitada de palomitas rosas en las cajas de las muñecas está siendo un éxito rotundo entre los asistentes de todas las edades.

¿En qué momento de las películas consumimos más y qué preferimos, dulce o salado?

Pero la intensidad con la que se devoran las palomitas no es la misma durante toda la película. Las escenas finales son el momento con más posibilidades de que el público deje a un lado su bote de pop corn  y saque su lado más goloso con un aperitivo dulce. Lo demuestra un estudio de 2017 en el que los espectadores que pudieron disfrutar de ambos tipos de snacks –dulces y salados– durante toda la proyección, se decantaron por el dulce hacia el final. «Descubrimos que cuando las personas están expuestas a una escena en la que se está terminando de comer, tienden a elegir más los M&M», explica Zhou. Ya seas de dulce o de salado, la próxima vez que te encuentres en una sala de cine con un apetito insaciable, recuerda que no estás solo en esta experiencia.

Bibliografía

https://www.abc.es/xlsemanal/ciencia/por-que-comemos-mucho-en-el-cine-peliculas-palomitas.html

Alimentación y cine

El cine actual ha acogido la gastronomía como uno de sus temas más recurrentes. Películas comerciales, tanto nacionales como internacionales, como «Sin reservas», de Scott Hicks (remake de «Deliciosa Marta», de Sandra Nettelbeck), «Fuera de carta», de Nacho G. Velilla, junto a producciones más antiguas como «American cuisine», de Jean-Yves Pitoun o «Como agua para chocolate», basada en la novela homónima de Laura Esquivel, giran en torno al mundo de los fogones. Un género que ha sorprendido por su gran aceptación entre el público tanto profesional como aficionado es el documental gastronómico, un cine más especializado y en el que se ofrece una visión realista del mundo de la gastronomía. Otras cintas con distintos argumentos recogen escenas memorables relacionadas con la cocina, es el caso de «Blade Runner» en la que se muestran unos inquietantes puestos volantes de comida asiática, o la más cercana «Todos a la cárcel» de Berlanga, en la que se elabora una peculiar paella.

Se ha criticado en repetidas ocasiones el caso de «Ratatouille», una rata cocinera, como el peor ejemplo de higiene en una cocina. En este caso debe tenerse en cuenta que se trata de una licencia cinematográfica, una ficción que responde a una historia imaginaria en la que el director ha querido situar una rata como chef de alta cocina francesa. El problema es cuando, no queriendo transgredir, se comete el error por puro desconocimiento: una escena en una cocina profesional de un restaurante supuestamente de prestigio en la que solamente un cocinero lleva un protector cubrecabeza, o en la que se manipulan alimentos con reloj, anillos y pulseras o se utilizan utensilios de madera.

Una paella realizada en el film de Berlanga en la que se echa de todo menos ingredientes comestibles no incita a error porque se busca a propósito el rechazo y la nausea del espectador. Un plano-secuencia en el que un cocinero profesional entra en la cocina de la calle y se pone a cocinar directamente tras ponerse el delantal sin ni siquiera lavarse las manos, o un restaurante en el que el personal desayuna sentado sobre los mostradores o come habitualmente en la cocina, mal ejemplo. ¿Por qué se cuidan en los medios audiovisuales los patrones de conducción (respeto a las normas establecidas de circulación, uso de cinturón) o ciertos hábitos saludables (no fumar, no beber alcohol…) y no las normas de seguridad alimentaria, especialmente cuando se está mostrando un cocinero trabajando en una cocina profesional? En todos los casos se trata de un tema de salud pública y de la transmisión de unos cánones de vida saludables.

Un tema de reflexión sobre el que los responsables de comunicación de cualquier medio vinculado al mundo de la gastronomía deberían dedicar unos minutos. En definitiva, los medios de comunicación audiovisuales resultan ser un excelente vehículo de transmisión de buenas prácticas de manipulación y formación básica en el campo de la seguridad alimentaria que debe ser aprovechado, especialmente si se repiten periódicamente como es el caso de los programas de cocina.

La mayoría de las películas con temática gastronómica contratan los servicios de consultores que les ilustran sobre diferentes técnicas y nomenclaturas culinarias, al igual que los programas de cocina que cuentan con personal especializado, aunque quizás los temas de seguridad alimentaria no ocupan dentro del ranking de importancia el lugar que deberían. Es por muchos conocida la triste historia de Bernard Loiseau, asesor gastronómico de «American cuisine» y cuya cocina sirvió de modelo para recrear el set de grabación de la película y que posteriormente se suicidaría ante la posibilidad de perder una estrella Michelin en su establecimiento.

https://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/cine-y-seguridad-alimentaria.html

The Menu: la historia real detrás de la inquietante película con Anya Taylor-Joy

The Menu cuenta la historia de una pareja que es apasionada de la comida y que busca encontrar y vivir las experiencias más exclusivas. 

Esto los lleva a un restaurante que se encuentra en una isla remota, donde un misterioso chef se dispone a preparar un menú de degustación perfecto y que promete ser una experiencia transformativa, pero, una vez ahí, se dan cuenta de que una buena cena no es lo único que se encuentra en los planes del chef. 

Anya Taylor-Joy (The Northman, Last Night in Soho) y Nicholas Hoult (The Great) son la pareja en cuestión y la idea de poder cenar en el restaurante del Chef Slowik (Ralph Fiennes) inicialmente les emociona, pero, cuando se dan cuenta de que el cocinero es un hombre retorcido y que tiene un plan macabro para sus comensales, descubren que no siempre es bueno obtener lo que deseas, y que podrían no salir con vida de ese lugar. 

La historia de The Menu es una sátira del  mundo foodie y de las experiencias cada vez más extravagantes, caras y exclusivas que se dan en el ámbito de la gastronomía, pero llevada al extremo y con un giro violento y macabro, y todo comenzó con una historia real que le sucedió al escritor de la película, Will Tracy (que también es escritor para la serie Succession). 

La historia real no es tan oscura y sangrienta como la de la película, pero lo que pasó le dio a Tracy la idea de crear una película de terror que hiciera un contraste entre los increíbles platillos que aparecen en la película, el paisaje, el ambiente de lujo, y la maldad. 

De acuerdo con lo que Tracy contó en el programa Late Night With Seth Myers, la idea para crear The Menu llegó hace unos años, partiendo de una experiencia que vivió mientras se encontraba en su luna de miel.

Tasting Table cuenta que Tracy reveló que se inspiró en los exclusivos restaurantes que cuentan con menús de degustación, pero también en un restaurante real que se encuentra en un lugar remoto y al que solo se puede llegar realizando un pequeño viaje en bote que llega hasta una isla privada. 

El restaurante que él visitó se trata de Cornelius Sjømatrestaurant, que es un restaurante de Noruega donde se sirve un menú de mariscos. Tracy explicó que la experiencia en ese restaurante lleva a los comensales a pasar al menos 5 horas comiendo, y que a él le dio un pequeño ataque de pánico cuando vio que el bote que los había llevado hasta ese lugar se alejaba lentamente, lo que significaba que, estaban atrapados ahí, sin manera de salir, hasta que otro bote llegara por ellos.    

En la entrevista, Tracy dijo, que sufre de un caso grave de claustrofobia, así que “Inmediatamente comencé a sentir un poco de pánico. Sentí que, ¿y si algo sale mal? Estábamos poniendo nuestras vidas en sus manos, ¿verdad? Quiero decir, ¿y si alguien tiene una afección cardíaca? Estamos a kilómetros de distancia del continente.»

Su experiencia no terminó en caos, pero todas esas preguntas que pasaron por su mente lo llevaron a darse cuenta de que, si algo salía mal en ese lugar, nadie se iba a enterar y no tendrían manera de pedir ayuda, y eso lo llevó a crear un escenario en el que el chef de un restaurante de lujo decide jugar con las mentes y vidas de las personas que se presentaron para probar el menú. 

Más información en: https://www.gq.com.mx/entretenimiento/articulo/the-menu-pelicula-anya-taylor-joy-historia-real

El menú’: entretenido ‘thriller’ de cocina en el infierno de la vanidad

El filme, con Ralph Fiennes como chef, es una comedia negra sobre la tontería social contemporánea, y una sátira sobre el engreimiento y la más insana de las venganzas

¿De qué se trata?

La apuesta es un thriller de entretenimiento y suspense, trufado de sátira sobre los restaurantes de lujo, mala uva meta cinematográfica, acerada crítica social y un desafío por el arte como única forma de vivir y hasta de morir.

Una experiencia culinaria única. Así se vende el restaurante de la película, solo apto para bolsillos extraordinarios, 1.200 euros por cabeza, situado en una isla privada y apartado de cualquier ciudadanía al margen del propio establecimiento y sus trabajadores. Y hasta allí llega una serie de comensales, todos ellos distintos en formación y objetivos respecto de la comida, y con dos únicos puntos en común: tienen suficiente pasta como para pagar la noche, y en cierto modo han sido elegidos por el chef para poner en ellos su arte, su odio e incluso sus cuchillos. El resultado es una experiencia cercana a lo teatral —aunque con un buen sentido visual por parte de Mark Mylod, de amplia experiencia en la televisión—, sucesivamente inquietante, procaz, graciosa, cruel y macabra. De limitada profundidad, pero efervescente.

¿Ya la has visto? Cuéntame en los comentarios…

https://elpais.com/cultura/2022-12-02/el-menu-entretenido-thriller-de-cocina-en-el-infierno-de-la-vanidad.html?event_log=go

Qué representa la comida en ‘La sustancia’

El horror también se canalizan a través de la gastronomía en la película de la que todo el mundo habla.

por Laura Pérez

La evasión de la depresión a través de la comida, el desorden alimenticio o el desmontaje de los absurdos cánones de belleza. Todo ello se enmarca dentro de una presión o fuerza maximalista de la que Demi Moore, como Elisabeth Sparkle, no puede escapar desde su propia cárcel basada en la violencia del control.

La provocación de la obra audiovisual se canaliza asimismo a través de un zoom continuado a la comida, como un adelanto del horror corporal que se sucederá a posteriori. Los primeros planos de los alimentos, que parecen traspasar la pantalla, generan precisamente el efecto repugnante deseado. Algo que ya podemos ver desde el inicio del filme con la secuencia de la yema de huevo a la que se inyecta la sustancia química; que presenta, a su vez, la gastronomía como uno de los componentes clave del lenguaje visual de la película.

El filme proyecta así de manera repulsiva y audaz escenas culinarias intensificadas por el diseño de sonido y la presentación desde el momento en el que la actriz e icono del fitness Elisabeth es despedida de su programa de televisión por el productor misógino Harvey.

La perspectiva tétrica y oscura de la película atraviesa la comida: Elisabeth no come por placer, sino por acelerar lo inevitable, sabiendo que el mundo la castigará por ese descontrol. Comer lo que realmente desea significa arrebatar el control de su cuerpo en una sociedad que se lo niega.

Labios babeantes que desgarran comida, pavos eviscerados y consumo excesivo. Todas esas escenas decadentes adelantan las secuencias de horror corporal que le suceden. Mientras tanto, la forma de comer de los personajes los convierte en monstruos repugnantes y glotones. Véase la escena de Harvey comiendo gambas.

Para mas información: Pérez.L  (15 noviembre, 2024)Qué representa la comida en ‘La sustancia’.tapasmagazin. https://www.tapasmagazine.es/que-representa-la-comida-en-la-sustancia/

¿Por qué comemos tanto en las salas de cine?

La disminución de la iluminación nos relaja y, en ese estado, tendemos a consumir más porque la preocupación por la cantidad de comida que ingerimos se desvanece

El fenómeno de sentir hambre mientras disfrutamos de una película en la pantalla grande tiene mucho que ver con el entorno en el que comemos. Y es que el espacio produce un importante impacto en nuestras elecciones y comportamientos a la hora de comprar comida. Por eso los cines buscan crear un espacio sensorial «prefabricado» con una iluminación tenue que cree un ambiente relajado y centrado en la pantalla. Esta estrategia también es utilizada en los restaurantes de lujo para animar a los comensales a comer más, condicionando su estado de ánimo. Sarah Lefebvre, profesora de marketing en la Universidad Estatal de Murray, en Kentucky, Estados Unidos, destaca que la disminución de la luz nos lleva a estar más relajados, y en ese estado de relajación tendemos a consumir más, debido a que la preocupación por la cantidad de comida que ingerimos se desvanece, es decir, no le prestamos atención.

La iluminación baja no solo influye en la cantidad que comemos, sino también en nuestras preferencias a la hora de elegir. Hay estudios que demuestran que, en ambientes con muy poca iluminación, las personas tienden a optar por comidas más ‘indulgentes’ en lugar de elegir una opción más saludable. Esta tendencia se hace aún más grande en el cine, donde la distracción con la trama en pantalla juega un papel adicional. Es aquí donde las palomitas de maíz, un snack poco atractivo en otros lugares, se convierten en un capricho reconfortante.

https://www.abc.es/xlsemanal/ciencia/por-que-comemos-mucho-en-el-cine-peliculas-palomitas.html

5 películas que motivan la alimentación saludable

  • El primero de ellos es wall-e, en 2008. Cinta de animación producida por Disney Pixar, para muchos una de las mejores películas de la historia. Personajes súper obesos, no solo por vivir en un ambiente artificial sin presión atmosférica. El problema real está en los alimentos procesados y en la ausencia absoluta de actividad física.
  • En el otro extremo sobresale Super size me en 2004. Un controvertido documental que muestra lo que ocurre con una persona en perfecto estado físico, que solo come en McDonalds durante 30 días. La popular cadena de comida rápida alegó que el experim10ento en el que se basa la cinta era irreal.
  • ¿El menú diario debe ser libre de alimentos procesados? Aunque la mayoría de los especialistas prefieren hablar de consumo moderado, los más radicales aseguran que esto es completamente necesario para gozar de salud y calidad de vida. Esta es la premisa de Tenedores sobre cuchillos 2011, otro documental estadounidense no exento de polémica.
  • Julie & Julia 2009 es uno de los filmes culinarios mas exitosos de todos los tiempos. Aunque para muchos, su trama no evoca una alimentación sana. Son las mismas críticas que en su momento recibió una de las figuras retratadas en esta historia, la célebre animadora de TV y chef estadounidense Julia Child. Ella se defendía diciendo que no se puede olvidar uno de los factores más importantes al comer: simplemente disfrutar.
  • Como agua para chocolate, en 1992, explora la relación entre la comida y el amor. Una historia cargada de magia, elemento típico de la literatura latinoamericana. Está basada en el libro homónimo de la escritora mexicana Laura Esquivel. Romance y gastronomía se convierten en los ingredientes de otra de las películas que motivan la alimentación.

BIBLIOGRAFÍA

https://okdiario.com/salud/5-peliculas-que-motivan-alimentacion-saludable-5059467

Los inicios del cine gastronómico

La alimentación, presente desde el nacimiento hasta la muerte, e imprescindible para la sobrevivencia humana, ha sido considerada un hecho social total, que se manifiesta en gestos sociales organizados a partir de criterios culturales, económicos, nutricionales y simbólicos muy precisos.

Desde sus inicios, el cine no solo ha mostrado historias, también ha retratado cómo comemos y compartimos. Lo que empezó con simples escenas como un desayuno o una copa de vino terminó convirtiéndose en todo un género. Esta relación entre comida y cine no es casual: ambos son rituales sociales, ambos despiertan emociones y construyen identidad cultural. Así, la mesa se transformó en escenario y los alimentos en protagonistas, mostrando que la gastronomía podía contar historias tan profundas como cualquier drama o romance.

En 1895, Louis Lumière rodó El primer desayuno y De copas y amigos, dos de las primeras escenas donde la comida estaba en el centro. Después de décadas en que la gastronomía solo aparecía de forma secundaria, en 1973 Marco Ferreri revolucionó este vínculo con La gran comilona, considerada la primera película del cine gastronómico. A partir de ahí surgieron títulos emblemáticos como El festín de Babette (1987) o Como agua para chocolate (1992), consolidando un género que no solo explora la cocina, sino también su valor simbólico y social. En España, festivales como CineGourland en Bilbao o Film & Cook en Barcelona han reforzado su importancia, demostrando que el cine gastronómico ya es parte del patrimonio cultural y un espejo de nuestras costumbres alimentarias.

Ratatouille es un ejemplo destacado de cine gastronómico, aunque sea una película de animación. Si se deja de lado a la rata Remy, la historia cumple con todos los elementos del género: se desarrolla en una cocina profesional, tiene un lema (“Cualquiera puede cocinar”), refleja tradiciones culinarias francesas (el chef Gusteau y el plato ratatouille), presenta rivalidades entre cocineros, formación de un aprendiz, búsqueda de un plato estrella y tensiones económicas propias de la restauración. Además, incorpora una relación amorosa y la figura de un crítico gastronómico implacable (Anton Ego), semejante al sistema de la Guía Michelin. Incluso los nombres de los personajes y del plato tienen significados relacionados con la gastronomía, la cultura francesa y la crítica culinaria, reforzando su carácter de auténtico cine gastronómico.

Más información: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1885-52102021000400006

La comida en el cine.

Alfred Hitchcock.

«Mis películas son trozos de pastel; las películas de otros son trozos de vida», declaró Alfred Hitchcock en distintas entrevistas. Esta afirmación refleja el enfoque hedonista que el director tenía del cine.

Su aversión a la comida queda patente en cómo alimentos aparentemente inofensivos pueden esconder un peligro mortal, como un vaso de leche en Sospecha, un plato de verduras en Sabotaje, o incluso un guiso de verduras que se convierte en arma en Cortina rasgada. 

Una conspiración para un crimen surge en el desayuno del vagón restaurante, como en Extraños en un tren, o la complicidad en un momento de apuro en Con la muerte en los talones.

Como vemos, en el cine de Hitchcock los platos más corrientes acompañan los momentos más incómodos de los personajes. 

Orson Welles.

«Mi médico me dijo que dejara de tener cenas íntimas para cuatro, a menos que haya otras tres personas», es una de las muchas citas y anécdotas atribuidas a Orson Welles relacionadas con la comida.

La toma larga en Ciudadano Kane o Sed de mal recuerda a las expectativas que se tienen al acudir a un restaurante con verdadero deseo. Te acercas al local, atraviesas la puerta, sin interrupción te acompañan a la mesa y te atienden. Tanto en la técnica de Welles como en esta experiencia culinaria, se siente una continuidad y fluidez que envuelve al espectador o comensal.

La comida también toma un papel dramático en su cine. En su película de mayor éxito, Ciudadano Kane, el desayuno se convierte en una metáfora del distanciamiento emocional entre Kane y su esposa. Comienza con ambos enamorados en una mesa pequeña y, a través de pequeñas escenas, la mesa crece en longitud, simbolizando su alejamiento, hasta que terminan en extremos opuestos, sumidos en la lectura de sus periódicos.

Stanley Kubrick.

Durante una cena en la preproducción de La naranja mecánica, Malcolm McDowell preguntó a Kubrick por qué estaba comiendo helado y bistec al mismo tiempo. El director respondió: «¿Cuál es la diferencia? Es todo comida. Así solía comer Napoleón».

Los niños prefieren comer rápido o comer de paso porque el mundo aguarda. Kubrick llevó esta voracidad infantil hacia la vida a su cine, manifestada en su obsesión por captar el detalle, el movimiento, el color, la simetría dentro del plano y su alteración.

En su filmografía, la comida es una constante. Escenas de personajes preparando platos frente al televisor, soldados comiendo, o familias compartiendo un desayuno tranquilo en medio de un contexto turbulento. A través de estos detalles, Kubrick ofrece pistas sobre la naturaleza de sus personajes. En Lolita, Sue Lyon está inmersa en la ingesta de refrescos y comida rápida, enfatizando su inocencia infantil. En La naranja mecánica, la leche drogada sugiere un protagonista en la encrucijada entre la infancia y la violencia.

Kubrick también destaca contrastes. En Lolita, James Mason muestra repulsión por un perrito caliente parcialmente comido por Shelley Winters. Poco después, no tiene reparo en aceptar un huevo frito de las manos de Lolita. En 2001: Una odisea del espacio, primates devoran carne cruda, en contraste con astronautas consumiendo alimentos procesados.

Sin embargo, en La chaqueta metálica y La naranja mecánica, la comida se convierte en castigo, y los personajes son forzados a ingerirla. El alcohol es un pacto con fuerzas siniestras o sobrenaturales en El resplandor, donde Jack Nicholson vende su alma, literalmente, por una copa de bourbon.

En la cinematografía de Kubrick, no se trata de «eres lo que comes», sino «eres como comes». Y es, precisamente, esta voracidad lo que hace que sus películas hayan creado imágenes icónicas que perduran en la cultura popular de nuestros días.

Cada director, al igual que cada plato, cuenta una historia única. Con cada bocado y cada escena, revelan un pedazo de su alma, sus pasiones y sus obsesiones. En este entramado de sabores y visiones, queda evidente que, en efecto, somos lo que comemos y lo que soñamos en la gran pantalla. 

BIBLIOGRAFIA: https://yorokobu.es/la-comida-en-el-cine/