¿La alimentación puede reducir tu estrés?

¿La alimentación puede reducir tu estrés?

El estrés es una respuesta fisiológica normal, pero cuando se vuelve crónico, puede causar estragos en nuestra salud y, curiosamente, en nuestra forma de comer. A menudo recurrimos a la comida como una válvula de escape emocional, pero ¿sabías que lo que comes puede empeorar o aliviar ese estrés?

¿Por qué el estrés nos da hambre de «comida basura»? Cuando estamos estresados, el cuerpo libera cortisol, una hormona que, en niveles altos, puede aumentar el apetito y provocar antojos de alimentos ricos en azúcar y grasas. El cuerpo busca una fuente rápida de energía y placer inmediato (dopamina) para contrarrestar la sensación de malestar. Esto crea un ciclo peligroso: comes mal por estrés, te sientes culpable o con menos energía, y te estresas más.

¿Qué nutrientes ayudan a combatir la ansiedad? Existen nutrientes clave que regulan el sistema nervioso. El magnesio, presente en frutos secos y verduras de hoja verde, ayuda a la relajación muscular y nerviosa. Los ácidos grasos Omega-3 (en pescados azules y nueces) han demostrado reducir los niveles de ansiedad. Además, las vitaminas del grupo B son esenciales para la producción de neurotransmisores como la serotonina, la hormona de la felicidad.

¿Qué alimentos deberíamos evitar en épocas de tensión? El exceso de cafeína y alcohol puede elevar los niveles de cortisol y alterar el sueño, lo que nos hace más vulnerables al estrés al día siguiente. Del mismo modo, los picos de azúcar en sangre provocados por la bollería industrial nos dan un «subidón» momentáneo seguido de una caída brusca de energía que empeora la irritabilidad. Mantener niveles estables de glucosa es clave para una mente tranquila.

Enlace de referencia: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112019000600017

Cinco mentiras sobre la alimentación y tres crisis que cambiaron la cesta de la compra

En los últimos años, la desinformación sobre alimentación se ha convertido en un problema de salud pública y de confianza hacia la industria alimentaria. Según un informe de LLYC y Newtral citado por El País, el 45 % de los españoles reconoce que le cuesta interpretar las etiquetas nutricionales, y menos de la mitad de los europeos confía plenamente en que los fabricantes informen con transparencia. En este contexto, las redes sociales y algunos influencers se han convertido en un altavoz poderoso para difundir mitos alimentarios, muchas veces con más alcance que las fuentes científicas. El informe recuerda, además, que la ciencia en nutrición evoluciona constantemente: productos antes cuestionados, como el huevo o el aceite de oliva, hoy se recomiendan como parte de una dieta equilibrada.

El reportaje de El País identifica cinco grandes mentiras sobre la alimentación que siguen muy presentes en la conversación pública. La primera es la creencia de que la leche es menos saludable que las bebidas vegetales, cuando en realidad la leche sigue siendo una fuente importante de proteínas, calcio y vitamina B12, y las alternativas vegetales solo la sustituyen de forma parcial en casos de intolerancia o elección vegana. El segundo mito sostiene que “lo natural” siempre es mejor que lo procesado, una idea falsa que ignora que muchos procesos industriales —como la pasteurización o la fermentación— hacen los alimentos más seguros. La tercera mentira es que el azúcar es un veneno: el peligro no está en los azúcares presentes de forma natural en frutas o lácteos, sino en los azúcares añadidos que se consumen en exceso. Otro mito común es que la carne es menos saludable que la proteína vegetal; aunque es cierto que el exceso de carne roja puede tener riesgos, la carne aporta nutrientes esenciales que no se encuentran fácilmente en fuentes vegetales. Por último, el informe desmiente que todos los aditivos sean perjudiciales, recordando que su uso está estrictamente regulado y que el problema radica más en los ultraprocesados que en los aditivos en sí.

Además de los mitos, el artículo analiza tres crisis recientes que demuestran el poder de la desinformación para transformar la cesta de la compra. La primera fue la de las fresas de Marruecos, en 2024, cuando una alerta sanitaria real se amplificó en redes hasta generar un conflicto político y comercial. La segunda, la del panga, un pescado que sufrió una campaña de descrédito en 2017 que llevó a muchas cadenas a retirarlo de la venta. Y la tercera, la del aceite de palma, que combinó preocupaciones de salud y medioambiente, provocando un rechazo masivo y la reformulación de numerosos productos. Estos casos muestran cómo la combinación de información imprecisa, alarma social y presión mediática puede modificar los hábitos de consumo y obligar a las empresas a reaccionar.

El texto concluye con una advertencia clara: la alimentación es un terreno fértil para los bulos porque toca la salud, las emociones y la economía doméstica. Por eso, combatir la desinformación exige una ciudadanía más crítica, capaz de distinguir entre datos contrastados y mensajes virales. En un momento en que los hábitos de compra se transforman rápidamente, el reto no es solo comer mejor, sino informarse mejor.

https://elpais.com/gastronomia/2025-10-14/cinco-mentiras-sobre-la-alimentacion-y-tres-crisis-que-cambiaron-la-cesta-de-la-compra.html

ALIMENTOS BENEFICIOSOS PARA EL CEREBRO

Hay alimentos que pueden mejorar aspectos que realiza el cerebro como el estado de ánimo, la memoria o su propio funcionamiento. Esto se debe a que tanto el cerebro como el intestino se crean de las mismas células del embrión, provocando que se mantenga una conexión entre ambos durante toda nuestra vida. Gracias ha estudios se ha podido verificar la veracidad de esta afirmación ya que por ejemplo, la serotonina, que es un neurotransmisor del cerebro se produce en el intestino. También, si carecemos de una buena alimentación, el intestino tiende a inflamarse y por ende el cerebro desarrolla aspectos como la ansiedad o enfermedades como la depresión.

Dicho todo esto os voy a mostrar algunos alimentos que ayudan a reforzar el buen funcionamiento de nuestro cerebro:

Las Especias

Las especias son conocidas por su efecto antioxidante. Por ejemplo la cúrcuma, que está formada por curcumina es capaz de disminuir la ansiedad y proteger el hipocampo, y el azafrán reduce significativamente los síntomas del trastorno depresivo mayor.

Alimentos Fermentados

En estos alimentos se incluyen el yogurt, el chucrut, el kimchi o la kombucha. Está demostrado que mejoran la flora intestinal y disminuyen la ansiedad.

Nueces

Las nueces son ricas en omega-3, que ayuda a mejorar la memoria y el pensamiento, además poseen otros nutrientes como vitaminas y grasas saludables.

Chocolate Amargo

El chocolate amargo es una gran fuente de hierro con el que se crean las capas externas que protegen las neuronas y ayuda a la síntesis de químicos que se relacionan con los estados de ánimo.

Aguacate

El aguacate además de ser una gran fuente de potasio, posee también altas cantidades de magnesio, que mejora el funcionamiento cerebral. Un estudió comprobó que es aguacate agiliza el proceso de recuperación del trastorno depresivo.

Verduras de hojas verdes

Estas verdura contienen cantidades importantes de vitamina E, carotenoides y flavonoides, que nos protegen de la demencia y el deterioro cognitivo. Además poseen también folato (vitamina B9), cuya carencia está relacionada con algunas afecciones neurológicas.

Más información aquí: https://www.bbc.com/mundo/articles/clkd81r2pnjo

¿Qué es la acrilamida y cómo podemos reducirla?

¿Qué es la acrilamida y cómo nos afecta?

La acrilamida es una sustancia química que se forma de manera natural en alimentos ricos en almidón cuando se cocinan a altas temperaturas, como al freír, tostar o asar, así como en procesos industriales a partir de 120 ºC y baja humedad. Su formación se debe a la reacción entre los azúcares y el aminoácido asparagina, en el marco de la llamada reacción de Maillard, que es la responsable del color dorado y del aroma característico de muchos alimentos cocinados.

Fundamentalmente, la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer (IARC) ha clasificado esta sustancia como “probable cancerígeno para los humanos”, al haberse demostrado estos efectos, aunque de momento, sólo en ensayos con animales de experimentación. Una vez ingerida, la acrilamida se absorbe en el tracto gastrointestinal, se distribuye por los órganos y se metaboliza, generando principalmente glicidamida, un compuesto que se asocia con efectos tóxicos. En estudios con animales se ha observado un aumento en la probabilidad de desarrollar mutaciones genéticas, tumores en diferentes órganos, daños neurológicos, alteraciones en la reproducción y en el desarrollo. En los seres humanos, los estudios disponibles muestran evidencias limitadas e inconsistentes de un posible aumento del riesgo de cáncer (en riñón, endometrio y ovarios), además de una posible relación con bajo peso al nacer y otros problemas de crecimiento fetal. También se ha comprobado que la exposición laboral a la acrilamida puede provocar daños en el sistema nervioso.

Además, los estudios evaluados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han señalado que tanto la acrilamida como su metabolito la glicidamida podrían ser genotóxicas y cancerígenas. Por ello, las conclusiones de la evaluación científica realizada a la luz de los conocimientos actuales indican la necesidad de reducir la exposición a esta sustancia en la medida de lo posible en todos los grupos de edad.

¿Qué alimentos contribuyen a la exposición a la acrilamida?

Grupo de poblaciónPrincipales fuentes de exposiciónPorcentaje de contribución aproximado
Adultos– Patatas fritas y asadas
– Café
– Pan blando
– Galletas, pan crujiente, snacks y otros derivados de patata
– Patatas: hasta 49%
– Café: 34%
– Pan blando: 23%
Niños y adolescentes– Patatas fritas (excepto chips y aperitivos)
– Pan blando, cereales de desayuno, galletas y otros derivados de cereales/patatas
– Alimentos procesados para bebés con cereales
– Pasteles y confitería
– Patatas chips y aperitivos (más en adolescentes)
– Patatas fritas: hasta 51%
– Pan, cereales, galletas: hasta 25%
– Alimentos procesados para bebés con cereales: hasta 14%
– Pasteles/confitería: hasta 15%
– Chips y aperitivos: hasta 11%
Bebés (< 1 año)– Alimentos para bebés no elaborados a base de cereales
– Alimentos de cereales (galletas, biscotes)
– Derivados de patatas
– Alimentos sin cereales: 60%
– Alimentos de cereales: 30%
– Derivados de patata: 48%

¿Se pueden reducir estos valores?

A nivel de industrias alimentarias, en la UE se consideró que la aplicación de buenas prácticas durante el procesado de determinados alimentos debería ser efectiva y reducir la formación de acrilamida en el producto final, de modo que la Comisión Europea avaló una serie de medidas voluntarias para la industria en este sentido (Caja de Herramientas de Acrilamida) de cara a tenerlas en cuenta en sus sistemas de Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (APPCC).

En los hogares podemos reducir la presencia de acrilamida actuando sobre dos sencillos parámetros: la temperatura final de cocción, fritura o tostado, y el tiempo de cocción, fritura o tostado. Una combinación adecuada de ambos, sin llegar a valores extremos, asegurará una menor cantidad de acrilamida en el alimento listo para su consumo.

El color es, en la mayoría de los casos, un buen indicador. Un color ligeramente dorado en un alimento frito o tostado es garantía de una menor presencia de acrilamida. Por ello, evita siempre las tonalidades marrones oscuras al no cocinar alimentos que puedan contener acrilamida a temperaturas superiores a 170 ºC o antes de que el aceite empiece a humear en la sartén. Así que, cuando frías, tuestes u hornees tus alimentos, procura controlar estos aspectos y te asegurarás de que los niveles de acrilamida sean mínimos, ganando en salud.

Bibliografía: https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/web/seguridad_alimentaria/subdetalle/acrilamida.htm