Lo que las bebidas energéticas no te dicen (pero tu cuerpo sí)

Las bebidas energéticas están por todas partes: en el gym, en la biblioteca, en el metro a primera hora y hasta en las noches de estudio desesperado. Parecen inofensivas, casi un aliado cotidiano, pero lo cierto es que la relación que tenemos con ellas es más compleja de lo que parece.

El gran gancho es la promesa: más concentración, más energía, más rendimiento. Y sí, la cafeína hace su trabajo. El problema llega cuando ese “empujón” se convierte prácticamente en una muleta diaria. Muchos jóvenes terminan tomando dos o tres latas al día sin darse cuenta de que el cuerpo va acumulando efectos secundarios: insomnio, ansiedad, palpitaciones… incluso problemas digestivos que nadie asocia a la bebida que parecía tan inocente.

Lo irónico es que nuestras necesidades reales suelen ser mucho más básicas: dormir más, hidratarnos mejor, o simplemente descansar la mente. Pero es más fácil abrir una lata que parar un momento y escuchar al cuerpo. Por eso es tan importante entender qué estamos consumiendo: cantidades enormes de azúcar (aunque diga “zero”), estimulantes extra, vitaminas añadidas que no siempre necesitamos y un chute de cafeína pensado para mantener despierto a un búho.

Eso no significa que haya que demonizarlas. No pasa nada por tomarlas de forma puntual. El problema comienza cuando se vuelven parte de la rutina, un parche rápido que tapa el cansancio pero no lo resuelve. Y sí, pueden encajar en un estilo de vida equilibrado, pero solo si entendemos sus límites y no las convertimos en nuestra fuente principal de energía.

Al final, lo que tu cuerpo intenta decirte es que la energía de verdad no viene en una lata. Y cuanto antes lo escuchemos, mejor.

Inglaterra prohibirá la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años

El Gobierno laborista del Reino Unido prohibirá la venta de bebidas energéticas, como Red Bull o Monster, a los menores de 16 años en Inglaterra. El Ministerio de Sanidad ha anunciado la decisión tras detectar un aumento de los casos de obesidad infantil y de los efectos adversos en el rendimiento de los alumnos en los colegios. El objetivo es prevenir cerca de 40.000 casos de obesidad y ahorrar millones de libras al Servicio Nacional de Salud (NHS), evitando futuras enfermedades derivadas del consumo de estas bebidas. 

“Las bebidas energéticas pueden parecer inofensivas, pero están afectando al sueño, la concentración y el bienestar de los niños de hoy en día, mientras que las versiones con alto contenido en azúcar dañan sus dientes y contribuyen a la obesidad”, ha asegurado el ministro de Sanidad, Wes Streeting. “Estamos actuando en respuesta a las preocupaciones de padres y profesores y abordando de frente las causas fundamentales de la mala salud y el bajo rendimiento educativo. Al impedir que las tiendas vendan estas bebidas a los niños, estamos ayudando a sentar las bases para que las generaciones futuras sean más sanas y felices”.

Cerca de un tercio de los niños de entre 13 y 16 años consumen una o más bebidas energéticas al menos una vez a la semana, según estudios mencionados por el propio Ejecutivo. Un hábito que también alcanza a uno de cada cuatro niños de 11 y 12 años. Esto ha provocado dificultades de concentración en los estudiantes, según los padres, profesores y sindicatos educativos, afectando a su rendimiento escolar. La situación afecta en especial a las comunidades con menos recursos económicos, señala el ministerio, algo que contribuye a aumentar las desigualdades en términos de salud. 

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