La relación entre la nutrición y los trastornos de salud mental ha ganado cada vez más atención en la comunidad científica. Un número creciente de estudios ha demostrado que la malnutrición y el consumo de alimentos procesados puede contribuir a la aparición de ansiedad y depresión, dificultar su tratamiento y enlentecer la recuperación.
Según una revisión reciente, publicada en la revista Nutritonial Reviews los patrones alimentarios saludables pueden ser efectivos en la prevención y tratamiento de trastornos como la depresión y ansiedad. Por lo tanto, mejorar la nutrición se considera un tratamiento complementario esencial para estos trastornos.
La evidencia sugiere que los micronutrientes, como las vitaminas B (ácido fólico, B6, B12), la vitamina D, el zinc, el magnesio y los ácidos grasos esenciales como los omega-3, juegan un papel crucial en el bienestar psicológico.
La evidencia entorno a la dieta y el trastorno de ansiedad es limitada. Aun así, la revisión anteriormente mencionada sugiere que la suplementación con micronutrientes puede ayudar a aliviar los síntomas de ansiedad, en especial en aquellos pacientes con deficiencias nutricionales.
La adherencia a una dieta mediterránea también podría ser un factor protector de la salud mental en la población infantil y adolescente, por lo que su promoción ayudaría a prevenir la aparición de síntomas psiquiátricos, reducir la gravedad de los síntomas y mejorar el pronóstico en pacientes jóvenes.
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