La desnutrición significa que el cuerpo no está recibiendo suficientes calorías o el balance adecuado de nutrientes para estar saludable. Esto puede suceder si no consume suficientes proteínas, carbohidratos y grasas, si se come demasiados alimentos poco saludables o no obtiene las vitaminas y los minerales que su cuerpo necesita.
Tipos de desnutrición
sLos tipos de desnutrición incluyen:
Desnutrición proteico-energética, también conocidas como desnutrición por macronutrientes. Ocurre cuando el cuerpo no obtiene suficientes proteínas o calorías de los alimentos.
Estado nutricional desequilibrado, se produce cuando no se obtiene la combinación adecuada de nutrientes.
Enfermedades por deficiencia de vitaminas, se presentan cuando el cuerpo no obtiene suficientes cantidades de determinadas vitaminas. Sin las vitaminas adecuadas, el cuerpo no puede mantenerse sano y puede desarrollar enfermedades específicas.
Retraso en el crecimiento, que se produce cuando los niños no suben de peso o no crecen como se espera. Esto puede deberse a una alimentación insuficiente o a otros problemas de salud.
Sobrealimentación que ocurre cuando el cuerpo recibe demasiadas calorías o nutrientes. Puede provocar obesidad entre otros problemas de salud.
Causas de la desnutrición
Puede ocurrir por varias razones que incluyen:
Una dieta desbalanceada que carece de variedad o de nutrientes específicos
Ciertas medicinas que pueden afectar el olor y el sabor de la comida
No poder obtener alimentos o cocinarlos por factores como afecciones crónicas, problemas de movilidad o bajo ingreso
Síntomas de la desnutrición
Los síntomas de la desnutrición pueden variar. Podría incluso no tener síntomas, pero si los tiene pueden incluir:
Fatiga y debilidad
Pérdida de peso no intencional
Mareos
Bajo peso corporal
Crecimiento o desarrollo lento en niños
Infecciones frecuentes o curación retardada
Piel seca o cabello y uñas frágiles
Inflamación de las piernas, pies o abdomen
Tratamientos para la desnutrición
Los tratamientos para la desnutrición incluyen la mejora de la dieta, reemplazar los nutrientes deficientes y atender la causa raíz.
¿Se puede prevenir la desnutrición?
Para prevenir la desnutrición, se debe de consumir una dieta saludable con alimentos variados. Converse con su profesional de la salud si le preocupa su dieta, pérdida de peso o el desarrollo de su hijo. https://medlineplus.gov/spanish/malnutrition.html
Si un adulto se encuentra enfermo o está recibiendo tratamiento para el cáncer, lo más seguro es que no quiera comer. Pero es imprescindible consumir suficientes proteínas y calorías para no perder peso. Comer bien ayudará a manejar mejor la enfermedad y los posibles efectos secundarios del tratamiento.
Cuidados personales
Es posible los hábitos alimentarios para obtener más calorías. Esto se puede conseguir si se come cuando se tiene hambre no solo en las horas de comida. También es preferible realizar 5 o 6 comidas pequeñas que 3 grandes al día. Entre otros hábitos se encuentra; mantener refrigerios saludables a mano y no llenarse con líquidos antes o durante las comidas
Además, se debe convertir el hecho de comer en algo agradable; para ello se debe utilizar una iluminación suave, comer con la familia o amigos o escuchar la radio.
Formas de agregar calorías a los alimentos
Se puede añadir calorías a sus alimentos, en caso de que el proveedor diga que está bien; añadiendo mantequilla o margarina a los alimentos mientras se cocinan o en los alimentos ya cocidos, salsa de crema o queso derretido a las verduras y comer emparedados con mantequilla de maní o poniendo esta en verduras o frutas.
Además, se puede mezclar leche entera o leche y crema con las sopas enlatadas, agregar suplementos proteínicos al yogur, las malteadas, los licuados de frutas o el budín y añadir miel a los zumos.
Igualmente se debe preguntar al proveedor respecto a cualquier medicamento que pueda estimular el apetito para ayudarlo a comer.
El panorama alimentario de 2025 está definido por un consumidor más consciente que nunca. Ya no se trata solo de comer, sino de cómo nuestros alimentos impactan nuestra salud personal y la del planeta. La salud y el bienestar son la prioridad, lo que impulsa la demanda de alimentos funcionales enriquecidos con vitaminas, prebióticos o antioxidantes. Esta búsqueda de salud va de la mano de una exigencia de transparencia total: queremos etiquetas limpias, con pocos ingredientes y que sean fáciles de entender.
Esta conciencia se extiende a la sostenibilidad. La tendencia plant-based (basada en plantas) sigue creciendo, pero ahora de forma más sofisticada; los consumidores buscan opciones menos procesadas, con ingredientes vegetales reconocibles, más allá de las simples imitaciones de la carne. A esto se suma la preferencia por envases biodegradables y la reducción de residuos.
Curiosamente, vivimos una paradoja en nuestras cocinas. Aunque vemos más programas culinarios, cocinamos menos en el día a día, dependiendo más de la comida preparada. Sin embargo, cuando comemos fuera o elegimos productos, valoramos más que nunca la cocina tradicional y casera (el real fooding). Buscamos experiencias sensoriales y emocionales, huyendo de lo estandarizado.
En resumen, el consumidor de 2025 busca alimentos que sean saludables, éticos y transparentes, todo ello mientras la tecnología, como la IA, trabaja discretamente para mejorar la seguridad y reducir el desperdicio en la cadena de suministro.
Las dietas sostenibles fueron definidas en 2010 por la FAO y Bioversity International como las que tienen un bajo impacto ambiental, garantizando la seguridad alimentaria y nutricional, y promoviendo una vida saludable para las generaciones tanto actuales como futuras. Han de respetar la biodiversidad, ser accesibles, aceptables culturalmente , seguras, saludables y utilizar eficazmente los recursos. En 2019, la FAO y la OMS ampliaron la definición señalando que las dietas saludables sostenibles deben promover el bienestar, teniendo un bajo impacto ambiental y siendo accesibles, equitativas y seguras.
Los sistemas alimentarios sostenibles (SAS) son los que aseguran la seguridad alimentaria para todos sin comprometer la base ambiental, social y económica de futuro. Incluyendo todos los procesos relacionados con la producción, distribución, preparación y consumo de alimentos. Los sistemas alimentarios influyen en las elecciones dietéticas mediante la disponibilidad, precio, conveniencia y publicidad de los alimentos. Actualmente, los sistemas industrializados basados en monocultivos y alimentos ultra procesados generan efectos negativos para la salud, así como pérdida de biodiversidad, contaminación y uso excesivo de agua.
La evidencia muestra que las dietas más basadas en plantas generan menor impacto ambiental que las ricas en productos animales, que aportan la mayoría de las emisiones y uso de recursos, pese a proveer menos calorías. Sin embargo, la sostenibilidad no debería de comprometer a la seguridad alimentaria, ya que en países de bajos ingresos los alimentos de origen animal pueden ser importantes para obtener ciertos micronutrientes y como fuente económica.
Las estrategias deben adaptarse al contexto tanto cultural como social, asegurando equidad y aceptación. Los entornos urbanos y las políticas públicas (etiquetado, impuestos, mercados locales, cadenas cortas) son clave para promover dietas sostenibles. En conjunto, las dietas sostenibles y los sistemas alimentarios sostenibles están estrechamente conectados: las primeras ayudan a transformar los sistemas alimentarios, y estos a su vez condicionan las dietas.
Durante décadas, hemos vivido con la cómoda ilusión de la abundancia. Hemos caminado por los pasillos de supermercados donde las estanterías siempre están llenas, sin importar la temporada, el clima o la geografía. Pero esa era, según un reciente y aleccionador artículo de El País, está llegando a su fin. Nos adentramos en «la era de la escasez», y el cambio climático es el principal responsable de esta nueva y precaria realidad que amenaza el futuro de nuestra alimentación.
Lo más irónico y trágico de esta situación es lo que el artículo describe como un «efecto bumerán». El sistema global de producción de alimentos, responsable de más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, es uno de los principales motores del calentamiento global. Y ahora, ese mismo calentamiento se revuelve contra nosotros, empeorando nuestra capacidad de producir comida. Un solo grado centígrado de aumento en la temperatura media puede reducir drásticamente la producción de alimentos, y ya estamos sintiendo las consecuencias.
Esto no es una proyección abstracta para el año 2050; está sucediendo hoy. En Japón, el arroz, pilar de su dieta, escasea y su precio se ha duplicado debido a las olas de calor y las lluvias intensas. En México, la tierra del maíz, la producción de maíz blanco ya no es suficiente y las importaciones se han disparado. En Brasil, la producción de café arábica disminuye mientras la demanda mundial no cesa. Y no hay que irse tan lejos: en España, hemos visto cómo la sequía convertía nuestro aceite de oliva en un artículo de lujo, con botellas precintadas con alarmas y un desplome de su consumo. Al otro lado del Mediterráneo, en Marruecos, la situación hídrica fue tan grave que tuvieron que cancelar la Fiesta del Cordero por falta de ganado.
Ante este panorama, ¿qué se puede hacer? El artículo explora varias vías de esperanza, aunque todas complejas. La ciencia, por supuesto, lidera la búsqueda. José Miguel Mulet, catedrático de Biotecnología, señala la necesidad de invertir en investigación y en herramientas como la edición genética (CRISPR) para crear plantas más resistentes a la sequía, el calor y la salinidad. Sin embargo, no es una tarea fácil; a diferencia de otras modificaciones, la tolerancia a la sequía depende de un conglomerado de genes, no de una sola «tecla».
Pero la innovación en el laboratorio no sirve de nada si no se aplica a gran escala. Aquí es donde entra en juego la «escalabilidad», un punto clave que Begoña Pérez Villarreal, del EIT Food, considera el «quid de la cuestión». La solución no vendrá de actores aislados. Se necesita una colaboración masiva y sin precedentes entre científicos, agricultores, grandes corporaciones y administraciones públicas para que las soluciones funcionen en el mundo real. Paralelamente, ganan fuerza movimientos como la agricultura regenerativa, que busca restaurar la salud de los suelos agotados, entendiendo que sin un suelo sano, no hay alimentos.
Sin embargo, el artículo concluye con la reflexión más importante. Podemos desarrollar la tecnología más avanzada y los planes de colaboración más ambiciosos, pero si fallamos en el aspecto humano, fracasaremos. Hoy, casi 2.600 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable, y la mayoría se encuentra en el Sur global. Como resume Mulet, si tienes una gran producción pero el reparto está mal hecho y la gente sigue pasando hambre, el problema no es la tecnología, es un problema social y político.
El «Día de la Sobrecapacidad de la Tierra» llega cada año antes, recordándonos que nuestro modelo de consumo es insostenible. La era de la escasez nos obliga a enfrentar una verdad incómoda: la seguridad alimentaria del futuro no depende solo de la ciencia, sino de nuestra capacidad de crear un sistema más justo y equitativo.
Un total de 32 cooperativas se han unido para impulsar la marca ‘Producto Cooperativo’ en el mercado nacional, con el objetivo de diferenciar los productos elaborados bajo el modelo cooperativo y garantizar su origen y la contribución de estas entidades a la economía local y al desarrollo sostenible, según ha informado Cooperativas Agro-alimentarias de España.
«Se trata de una marca que enaltece el sabor auténtico y natural de los productos cooperativos, permitiendo a las personas consumidoras identificarlos y adquirirlos, atraídas por su origen, calidad y compromiso con el territorio», ha destacado el presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Ángel Villafranca.
En concreto, algunos de los productos adheridos a esta marca colectiva en proceso de expansión son los vinos, aceite de oliva, frutas y hortalizas frescas, conservas vegetales, frutos secos, leche, quesos, miel, azúcar, pimentón, carne y embutidos.
De hecho, los promotores del proyecto han subrayado que son productos «directos del campo español, de máxima frescura, calidad y sostenibilidad».
Por otra parte, la entidad ha mostrado un estudio de Kantar, realizado a partir de encuestas, que indica que el 40% de los hogares «saben» lo que son las marcas de cooperativas y el 60% de quienes conocen marcas de cooperativas las compran.
El matcha, un polvo brillante procesado del té verde que solía estar asociado a rituales japoneses, y ahora a cafés de moda, se enfrenta a una escasez global sin precedentes. Lo que empezó como una bebida nicho es hoy un fenómeno mundial impulsado por redes sociales (especialmente TikTok) y en menor medida el turismo, aunque sus consecuencias ya se sienten hasta en Japón.
Según un artículo de Washington Post, los suministros están en tensión por varios factores. Primero, la demanda internacional ha explotado ya que el matcha ya no solo se usa en lattes, sino también en postres, suplementos y cosmética. Al mismo tiempo, en Japón, las cosechas han sufrido. Una ola de calor ha provocado una caída del rendimiento de hasta un 20 %, reduciendo la producción de tencha (la hoja desde la que se muele el matcha).
Esa combinación ha disparado los precios. El matcha de grado ceremonial (el de más alto valor) es ahora especialmente difícil de conseguir y puede costar entre 30 y 100 dólares por onza. Pero el encarecimiento no solo viene de la poca producción, también hay aranceles. Estados Unidos aplica un 15 % de impuestos sobre las importaciones de matcha japonés, lo que agrava el alza de precios.
Para muchos productores, la situación es crítica. La empresa Matcha.com, por ejemplo, ha visto un crecimiento de ventas brutal: sus ingresos se han disparado un 940 % en cuatro años, según su CEO. Pero por mucho que quieren mantener la calidad, algunos distribuidores están recurriendo a mezclas de menor grado para hacer frente a la demanda.
En paralelo, productores japoneses advierten riesgos estructurales y es que muchos campos de té sencha se están reconvirtiendo para producir tencha (lo cual puede acarrear tal mismo tiempo un daño cultural), pero esto lleva tiempo y no es una solución inmediata. Además, el envejecimiento de los agricultores y la falta de mano de obra especializada complican el aumento de producción.
Algunos vendedores menores ya limitan las ventas para poder abastecer a más clientes: por ejemplo, Ippodo ha impuesto restricciones de compra para ciertos productos.
Como conclusión, se podría decir que el resultado de esto es una paradoja: un producto tradicional japonés que vive un auge internacional, pero que podría volverse inaccesible para muchos, justamente a causa de la globalización.
Una copa de vino al día es un concepto común en la cultura popular, sin embargo, la ciencia contemporánea apoyada en estudios mejor estructurados es contundente: no se debe considerar como un hábito beneficioso para la salud. A pesar de que estudios previos indicaban ventajas, los análisis recientes muestran que estas afirmaciones eran un engaño estadístico y que el consumo de cualquier cantidad de alcohol implica peligros para la salud.
El Origen del Mito La creencia en los beneficios del vino se popularizó en la década de 1990, principalmente por dos conceptos clave:
La «Paradoja Francesa», idea formada a partir de la observación de los franceses que, a pesar de sostener una dieta rica en grasas saturadas, tenían una menor incidencia de enfermedades cardíacas. Con el tiempo, una hipótesis ampliamente difundida atribuyó este efecto protector al consumo regular de vino tinto.
El resveratrol: Se identificó este compuesto antioxidante en la uva, al que se le atribuyeron propiedades cardioprotectoras y antienvejecimiento en estudios de laboratorio . Sin embargo, la cantidad de resveratrol en una copa de vino es mínima; se necesitarían más de 100 copas para alcanzar la dosis utilizada en algunos estudios con animales, haciendo inviable e inseguro obtener beneficios por esta vía.
La evidencia actual: ¿Qué nos dice la ciencia sólida?
El metaanálisis de 2023 (JAMA Network Open) abarcó 107 investigaciones y casi 5 millones de personas, determinó que el consumo bajo o moderado de alcohol no está relacionado con un menor riesgo de muerte. De hecho, el riesgo de fallecimiento prematuro aumenta considerablemente después de tres copas al día.
Por otro lado, no hay un nivel seguro, ya que tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como investigaciones recientes han sido claras al respecto: no hay ningún nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud. El alcohol se clasifica como un carcinógeno de Grupo 1 (igual que el tabaco y el asbesto) y se asocia a varios tipos de cáncer, incluidos los de boca, garganta, esófago, hígado, colon y mama.
Además, se debe considerar el riesgo cardiovascular frente al riesgo de cáncer, pues, aunque existe alguna evidencia muy específica que sugiere un posible beneficio para el corazón en ciertos grupos, este posible efecto positivo no compensa el aumento del riesgo de cáncer que se observa incluso con niveles bajos de consumo.
Por lo tanto, una copa de vino no es saludable una vez al día, la ciencia moderna ya lo ha desmentido en múltiples estudios y por ende, Los beneficios atribuidos al vino, como los antioxidantes, se pueden obtener de forma mucho más segura y eficiente ingiriendo otros alimentos como arándanos, chocolate negro, maní y pistachos.
Un equipo de la Universidad de Alicante ha desarrollado una técnica basada en ultrasonidos para aprovechar los restos de chufa utilizada en la producción de horchata, de la que extraen aceites vegetales con propiedades parecidas al aceite de oliva y fibras dietéticas, que pueden emplearse para nuevos alimentos funcionales.
La horchata es una de las joyas gastronómicas de la Comunidad Valenciana. Consumida preferentemente en verano, esta bebida vegetal cuenta con un alto valor nutricional y unas propiedades que la convierten en un refresco natural muy saludable. Además de una solución contra el calor, la horchata puede tener otra vida, ya que, si se aprovechan bien, los restos de chufa empleados en su producción son fuente de aceite y fibras dietéticas.
Anualmente, la producción de horchata origina 1,8 millones de kilos de subproducto de chufa, un material rico en nutrientes como carbohidratos, lípidos, proteínas fibras y compuestos fenólicos, que, en el mejor de los casos, se emplea para alimentación animal, pero que por lo general acaba en plantas de tratamiento de restos vegetales.
Aceites vegetales y fibras dietéticas a partir de restos de chufa
El grupo de investigación de Química Analítica y Circular de la Universidad de Alicante ha decidido poner en valor la materia orgánica resultante de la producción de esta sabrosa bebida, mediante un proceso de economía circular, del que obtienen aceites vegetales con unas propiedades parecidas a las del aceite de oliva y fibras dietéticas, que pueden emplearse en la producción de nuevos alimentos y de productos funcionales.
La revalorización de los restos resultantes de la producción de la horchata se lleva a cabo mediante una estrategia innovadora, sostenible y eficiente, basada en un proceso de una sola etapa. Concretamente, el método desarrollado por el grupo de Química Analítica y Circular consiste en un proceso de extracción acuosa enzimática asistida por ultrasonido.
En un artículo publicado en la revista científica Food and Bioprocess Technology, el grupo alicantino propone esta técnica como «una alternativa sostenible a los métodos convencionales de extracción de aceite», y demuestra su potencial para recuperar fracciones funcionales de alto valor como aceite y fibra dietética.
Material de valor en los restos de chufa
Antes de iniciar el proceso de recuperación de los residuos de chufa, Aránzazu Valdés y Ana Beltrán, autoras principales de la investigación, querían saber con total certeza los elementos contenidos en la biomasa. Para ello la sometieron a un proceso de caracterización, para el que previamente necesitaron secarla a una temperatura de 40 grados centígrados.
Los análisis posteriores demostraron que los restos de chufa están compuestos, en promedio, de un 20.6 por ciento de grasa y un 70.4 por ciento de carbohidratos, cifras que los convierten en un material idóneo para su revalorización mediante procesos de biorrefinería.
Cómo se extraen los elementos de valor
Aprovechando esta composición, el equipo de investigación de la Universidad de Alicante diseñó una estrategia experimental utilizando un diseño estadístico Box-Behnken para optimizar las condiciones de extracción. En el proceso emplearon agua como disolvente, con el objetivo de minimizar el impacto ambiental, y una mezcla equimolar de tres enzimas: celulasa, hemicelulasa y pectinasa, que actúan conjuntamente para degradar las paredes celulares vegetales y liberar los compuestos internos. El tratamiento se aplicó con un homogeneizador ultrasónico de 500 W, que mediante cavitación favorece la disrupción de las células vegetales.
Tras diversos ensayos, el equipo determinó que las condiciones óptimas para maximizar la extracción de aceite eran treinta minutos de tratamiento, ocho ciclos de ultrasonido y 0.5 gramos de muestra, con un rendimiento final de extracción de aceite del 14.56 por ciento.
Aunque este valor es inferior al de algunos métodos híbridos más intensivos, como los que combinan microondas y ultrasonido, las investigadoras de la Universidad de Alicante lo consideran «altamente competitivo dada la simplicidad del procedimiento, el bajo consumo energético y, sobre todo, la ausencia de disolventes orgánicos».
Aceites comparables a los de oliva y fibras dietéticas
Tras la extracción, se obtuvieron dos fracciones diferenciadas: la fracción oleosa y la fracción fibrosa, que fueron sometidas a un análisis exhaustivo desde el punto de vista químico, funcional y estructural, con el objetivo de determinar todas sus propiedades.
La fracción oleosa mostró un perfil lipídico muy favorable, dominado por el ácido oleico (60.4 por ciento), un ácido graso monoinsaturado asociado con beneficios cardiovasculares, seguido por los ácidos palmítico, linoleico y esteárico. Este perfil es comparable al del aceite de oliva, con una alta estabilidad oxidativa y un elevado valor nutricional.
Además, la fracción oleosa presentó una notable actividad antioxidante y un contenido en fenoles totales de 213 miligramos equivalentes de ácido gálico por 100 gramos, muy por encima de los aceites extraídos por métodos convencionales. «Esta combinación de lípidos saludables y antioxidantes sugiere un potencial significativo para el desarrollo de alimentos funcionales», explican.
Por su parte, la fracción fibrosa resultó ser una fuente rica en α-celulosa y lignina, componentes clave de la fibra dietética insoluble.
Una carga mineral interesante
El estudio del grupo Química Analítica y Circular ha permitido comprobar que estos elementos presentan una carga mineral interesante. En el caso de la oleosa, han encontrado cantidades significativas de potasio, magnesio y calcio, que cubren hasta un 83 por ciento de la ingesta diaria recomendada de cobre y un 23 por ciento de magnesio por cada 100 gramos. La fracción fibrosa, aunque con menor contenido mineral, se perfila como una excelente fuente de fibra funcional y potencial prebiótico.
Aránzazu Valdés y Ana Beltrán evaluaron el uso de los aceites obtenidos de los residuos de la chufa como elemento estabilizante de bebidas vegetales como la horchata. En unas pruebas preliminares añadieron 1 y 2 por ciento de estos aceites a una formulación estándar de horchata, y observaron una clara mejora en la estabilidad coloidal del producto, así como una mejora en sus propiedades de conservación. Este efecto se atribuye a la presencia de almidón gelatinizado y azúcares en la fracción oleosa, que aumentarían la viscosidad del medio y favorecerían la dispersión estable de partículas.
Este trabajo de la Universidad de Alicante demuestra una forma nueva de aprovechar el subproducto de la fabricación de la horchata, con una solución escalable a nivel industrial y respetuosa con el medio ambiente, que abre una vía de negocio nueva en la industria de esta jugosa y refrescante bebida.
La experta en nutrición Ángela Quintas nos explica en De la boca a tu salud cómo funcionan los nutrientes, para que entendamos la importancia de la alimentación en nuestro bienestar.
Ángela Quintas
Editorial: Planeta
Año de publicación original: 2025
¿Sabrías decir para qué sirve la insulina? ¿Por qué se produce la inflamación o qué es eso del metabolismo? ¿Podrías decir qué son las calorías, de qué fuentes obtenemos grasas e hidratos de carbono y cómo tiene que ser un producto para que se considere light?
Seguramente, y más ahora que acabamos de empezar el año, tengas la intención de cuidar la alimentación para perder esos «kilitos» que creemos que sobran. Porque nos lo ha recomendado el médico o porque de verdad tenemos el propósito de cuidar nuestra salud.
Pero a veces podemos cometer errores, a la hora de comer bien, porque hay demasiada información o bien porque esta, a veces, suele estar trufada de bulos o imprecisiones. Pues para eso ha llegado la experta en nutrición Ángela Quintas y su De la boca a tu salud, un manual con el que aprenderemos conceptos básicos para alimentarnos bien.
Por eso, si eres de esos que tienen como propósito de año nuevo empezar a cuidar la alimentación, este libro es para ti.
Acabando con los mitos de la comida
Seguramente más de una vez te han dicho eso de que «los hidratos engordan». Pues nos enseña Ángela Quintas que afirmar tal cosa es un error. Sí es cierto, cuenta, que conviene no abusar de ellos, pero el verdadero problema radica en consumirlos solos, sin proteína, porque «es cuando causan un pico de insulina, haciendo que nuestro cuerpo los convierta en grasa para normalizar los niveles de glucosa en sangre después de haber llenado los almacenes del hígado de nuestros músculos en forma de glucógeno».
Para ser considerado «light» un producto debe tener un solo 30% menos de calorías que el original
Si también alguna vez has escuchado a algún «gurú» de las redes sociales aconsejarte eliminar por completo las grasas de tu dieta, que sepas que puedes acabar provocándote graves problemas de salud. Tampoco es bueno lanzarse de cabeza, pues, al mercado de lo «light», porque «light» o «bajo en grasas» no significa «sin calorías».
De hecho, esta calificación la obtienen al compararse con el producto original, es decir, para ser considerado «light» un producto deberá tener un solo 30% menos de calorías que el original, pero es que, además, es probable que contengan una alta cantidad de otros aditivos nada saludables que, es probable que no tengamos en cuenta.
Apuntes sobre metabolismo e inflamación
Todos hemos hablado alguna vez de nuestro metabolismo, pero rara vez, esto es cierto, sabemos de qué hablamos. Ángela Quintas, nos enseña qué es, los conceptos básicos y cómo «entrenarlo» para que juegue a nuestro favor. Y todo esto con un lenguaje científico, pero sencillo, que uno puede comprender para aprender.
La inflamación, o como la llama la autora «el iceberg de nuestro Titanic», es otra de las grandes desconocidas de nuestro bienestar
La inflamación, o como la llama la autora «el iceberg de nuestro Titanic», es otra de las grandes desconocidas de todo esto que tiene que ver con nuestro bienestar. Por eso la autora aporta ocho claves con las que, a través de la alimentación, podremos controlar tres elementos que mejorarán nuestra calidad de vida: la citada inflamación, el peso y los picos de insulina. Conociendo estas tres cosas y sabiendo cómo funcionan podremos recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo.
Con casos concretos que sirven como ejemplo, recetas saludables, consejos prácticos que permiten que, más que un pesado manual que leer, De la boca a tu salud sea una guía con la que seguir una dieta saludable y un día a día sencillo y útil. Además, al final del libro, Quintas ofrece incluso una guía para aprender a interpretar nuestras analíticas y conocer nuestro estado real de salud a cada momento.