Volver a la rutina después del verano siempre cuesta: toca ahorrar, retomar estudios o trabajo y, cómo no, volver a cuidarse un poco más. Normalmente, cuando pensamos en perder peso lo primero que miramos son las calorías, y por eso mucha gente deja de comer cosas que en realidad son saludables, como los frutos secos o el aguacate, solo porque son “calóricos”.
El aguacate es una fruta súper versátil: lo puedes poner en tostadas, ensaladas, guacamole o incluso en postres. Eso sí, tiene bastantes calorías y grasas. Para que te hagas una idea, un donut de chocolate tiene unas 260 kcal y 15 g de grasa, mientras que un aguacate puede tener unas 300 kcal y 27 g de grasa. Entonces, ¿por qué es más sano el aguacate que el donut?
La respuesta es que no todo son las calorías. Un donut está hecho de azúcares añadidos, harinas refinadas y grasas malas como el aceite de palma. Sí, tiene menos calorías, pero está diseñado para que te apetezca comer más y te deje con hambre enseguida.
En cambio, el aguacate está lleno de grasas buenas (monoinsaturadas), fibra y otros nutrientes que hacen que te sacies más y te aporten beneficios reales para la salud. O sea, lo importante no es solo cuántas calorías tiene un alimento, sino cómo afecta a tu cuerpo.
Beneficios del aguacate:
• Ayuda a reducir el colesterol malo y subir el bueno.
• Regula el azúcar en sangre.
• Tiene vitaminas y minerales como A, C, E, potasio, magnesio y hierro.
• Mejora la digestión.
• Cuida la piel, las uñas y el pelo.
• Incluso ayuda contra problemas como cataratas o inflamación de las articulaciones.
Así que, aunque en números un aguacate “engorde más” que un donut, lo que importa es que el primero realmente nutre y aporta salud, mientras que el segundo es más un capricho vacío.
Los frutos secos son un alimento práctico y lleno de beneficios para tu cuerpo. Lo mejor es que es fácil encontrarlos en cualquier tienda. Conoce con Granvita qué nutrientes le dan a tu cuerpo y cómo integrarlos de una forma deliciosa y fácil en tu dieta.
Qué son los frutos secos
La característica principal de los frutos secos es su composición. Cuentan con menos del 50 % de agua sin intervención humana, es decir, los encontramos de esta manera en su proceso natural.
Además, están recubiertos de una cáscara dura que debe abrirse para poder acceder al fruto. Esta es una de las principales diferencias con las semillas, ya que estas últimas forman parte de la reproducción de las plantas, teniendo la capacidad de germinar al dejar atrás su cáscara.
Los frutos secos más populares son las nueces, macadamias, almendras, avellanas, marañones y pistachos. ¿Crees que nos olvidamos de los cacahuates? Te sorprenderá saber que estos no son frutos secos sino leguminosas en vaina, aunque no suelen ser identificados como tales por su alto contenido de grasa y solidez.
Ahora que ya sabes las diferencias, checa los beneficios de los frutos secos, una forma fácil de enriquecer tus comidas diarias.
Beneficios de los frutos secos para tu cuerpo
Algunas de las propiedades de los frutos secos son los ácidos grasos omega-3, fibra, esteroides vegetales, L-arginina y minerales, pero, ¿en qué te pueden ayudar? Te contamos cómo se beneficiará tu cuerpo con todos estos nutrientes.
Tu corazón agradecerá el consumo de ácidos grasos omega-3 y L-arginina, nutrientes que promueven la reducción del colesterol y, en consecuencia, ayudan a disminuir las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.
Por otro lado, su riqueza en minerales como el potasio, magnesio, calcio y fósforo pueden ser de gran utilidad para contrarrestar un déficit en estos nutrientes cuando no se puede consumir otros alimentos que los contengan.
Su alta cantidad de fibra ayuda en la prevención enfermedades intestinales y el estreñimiento, siendo las almendras y los pistachos los favoritos para consumir con este fin.
Y como si todos estos aportes no fueran suficientes, contienen vitaminas E y B, que suman a la renovación celular de la piel. Su consumo puede contribuir a proteger el órgano más grande del cuerpo y prevenir su oxidación.
A lo largo de este post vamos a analizar cuáles son las principales diferencias entre cilantro y perejil. Ambos ingredientes son ampliamente utilizados en la gastronomía y ayudan a aportar mucho sabor y aroma a las recetas.
Y aunque a simple vista podrían parecer lo mismo, no lo son. Así que, es conveniente conocer en qué se diferencia el perejil del cilantro. Una vez que esto es analizado las distinciones comienzan a parecer más claras.
¿Por qué el cilantro y el perejil se parecen tanto?
Es evidente el parecido que hay entre el perejil y el cilantro, al tener poca experiencia culinaria es muy fácil confundirlos. Y es que, deben su parecido al hecho de que provienen de la misma especie herbácea.
Ambos ingredientes provienen de las Apiáceas, así que además de su aspecto tienen similitudes en cuanto a sus propiedades. Pero existen distinciones en cuanto al aroma, color, forma de las hojas, etc.
¿Cuáles son las diferencias entre cilantro y perejil?
A nivel técnico, encontramos que son dos alimentos distintos, el perejil se originó en el mediterráneo y tiene el siguiente nombre científico, Petroselinum crispum. Por otro lado, es una especie herbácea bianual, lo que quiere decir que se cultiva dos veces al año.
Mientras que, el cilantro tiene como nombre científico Coriandrum sativum y es una especie herbácea anual. Su cultivo de forma original procede de la cuenca del mediterráneo y de la India.
Para conocer las diferencias entre cilantro y perejil en un nivel más detallado tenemos las siguientes consideraciones:
Tamaño de la planta
Una diferencia clave entre el perejil y el cilantro es el tamaño de las hierbas, el cilantro es más largo, incluso puede llegar a medir hasta 70 cm de alto. En cambio, los cultivos de perejil solo crecen hasta los 30 cm de largo.
Por otro lado, es común comprar cilantro y que el manojo tenga raíz, mientras que esto no suele pasar con el perejil.
El color es diferente
Si analizamos bien ambos ingredientes podemos notar que no son exactamente el mismo tono de verde. El perejil tiende a ser más oscuro y con un color más intenso, mientras que el cilantro tiene un tono más claro.
Forma de la hoja
Otra de las diferencias entre cilantro y perejil es la forma de la hoja, basta con mirarlo en detalle para notarlo. Y es que, el cilantro tiene hojas con puntas más redondeadas, y el perejil muestra unas puntas más puntiagudas.
Sabor y aroma
Lo más importante es poder reconocer las diferencias entre sabor y aroma, porque son muy interesantes.
Y es que, el cilantro suele tener un sabor un poco más fuerte, también desprende un olor mucho más consistente. Mientras que, el perejil adopta un sabor más sutil, aunque su poder aromático también es destacable.
Este tubérculo, primo hermano de la patata, es delicioso, además de muy bueno para la salud. A continuación te contamos cuáles son sus principales beneficios y qué recetas puedes preparar.
5 propiedades del boniato
Esta verdura de color anaranjado y sabor dulce es muy energética y fuente de vitaminas. ¡Toma nota!
Fuente de energía: los moniatos son muy energéticos gracias a su elevado contenido en hidratos de carbono.
Vitamina A: contiene betacarotenos que se transforman en vitamina A en el organismo. Esta vitamina es buena para la piel y la vista. Para que te hagas una idea, un boniato de tamaño medio (150 gr) te aporta entre el 79% y el 99% de la ingesta diaria de esta vitamina.
Vitamina C: es un potente antioxidante, pues ayuda a mantener jóvenes tus células.
Vitamina E: igual que la vitamina C es un potente antioxidante y ayuda a mantener sano el sistema nervioso, cardiovascular y los músculos.
Fuente de potasio: te ayuda a mantener tus músculos y sistema nervioso sano.
Se trata pues de un alimento muy saludable, de fácil digestión e ideal para deportistas.
¿Por qué es dulce?
Su dulzura es una de sus principales características y se debe a su contenido en azúcares (almidón) que, normalmente, es más elevado como más maduro sea el boniato. Este tipo de azúcar es el responsable de dar energía al organismo.
¿Qué diferencia hay entre una patata y un boniato?
A simple vista se pueden apreciar las diferencias entre ambos tubérculos, pero ¿sus nutrientes son los mismos? ¡Te lo contamos!
Color: la patata es de color amarillo clarito, mientras que el boniato es de color naranja.
Forma: la patata normalmente es redonda o un poco alargada, mientras que el boniato puede presentar formas más irregulares (alargado, finito, grueso, redondo).
Sabor: como te hemos comentado anteriormente, el boniato presenta un sabor dulce, mientras que la patata tiene un sabor neutro.
Betacarotenos y vitamina A: la patata no aporta vitamina A, mientras que el boniato es muy rico en betacarontenos, por esto es de color naranja.
Energía: un boniato te aporta más energía que una patata. Para que te hagas una idea, 100 gr de boniato equivalen a 101 kcal, mientras que 100 gr de patata son 88 kcal.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural
La prestigiosa revista médica británica The Lancet lanzó la semana pasada una serie especial de artículos sobre la industria de los ultraprocesados. La publicación pasó el monóculo por más de un centenar de estudios prospectivos, metaanálisis y ensayos clínicos, y vio la luz acompañada de las firmas de 43 expertos mundiales, una carta de la OMS y un editorial de UNICEF. Sus conclusiones son impactantes: “la industria alimentaria amenaza la salud pública”.
En las últimas décadas, este sector ha dejado de dedicarse a la conservación y mejora de los alimentos a gran escala, para convertirse en una maquinaria multinacional de fabricación de sustitutos de la comida a base de ingredientes baratos y de poca calidad, compensados con colorantes, saborizantes y todo tipo de aditivos: pienso para humanos. Productos que desplazan las dietas locales preparadas con ingredientes frescos y poco procesados, y que contribuyen a la pandemia global de obesidad, diabetes, enfermedades metabólicas o cardiovasculares… y plástico.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural: en España, en tres décadas, las calorías que ingerimos en ultraprocesados han pasado del 11% al 32%. Somos uno de los países europeos con mayor aceleración en este cambio hacia dietas ultraprocesadas. En Estados Unidos, ya representan un 70%.
Según los estudios, hoy, este conglomerado de empresas ha ocupado el lugar que a mediados del siglo XX ostentaban las grandes tabacaleras en términos de músculo financiero, poder de influencia y capacidad de impactar en la salud de los consumidores. El reportaje, interesantísimo y acompañado de gráficos tan claros como inquietantes, muestra que no podemos cargar sobre la gente corriente la responsabilidad de frenar a estos gigantes. Es una tarea política.
Los seres humanos hemos procesado los alimentos desde que el primer homínido se comió la pulpa de una fruta y descartó la cáscara. Ahumar, confitar y secar son formas de procesar para conservar, como lo son cocer legumbres en un tarro de cristal o triturar, freír y envasar tomate en latas para que dure meses. Estas soluciones tecnológicas han facilitado la vida a millones de familias en todo el mundo. Pero esta clase de procesado no es el problema.
A finales de los sesenta, la industria vio que podía adaptar la ingeniería militar, que había alimentado a los soldados con comida ligera e incorruptible durante dos guerras mundiales, al consumo de masas. Tanto el café soluble como los ganchitos derivan de un proceso de liofilización del plasma sanguíneo usado en hospitales de campaña. En 1943, a los Cheetos se les llamaba Jungle Cheese y eran alimento para comandos y operaciones especiales en la selva.
Las innovaciones en fertilizantes, pesticidas y la tecnificación de cultivos de finales de los setenta, junto con las subvenciones agrarias, provocaron el excedente de grano capaz de hinchar los ultraprocesados de ingredientes baratos como el jarabe de maíz y los almidones modificados.
Las grandes tabacaleras se subieron al carro (el gigante Kraft es de Philip Morris) y aplicaron a los snacks y las galletas las mismas técnicas de marketing que antes sirvieron para vender cigarrillos. La televisión les dio línea directa con cada salita de estar del universo.
Con la desregulación de la inversión extranjera en 1980 y la globalización, las estanterías de los supermercados se terminaron de llenar de comida que era imposible que los consumidores pudiesen reproducir en sus casas. Era comida mágica, científica y tecnológica: la comida del futuro. Y la mejor amiga de la mujer, que podía incorporarse masivamente al mercado laboral sin miedo a dejar la mesa familiar desatendida. Teniendo varitas de pescado ultraprocesadas en el congelador y cereales de desayuno en la alacena, todo estaba controlado.
Hasta ahora, la industria de los ultraprocesados basaba su defensa en apuntar que la mayoría de los estudios realizados para encontrar vínculos directos entre sus productos y enfermedades como el cáncer o la depresión eran observacionales, es decir, basados en encuestas. En este tipo de investigación, los científicos no intervienen directamente, sino que observan lo que la gente hace de forma natural y después buscan asociaciones entre esos hábitos y ciertos resultados de salud. Esto permite detectar patrones, pero no puede demostrar relaciones de causa–efecto con certeza absoluta, porque no controla elementos como el nivel socioeconómico, el estrés, el sedentarismo o hasta la masticación. Realizar un estudio no observacional implicaría encarcelar a miles de participantes en un ambiente controlado y forzarles a alimentarse de fruta y verdura o de patatas chips durante años, violando unos cuantos derechos humanos y otros tantos tratados internacionales por el camino.
Pero esta misma estrategia científica permitió vincular el tabaco con el cáncer, el amianto con los tumores de pleura y la contaminación atmosférica con las enfermedades respiratorias. Y hoy el trabajo de The Lancet puede marcar un punto de inflexión y significar un cambio de paradigma. La fuerza del conjunto de análisis y estudios presentados es robustísima y llama a tratar el conglomerado de empresas de los ultraprocesados como se trató a las grandes tabacaleras: como una cuestión de salud pública. Regular no es atacar la libertad: es la única forma de recuperarla.
¿Qué es una dieta sostenible? Tom Hunt pretende responder a esta pregunta a través de la cocina vegetariana y con recetas para combatir el desperdicio alimentario.
El manifiesto del propio Hunt titulado «De la raíz al fruto» le ha servido de inspiración para escribir este libro. Muestra cómo podemos sostener un sistema alimentario biodiverso y regenerador y proporciona habilidades y conocimientos para comprar, comer y cocinar de forma sostenible. Además, son siempre platos saludables y para chuparse los dedos.
Sus recetas son sencillas, nutritivas y con ingredientes asequibles. La idea principal del libro es que si cambiamos nuestra forma de comer a escala individual, también cuidamos el planeta.
2. Ciudades hambrientas
Carolyn Steel , Editorial Capitan Swing, 2020
Alimentar a las grandes ciudades tiene un impacto sobre el planeta mucho mayor que buena parte de las otras actividades humanas. Sin embargo, solo una parte de la ciudadanía es consciente del proceso.
En una ciudad como Londres, debe producirse, importar, vender, cocinar, comer y eliminar los residuos de unas treinta millones de comidas al día. Y esto ocurre en todas las ciudades del mundo.
«Ciudades hambrientas» es un libro sobre cómo comen las ciudades, un estudio insólito y revolucionario que examina la forma en que la producción moderna de alimentos ha dañado el equilibrio de la existencia humana.
Una llamada de advertencia sobre el desperdicio y la destrucción causada por los sistemas alimentarios actuales , y una guía para corregir los errores.
3. Come comida real
Carlos Ríos , Editorial Paidós Ibérica, 2019
El peligro de la publicidad y el marketing en la alimentación, «cómo nos matan los productos ultraprocesados», «alimentos reales» protectores, neutros y complementarios o cuáles son los productos «ultradisponibles».
Todo esto y mucho más en este libro de Carlos Ríos, dietista-nutricionista y que se considera el creador del movimiento «Real-fooding».
4. Comer insectos
Isaac Petràs , Editorial Planeta, 2019
¿Por qué no aliñar la lechuga con una pizca de gusanos? ¿Qué te parecería incorporar gajos a una crema de calabaza? ¿O añadir un escorpión a la sartén?
La fiebre de los insectos comestibles, que alimentan a diario a millones de personas en todo el mundo, ha llegado para quedarse, para demostrar que las barreras gastronómicas se deben a menudo a cuestiones culturales , según el autor.
Isaac Petràs, una de las personas más expertas en insectos comestibles en España, relata sus viajes alrededor del mundo en busca de la langosta perfecta, de hormigas deliciosas y, en definitiva, de insectos comestibles de todo tipo.
Este libro es también un recetario para incorporar los insectos a nuestros platos de siempre.
5. ¡Cocina! O barbarie
Maria Nicolau , Ara Llibres, 2022
«Nos da tanta pereza hacer la cena, que con la cantidad suficiente de azúcar seríamos capaces de comernos una caca de perro, encontrarla buena y defenderlo ante quien fuera. No seáis bárbaros, ¡cocinad!» Así de rompedora inicia Maria Nicolau la sinopsis de su libro.
Cocinar es improvisar, arriesgar, decidir, atrevernos a ser libres.
Contra la extinción de este atrevimiento, contra el síndrome del «no-tengo-tiempo» y la barbarie de una sociedad que come pero no cocina, este libro nos urge a recuperar el sentido del acto más primigenio de la vida : alimentarnos.
6. El cerdo del mañana
Varias autoras , Pol·len edicions, 2020
En el certamen «El Cerdo del Mañana» hemos invitado a la ciudadanía a jugar al juego de los futuribles. ¿Cómo serán las granjas del futuro? En los juicios, ¿la gente jurará decir la verdad sobre un paltruc negro? ¿Cuántos escaños obtendría un partido formado por lechones?
La idea es tejer un concurso para aflorar, en clave distópica, el sistema intensivo de la industria cárnica.
7. La cocina situada
Maria Monsonís , Editorial Gustavo Gili, 2021
Maria Monsonís ofrece recursos y herramientas para conseguir una alimentación más honesta, coherente, saludable y respetuosa con el planeta.
En este diccionario ilustrado encontrarás conceptos muy variados como utensilios, plantas, peces, recetas de aprovechamiento, saberes populares, poemas y tradiciones culinarias. Todo esto crea el escenario perfecto para abordar las complejidades, debates y contradicciones del sistema alimentario actual.
El libro cuenta con la colaboración de biólogas, agroecólogas, periodistas, pastoras, activistas y literatas.
8. La cocina sostenible
Ada Parellada, Columna edicions, 2019
El valor del esfuerzo, el valor ético y social y el valor de la ilusión: estos son los principios con los que Parellada se refiere a los alimentos que consumimos.
También ofrece la posibilidad de reorganizar la cocina, hacerla más eficaz y ágil, dando ideas y trucos para mejorar la gestión culinaria cotidiana.
Además, Parellada habla de «vivir de renta culinariamente hablando» : nos enseña que el tiempo invertido en cocinar hoy puede servirte para el resto de la semana.
9. Tu dieta puede salvar el planeta
Aitor Sánchez , Editorial Paidós Ibérica, 2021
En palabras del propio autor, este libro reflexiona sobre cómo hemos llegado a la situación actual de alto impacto ambiental y analiza los factores del sistema alimentario que nos han conducido a ellos.
La huella de carbono generada por los miles de kilómetros que recorren nuestros alimentos, el coste de la producción alimentaria, los modelos de explotación animal, el coste social de los alimentos malsanos o la repercusión de los envases de plástico son algunos de los temas que aborda el autor.
Además, ofrece alternativas específicas para promover el cambio hacia un consumo responsable.
LIBROS PARA NIÑOS Y NIÑAS
10. Las recetas más superratónicas
Elisabetta Dami , Editorial Estrella Polar, 2017
¡Ponte el delantal y prepárate para convertirte en uno o una verdadera chef con Geronimo Stilton!
Geronimo ha recibido un encargo muy especial de parte del excelente alcalde de Ratalona: ¡escribir un libro de recetas con sus platos preferidos!
Con la ayuda de un maravilloso equipo, te enseñará a preparar recetas buenísimas de pasta y pizza; de legumbres y verduras; de carne, pescado y huevos; unas cuantas recetas especiales de queso y un montón de postres tentadores para lamerte los dedos.
Incluye 34 recetas sencillas, nutritivas y sanas. Todas pueden prepararse con productos muy comunes y en un tiempo relativamente corto.
11. Manduka fina
Paula Alós , Editorial Estrella Polar, 2020
¿Te atreves a hacer un triatlón de espaguetis? ¿O unas buenas legumbres tuneadas? ¿O quizás prefieres unas albóndigas de mar? Con estas recetas, los «foodtrucs» y mucho más conseguirás cocinar de primera y sorprender a cualquier persona. Mmmmmanduka fina!
La autora es Paula Alós, ganadora de la cuarta edición del famoso concurso ‘Masterchef junior’ y actual presentadora de Manduka , programa del Canal Super 3 sobre cocina y gastronomía.
12. Ñam, ñam
Mar Benegas , Combel Editorial, 2015
La cereza es una colección de libros para cantar, contar, mirar y jugar con los más pequeños. Cada libro es especial, y todos son dulces y juguetones como las cerezas, pensados para quienes todavía no han aprendido a leer.
La comida es el tema de este título que, al terminar el cuento, se puede escuchar con música.
13. Superchefs en la cocina
Ada Parellada , Now books.batsicafo, 2016
La prestigiosa chef Ada Parellada, del restaurante Semproniana de Barcelona, ha escrito varios libros, entre ellos una colección para niños con recetas hechas con productos de temporada.
Por ejemplo, hay uno que recoge 50 platos de verano . Ada explica qué puedes encontrar:
«¡Qué calor! Hemos llegado a casa después de correr por la calle y nada nos apetece más que un zumo de fruta delicioso que nos saque la sed. ¡Es el momento de sacar la exprimidora y la licuadora del armario!
Y de preparar ensaladas frescas, sopas refrescantes, macedonias… Y todo tipo de platos para que el calor no nos gane. Las recetas veraniegas son de las más fáciles y divertidas del año y, además, ¡en ninguna otra estación tendremos tanto tiempo para dedicarnos a los fogones!»
El cacahuete es conocido alrededor del mundo, como tapa, en forma de crema para untar, salado, tostado, frito… Casi todos hemos disfrutado de su sabor. Pero, ¿sabes los beneficios que esta pequeña legumbre puede traer para tu salud? Aquí te contamos un poco.
Su historia se remonta a hace 3500 años, probablemente en Brasil, Perú u otro lugar de Sur América. Algunas fuentes mencionan que si bien no se han hallado fósiles que demuestren su edad, si se han encontrado cerámicas donde se reflejan los cacahuetes que datan de esta pasada época.
En cambio, otras fuentes indican que la Arachis hypogaea -que es el nombre científico de esta popular legumbre- se empezó a cultivar al menos hace 7600 años y se hizo popular en los años 1500 por la intervención de los exploradores españoles.
En tierras americanas, al principio del siglo XIX, el cacahuete era cultivado no solo para usarlo como comida, sino también por su aceite. Las invenciones del siglo XX hicieron que su cultivo se expandiera y se hiciera mucho más sencillo. Actualmente se cultiva alrededor del mundo, siendo China e India los líderes en su producción, por su facilidad de cultivo y crecimiento.
Esta pequeña legumbre es además un cúmulo de nutrición. En África, por ejemplo, un grupo de pediatras han desarrollado una comida terapéutica hecha de una combinación de maní, aceite, azúcar, leche en polvo, vitaminas y minerales para combatir la desnutrición aguda grave. Este alimento es una pasta con gran índice calórico, es rentable económicamente hablando, resiste altas temperaturas y no se deteriora fácilmente, por lo que ha ayudado a pelear contra este problema en la última década.
Un cúmulo de salud
Pues sí, el cacahuete no es solo rico sabor. También tiene características que pueden llenar tu vida de salud si los introduces en tu alimentación. A continuación resumimos algunas de sus bondades:
Altas en grasas monosaturadas: dejando atrás los mitos sobre el consumo de grasas y la salud de nuestro corazón, esta legumbre es una rica fuente de grasas monosaturadas que justamente promueven la salud cardiovascular.
Contienen biotina: parte del complejo de vitaminas B, la biotina es beneficiosa en procesos que van desde reacciones enzimáticas hasta expresión genética. Estudios preliminares la asocian con resultados beneficios para quienes sufren de esclerosis múltiple, diabetes y algunas condiciones mentales.
Carga de cobre: este micronutriente es esencial para procesos que tienen que ver con la actividad de las neuronas y el sistema nervioso.
Altos en proteína: contiene 28 gramos de este macronutriente por cada 100 gramos del producto, haciéndolo ideal para quienes lleven dietas veganas o simplemente para quienes quieran complementar su consumo diario de proteínas.
Fibra dietética: contiene 8.5 gramos por cada 100 gramos lo que significa aproximadamente una cuarta parte de la ingesta de fibra recomendada por un hombre o un tercio para la mujer.
¿Fruto seco o legumbre?
Seguramente esta duda habrá saltado a tu mente en algún momento, ya que en la mayoría de las dietas se cuenta como una fuente de grasa. Si bien lo consumimos como un fruto seco, el cacahuete es una legumbre.
En realidad son semillas que vienen encerradas en vainas, y pertenecen a la misma familia de los frijoles, las lentejas y los guisantes. Los otros frutos secos -como almendras y nueces- se dan en árboles. Pero a pesar de que su estructura física y la manera en que se cultiva y además de tener beneficios nutricionales parecidos a otras legumbres, es normal que los consumamos como «frutos secos» por su gran cantidad de grasas (saludables).
¿Y cuál es la mejor manera de consumirlos? Pues no necesariamente salados y fritos junto a una cerveza en un bar (bueno, es una magnífica manera, pero no la más saludable). Pero si incluyéndolos en tu alimentación en cremas de cacahuete o simplemente tostados como un snack natural. Te darán la energía y sensación de saciedad para acometer todas tus tareas.
Uno de los principales beneficios que se atribuyen a este alimento es la capacidad reguladora de la glucemia post-pandrial, esto es, el nivel de glucosa, o azúcar, en sangre después de la comida. Habitualmente, el nivel de glucosa en el cuerpo se mantiene en equilibrio gracias a la regulación de dos hormonas: la insulina y el glicagón. Pero tras las comidas, los niveles de insulina suelen aumentar mucho, disparando también el nivel de glucosa, pues debe permitir y controlar el paso a la sangre del azúcar consumido para ser usado en forma de energía.
Ahora bien, un estudio publicado en Nature por el Centro de Nutrición Clínica de Toronto, demostró que los pistachos tenían un cierto efecto en la regulación de los niveles de glucosa tras esas comidas. Mediante la participación de voluntarios sanos, observaron que cuando el alimento se consumía solo, el efecto era mínimo; pero cuando se hacía tras comidas con alto contenido en carbohidratos, sí se presentaba una actuación clara en la respuesta glucemia, regulando de forma más estricta el paso de azúcar al organismo.
BENEFICIOS DEL PISTACHO: REDUCCIÓN DEL RIESGO CARDIOVASCULAR
Quizás otra de las propiedades más interesantes del pistacho es la colaboración a la reducción del riesgo cardiovascular. En una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Pennsylvania, observaron los efectos de distintas dosis de pistachos en una dieta saludable, baja en grasas. Midieron los valores de la proteína de transferencia del colesterol en la sangre, así como los niveles de actividad de la desaturasa, la proteína que controla la síntesis de ácidos grasos.
El resultado fue que, efectivamente, la inclusión de una cantidad regular de pistachos en una dieta sana afectaba beneficiosamente a mejorar el control de la desaturasa, así como a producir un leve descenso en el colesterol LDL, lo cual influye positivamente en reducir el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.
BENEFICIOS DEL PISTACHO: UN GRAN ANTIOXIDANTE
Los pistachos están compuestos por polifenoles, un grupo de sustancias presentes en alimentos de origen vegetal, y que tienen además grandes características antioxidantes, proporcionando también ese beneficio al fruto seco. Ahora bien, un estudio de la Universidad de Cornell, además de remarcar la actividad antioxidante del alimento, establece que esta propiedad es más observable en el consumo de pistacho crudo, que en el cocinado y procesado.
La forma en la que los polifenoles colaboran a mantener el organismo saludable es regulando el estrés oxidativo. El oxígeno que se consume, puede oxidarse, lo que genera diferentes especies reactivas que afectan la mecánica del organismo, por ejemplo, provocando el mal funcionamiento de proteínas esenciales y generando diferentes tipos de enfermedades. Los polifenoles ayudan a evitar esa degradación, colaborando a mantener al individuo sano.
Beneficios del pistacho: Alto en fibra
Además, los pistachos son uno de los frutos secos más altos en fibra, lo cual colabora en gran medida al fortalecimiento del sistema digestivo, gracias a las bacterias intestinales que se albergan dentro. Y es que, cuando la fibra alcanza el intestino, esas bacterias actúan sobre ella, modificándola hasta convertirla en un tipo de ácidos grasos conocidos como ácido butíricos.
Evaluaron durante tres semanas a una serie de hombres con problemas de disfunción eréctil que incorporaron una cierta dosis de pistachos en su dieta. Los resultados fueron visibles como una mejora en el Índice Internacional de Función Erectil (IIEF), en el cual se mide la función orgásmica, el deseo sexual y la satisfacción del deseo sexual.
Los científicos apuntan a que este hecho es consecuencia del alto contenido en arginina de los pistachos. Este aminoácido colabora en la sintetización de múltiples proteínas, muchas de las cuales ayudan a mantener las arterias flexibles y mejoran el flujo sanguíneo, lo que elevaría los niveles de óxido nítrico: un componente que relaja los vasos sanguíneos.
Se trata de una bacteria altamente resistente y puede ser peligrosa para ciertos grupos de población, no obstante, la posibilidad de que nos afecte es baja si se atiende a las normas de seguridad recomendadas.
Hace unos días se notificó una alerta alimentaria que preocupó a mucha gente. Es lógico, si se tiene en cuenta que afectó a siete productos diferentes de consumo cotidiano como la mortadela, chóped y demás, que se vendían en dos cadenas de supermercados muy conocidas (Aldi y DIA). Además estaba involucrada una bacteria que arrastra merecida mala fama por la grave crisis que causó hace pocos años: la Listeria monocytogenes.
Afortunadamente, en esta ocasión de momento no ha afectado a ninguna persona. Pero esta alerta puede servirnos para hablar de dos temas importantes que todo el mundo debería conocer: la dichosa bacteria (y cómo evitarla) y las alertas alimentarias (y cómo actuar cuando se producen).
NO ES SOLO SALMONELA
Si hablamos de comida y bacterias patógenas, lo primero que nos suele venir a la cabeza es la salmonela. No es para menos porque las autoridades sanitarias y varias personas, llevan años haciendo hincapié en ella para advertir sobre sus riesgos y prevenir la salmonelosis. Pero esta bacteria no es la que provoca más casos de gastroenteritis transmitida por alimentos: ese honor corresponde a Campylobacter, que se asocia, sobre todo, al consumo de carne de pollo contaminada. Provocó 148.200 casos en la Unión Europea durante el año 2023 (frente a 77.500 casos de salmonelosis).
A pesar de su popularidad, Salmonella tampoco es la bacteria que suele producir más quebraderos de cabeza a la industria alimentaria o a las autoridades sanitarias; Sin embargo, Ese papel sí corresponde a Listeria. No es la que causa más toxiinfecciones –ocupa el quinto puesto en la Unión Europea, con casi 3.000 casos en 2023–, pero estas pueden ser graves, sobre todo en grupos de riesgo, como veremos más adelante. Aunque lo más preocupante de esta bacteria es que es muy escurridiza.
SUPER RESISTENTE Si hacemos caso de la vieja frase “mala hierba nunca muere”, podríamos decir que la listeria es malísima; ya que lo aguanta casi todo. Sobrevive y se multiplica en ambientes poco favorables, donde otras bacterias no pueden hacerlo. Esto además le da ventaja para desarrollarse, porque no tiene que competir con otras. Por ejemplo:
Es capaz de multiplicarse a bajas temperaturas (hasta -2ºC), así que puede desarrollarse, por ejemplo, en un trozo de salmón ahumado o un embutido loncheado, aunque lo tengamos en el frigorífico.
Puede crecer en alimentos muy ácidos: resiste un pH de hasta 3,3. Para orientarnos, es el pH que podemos encontrar, por ejemplo, en alimentos como los pepinillos en vinagre o el zumo de naranja.
Resiste concentraciones muy altas de sal, de hasta un 20%. Para hacernos una idea, los alimentos muy salados, como el jamón curado o el salchichón, contienen un 5% de sal.
Puede desarrollarse en condiciones donde hay poca agua, como por ejemplo en el chorizo curado que todavía está un poco tierno (resiste una actividad de agua de hasta 0,92).
Es capaz de desarrollarse en condiciones de escasez de oxígeno; por ejemplo, en un embutido loncheado envasado.
Puede resistir temperaturas relativamente altas, sobre todo si la carga bacteriana es elevada (por ejemplo, en leche cruda podría sobrevivir a un tratamiento térmico de 74ºC durante un segundo).
¿En qué alimentos se puede encontrar?
Si tenemos en cuenta de dónde puede proceder esta bacteria y las condiciones en las que puede sobrevivir y multiplicarse, es fácil imaginar los alimentos donde se puede encontrar:
Carne y pescados crudos o poco cocinados como carpaccio, tartar, sashimi, ceviche y similares. Frutas y verduras crudas: sobre todo si están troceadas, en forma de zumo natural, macedonia o ensalada. Leche sin pasteurizar y derivados lácteos elaborados con ella, como queso fresco. Alimentos listos para consumir que requieren frío para su conservación y que no se cocinan antes del consumo: fiambres y embutidos loncheados, ensaladas de bolsa, patés o sándwiches.
¿Cómo combatir la listeria?
Hasta ahora, el panorama que se plantea parece descorazonador: una bacteria todoterreno que parece resistir todo lo que le echen, puede causar daños muy graves en población de riesgo y que parece cada vez más presente; pero afortunadamente tenemos herramientas para tratar de combatirla. En la industria se aplica un sistema de gestión de la seguridad alimentaria que se basa en dos puntos: el primero consiste en asegurar que se den las condiciones necesarias para que los alimentos sean inocuos; por ejemplo, que el agua sea segura, que las instalaciones y la maquinaria se encuentren en buen estado y estén limpias y desinfectadas, etc.
El segundo pasa por identificar partes del proceso productivo que son especialmente sensibles y que deben ser controladas para asegurar la inocuidad del producto. Por ejemplo, si hablamos de una planta procesadora de leche, un punto crítico es el tratamiento de esterilización, donde deben controlarse el tiempo y la temperatura para asegurar que se eliminan los microorganismos patógenos (listeria incluida). Además, se verifica con medidas de control; por ejemplo, la toma de muestras para analizar. Así, en caso de que se produzca algún fallo, se puede descartar el producto y tomar medidas para evitar que ese fallo se repita.
Para concluir, aunque su incidencia general es baja si se siguen las normas de seguridad alimentaria, la listeria debe tenerse en consideración y vigilancia por parte de la población. Así las alertas, como la reciente en productos de consumo cotidiano, nos recuerdan la importancia de mantener buenas prácticas de higiene y control en la industria y en el hogar para prevenir riesgos y garantizar alimentos seguros.
Una nueva investigación epidemiológica de la Universidad de Cambridge, publicada en JAMA Network Open, sugiere que la estrategia más eficaz para prevenir el aumento de peso y reducir la acumulación de grasa corporal reside en la mejora simultánea de la dieta y la actividad física. Este análisis, realizado sobre 7.256 adultos del Estudio Fenland del Reino Unido y con un seguimiento de siete años, aporta evidencia sobre la importancia de la combinación de hábitos para lograr beneficios sustanciales.
El estudio se centró en medir los cambios en la calidad de la dieta (utilizando la adherencia al patrón mediterráneo como indicador) y el gasto energético mediante sensores portátiles. Los investigadores no solo midieron el peso total, sino también la cantidad y distribución de la grasa corporal mediante la exploración DEXA, diferenciando entre la grasa subcutánea (relativamente saludable) y la grasa visceral (acumulada alrededor de los órganos abdominales y asociada a un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y cardiopatías).
Los resultados indican que, aunque tanto la mejora en la calidad de la dieta como el aumento de la actividad física se asociaron de forma independiente con reducciones o menor aumento de la grasa corporal, los participantes que mejoraron ambos factores de manera simultánea obtuvieron los mayores beneficios. Específicamente, este grupo ganó, en promedio, 1,9 kg menos de grasa corporal total y 150 g menos de grasa visceral durante el periodo de seguimiento. Este hallazgo subraya que mejorar un solo comportamiento conduce a cambios relativamente modestos, mientras que la acción combinada resulta exponencialmente más eficaz.
El doctor Shayan Aryannezhad, primer autor del estudio, enfatiza que la clave no está solo en el número de la báscula, sino en dónde se producen los cambios. La eficacia de la combinación de dieta y actividad física reside en su capacidad para mejorar la cantidad y, crucialmente, la distribución de la grasa, siendo particularmente efectiva en la reducción de la acumulación de la grasa dañina que se localiza alrededor de los órganos.