Un total de 32 cooperativas se han unido para impulsar la marca ‘Producto Cooperativo’ en el mercado nacional, con el objetivo de diferenciar los productos elaborados bajo el modelo cooperativo y garantizar su origen y la contribución de estas entidades a la economía local y al desarrollo sostenible, según ha informado Cooperativas Agro-alimentarias de España.
«Se trata de una marca que enaltece el sabor auténtico y natural de los productos cooperativos, permitiendo a las personas consumidoras identificarlos y adquirirlos, atraídas por su origen, calidad y compromiso con el territorio», ha destacado el presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Ángel Villafranca.
En concreto, algunos de los productos adheridos a esta marca colectiva en proceso de expansión son los vinos, aceite de oliva, frutas y hortalizas frescas, conservas vegetales, frutos secos, leche, quesos, miel, azúcar, pimentón, carne y embutidos.
De hecho, los promotores del proyecto han subrayado que son productos «directos del campo español, de máxima frescura, calidad y sostenibilidad».
Por otra parte, la entidad ha mostrado un estudio de Kantar, realizado a partir de encuestas, que indica que el 40% de los hogares «saben» lo que son las marcas de cooperativas y el 60% de quienes conocen marcas de cooperativas las compran.
El encarecimiento de la cesta de la compra se suma al precio de la vivienda como factor negativo en el día a día de las familias
La cesta de la compra y el precio de la vivienda vienen experimentando una subida que compromete el día a día de las familias. Tanto, que el coste de la vida corre el riesgo de convertirse en un peligroso factor de desafección ciudadana. A esa tendencia al alza no dejan además de sumarse factores coyunturales. Así, desde el pasado jueves, todas las aves de corral criadas al aire libre en España están confinadas. Es la acertada decisión adoptada por el Ministerio de Agricultura para intentar evitar que el brote de gripe aviar —que ya ha obligado a sacrificar 2,7 millones de gallinas— se expanda a nuevas explotaciones. El brote afecta a la producción de huevos y carne de ave, con el consiguiente daño económico para las granjas, y ya se deja sentir en el precio de estos productos básicos: en el último año, los huevos —fuente barata de proteínas— han subido un 22,5%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y se espera que la tendencia continúe en los próximos meses.
El brote de gripe aviar es el último golpe a la imparable subida que experimenta el precio de los alimentos: en lo que va de año la carne de vacuno acumula una subida del 13,6%; el café, un 17,6% y la fruta fresca, un 9,3%. Incrementos que golpean con especial dureza a las familias con menos recursos. Solo las bajadas del aceite de oliva, el azúcar o las patatas permiten aliviar la escalada.
El alza de precios de los alimentos es un fenómeno generalizado en parte de los países desarrollados. La OCDE apuntaba en un reciente informe que han tenido un incremento acumulado del 45,8% entre 2019 y 2025, muy por encima de los demás componentes del IPC. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tenido que eliminar el arancel del 15% sobre numerosos productos frescos de Ecuador, como los plátanos, el cacao o el tomate, por su impacto en el bolsillo de los estadounidenses.
En todo caso, el de los alimentos no es el único frente que presiona a la economía familiar en España. Los datos del INE recogen que, desde el apagón del pasado 28 de abril, el sistema ha reforzado su seguridad y eso, junto a otros factores, ha encarecido la factura eléctrica (18,7% en los últimos 12 meses). Además, la nueva tasa de recogida de basuras incrementa los costes asociados a la vivienda y ha disparado el importe de este servicio un 30,3% en octubre. El incremento de los precios es, en definitiva, generalizado; lo que explica que la inflación haya pasado del 2% en mayo al 3,1% en octubre.
La situación se agrava en un entorno de crisis de la vivienda, en la que las familias afrontan enormes dificultades para acceder tanto a la compra como al alquiler, y con salarios reales estancados en el mejor de los casos. El propio INE certifica en la Encuesta de Población Activa que, pese a los aumentos salariales de 2023 y 2024 (7% y 5%, respectivamente), el poder adquisitivo sigue siendo 1,7 puntos inferior al de 2020. Peor aún, la evolución salarial evidencia una brecha generacional: el salario medio de los jóvenes hasta 24 años retrocede unos 14 euros mensuales (hasta los 1.372 euros brutos) por el aumento de peso del empleo a tiempo parcial en esa franja, frente a los mayores de 55 años, que ingresaron 202 euros más.
Estos datos dibujan una tormenta perfecta de inflación al alza, sueldos reales estancados y vivienda prohibitiva que explica el malestar de parte de la población, para la que ni siquiera tener un trabajo estable garantiza una vida desahogada. También deberían servir como llamada de atención a la clase política, cuya misión más urgente es resolver los problemas de los ciudadanos. No hacerlo supone asumir el riesgo de entrar en una espiral de desafección que abone el terreno para el crecimiento del populismo.
Nestlé está (de nuevo) en el ojo del huracán tras revelarse que sus alimentos infantiles vendidos en países tercermundistas contienen niveles alarmantes de azúcar añadido, mucho mayores que en sus productos para mercados ricos. Este doble estándar no solo cuestiona la ética de la empresa, sino que además genera dependencia por sabores dulces desde la infancia, afectando la salud a largo plazo.
La investigación de la ONG suiza Public Eye y la International Baby Food Action Network (IBFAN) analizó productos como Cerelac y Nido, y descubrió que en algunos países del Sur Global contienen hasta 7,3 gramos de azúcar por ración. En contraste, en Europa estas mismas fórmulas se venden con cero azúcar añadido. Este exceso de azúcar no solo aumenta el riesgo de obesidad infantil, sino que condiciona a los niños a preferir sabores dulces desde edades tempranas (cuando su cerebro está aún en desarrollo), un patrón que persiste durante toda la vida.
Nestlé está priorizando beneficios sobre salud: al fomentar esta preferencia temprana por el dulce, la empresa asegura que sus productos se vuelvan irresistibles y generen consumo continuado. Esta estrategia, aunque legal, plantea un serio dilema ético, ya que explota la vulnerabilidad de los bebés y sus familias.
Nestlé ha defendido las diferencias entre hemisferios por “regulaciones locales y disponibilidad de ingredientes” y asegura que sus productos mantienen “valor nutricional”. Sin embargo, la evidencia es clara… la exposición temprana a azúcar añadido altera los hábitos alimenticios, haciendo que los niños desarrollen preferencia por alimentos ultraprocesados y dulces, con consecuencias a largo plazo en su salud.
Organismos como UNICEF y autoridades sanitarias en India ya han pedido medidas más estrictas, reclamando que se regule el contenido de azúcar en alimentos infantiles, y que se deje de aplicar un doble estándar que afecta a los más vulnerables.
En definitiva, la polémica respecto a estas prácticas abusivas criticaa la forma en que se condiciona a los niños desde, literalmente, la cuna, fomentando adicción al azúcar y hábitos que pueden marcar su salud para toda la vida. Para empresas de este calibre, el lucro se encuentra por encima del bienestar infantil.
El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) y siete comunidades autónomas han clausurado hoy el Plan Complementario de Agroalimentación, que ha movilizado más de 49 millones de euros. De este presupuesto, 32 millones proceden del MICIU.
El Plan Complementario de Agroalimentación es un programa cogobernado y cofinanciado entre el MICIU y Aragón, Asturias, Comunitat Valenciana, Extremadura, La Rioja, Navarra y Región de Murcia, que ha contado con la colaboración del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Este Plan se ha centrado en impulsar una doble transformación digital y sostenible del sector agroalimentario, alineándose con los objetivos del Pacto Verde Europeo y la estrategia “De la Granja a la Mesa”.
El Plan Complementario de Agroalimentación ha impulsado más de 250 proyectos de I+D en colaboración con 30 centros de investigación y más de 1.000 investigadores, para mejorar la producción agroalimentaria, la sostenibilidad y la innovación tecnológica.
Los resultados científicos más destacado en el ámbito de producción primaria se han desarrollado prácticas de cultivo más eficientes, estrategias de manejo de suelo y del agua más sostenibles y soluciones biotecnológicas para el control de plagas y enfermedades. En la digitalización han habido avances en sensorización, teledetección, inteligencia artificial y automatización, aplicados al seguimiento de cultivos, manejo ganadero y mejora de procesos productivos. Además, se han desarrollado procesos de fermentación, encapsulación y transformación química para obtener ingredientes funcionales, biofertilizantes, envases biodegradables entre otros.
Cada vez es más habitual encontrar productos y alimentos que prometen infinidad de beneficios y propiedades. Son los llamados superalimentos. Este tipo de productos suelen resaltar por su alto contenido en vitaminas y minerales, y sus supuestos beneficios en el estado de ánimo o el sistema inmunológico. ¿Cumplen todo aquello que prometen o simplemente son una estrategia comercial?
Algunos de ellos como el ajo, la cebolla o el jengibre son conocidos. Sin embargo hay otros, como el Kale, Kelp o Goji que no lo son tanto. Aun así todos ellos son alimentos o ingredientes a los que se les atribuye propiedades saludables que van más allá de lo que la ciencia a evaluado y confirmado. En muchos casos, este tipo de productos, aunque contengan propiedades beneficiosas para la salud, no las tienen más que otros alimentos. El resultado no confirma los supuestos beneficios del consumo de dichos alimentos, o al menos, no de forma tan destacable. Sencillamente, tienen mejor marketing el cual inventa propiedades que no necesitamos realmente o, por otro lado, que generar miedo.
Como dato interesante, se podría comparar con las dietas milagro que hacen promesas que parecen tener la solución inmediata. Para reconocer este tipo de anuncios deberíamos fijarnos en como venden dicha información, si prometen un sinfín de beneficios, con nutrientes comodín, demostradas por nuevas investigaciones, posiblemente se trate de una publicidad engañosa.
Si bien el aceite de girasol es uno de los más utilizados en la cocina cotidiana, su reputación se ha visto cuestionada en los últimos años. No se trata de un aceite “malo” en sí mismo, ya que hay que tener en cuenta que su composición y uso determinan sus efectos sobre la salud.
Existen diferentes tipos de aceite de girasol, y esa distinción es clave (poca gente lo sabe). El aceite refinado, el más común en supermercados, pierde gran parte de los antioxidantes naturales y vitaminas presentes en el aceite virgen. Esto lo hace menos beneficioso que el aceite de oliva, que conserva compuestos como los polifenoles y el ácido oleico, responsables de mejorar la salud cardiovascular. No obstante, el aceite de girasol sigue aportando grasas insaturadas saludables, vitamina E y fitonutrientes que contribuyen al equilibrio nutricional.
Dentro del girasol, una variedad especialmente relevante es el aceite “alto oleico”, que contiene más ácido oleico, similar al de la oliva. Esta versión es más estable al calor, lo que la hace adecuada para frituras y cocciones prolongadas sin degradarse tan rápido como el aceite convencional. Además, al ser más resistente a la oxidación, conserva mejor sus propiedades saludables.
El comportamiento del aceite de girasol al calentarse también es importante. Por ser más poliinsaturado que el aceite de oliva, se oxida más fácilmente cuando se expone a altas temperaturas. Esto no significa que freír con girasol sea automáticamente dañino, pero sí que conviene no reutilizarlo muchas veces: dos o tres frituras es el límite recomendable para mantener su seguridad y sabor.
En la práctica, el aceite de girasol funciona bien para aliños, salsas y preparaciones en frío, mientras que para frituras o cocciones intensas conviene preferir aceites más estables. Su sabor neutro y su versatilidad lo hacen ideal para quienes buscan un aceite ligero que no altere el perfil de otros ingredientes.
En definitiva, el aceite de girasol no es perjudicial si se elige con cuidado y se usa correctamente. Su valor nutricional depende de la variedad, la calidad y el tipo de cocinado, y puede formar parte de una dieta equilibrada sin problemas, siempre que se combine con hábitos saludables y con aceites más ricos en antioxidantes cuando la preparación lo requiera. No hay que demonizarlo.
La impresión 3D de alimentos es una tecnología que permite crear alimentos capa por capa, utilizando tintas alimentarias. Estas tintas alimentarias son ingredientes y productos alimenticios como azúcar, gelatina, chocolate, entre otros a modo de materias primas.
Esta tecnología surgió a principios de los años 2000 en busca de nuevas formas de preparar alimentos y experimentar con al textura y forma. Los investigadores continuaros optimizando diversos materiales alimenticios para ampliar la gama de materiales aptos para la impresión de 3D. Es así como los primeros alimentos fueron chocolates, pastas y galletas.
En contraste con la cocina tradicional, esta nueva técnica no se trata de mezclar y cocinar, sino que da paso a nuevos campos como la adaptación de los alimentos a necesidades específicas, como dificultades a la hora de masticar o tragar.
El matcha, un polvo brillante procesado del té verde que solía estar asociado a rituales japoneses, y ahora a cafés de moda, se enfrenta a una escasez global sin precedentes. Lo que empezó como una bebida nicho es hoy un fenómeno mundial impulsado por redes sociales (especialmente TikTok) y en menor medida el turismo, aunque sus consecuencias ya se sienten hasta en Japón.
Según un artículo de Washington Post, los suministros están en tensión por varios factores. Primero, la demanda internacional ha explotado ya que el matcha ya no solo se usa en lattes, sino también en postres, suplementos y cosmética. Al mismo tiempo, en Japón, las cosechas han sufrido. Una ola de calor ha provocado una caída del rendimiento de hasta un 20 %, reduciendo la producción de tencha (la hoja desde la que se muele el matcha).
Esa combinación ha disparado los precios. El matcha de grado ceremonial (el de más alto valor) es ahora especialmente difícil de conseguir y puede costar entre 30 y 100 dólares por onza. Pero el encarecimiento no solo viene de la poca producción, también hay aranceles. Estados Unidos aplica un 15 % de impuestos sobre las importaciones de matcha japonés, lo que agrava el alza de precios.
Para muchos productores, la situación es crítica. La empresa Matcha.com, por ejemplo, ha visto un crecimiento de ventas brutal: sus ingresos se han disparado un 940 % en cuatro años, según su CEO. Pero por mucho que quieren mantener la calidad, algunos distribuidores están recurriendo a mezclas de menor grado para hacer frente a la demanda.
En paralelo, productores japoneses advierten riesgos estructurales y es que muchos campos de té sencha se están reconvirtiendo para producir tencha (lo cual puede acarrear tal mismo tiempo un daño cultural), pero esto lleva tiempo y no es una solución inmediata. Además, el envejecimiento de los agricultores y la falta de mano de obra especializada complican el aumento de producción.
Algunos vendedores menores ya limitan las ventas para poder abastecer a más clientes: por ejemplo, Ippodo ha impuesto restricciones de compra para ciertos productos.
Como conclusión, se podría decir que el resultado de esto es una paradoja: un producto tradicional japonés que vive un auge internacional, pero que podría volverse inaccesible para muchos, justamente a causa de la globalización.
El Americano, también llamado Caffè Americano (italiano), es una bebida de café aparentemente sencilla, pero con una historia interesante y un sabor equilibrado pero controversial, resultado de una combinación: un espresso al que se le añade agua caliente para completar la taza.
Según la leyenda, su origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados estadounidenses destinados en Italia pedían café (“caffè”) y recibían espresso, demasiado intenso para su gusto. Para suavizar esa intensidad y asemejarlo al café filtrado al que estaban acostumbrados, empezaron a diluir los espressos con agua caliente, y así nació la versión “americana” del café.
Con el paso del tiempo, la preparación del Americano ha evolucionado: ya no se limita a verter agua sobre el espresso, sino que muchas cafeterías invierten el orden (primero el agua, después el espresso) Esta variación aparentemente mínima tiene un gran impacto en el sabor: permite conservar la “crema” del espresso, esa capa color caramelo característica, que de otro modo se disolvería si el espresso se añade primero. Gracias a este método, los sabores del grano (intensos y complejos) se depositan en la parte superior y luego se mezclan gradualmente con el agua, haciendo que la bebida resulte más equilibrada e integrada.
Desde un punto de vista cultural, el Americano simboliza un puente entre dos tradiciones cafeteras: la intensidad concentrada del espresso europeo y el volumen más diluido del café filtrado estadounidense. Es un testimonio de cómo las costumbres y los gustos pueden adaptarse según el contexto. En este caso, la experiencia de soldados que estaban lejos de casa ybuscaban algo más familiar.
Además, esa sencillez no resta complejidad ya que el Americano permite apreciar la riqueza aromática del espresso sin sacrificar una bebida de mayor duración. Al mantener la crema y repartir el sabor con el agua, se consigue un perfil más suave, pero con carácter.
En resumen, el Americano es más que una bebida de transición puesto que nació por necesidad, pero se ha convertido en un clásico por cuenta propia. Conserva la fuerza del espresso y la suavidad del café de toda la vida, ofreciendo una experiencia accesible, reconocible y al mismo tiempo sofisticada.
Las plantas que conocemos hoy en día han sido domesticadas a lo largo de los años, siendo modificadas para adaptarlas a las necesidades y gustos de nuestros antepasados. En el caso del tomate, la domesticación se llevó a cabo en culturas agrícolas americanas hace miles de años.
Gran parte del genoma del tomate cultivado actual es muy similar al de los tomates silvestres mesoamericanos (Solanum lycopersicum var cerasiforme), pero en su domesticación también participaron plantas silvestres ecuatorianas y peruanas (S. pimpinellifolium). Debido a esto, el estudio de su domesticación ha sido muy complejo. Sin embargo, el grupo de bioinformática y genómica de plantas del COMAV de la UPV, colaborando con la universidad de Georgia, ha logrado desvelar aspectos del genoma de plantas cultivadas y silvestres del tomate.
En dicho estudio, se explica como las plantas hicieron una larga migración al sur, desde Mesoamérica a las faldas de los Andes y la selva Amazónica en Perú y Ecuador. Aquí se produjo una hibridación del alimento ocurrida entre las recién llegadas del norte y las silvestres presentes en la zona. Esta migración posiblemente fue debida al comercio entre las culturas agrícolas. Posteriormente, algunos tomates del sur de Ecuador y el norte de Perú migraron de vuelta a México, donde se volvieron a cultivar.
De esta forma se explica como la historia americana del tomate de compleja e involucró a culturas agrícolas muy distantes que permitió la hibridación y creación del tomate tal y como lo conocemos hoy en día.