Innovación en el sector de la alimentación

A veces, para ofrecer nuevas posibilidades al mercado, hay que correr riesgos y producir alimentos de manera diferente o introducir productos nuevos, y por ello se apuesta por la innovación en el sector de la alimentación. Los consumidores están cada vez más conscientes de la importancia de la alimentación y están buscando productos más saludables y sostenibles.

Algunas de estas innovaciones son:

Carne de cultivo celular

La Carne cultivada in vitro con células animales se apoya en la aplicación de conocimientos de cultivo celular y técnicas de medicina regenerativa e ingeniería de tejidos.

Un reciente estudio análisis de ciclo de vida y de viabilidad técnico-económico de CE Delft muestra que la carne de cultivo celular podría reducir el impacto climático de la producción de carne en un 92%, reducir la contaminación en un 93%, usar un 95% menos de tierra y un 78% menos de agua. Además, cultivado a gran escala los costes de producción podrían reducirse considerablemente.

Proteínas alternativas

Otra tendencia son las fuentes alternativas de proteínas como insectos, microalgas, hongos, o nuevas especies de plantas. Todas ellas se presentan como más sostenibles que las proteínas de origen animal y una posible solución para hacer frente al actual crecimiento de la demanda.

La popularidad de las alternativas a la carne de origen vegetal y sin animales se ha disparado absolutamente en los últimos años, debido en gran parte a las preocupaciones sobre el cambio climático, las preocupaciones éticas y la huella de carbono de la producción industrial de carne.

Estas proteínas no solo son ricas en nutrientes, sino que también minimizan el uso de recursos de la granja a la mesa, a diferencia de las proteínas del ganado, y reducen los costos generales.

Agricultura Vertical

Para lograr un uso eficiente de los recursos, como agua, fertilizantes y el espacio, llega a las granjas la agricultura vertical, con estructuras como grandes edificios o a través de contenedores de cultivo modulares, adoptando técnicas de cultivo de ambiente controlado bajo invernadero y reduciendo la huella ambiental.

Esta tecnología de cultivo de plantas es altamente eficiente en el uso de recursos como el agua o fertilizantes y de muy baja ocupación de suelo apilando sucesivas capas en altura en superficies inclinadas verticalmente y/o integradas dentro de estructuras como grandes edificios o a través de contenedores de cultivo modulares.

https://idavinci.es/5-innovaciones-que-son-tendencia-en-el-sector-de-la-alimentacion

Cuánta sal es demasiada y por qué consumir muy poca también puede ser perjudicial para la salud

Estamos obsesionados con la sal: a pesar de las advertencias, casi toda la población mundial consume casi el doble de lo que debería, lo que perjudica nuestra salud.

Por otra parte, el sodio que es el elemento clave presente en la sal, es esencial para que nuestro cuerpo mantenga el equilibrio hídrico general y transporte oxígeno y nutrientes.

Permite, además, que nuestros nervios tengan latidos eléctricos.

Pero la mayoría de las poblaciones han consumido históricamente más sal de la recomendada y los funcionarios de Salud de todo el mundo han tenido mucho trabajo a la hora de convencernos de reducir su consumo.

¿Cuánto es mucho?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de sodio a menos de 2 g al día, lo que equivale a unos 5 g de cloruro de sodio.

Investigadores en un artículo de 2022 concluyeron que un consumo moderado de sodio (entre 3 y 6 g al día) es mejor para reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, en comparación con dietas bajas o altas en sodio.

Pero solo una cuarta parte de nuestra ingesta diaria proviene de la sal que le ponemos a los alimentos; el resto se encuentra oculto en los alimentos que compramos, como el pan, las salsas, las sopas y algunos cereales.

Los riesgos para la salud de consumir demasiada sal

Las investigaciones han demostrado que el exceso de sal causa hipertensión arterial, lo que puede provocar accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas.

Los expertos coinciden ampliamente en que la evidencia en contra del consumo de sal es contundente.

Nuestro cuerpo retiene agua al consumir sal, lo que aumenta la presión arterial hasta que los riñones la eliminan.

El exceso de sal durante un período prolongado puede sobrecargar las arterias y provocar hipertensión arterial prolongada, que causa el 62% de todos los accidentes cerebrovasculares y el 49% de los eventos de enfermedad coronaria, según la OMS.

Se estima que el consumo excesivo de sodio es responsable de 1,89 millones de muertes en todo el mundo cada año.

Los beneficios para la salud de reducir el consumo de sal

Como era de esperar, reducir el consumo de sal puede tener el efecto contrario.

En un análisis de datos de ocho años de la Encuesta de Salud de Inglaterra, los investigadores descubrieron que una disminución de 1,4 g al día en el consumo de sal probablemente contribuyó a una disminución de la presión arterial, lo que a su vez contribuyó a una disminución del 42% en los accidentes cerebrovasculares mortales y del 40% en las muertes relacionadas con enfermedades cardíacas.

Un ensayo clínico más reciente, publicado en 2023, descubrió que seguir una dieta baja en sodio durante una semana tuvo un efecto reductor de la presión arterial comparable al de un fármaco que se administra habitualmente a pacientes con hipertensión.

Cómo el consumo de sal afecta a todos de manera diferente

Nuestra sensibilidad a la sal varía, dependiendo de factores tan diversos como la etnia, la edad, el índice de masa corporal, la salud y los antecedentes familiares de hipertensión.

Algunos científicos argumentan que una dieta baja en sal es un factor de riesgo para desarrollar hipertensión tanto como el consumo elevado de sal.

Los investigadores argumentaron que consumir menos de 5,6 g o más de 12,5 g al día se asocia con consecuencias negativas para la salud.

Otro estudio, publicado en 2020, halló que las restricciones estrictas en el consumo de sal se asociaban con un peor estado de salud en pacientes con insuficiencia cardíaca, especialmente entre personas más jóvenes y de raza no blanca.

Por lo que aumentar la ingesta de sal de baja a moderada también podría ser beneficioso, la clave está en conseguir un equilibrio.

Bibliografía

https://www.bbc.com/mundo/articles/cwy3y7mwwyxo

La literatura gastronómica y sus orígenes. ¿Desde cuándo escribimos sobre cocina?

El hombre del siglo XXI vive en una gran paradoja: ya no cocina, pero habla de cocina. Y no solo hablamos de lo que tenemos, sino también de lo que deseamos

Está inmerso en un mundo donde la comunicación gastronómica le rodea, le provoca y le estimula. El hombre de las cavernas también dormía entre pinturas de bisontes y soñaba con un chuletón muy hecho. Esa es la función de la literatura gastronómica: mover al individuo hacia el ámbito del placer mientras le recuerda su condición de ser social, finito y hambriento.

Así empezaron los sumerios y otros pueblos de la antigua civilización mesopotámica, apuntando en unas tablillas de arcilla y en escritura cuneiforme la cantidad de alimentos. Al poeta griego Arquestrato (siglo IV a.C.) le gustó tanto la idea que escribió un larguísimo poema lleno de guasa y hexámetros sobre qué comer y dónde y lo llamó Hedypàtheia, traducido como Gastronomía. No fue un éxito de ventas, pero tanto las tablillas sumerias como el poema griego nos ayudan a comprender el pasado con una perspectiva más humana y apetecible que la descripción de la sangrienta batalla de las Termópilas.

En la Roma clásica ya habían aprendido de sus antecesores lo suficiente como para saber que en la vida hay que tener un Imperio donde abastecerse, un agrónomo hispano y un gastrónomo que lo escriba todo.

En la Edad Media y en el Renacimiento escribían de comida los que la tenían.

En el siglo XVII español se escribe de comida, pero de formas opuestas. La novela picaresca es la mejor descripción del hambre. La cocina opulenta de palacio la contó muy bien Carmen Simón Palmer en el libro La Cocina de Palacio, pero la de las calles, Francisco de Quevedo en El Buscón (1603) y, ya en el siglo XX, Lorenzo Silva en La Cocina del Barroco.

Para conocer lo que se comía en la España del XVIII y principios del XIX, además de recurrir al recetario del fraile aragonés Juan de Altamiras (¡por fin, después de dos siglos, se le echa tomate a los platos!), es muy interesante la literatura de viajes, aunque la cocina española no salga muy bien parada, como ocurre con el puchero de garbanzos (“guisantes del tamaño de una bala”) en el periplo de Dumas De París a Cádiz.

Y es que el inicio del XIX fue esplendorosamente gastronómico. Y francés.

En el XIX, el de las dos Españas culinarias, la de los conservadores y liberales gobernando por turnos, se escribió mucho y bien sobre la cocina y sus aledaños: nación, historia, cultura, tradición, identidad y territorio. Fueron precursores de temas que siguen vigentes. Pero no sirvió de nada, porque poco después la gente tuvo que cocinar con inmundicias. Volvió el fantasma del hambre. 

Y luego, llegaron ellos, los escritores de la Transición, los cocineros de la Nueva Cocina Vasca, los críticos, los gastrónomos de oficio y beneficio, los Mc Donald’s, el chef mediático, el gurú de lo gastro y hasta un premio de literatura gastronómica apellidado como el recetario medieval: el Premio Sent Soví.

A día de hoy —dicen algunos lastimosamente— “ya no se escribe igual”. Porque no se vive igual. Pero se comunica, se predica, se difunde, se redescubre el pasado, se intuye el futuro…. Porque la vida sigue y habrá que comérsela para contarla.

Bibliografía

https://elpais.com/gastronomia/2024-04-23/la-literatura-gastronomica-y-sus-origenes-desde-cuando-escribimos-sobre-cocina.html

LA COMPOSICIÓN DE LOS ALIMENTOS INFANTILES

Un estudio reciente, fruto de la colaboración entre la Universitat Rovira i Virgili (URV) y otras entidades sanitarias, ha puesto en evidencia una significativa discrepancia entre la oferta de alimentos comerciales para la primera infancia en España y los criterios nutricionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La investigación, publicada en la revista European Journal of Pediatrics, se basó en el análisis de 850 productos de 42 marcas, resultando en la creación de la base de datos InfantBase.

Los hallazgos indican que únicamente el 20% de los alimentos evaluados cumple con los perfiles nutricionales recomendados por la OMS. El problema principal radica en el contenido de azúcar: el estudio determinó que el 60% de los productos contiene niveles excesivos de este componente. Esta situación es especialmente evidente en los purés de fruta, donde el 99% de las referencias analizadas requeriría un sello de advertencia por su alta concentración de azúcar, incluyendo azúcares o edulcorantes añadidos en el 30% de los casos.

La preocupación profesional se extiende al ámbito de la promoción comercial. La investigación señala que el 98% de los productos presenta alegaciones o mensajes publicitarios que no están autorizados por los estándares de la OMS. Este uso de publicidad no autorizado puede influir en las decisiones de compra de los padres.

La creación de la base de datos InfantBase busca proveer a los profesionales sanitarios de una herramienta objetiva para evaluar la calidad nutricional en un mercado en rápida expansión. En conclusión, el estudio subraya la necesidad de implementar un mayor control regulatorio sobre la composición y la promoción de los alimentos infantiles en el mercado español, con el objetivo de asegurar una alimentación basada en evidencia científica que favorezca el desarrollo saludable desde los primeros años de vida.

Más información: https://www.estadiodeportivo.com/estar-al-dia/los-alimentos-infantiles-cumple-oms-20251118-520742.html

El impacto de los alimentos ultraprocesados

Una reciente revisión de estudios, publicada en la revista The Lancet, ha puesto de manifiesto la escala del impacto que los alimentos ultraprocesados (UPFs) ejercen sobre la salud pública global. El consenso científico subraya que el consumo masivo de estos productos no solo deteriora la calidad de la dieta, sino que desplaza activamente a los alimentos frescos y mínimamente procesados, incrementando el riesgo de múltiples enfermedades crónicas. Este trabajo se suma a la evidencia previa, como la revisión de The BMJ de 2024, que asoció la ingesta elevada de UPFs con hasta 32 resultados adversos, incluyendo un 50% más de riesgo de muerte relacionada con enfermedades cardiovasculares, un aumento del riesgo de ansiedad y, en general, un 21% más de riesgo de muerte por cualquier causa.

El desafío es de naturaleza global, tal como revelan los datos de consumo revisados, que muestran que la proporción de UPFs en la dieta puede variar drásticamente (del 9% en Irán a más del 60% en EE. UU.), pero con una tendencia al alza en todos los niveles de ingresos, destacándose un aumento del 60% en ventas per cápita en Uganda entre 2007 y 2022. Ante esta escalada, los investigadores enfatizan que la industria alimentaria es la principal responsable de este consumo masivo y señalan la necesidad crítica de una respuesta global y coordinada para contrarrestar las estrategias de comercialización de estas empresas.

Expertos españoles, como Esther López-García, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UAM, refuerzan el llamado a la acción, indicando que estos estudios respaldan firmemente la implementación de políticas de salud pública destinadas a reducir la exposición y el consumo de ultraprocesados, como las ya aplicadas en España para su eliminación en comedores escolares. Para el consumidor, la identificación de estos productos sigue siendo esencial: los UPFs son formulaciones industriales con alto contenido de azúcares, grasas refinadas, sal y aditivos, y baja densidad nutricional. La recomendación práctica clave es revisar la lista de ingredientes, ya que un producto es generalmente más saludable cuanto menos ingredientes incluya y de mayor calidad sean.

En definitiva, esta revisión consolida el argumento de que la mejora de la calidad de la dieta es fundamental para reducir la alta prevalencia de problemas de salud en la sociedad, haciendo de la regulación de los alimentos ultraprocesados una prioridad urgente a nivel mundial.

Más información: https://www.lasexta.com/bienestar/alimentos-ultraprocesados-punto-mira-nuevos-estudios-alertan-impacto-devastador-salud-mundial_20251119691d75aaeba8bc0ece082342.html

La invasión de los ultraprocesados

Los alimentos ultraprocesados han pasado de ser una opción puntual a ocupar un espacio central en nuestra alimentación diaria. Según una serie de revisiones publicadas en The Lancet, su consumo masivo ya es una amenaza real para la salud pública. La OMS y UNICEF alertan de que estas preparaciones industriales —baratas, adictivas y ampliamente publicitadas— están desplazando las dietas tradicionales en todo el mundo.

Un control global de unas pocas multinacionales

El informe señala a unas pocas empresas que dominan el mercado y comparan sus tácticas con las de la industria tabacalera: presión política, manipulación de la opinión pública y campañas de marketing multimillonarias. Mientras tanto, el consumo de ultraprocesados crece sin freno, especialmente en países en desarrollo, y en España se ha triplicado en solo dos décadas.

Riesgos para la salud

La evidencia científica revisada asocia estos productos con obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, depresión y mayor mortalidad. A pesar de los debates sobre la clasificación NOVA, los expertos coinciden en que es urgente actuar: mejorar el etiquetado, gravar los productos insanos, limitar su publicidad y aplicar políticas globales que prioricen la salud sobre el beneficio corporativo.

Impacto ambiental

Los ultraprocesados no solo dañan nuestro organismo; también perjudican al planeta. Su producción intensiva, transporte y envases plásticos multiplican su impacto ambiental. Frenar su expansión requiere algo más que decisiones individuales: hace falta transformar el sistema alimentario y recuperar una relación más saludable y sostenible con la comida.

BIBLIOGRAFÍA:

https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-11-19/la-invasion-de-los-ultraprocesados-un-centenar-de-estudios-denuncia-como-la-industria-alimentaria-amenaza-la-salud-publica.html

Carne cultivada: ¿el futuro de la comida sin sacrificios?

La carne que crece en laboratorios promete revolucionar lo que comemos y cómo impactamos el planeta.

Hace unos años, la idea de comer carne sin haber matado a un animal sonaba a ciencia ficción, pero hoy es una realidad en desarrollo: la carne cultivada o “clean meat” está en pleno auge. Básicamente, se trata de tomar células animales y hacer que se reproduzcan en un entorno controlado, generando músculo, grasa y tejido comestible igual al de un filete tradicional, pero sin sacrificios

He probado algunas muestras en eventos de innovación alimentaria y la experiencia es curiosa: el sabor se parece mucho al de la carne convencional, aunque la textura todavía puede variar según el laboratorio que la produzca. Lo que más me sorprendió es pensar que cada bocado podría significar un impacto ambiental mucho menor, evitando emisiones de metano, deforestación y consumo extremo de agua asociado a la ganadería tradicional.

Además del tema ecológico, hay un debate interesante sobre salud y seguridad alimentaria. La carne cultivada podría permitir controlar mejor la grasa, eliminar antibióticos y hormonas, e incluso enriquecerla con nutrientes específicos. Sin embargo, todavía enfrenta desafíos: el coste sigue siendo elevado, la producción a gran escala no está del todo desarrollada y muchas personas tienen prejuicios sobre “comer carne de laboratorio”.

Lo fascinante de todo esto es cómo la ciencia y la tecnología están transformando algo tan cotidiano como un filete. Personalmente, me deja pensando que en pocos años podríamos elegir un bistec que sabe igual, pero que no cuesta vidas ni destruye ecosistemas. La pregunta ahora es: ¿estamos listos para que lo cotidiano cambie tanto?

Dalgona Coffee y su regreso viral: café, azúcar y nostalgia en un vaso

Lo creías olvidado, pero el dalgona coffee volvió a TikTok y nos recuerda que la creatividad en casa puede ser deliciosa.

Nunca imaginé que un café batido con un par de ingredientes pudiera arrasar tanto en redes sociales, pero aquí estamos. El dalgona coffee, esa bebida espumosa que mezcla café instantáneo, azúcar y agua caliente sobre leche fría, se ha convertido en un fenómeno viral que inunda TikTok con tutoriales, trucos y variaciones infinitas.

Lo divertido de esta tendencia es que es un experimento casero más que un café gourmet. He probado hacerlo varias veces y, aunque al principio parece complicado, el truco está en batir bien hasta conseguir la espuma perfecta. Luego, ver cómo esa capa dorada flota sobre la leche me da una sensación curiosamente satisfactoria, como si el café se convirtiera en un pequeño postre líquido.

Lo que más me gusta es cómo la comunidad de TikTok ha reinventado la receta: versiones veganas con leche de avena, alternativas con cacao, matcha o incluso sabor a caramelo. Cada video trae un toque diferente, y siempre hay alguien mostrando un truco nuevo para lograr la espuma perfecta o decorar con cacao, canela o incluso pétalos comestibles.

Más allá del café, esta tendencia me recuerda cómo plataformas como TikTok han cambiado nuestra forma de interactuar con la cocina. Ya no solo seguimos recetas: exploramos, probamos y compartimos el proceso. Y, sin darnos cuenta, una bebida que parecía simple se transforma en un momento de creatividad, conexión y diversión en casa.

Al final, el dalgona coffee es mucho más que café: es un pequeño ritual diario que combina nostalgia, paciencia y satisfacción instantánea. Y sí, aunque no sea un café de cafetería de especialidad, hay algo en prepararlo uno mismo que lo hace mucho más especial.

La infobesidad, una epidemia silenciosa

Picoteamos información en las redes al igual que antes comíamos a deshoras y, lo que es peor, nos conformamos con contenidos ultraprocesados

Jessie Inchauspé, una bioquímica francesa que se quedó parapléjica tras decidir tirarse de una cascada en Háwai se marcó un propósito vital: cuidar de la salud propia y ajena. Lideró una investigación sobre los efectos de la glucosa en el organismo con una ingente cantidad de datos obtenidos a partir de mediciones de azúcar en sangre tras la ingesta de distintos alimentos, combinados de formas diferentes o consumidos en momentos distintos del día y en estados emocionales dispares. Este trabajo sirvió de base para su libro La revolución de la glucosa (Diana Editorial, 2022), en el que desgrana su metodología y propone una serie de pequeños cambios cotidianos para mantener estables los niveles de glucosa.

Las redes sociales han amplificado la difusión de las dietas antiinflamatorias. Sin embargo, mientras llenamos la despensa de nueces, brócoli y omega 3, otro trastorno inflamatorio se ha colado en nuestras vidas y no lo hemos visto venir. Ha llegado de la mano del exceso de información. La denominada “infobesidad” define una nueva enfermedad social caracterizada por la saturación de los espacios donde nos informamos y el exceso de canales.

Hemos entrado en la era de la inflamación informativa. Las redes sociales se revelan como el azúcar digital que provoca picos de dopamina a cada notificación. Picoteamos información al igual que antes comíamos a deshoras y, lo que es peor, nos conformamos con contenidos ultraprocesados que nos distraen un segundo, pero no alimentan. Somos la mercancía de una industria que busca nuestra atención a cualquier precio y vivimos saturados de estímulos. Y una sociedad saturada no contrasta, no filtra ni profundiza. La inflamación afecta negativamente a capacidades como la atención, la concentración, el análisis pausado y nos instala en una inmediatez emocional que beneficia a quien opera desde la polarización o la manipulación.

Seguiremos viviendo apabullados por un tsunami informacional si no hacemos algo por evitarlo. De la misma forma que hemos aprendido a comer sin inflamarnos podemos aprender a marcar los límites de nuestro régimen de información. En este punto necesitamos pensar, que es como masticar despacio. Reducir los canales y las notificaciones de nuestro móvil, definir el tiempo que queremos dedicar a informarnos o entretenernos, buscar proteína informativa que nos alimente de verdad, como un buen libro, un reportaje trabajado, un documental, pero también seleccionar con mayor espíritu crítico lo que las redes sociales son capaces de ofrecernos. Es el momento de delimitar el perímetro de nuestra vida fuera de las pantallas para proteger nuestras capacidades intelectuales que son la puerta abierta a nuestra libertad.

Bibliografía

https://elpais.com/opinion/2025-11-03/la-infobesidad-una-epidemia-silenciosa.html

Más ultraprocesados, más riesgo: confirman la relación con el cáncer colorrectal de inicio temprano

El consumo de alimentos ultraprocesados (alimentos listos para consumir que suelen contener altos niveles de azúcar, sal, grasas saturadas y aditivos alimentarios) ha aumentado paralelamente al incremento de los casos de cáncer colorrectal de inicio temprano (CCRIT).

En un estudio realizado con casi 30.000 enfermeras menores de 50 años, un grupo de investigadores de Estados Unidos, descubrió que un alto consumo de alimentos ultraprocesados se asociaba con un mayor riesgo de pólipos de colon que pueden ser precursores de cáncer colorrectal. En concreto, estas mujeres tenían un 45% más de riesgo de desarrollar este problema.

En promedio, los participantes consumieron 5,7 porciones de alimentos ultraprocesados por día, lo que representó el 35% de sus calorías diarias totales.

A partir de la endoscopia, los investigadores identificaron a 2787 participantes que desarrollaron pólipos precursores del cáncer colorrectal. Las mujeres que consumian la mayor cantidad de alimentos ultraprocesados (promedio de 10 porciones diarias) presentaban un riesgo de 45% mayor de desarrollar cáncer colorrectal, en comparación con aquellas que consumían la menor cantidad (promedio de 3 porciones diarias).

En el estudio se tenía en cuenta también información detallada sobre otros factores de riesgo de cáncer colorrectal en los participantes, como el índice de masa corporal, la diabetes tipo 2 y la baja ingesta de fibra. Aún así se mantuvo la asociación del desarrollo de esta enfermedad con los alimentos ultraprocesados.

Pero se debe destacar que los alimentos ultraprocesados no explican completamente el aumento del cáncer colorrectal de inicio temprano, y los investigadores trabajan para identificar otros factores de riesgo. También buscan la manera de clasificar mejor los alimentos ultraprocesados, ya que algunos de ellos podrían ser más dañinos que otros.


Bibliografía

https://www.infosalus.com/nutricion/noticia-mas-ultraprocesados-mas-riesgo-confirman-relacion-cancer-colorrectal-inicio-temprano-20251114074950.html