Para las civilizaciones mesoamericanas, el cacao fue más que un alimento ordinario porque lo veían como un don divino y una base de la sociedad desde los olmecas. Los mayas y los aztecas consideraron al cacahuaquahuitl (árbol del cacao) como sagrado, asociando su origen con divinidades como Quetzalcóatl. Las semillas se convirtieron en un producto lujoso, reservado principalmente para las élites guerreras y gobernantes debido a la complejidad de su procesamiento (que incluía abrir vainas manualmente y recogerlas por vareo) y a su reducido espacio de cultivo. Estas élites las ingerían como una bebida espumosa, amarga y especiada que frecuentemente se conocía como xocolatl.
El cacao, además de ser consumido, fue parte de la vida ceremonial, lo que demuestra su importancia cultural. No solo eran un alimento divino, sino que también eran una moneda de cambio y un tributo hacia los líderes aztecas, lo cual evidenciaba su valor en términos económicos. En el contexto ritual, se empleaba el cacao en instantes decisivos: era parte de los ajuares funerarios para nutrir al fallecido en el inframundo y se repartía durante las ceremonias matrimoniales como una alianza de sangre y linaje. En ocasiones, se combinaba la bebida con achiote (un tinte rojo) para imitar la sangre, lo que aumentaba su sentido ceremonial.
El cacao comenzó su camino de bebida ritual a producto mundial con la llegada de los españoles. A pesar de que los conquistadores probaron al principio la versión con especias y amarga, la receta experimentó un cambio esencial. El xocolatl se volvió un producto de lujo, reservado para los conventos y las cortes europeas, al agregarle canela, miel y azúcar de caña. Esta invención, que alcanzó gran popularidad en la Península Ibérica, fue fundamental para su difusión por el Viejo Mundo, convirtiendo un alimento prehispánico sagrado en la base de la industria del chocolate moderna.
Un total de 32 cooperativas se han unido para impulsar la marca ‘Producto Cooperativo’ en el mercado nacional, con el objetivo de diferenciar los productos elaborados bajo el modelo cooperativo y garantizar su origen y la contribución de estas entidades a la economía local y al desarrollo sostenible, según ha informado Cooperativas Agro-alimentarias de España.
«Se trata de una marca que enaltece el sabor auténtico y natural de los productos cooperativos, permitiendo a las personas consumidoras identificarlos y adquirirlos, atraídas por su origen, calidad y compromiso con el territorio», ha destacado el presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Ángel Villafranca.
En concreto, algunos de los productos adheridos a esta marca colectiva en proceso de expansión son los vinos, aceite de oliva, frutas y hortalizas frescas, conservas vegetales, frutos secos, leche, quesos, miel, azúcar, pimentón, carne y embutidos.
De hecho, los promotores del proyecto han subrayado que son productos «directos del campo español, de máxima frescura, calidad y sostenibilidad».
Por otra parte, la entidad ha mostrado un estudio de Kantar, realizado a partir de encuestas, que indica que el 40% de los hogares «saben» lo que son las marcas de cooperativas y el 60% de quienes conocen marcas de cooperativas las compran.
El Americano, también llamado Caffè Americano (italiano), es una bebida de café aparentemente sencilla, pero con una historia interesante y un sabor equilibrado pero controversial, resultado de una combinación: un espresso al que se le añade agua caliente para completar la taza.
Según la leyenda, su origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados estadounidenses destinados en Italia pedían café (“caffè”) y recibían espresso, demasiado intenso para su gusto. Para suavizar esa intensidad y asemejarlo al café filtrado al que estaban acostumbrados, empezaron a diluir los espressos con agua caliente, y así nació la versión “americana” del café.
Con el paso del tiempo, la preparación del Americano ha evolucionado: ya no se limita a verter agua sobre el espresso, sino que muchas cafeterías invierten el orden (primero el agua, después el espresso) Esta variación aparentemente mínima tiene un gran impacto en el sabor: permite conservar la “crema” del espresso, esa capa color caramelo característica, que de otro modo se disolvería si el espresso se añade primero. Gracias a este método, los sabores del grano (intensos y complejos) se depositan en la parte superior y luego se mezclan gradualmente con el agua, haciendo que la bebida resulte más equilibrada e integrada.
Desde un punto de vista cultural, el Americano simboliza un puente entre dos tradiciones cafeteras: la intensidad concentrada del espresso europeo y el volumen más diluido del café filtrado estadounidense. Es un testimonio de cómo las costumbres y los gustos pueden adaptarse según el contexto. En este caso, la experiencia de soldados que estaban lejos de casa ybuscaban algo más familiar.
Además, esa sencillez no resta complejidad ya que el Americano permite apreciar la riqueza aromática del espresso sin sacrificar una bebida de mayor duración. Al mantener la crema y repartir el sabor con el agua, se consigue un perfil más suave, pero con carácter.
En resumen, el Americano es más que una bebida de transición puesto que nació por necesidad, pero se ha convertido en un clásico por cuenta propia. Conserva la fuerza del espresso y la suavidad del café de toda la vida, ofreciendo una experiencia accesible, reconocible y al mismo tiempo sofisticada.
Las plantas que conocemos hoy en día han sido domesticadas a lo largo de los años, siendo modificadas para adaptarlas a las necesidades y gustos de nuestros antepasados. En el caso del tomate, la domesticación se llevó a cabo en culturas agrícolas americanas hace miles de años.
Gran parte del genoma del tomate cultivado actual es muy similar al de los tomates silvestres mesoamericanos (Solanum lycopersicum var cerasiforme), pero en su domesticación también participaron plantas silvestres ecuatorianas y peruanas (S. pimpinellifolium). Debido a esto, el estudio de su domesticación ha sido muy complejo. Sin embargo, el grupo de bioinformática y genómica de plantas del COMAV de la UPV, colaborando con la universidad de Georgia, ha logrado desvelar aspectos del genoma de plantas cultivadas y silvestres del tomate.
En dicho estudio, se explica como las plantas hicieron una larga migración al sur, desde Mesoamérica a las faldas de los Andes y la selva Amazónica en Perú y Ecuador. Aquí se produjo una hibridación del alimento ocurrida entre las recién llegadas del norte y las silvestres presentes en la zona. Esta migración posiblemente fue debida al comercio entre las culturas agrícolas. Posteriormente, algunos tomates del sur de Ecuador y el norte de Perú migraron de vuelta a México, donde se volvieron a cultivar.
De esta forma se explica como la historia americana del tomate de compleja e involucró a culturas agrícolas muy distantes que permitió la hibridación y creación del tomate tal y como lo conocemos hoy en día.
Para una ciudad acogedora, de clima seco y caluroso, la noticia de la construcción de una fábrica de cerveza en Murcia, refrescó la imaginación de todos los amantes de la cerveza. Pero faltaba encontrar un ingrediente esencial, el agua. Los técnicos de nuestra cervecera sentían que estaba apenas unos metros tierra abajo pero solo había que encontrarla. Una mañana, el agua comenzó a brotar como un improvisado géiser. En ese preciso momento, mientras los operarios saltaban de alegría entre los charcos, nació Estrella de Levante: “El Agua de Espinardo”.
Inauguración de la fábrica (Mayo de 1963)
La elaboración de una cerveza muy especial
En la primavera de 1963, el maestro cervecero Karl Martin Weber recibió el encargo de crear la receta de Estrella de Levante. El 24 de mayo de ese mismo año, la fábrica se inaugura comenzando a elaborar la que se convertiría en la cerveza por excelencia de los murcianos. Es así como comienza la andadura de Estrella de Levante, que llegó a producir 8 millones de litros de cerveza en su primer año.
Primera campaña de publicidad (Septiembre de 1963)
Miles de Estrellas Caerán del Cielo
El 29 de septiembre de 1963, marcó el inicio de una relación muy especial con los murcianos. Fue la fecha de la primera campaña de publicidad de Estrella de Levante, en la que miles de estrellas de papel volaron sobre la ciudad, y cuyo dorso atesoraba un preciado y novedoso premio: «Una cerveza Estrella de Levante gratis para los afortunados».
Inauguración de la maltería (1973)
En 1973, Estrella de Levante construyó su maltería en las instalaciones de la fábrica de Espinardo, lo que supuso un antes y un después en nuestra cervecera, que conseguía así llevar a cabo el 100% del proceso de elaboración de la cerveza. La maltería, que se convirtió en un referente en innovación, ocupó una superficie de 3.000 metros cuadrados y marcó el inicio del proceso de modernización industrial de Estrella de Levante.
Puedes aprender mucho más sobre la historia de Estrella de levante en el siguiente enlace(Bibliografía):
La alimentación de los seres humanos ha ido cambiando a lo largo del tiempo.
En un inicio, nuestros antecesores eran cazadores-recolectores, comiendo frutas y frutos junto a carne de caza. Hace 800.000 años se domesticó el fuego. Hay que tener en cuenta que la cocción facilitó la masticación y la extracción de nutrientes de alimentos vegetales y animales, además de eliminar toxinas, alargar la vida útil de un alimento y mejorar su sabor.
Entre los años 8.000 a 1.000 a.C. se inició el desarrollo de la agricultura y la ganadería, con el predominio en la dieta de cereales integrales complementados escasamente con legumbres, verduras, lácteos, carne, pescado y frutas estacionales.
Los cereales destacan por su alto contenido calórico y se convirtieron en el principal producto de consumo en las distintas civilizaciones (maíz en América, trigo en Europa y arroz en Asia).
También empezó la transformación de alimentos, siendo los productos lácteos o la cerveza algunos de los ejemplos más tempranos.
Aunque la dieta neolítica estaba basada en alimentos de origen vegetal, las proporciones no siempre serían las adecuadas ni existiría la diversidad necesaria. Ello propició la aparición, en algunos casos, de deficiencias nutricionales como escorbuto (déficit de vitamina C), anemia (deficiencia de hierro), bocio (deficiencia de yodo), etc. Por ser poblaciones agrícolas, a veces, padecieron carestías y hambrunas por fenómenos climáticos adversos o conflictos bélicos.
Con el desarrollo de las civilizaciones, el ser humano formulará diferentes tipos de dieta, casi siempre con los cereales integrales como base, aunque seguirá siendo difícil tener una alimentación diversificada por las limitaciones del sistema productivo y el reparto desigual de recursos alimentarios en los estratos sociales.
A partir de la Revolución industrial, en el siglo XIX, se va a producir una oferta más abundante de alimentos y los productos de origen animal serán más consumidos. Poco a poco disminuirán la inseguridad alimentaria y los problemas endémicos de malnutrición. Progresivamente irán apareciendo productos procesados con la finalidad fundamentalmente de garantizar la seguridad de los mismos (pasteurización, esterilización,..).
Ya a lo largo del siglo XX se fue configurando la nutrición como una ciencia y se iniciaron los estudios epidemiológicos que relacionan tanto la virtud de ciertas dietas para promover la salud, como es el ejemplo de la dieta de los países mediterráneos o los efectos perjudiciales de una alimentación insana.
En poco más de un siglo se ha producido un cambio en los trastornos vinculados a la alimentación: desde los derivados de la escasez y las dietas monótonas a los causados por el exceso y por la amplia oferta de alimentos insanos.
Uno de los cambios más significativos en la alimentación humana es la introducción en el mercado del consumo de productos procesados y ultraprocesados. El consumo de los productos ultraprocesados ha aumentado en España en el siglo XX y XXI siendo el 11% en 1990, el 24,6% en 2000 y el 31,7% en 2010 del total de la cesta de la compra.
Una de las preocupaciones más destacadas en la actualidad en relación con la alimentación es el sobrepeso y la obesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo. La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas.
Historia del pan
Por ser la forma más importante en la que en nuestra civilización europea-mediterránea se ha consumido el cereal a lo largo de la historia, presentamos una breve historia del pan.
Desde el inicio de la agricultura se empezó a preparar pan. Un antepasado del hombre conoce ya las semillas y cereales, y sabe que una vez triturados y mezclados con agua, dan lugar a una papilla. Este hombre olvida la papilla en una especie de olla y al volver encuentra una torta granulada, seca y aplastada: el primer pan acaba de tomar forma.
Los egipcios, los griegos y los celtíberos preparaban pan y era un alimento muy consumido. En la época romana el pan de harina blanca era más valorado que el pan moreno (integral), que lo comían pobres y esclavos. En la Edad Media, las ciudades comienzan a tener importancia y surgen los primeros gremios de artesanos, entre ellos el de panaderos. El pan blanco sigue siendo signo de prestigio social, sólo accesible para clases ricas.
A finales del siglo XVIII aumenta la producción del trigo, se mejora la técnica del molino y se consigue una harina mejor. El precio del pan baja al aumentar la oferta y el pan blanco llega a toda la población.
Ya en el siglo XX se empieza a estudiar y difundir que es más saludable consumir los cereales con todas sus capas (salvado, germen y endospermo), como granos integrales. Y se realizan investigaciones que asocian el consumo de pan integral con beneficios para la salud y relacionan el pan blanco con enfermedades como la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2.
La razón por la que el ‘chocolate blanco’ no es realmente chocolate está en lo que llamamos cacao. Y es que, cuando hablamos de ‘chocolate’, realmente nos referimos a un producto que contiene sólidos de cacao, que es la parte oscura y aromática del grano donde viven el sabor, los polifenoles y la teobromina. Sin embargo, lo que llamamos chocolate blanco se elabora con manteca de cacao (que es la grasa del grano) que ha sido mezclada con azúcar y lácteos, sin rastro de los sólidos de cacao, por eso, cuando lo comemos, nos sabe más a leche y vainilla que a cacao.
Pero no debemos verlo como un producto ‘trampa’, sino una expresión más dentro de la familia chocolatera. La manteca de cacao le da textura sedosa y un punto de fusión agradable, pero al no llevar sólidos carece de notas tostadas y amargas, ni aporta los antioxidantes típicos del chocolate negro. De ahí que la mayoría de reposteros se refieran al chocolate blanco como una grasa de sabor lácteo que se aromatiza y se tiñe y no como un ‘chocolate’ al uso.
Legalmente el nombre está permitido si cumple ciertas condiciones. En la Unión Europea puede llamarse chocolate blanco con al menos 20 % de manteca de cacao, al menos 14 % de sólidos lácteos y un mínimo de 3,5 % de grasa láctea; en Estados Unidos se exigen esos mínimos y, además, un máximo del 55 % de azúcares y que el producto esté libre de colorantes.
Por eso, el debate sobre el ‘chocolate blanco’ es más cultural que jurídico, debido a que contiene cacao en forma de grasa, pero no los sólidos del ‘cacao’.
Aunque el higo es considerado una fruta por su sabor dulce y su apariencia atractiva, en realidad, lo que se consume no es un fruto en el sentido tradicional. El higo es una flor invertida, una estructura botánica que fascinó a numerosas culturas a lo largo de la historia. Su singularidad no solo radica en su sabor, sino también en su proceso de crecimiento y polinización, donde intervienen factores naturales poco conocidos.
El higo pertenece al género Ficus y su nombre científico es Ficus carica. A diferencia de las frutas que se desarrollan a partir de una sola flor, el higo proviene de una inflorescencia, es decir, un conjunto de muchas flores pequeñas agrupadas dentro de una estructura carnosa llamada siconio. Esta peculiaridad lo convierte en una flor invertida porque, a diferencia de las flores convencionales que se abren hacia el exterior, las flores del higo se desarrollan hacia adentro, en el interior del siconio.
El curioso origen del higo
Pero la singularidad de los higos no se detiene ahí. Su proceso de polinización es tan especial como su estructura. Para que las flores internas se fecunden, el higo depende de unas diminutas avispas conocidas como avispas de los higos, de la familia Agaonidae. La hembra de estas avispas ingresa en el siconio a través de un pequeño orificio y, al hacerlo, transporta polen de otros higos, lo que permite la polinización de las flores internas.En este proceso, las avispas también depositan sus huevos dentro del siconio, garantizando la continuación de su ciclo de vida. Una vez polinizadas, las flores se transforman en pequeños frutos llamados aquenios, que son las pequeñas semillas crujientes que se encuentran en el interior de cada higo maduro.
Esta relación simbiótica entre el higo y la avispa es esencial para la existencia del higo tal como lo conocemos. Sin la polinización realizada por estas avispas, el higo no podría desarrollarse por completo y no adquiriría su característico sabor ni textura. Es por eso que la avispa del higo es una pieza fundamental para la producción de esta flor invertida que muchos consideran una fruta.
Los beneficios del higo
A lo largo de los siglos, el higo fue valorado no solo por su sabor dulce y su versatilidad en la cocina, sino también por sus beneficios nutricionales. Es una excelente fuente de fibra dietética, vitaminas y minerales como el calcio, el potasio y el hierro. Además, en la antigua Grecia, el higo era símbolo de fertilidad y abundancia, mientras que en varias culturas orientales representaba la unidad y la prosperidad.
En Argentina, las principales zonas productoras de higos se encuentran en el Noroeste, la región de Cuyo y la provincia de Buenos Aires. En estos lugares, el cultivo de higos se ha adaptado muy bien al clima y las condiciones del suelo, ofreciendo productos de alta calidad y sabor inigualable.
La avena es conocida por ser un alimento versátil y nutritivo, pero ¿qué propiedades específicas hacen de este cereal un favorito entre tantos? En este artículo exploraremos el origen histórico de la avena, su evolución en el uso a lo largo del tiempo, y sus beneficios tanto históricos como actuales en la alimentación humana.
Origen e Historia de la Avena
La avena, científicamente conocida como Avena sativa, es un cereal que se cultiva desde hace miles de años. Su origen se remonta a Asia Central y Europa del Este, donde se utilizaba principalmente como alimento para el ganado. Con el tiempo, su valor nutricional fue reconocido y comenzó a ser consumida por humanos.
Uso Histórico
En la antigüedad, la avena era considerada un alimento básico en la dieta de muchas culturas europeas. Se consumía principalmente en forma de gachas o papillas, proporcionando una fuente energética importante para trabajadores y soldados.
Uso Actual
Hoy en día, la avena se ha popularizado aún más gracias a su perfil nutricional. Es conocida por ser rica en fibra soluble, que ayuda a reducir el colesterol y mejorar la digestión. Además, es una excelente fuente de vitaminas del grupo B, minerales como el hierro y el zinc, y antioxidantes como la vitamina E.
La forma más común es cocinarla como gachas o agregarla a batidos. También se puede utilizar en repostería y como sustituto de la harina en recetas saludables.
La avena no solo es un alimento delicioso, sino que también aporta numerosos beneficios para la salud debido a su contenido nutricional. Desde sus humildes comienzos como alimento para animales hasta convertirse en un superalimento moderno, la avena ha demostrado ser un aliado invaluable en la dieta diaria.
La Comisión Europea ha publicado un estudio que pone en duda la calidad y seguridad de parte de la canela que se consume en Europa. Según los resultados del Centro Común de Investigación (JRC), más del 66% de las 104 muestras analizadas en 13 países no cumplían los estándares internacionales de calidad. En algunas se detectaron incumplimientos de la legislación alimentaria, en otras posibles fraudes, y varias contenían niveles excesivos de cumarina, una sustancia natural que puede ser tóxica para el hígado, especialmente en niños.
El informe revela que un 9% de las canelas vendidas como “de Ceylán” eran en realidad del tipo cassia, una variedad más barata, de sabor más fuerte y con mayor cantidad de cumarina. Esta diferencia es importante, ya que consumir una cucharadita de algunas muestras de cassia podría superar la dosis diaria tolerable incluso para adultos de 60 o 80 kilos. En el caso de los niños, una pequeña cantidad —incluso media cucharadita— bastaría para sobrepasar el límite recomendado. Aunque un consumo puntual no supone un peligro inmediato, se aconseja preferir la canela de Ceylán, que apenas contiene cumarina.
Además, casi el 10% de las muestras analizadas presentaba niveles de plomo superiores a los permitidos por la normativa europea, lo que apunta a problemas de contaminación o falta de control en el proceso de producción.
El JRC concluye que las irregularidades en el mercado de la canela son elevadas y recomienda mejorar los controles, aumentar la transparencia y considerar límites legales para la cantidad de cumarina natural. Sin embargo, advierte que el número de muestras es demasiado pequeño para representar el mercado europeo en su conjunto, ya que la Unión Europea importó más de 13.000 toneladas de canela en 2023. Aun así, el estudio sirve como una señal de alerta sobre la necesidad de reforzar la seguridad y la autenticidad de este producto tan popular.