Un estudio reciente, fruto de la colaboración entre la Universitat Rovira i Virgili (URV) y otras entidades sanitarias, ha puesto en evidencia una significativa discrepancia entre la oferta de alimentos comerciales para la primera infancia en España y los criterios nutricionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La investigación, publicada en la revista European Journal of Pediatrics, se basó en el análisis de 850 productos de 42 marcas, resultando en la creación de la base de datos InfantBase.
Los hallazgos indican que únicamente el 20% de los alimentos evaluados cumple con los perfiles nutricionales recomendados por la OMS. El problema principal radica en el contenido de azúcar: el estudio determinó que el 60% de los productos contiene niveles excesivos de este componente. Esta situación es especialmente evidente en los purés de fruta, donde el 99% de las referencias analizadas requeriría un sello de advertencia por su alta concentración de azúcar, incluyendo azúcares o edulcorantes añadidos en el 30% de los casos.
La preocupación profesional se extiende al ámbito de la promoción comercial. La investigación señala que el 98% de los productos presenta alegaciones o mensajes publicitarios que no están autorizados por los estándares de la OMS. Este uso de publicidad no autorizado puede influir en las decisiones de compra de los padres.
La creación de la base de datos InfantBase busca proveer a los profesionales sanitarios de una herramienta objetiva para evaluar la calidad nutricional en un mercado en rápida expansión. En conclusión, el estudio subraya la necesidad de implementar un mayor control regulatorio sobre la composición y la promoción de los alimentos infantiles en el mercado español, con el objetivo de asegurar una alimentación basada en evidencia científica que favorezca el desarrollo saludable desde los primeros años de vida.
Una reciente revisión de estudios, publicada en la revista The Lancet, ha puesto de manifiesto la escala del impacto que los alimentos ultraprocesados (UPFs) ejercen sobre la salud pública global. El consenso científico subraya que el consumo masivo de estos productos no solo deteriora la calidad de la dieta, sino que desplaza activamente a los alimentos frescos y mínimamente procesados, incrementando el riesgo de múltiples enfermedades crónicas. Este trabajo se suma a la evidencia previa, como la revisión de The BMJ de 2024, que asoció la ingesta elevada de UPFs con hasta 32 resultados adversos, incluyendo un 50% más de riesgo de muerte relacionada con enfermedades cardiovasculares, un aumento del riesgo de ansiedad y, en general, un 21% más de riesgo de muerte por cualquier causa.
El desafío es de naturaleza global, tal como revelan los datos de consumo revisados, que muestran que la proporción de UPFs en la dieta puede variar drásticamente (del 9% en Irán a más del 60% en EE. UU.), pero con una tendencia al alza en todos los niveles de ingresos, destacándose un aumento del 60% en ventas per cápita en Uganda entre 2007 y 2022. Ante esta escalada, los investigadores enfatizan que la industria alimentaria es la principal responsable de este consumo masivo y señalan la necesidad crítica de una respuesta global y coordinada para contrarrestar las estrategias de comercialización de estas empresas.
Expertos españoles, como Esther López-García, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UAM, refuerzan el llamado a la acción, indicando que estos estudios respaldan firmemente la implementación de políticas de salud pública destinadas a reducir la exposición y el consumo de ultraprocesados, como las ya aplicadas en España para su eliminación en comedores escolares. Para el consumidor, la identificación de estos productos sigue siendo esencial: los UPFs son formulaciones industriales con alto contenido de azúcares, grasas refinadas, sal y aditivos, y baja densidad nutricional. La recomendación práctica clave es revisar la lista de ingredientes, ya que un producto es generalmente más saludable cuanto menos ingredientes incluya y de mayor calidad sean.
En definitiva, esta revisión consolida el argumento de que la mejora de la calidad de la dieta es fundamental para reducir la alta prevalencia de problemas de salud en la sociedad, haciendo de la regulación de los alimentos ultraprocesados una prioridad urgente a nivel mundial.
El consumo de alimentos ultraprocesados vuelve a ponerse en el punto de mira de los expertos en nutrición y salud intestinal. Un estudio reciente, realizado con casi 30.000 mujeres menores de 50 años, confirma la relación entre este tipo de productos y el riesgo de desarrollar adenomas colorrectales, esos pólipos que pueden evolucionar a cáncer de colon si no se detectan a tiempo. Lo que llama especialmente la atención es que la investigación destaca cómo la alimentación puede afectar la salud intestinal incluso en personas jóvenes, no solo en adultos mayores.
Según los datos del estudio, las participantes que consumían unas 10 porciones diarias de ultraprocesados tenían un 45 % más de riesgo de desarrollar estos adenomas en comparación con quienes consumían solo tres porciones al día. Este hallazgo es significativo porque demuestra que no hace falta esperar a la edad adulta para que la dieta empiece a influir en el riesgo de problemas intestinales graves. Además, los resultados se mantuvieron incluso al ajustar otros factores de riesgo, como el índice de masa corporal, la presencia de diabetes tipo 2 o el consumo de fibra, lo que refuerza la idea de que los ultraprocesados por sí mismos representan un riesgo independiente.
Por otro lado, el estudio observó que no había una relación clara entre los ultraprocesados y otro tipo de lesiones precursoras del cáncer, conocidas como “lesiones serradas”, lo que sugiere que los efectos del exceso de alimentos procesados podrían ser más específicos de ciertos tipos de pólipos. Aun así, los expertos recuerdan que esta investigación subraya la importancia de revisar nuestros hábitos alimentarios desde edades tempranas y prestar atención a la calidad de los alimentos que consumimos a diario.
El mensaje es claro: reducir el consumo de ultraprocesados puede ser una de las estrategias más efectivas para prevenir el aumento de casos de cáncer colorrectal en personas jóvenes. Productos como snacks industrializados, refrescos azucarados, bollería empaquetada o comidas preparadas con alto contenido de aditivos y conservantes deberían ser disfrutados con moderación, mientras que una dieta basada en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales sigue siendo la mejor aliada para cuidar la salud intestinal.
Aunque la dieta es un factor crucial, los investigadores también recuerdan que no es el único que influye en el riesgo de desarrollar adenomas o cáncer colorrectal. La genética, el estilo de vida, la actividad física y otros factores ambientales también juegan un papel importante. Sin embargo, la ventaja de la alimentación es que es un aspecto sobre el que sí podemos actuar, y hacer cambios desde jóvenes puede marcar una gran diferencia a largo plazo.
Un total de 32 cooperativas se han unido para impulsar la marca ‘Producto Cooperativo’ en el mercado nacional, con el objetivo de diferenciar los productos elaborados bajo el modelo cooperativo y garantizar su origen y la contribución de estas entidades a la economía local y al desarrollo sostenible, según ha informado Cooperativas Agro-alimentarias de España.
«Se trata de una marca que enaltece el sabor auténtico y natural de los productos cooperativos, permitiendo a las personas consumidoras identificarlos y adquirirlos, atraídas por su origen, calidad y compromiso con el territorio», ha destacado el presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, Ángel Villafranca.
En concreto, algunos de los productos adheridos a esta marca colectiva en proceso de expansión son los vinos, aceite de oliva, frutas y hortalizas frescas, conservas vegetales, frutos secos, leche, quesos, miel, azúcar, pimentón, carne y embutidos.
De hecho, los promotores del proyecto han subrayado que son productos «directos del campo español, de máxima frescura, calidad y sostenibilidad».
Por otra parte, la entidad ha mostrado un estudio de Kantar, realizado a partir de encuestas, que indica que el 40% de los hogares «saben» lo que son las marcas de cooperativas y el 60% de quienes conocen marcas de cooperativas las compran.
Comenzamos nuestro curisoso listado con la hamburguesa más cara del mundo. Creada con ingredientes exclusivos como pan de oro y langosta, cuesta la friolera de unos 1500 euros. Se sirve en el restaurante Honky Tonk, ubicado en un rico barrio al oeste de Londres. La hamburguesa tiene 220 gramos de carne de Kobe mezclaza con 60 gramos de carne de venado, queso Brie de trufa negra, se sazona además con sal del Himalaya y se sirve acompañado de panceta cubierta de jarabe de arce, caviar de beluga y un huevo de pato ahumado en nogal.
La tortilla más cara del mundo
La Zillion Dollar Frittata es una tortilla de seis huevos, 280 gramos de caviar Sevruga y una langost. Cuesta unos 1.000 euros y la puedes comer en el exclusivo restaurante Parker Meridien de Nueva York.
El kebab más caro del mundo
Me apasionan los kebabs pero creo que este no lo comería nunca porque cuesta más de 1200 euros. Elaborado con pan de pita con una infusión de azafrán, yogur de pepino, infusión de champagne Krug, pimientos scotch bonnet, oro comestible y cordero lechal de los Pirineos. Fue creado por chef Andy Bates, de Reino Unido.
La sopa más cara del mundo
La sopa más cara del mundo la podemos encontrar en China donde se cocina desde hace más de 400 años. Está hecha de tiras de nido de pájaro vencejo. Lo llaman el caviar del Este ya que estos nidos cuestan desde 1800 a 8.000 euros el kilo.
El sushi más caro del mundo
El plato de sushi más caro del mundo lo ha creado el Chef filipino Angelito Araneta Jr, está envuelvo en oro de 24 kilates y aderezado con cinco diamantes africanos de 0,20 kilates… (esto ya me parece que roza la estupidez jajaja) 5 piezas cuestan más de 2000 euros.
La pizza más cara del mundo
La Pizza más cara del mundo se llama Pizza Royale, creada por el Chef Domenico Crolla. Contiene pepitas de oro comestible de 24 kilates, venado, champagne, caviar, salmón ahumado marina con un cognac Luis XII de Remy Martin y una langosta. Cuesta la maravillosa cifra de 4.000 euros.
El helado más caro del mundo
El helado más caro del mundo es el Frozen Hot Chocolate y es una helado que contiene una mezcla de 28 tipos de cacao, 5 gramos de oro de 23 quilates comestible, trufas especiales “Madeline au Truffle”, un brazalete de oro de 18 quilates, un diamante blanco y una cuchara de oro para poder degustarlo. Te lo sirven en copa de oro en el Serendipity 3, de Manhattan y cuesta 25.000 euros.
El perrito caliente más caro del mundo
Lo podemos encontrar en el restaurante Dougiedog, está en Vancouver y está especializado en comida rápida, cuesta unos 100 euros. Carne de Kobe y aceite de trufa, langosta, un cognac muy caro, y una salsa picante secreta.
El plato más caro del mundo
Y llegamos al tan esperado plato más caro del mundo, y la particularidad del mismo no es que lleve unas fresas maceradas con un vino de Oporto muy caro, si no que con él te llevas un diamante de 7 kilates y cuesta la espectacular cifra de casí 4 milllones de euros. Son unas fresas de tipo Arnaud con un adobo de oporto, especias, cítricos y helado de vainilla. Un postre ideado por una excéntrica millonaria.
Este es un ranking subjetivo. Nadie puede decir que una cocina es mejor que otra porque es imposible medir el gusto variable de los comensales a nivel mundial. Sin embargo, Tastle Atlas encontró que hay cocinas del mundo que ofrecen platos tan sencillos, pero a la vez tan aceptados que son fáciles de replicar sin importar si usted está en Latinoamérica o en lo más recóndito de Asia.
Eso incluye una serie de ingredientes de renombre mundial como las harinas, que se pueden convertir en panes y tortillas, que son acompañamientos esenciales para los gyros de Grecia, las pizzas y pastas de Italia y los burros y tacos de México, países que ocupan los primeros lugares del ranking.
Los siguientes tres países del listado comparten el jamón de cerdo y los cortes de res como sus ingredientes base. Así lo demuestra España con el jamón de bellota; Portugal con su carne dos acore -una raza de vacas de Azores- y el pidesi de Samsun de Turquía, que es una torta de diferentes cortes de res que le dan un sabor profundo y prolongado.
Los seis puestos que siguen en el ranking elaborado por Taste Altas se caracterizan por tener en sus cocinas un ingrediente natural como protagonista de sus diversos platos. Es el caso de Indonesia con su Bawang goreng, que son una clase de cebolla cabezona alargada que poner a freír para acompañar sus otros platos.
Le sigue la cocina francesa con su miel de Provenza, que la utilizan desde el desayuno para untar en el pan, hasta la cena para endulzar sus aromáticas. En el caso de la cocina japonesa está el hamamatsu, que es la combinación de repollo, cebolla, cerdo y condimentos seleccionados en una gyoza crujiente.
China se impone en el listado con su preparación de guotie, que no es más que un dumpling con cerdo picada, repollo chino, cebolletas, jengibre, vino de arroz y aceite de semillas de sésamo. En el puesto 11 aparece la cocina de Polonia con las Truskawka kaszubska, una clase de fresa de rojo claro intenso. Finalmente, le sigue el kulcha de amritsar de la India, que es un pan relleno de papas, cebollas, requesón y especias.
Además de México, tenemos que ir hasta el puesto 14 para encontrar la cocina peruana como la primera cocina de esta zona del continente, en donde los comensales de Taste Atlas resaltan los famosos anticuchos de corazón de pollo, res y cerdo. Un clásico de la cocina andina.
Le sigue en el puesto 16 la cocina de Brasil con su plato de picanha y Colombia, en el puesto 18, con la lechona, el pandebono y el café de origen. Sin dejar de mencionar el hogao clásico de tomate y cebolla y el calentado antioqueño con frijol refrito, arroz y huevo frito.
Luego aparece Argentina en el puesto 25, donde sale a relucir sus asados famosos con el dulce de leche y las empanadas. Venezuela le sigue en el puesto 55 con los tequeños, los golfeados y la guasacaca, que en Colombia se le conoce como guacamole con cilantro, perejil, pimientos, cebolla cabezona, ajo, sal, aceite y vinagre.
Chile está en el puesto 36 con su la especia merquén; Uruguay en el 60 con el asado de res; Ecuador alcanza el puesto 76 con Llapingacho o empanada de papa con salsa picante de maní y queso fresco; Paraguay en el 81 con el vori-vori, una sopa de carne, y Bolivia, en el puesto 97 con su marraqueta, que es un pan preparado con agua sal y levadura. Cuba, Puerto Rico, República Dominicana aparecen en los puestos 58, 62 y 92, respectivamente.
Listado completo de las 100 mejores cocinas del mundo
A continuación vea el listado de las mejores cocinas del mundo, encabezadas por Grecia. Vale la pena destacar que el listado lo cierra Nicaragua con su postre de tres leches, típico de todo el continente; la Güirila, que en Colombia conocemos como arepa de choclo y el Gallo pinto que comparte con Costa Rica y no es más que un plato con arroz y frijoles cocidos y fritos, combinados con hierbas y verduras como cilantro, pimientos, apio y cebolla.
La revisión se centró en las combinaciones virus-alimento consideradas de máxima prioridad en la Parte 1: los norovirus humanos y el virus de la hepatitis A en mariscos, vegetales frescos y congelados, alimentos preparados y listos para el consumo (RTE), y el virus de la hepatitis E en la carne de cerdo y la caza silvestre.
Las principales fuentes de contaminación por norovirus y virus de la hepatitis A son la materia fecal humana y el vómito de personas infectadas. En toda la cadena de suministro de alimentos, las principales vías de contaminación vírica son las aguas contaminadas con heces, los manipuladores de alimentos portadores de virus transmitidos por los alimentos y las superficies contaminadas.
Las medidas de prevención y control recomendadas son:
Mariscos (moluscos bivalvos)
Los mariscos (moluscos bivalvos) están contaminados con virus principalmente al cultivarse en aguas contaminadas por heces, que pueden surgir de aguas residuales comunitarias, fallas de tanques sépticos, contaminación difusa etc. La monitorización del nivel de contaminación de las aguas donde se cultivan los mariscos puede prevenir la comercialización de producto contaminado.
El procesamiento a alta presión es eficaz para la inactivación de virus, aunque las propiedades organolépticas pueden verse afectadas.
La depuración (<48 horas) no elimina ni inactiva adecuadamente los virus de los productos contaminados, pero su reubicación en agua de mar limpia durante >21 días es eficaz.
El tratamiento térmico inactiva los virus a temperaturas internas muy altas (>90º C) mantenidas durante 90 segundos, pero esto puede resultar en un producto inaceptable.
Vegetales frescos y congelados
Los vegetales frescos y congelados suelen estar contaminarse antes de la cosecha por fuentes de agua afectadas por heces humanas (por ejemplo, utilizadas para riego, lavado, pesticidas, protección contra heladas), así como por manipuladores de alimentos infectados (recolectores/empaquetadores). Los productos congelados (particularmente las bayas) predominan como causa de brotes, un fenómeno facilitado por el hecho de que la congelación preserva la infectividad del virus. La prevención se basaría en aplicar buenas prácticas agrícolas, de manipulación y de higiene, poniendo énfasis en la calidad del agua utilizada en todos los eslabones de la producción.
La pasteurización de zumos puede proporcionar cierta inactivación, pero es posible que se necesiten tiempos más prolongados y/o temperaturas más altas para eliminar las cepas resistentes al calor.
El lavado de productos como lechugas y cebollas sólo con agua elimina <1 log10 de patógenos víricos transmitidos por los alimentos. La adición de bajas concentraciones de desinfectantes a base de cloro puede aumentar la eficacia, pero también puede causar problemas a nivel de normativa y organolépticos.
La esterilización comercial (mermeladas y jaleas) es efectiva para la inactivación del virus.
Alimentos preparados y listos para el consumo
En el caso del norovirus y el virus de la hepatitis A, los alimentos preparados y listos para consumir generalmente se contaminan debido a la manipulación por parte de manipuladores de alimentos infectados. La prevención se centra en excluir del trabajo a los manipuladores de alimentos infectados, utilizar guantes, desinfectar las superficies y prestar atención a la higiene personal, incluido el lavado de manos.
La inactivación de virus mediante productos químicos en este grupo de productos se centra en la desinfección de superficies y el saneamiento de manos. Para obtener la máxima eficacia, las superficies se deben limpiar antes de desinfectar.
La mayoría de los desinfectantes solo proporcionan una inactivación parcial del norovirus. Existe una variabilidad significativa en el rendimiento del producto según la(s) sustancia(s) activa(s) y la formulación.
Carne de cerdo y caza silvestre
El virus de la hepatitis E transmitido zoonóticamente se introduce en la cadena alimentaria mediante la infección de cerdos y animales de caza silvestre. La exposición humana puede ocurrir por el consumo de carnes crudas o mal cocidas de estos animales (por ejemplo, hígado, intestino y músculo), el contacto directo con animales infectados en granjas y mataderos (contaminación cruzada de superficies) o con sus heces. La prevención debería centrarse en evitar la infección animal (medidas de bioseguridad y desinfección) y en las intervenciones durante el procesado (prevención de la contaminación cruzada, inactivación de virus por calor, etc).
En la carne, el virus de la hepatitis E es muy resistente al calor.
Evitar el uso de tejidos contaminados de alto riesgo (hígado o sangre) en productos porcinos crudos o poco cocidos puede reducir el riesgo de transmisión a través de los alimentos.
La gastronomía japonesa es sinónimo de armonía, precisión y respeto por los ingredientes. Este enfoque culinario, que combina simplicidad y elegancia, se ha ganado un lugar destacado en la escena gastronómica mundial. Con una historia rica y técnicas culinarias perfeccionadas a lo largo de siglos, la cocina japonesa se caracteriza por su énfasis en la frescura y la calidad de los productos. Platos como el sushi y el ramen han conquistado paladares en todo el mundo, mientras que rituales como la ceremonia del té y el uso de ingredientes emblemáticos como el miso, la soja y el alga nori, reflejan una tradición culinaria que va más allá de la comida: es una celebración de la cultura y la naturaleza.
Historia y Técnicas Detrás del Sushi
El sushi es uno de los platillos más reconocidos de la gastronomía japonesa, pero sus orígenes se remontan a siglos atrás, cuando se utilizaba como un método de conservación. Inicialmente, el pescado se fermentaba junto con arroz cocido para preservar su frescura, y se desechaba el arroz una vez que el pescado estaba listo para ser consumido. Con el tiempo, esta técnica evolucionó y, hacia el período Edo (1603-1868), surgió el nigirizushi, una forma de sushi más cercana a la que conocemos hoy: una bola de arroz aderezado con vinagre, coronada con una lámina de pescado fresco.
La preparación del sushi requiere habilidad y precisión. Los chefs de sushi (itamae) pasan años perfeccionando técnicas como el corte del pescado, la proporción correcta de arroz y pescado, y la elaboración de aderezos sutiles que realzan el sabor natural de los ingredientes. La variedad de sushi incluye:
Nigiri: Una bola de arroz moldeada a mano con una pieza de pescado crudo o marisco encima.
Sashimi: Pescado crudo cortado en finas láminas, servido sin arroz.
Maki: Rollos de arroz y pescado o vegetales, envueltos en una lámina de alga nori y cortados en pequeñas porciones.
Ingredientes Emblemáticos de la Gastronomía Japonesa
Miso: El miso es una pasta fermentada elaborada a partir de soja, arroz o cebada. Es un ingrediente fundamental en la cocina japonesa y se utiliza para dar sabor a sopas, guisos y salsas. Su sabor varía según el tiempo de fermentación y los ingredientes utilizados, y puede ser suave y dulce (shiro miso) o fuerte y salado (aka miso).
Soja: La soja es uno de los pilares de la gastronomía japonesa. Se utiliza para hacer salsa de soja (shoyu), tofu, natto (soja fermentada) y edamame (vainas de soja hervidas). La salsa de soja es un condimento esencial que aporta umami y se usa en marinados, aderezos y como acompañamiento de sushi y sashimi.
Alga Nori: El alga nori es una alga comestible que se utiliza principalmente en la elaboración de sushi. Se presenta en finas láminas que envuelven rollos de maki y onigiri (bolas de arroz). Su sabor y textura aportan un contraste interesante al arroz y los mariscos.
Hablar de gastronomía es hablar también de historia, de lenguaje y de identidad.
Las palabras receta y chef parecen simples hoy en día, pero en realidad encierran siglos de evolución cultural. Comprender su origen nos permite entender cómo el acto de cocinar se convirtió en una forma de conocimiento y expresión.
De las tablillas mesopotámicas a las cocinas cortesanas
Según Dario De Marco (L’Indiscreto, 2021), las primeras recetas escritas datan de la antigua Mesopotamia, alrededor del año 1700 a.C. En esas tablillas de arcilla se registraban instrucciones básicas para preparar platos, sin cantidades ni listas detalladas de ingredientes.
El autor explica que escribir una receta era “un gesto político”: una forma de conservar una tradición culinaria y otorgarle valor cultural.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, los cocineros de las cortes —como Martino da Como— empezaron a recopilar y firmar sus recetas, dando origen a la figura del cocinero-autor.
Del cocinero anónimo al chef reconocido
Con el paso del tiempo, el cocinero deja de ser un trabajador invisible para convertirse en un protagonista del arte culinario.
Cuando la cocina se traslada de los palacios a los restaurantes, nace el concepto moderno de chef, entendido como creador y líder.
El chef no solo ejecuta una receta: la interpreta, la transforma y la convierte en una experiencia cultural.
La receta como memoria cultural
Cada receta es una forma de transmisión: une pasado y presente, técnica y creatividad.
En la actualidad, en una sociedad marcada por la globalización gastronómica, recordar el origen de la receta y del chef nos ayuda a valorar el papel del conocimiento culinario como patrimonio cultural.
La cuenta atrás para la Navidad está a punto de comenzar y eso lo sabe bien Mercadona. La cadena de supermercados liderada por Juan Roig ya está llenando sus estantes con algunos productos esenciales navideños como son los turrones y los bombones. Cada año, la variedad y diversidad de sabores, así como su relación calidad-precio hace que estos dulces de Hacendado se encuentren en la mesa de miles y miles de españoles. ¿Y quién está detrás de su fabricación para que tengan tanto éxito?
Cuando los árboles se llenan de luces y comienzan a sonar los tradicionales villancicos, la gastronomía se convierte en un punto clave de las celebraciones navideñas y sobre todo, el dulce. Así pues, no hay hogar que no recuerde esos bocados de mazapanes y turrones de marcas emblemáticas como Antiu Xixona o La Fama, sabores que ahora muchos clientes ven reflejados en los turrones de Mercadona, y tiene una explicación.
Los turrones que venden en Mercadona proceden, como no podía ser de otra manera, de Jijona (Alicante), la ciudad por excelencia de la creación de este dulce, concretamente de la empresa de Sanchis Mira. Fundada por Vicente Sanchis y María Teresa Mira en 1863, el matrimonio empezó a elaborar turrón de forma artesanal, que vendían en un portal de Las Ramblas de Barcelona e incluso, exportaban a Cuba mientras esta todavía formaba parte de España.
Ahora, Sanchis Mira es una gran empresa agroalimentaria, propietaria de precisamente de Antiu Xixona y La Fama, pero también proveedora de los surtidos de turrones de Hacendado. También incorpora dentro del grupo otras empresas como Helbérica, Almendras del Sol y Hermanos López Lloret, ya que la empresa apostó por el chocolate y los frutos secos como parte de su visión empresarial.
De hecho, gracias a la fábrica de chocolate que crearon ya hace más de dos décadas, tiene la exclusividad como proveedor de Hacendado para este tipo de productos a través de Helbérica. Además, en 2022, sumó Chocolates Clavileño, procedente de Villajoyosa. Es tal el éxito de la empresa, que cerró el pasado año con una cifra de negocios de 145 millones de euros.