El centro tecnológico ITENE está desarrollando el proyecto AGROSENS, una iniciativa financiada por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (IVACE+i) con fondos FEDER. Su objetivo es revolucionar la seguridad alimentaria mediante la detección y cuantificación de contaminantes microbiológicos en la cadena agroalimentaria en menos de una hora.
¿Qué engloba el proyecto?
AGROSENS busca crear un sistema de biosensado capaz de aplicarse tanto en alimentación animalcomo en alimentación humana —ya sea en productos frescos, elaborados o en superficies de producción— para identificar patógenos como Listeria monocytogenes y Salmonella spp., junto con sus serotipos más relevantes.
Para conseguirlo, el proyecto se apoya en tres líneas de trabajo principales:
Biorreceptores de alta especificidad: desarrollo de moléculas capaces de reconocer las bacterias objetivo con gran precisión, reduciendo al mínimo los falsos negativos.
Nanomateriales ópticos avanzados: incorporación de nuevos materiales que incrementen la sensibilidad y fiabilidad del biosensor.
Formatos de detección rápida: integración de estos avances en sistemas de flujo lateral (LFA) y dispositivos portátiles que permitan realizar la detección directamente “in situ”.
Contexto y relevancia del proyecto
La contaminación microbiológica sigue siendo uno de los mayores retos de la seguridad alimentaria mundial. En los últimos años se ha registrado un aumento de brotes y alertas causados por microorganismos, impulsados por factores como el cambio climático, la intensificación agrícola y ganadera o la expansión de resistencias antimicrobianas.
Ante esta situación, disponer de tecnologías de detección rápida es clave para actuar de manera preventiva, reducir riesgos sanitarios y reforzar la seguridad en toda la cadena alimentaria.
Beneficios previstos
El biosensor desarrollado por ITENE no solo permitirá detectar bacterias de forma rápida, sino que además será versátil, robusto y de bajo coste, lo que facilitará su implantación en la industria.
Entre sus beneficios destacan:
Mayor capacidad de respuesta ante posibles brotes y alertas alimentarias.
Mejora de la trazabilidad y del control de calidad de los productos.
Refuerzo de la confianza del consumidor y de la competitividad del sector agroalimentario, especialmente en la Comunidad Valenciana.
Calendario y próximos pasos
El proyecto AGROSENS se desarrollará entre junio de 2025 y junio de 2026. Durante este periodo, ITENE avanzará en las tres líneas de investigación mencionadas y llevará a cabo ensayos de validación en condiciones reales, acercando la tecnología a su aplicación práctica en la industria.
Mejorar la microbiota intestinal puede reducir los síntomas de la enfermedad reumática más frecuente. Y los prebióticos, probióticos, simbióticos y postbióticos pueden ser una buena ayuda
¿Qué relación hay entre la artrosis y la microbiota? / ADOBE STOCK.
Una de las enfermedades reumáticas más frecuentes es la artrosis.Los especialistas estiman que su prevalencia se sitúa en torno al 29,35% en mayores de 40 años, lo que se traduce en que más de 7 millones de personas en España sufren esta patología. Aunque estos datos podrían ser aún mayores porque, según los expertos, se trata de una enfermedad que está infradiagnosticada.
«Diferentes estudios han demostrado que los factores de riesgo clásicos de la artrosis como la edad, la obesidad, la dieta o el ejercicio alteran la microbiota, ocasionando disbiosis, elevación de lipopolisacáridos, liberación de citoquinas y una inflamación de bajo grado persistente que favorece el desarrollo de esta enfermedad”,
Pero no solo eso. La especialista recuerda que “la microbiota también puede influir en el metabolismo de los fármacos que se administra a los pacientes, modificando su biodisponibilidad y, por tanto, su eficacia”.
La modificación de la microbiota intestinal podría ser útil para los pacientes con artrosis. / ART PHOTO STUDIO. FREEPIK.
Artrosis y microbiota
Diferentes estudios llevados a cabo hasta ahora han puesto de manifiesto la importante relación que existe entre la artrosis y la microbiotaintestinal.
Así, en las personas con esta patología reumática se ha observado un patrón diferencial de microbiota respecto a las personas sanas (aumento de algunas bacterias y disminución de otras).
“Incluso, se ha identificado a nivel articular la presencia de DNA bacteriano diferente en sujetos sanos respecto a pacientes con artrosis”, añade la doctora Morales.
Esto indica que “la modificación de la microbiota intestinal podría ser útil para tratar a los pacientes con artrosis ya que algunos estudios han demostrado que pueden mejorar la sintomatología e incluso disminuir el daño estructural y la progresión de la enfermedad”.
¿Cómo modificar la microbiota para aliviar la artrosis?
Los estudios sobre la importancia de la microbiota intestinal no son nuevos y ya se tienen muchas herramientas para modificarla.
El cambio se puede conseguir desde practicando ejercicio de forma regular o siguiendo una dieta adecuada hasta con un trasplante fecal o la toma de:
Prebióticos (alimentos que contienen sustrato para microbiota)
Simbiótico (contienen tanto prebióticos como probióticos)
Postbióticos (contienen metabolitos generados por la microbiota que son beneficiosos).
En el caso de la artrosis, todas aquellas acciones que contribuyan a evitar la disbiosis son potencialmente útiles para prevenir esta enfermedad, dado que la disbiosis es un factor de riesgo de artrosis.
Seguir una dieta equilibrada mejora la microbiota intestinal. / FREEPIK
Se estudió si el trasplante fecaldesde ratones no susceptibles de tener artrosis a otros susceptibles disminuye el riesgo de padecer la enfermedad y los resultados fueron positivos. Estos resultados son prometedores, aunque son necesarios más estudios y que se confirmen en humanos”.
Y es que la evidencia científica sobre el papel de la microbiota en el desarrollo y la progresión de la artrosis cada vez es mayor.
Por eso, la doctora insiste en la necesidad de prevenir esta enfermedad reumática: “evitando la disbiosis intestinal siguiendo una dieta sana (especialmente, la dieta mediterránea), haciendo ejercicio de forma regular y evitando la obesidad. Además, la administración de prebióticos y probióticos puede mejorar la sintomatología de los pacientes con artrosis”.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural
La prestigiosa revista médica británica The Lancet lanzó la semana pasada una serie especial de artículos sobre la industria de los ultraprocesados. La publicación pasó el monóculo por más de un centenar de estudios prospectivos, metaanálisis y ensayos clínicos, y vio la luz acompañada de las firmas de 43 expertos mundiales, una carta de la OMS y un editorial de UNICEF. Sus conclusiones son impactantes: “la industria alimentaria amenaza la salud pública”.
En las últimas décadas, este sector ha dejado de dedicarse a la conservación y mejora de los alimentos a gran escala, para convertirse en una maquinaria multinacional de fabricación de sustitutos de la comida a base de ingredientes baratos y de poca calidad, compensados con colorantes, saborizantes y todo tipo de aditivos: pienso para humanos. Productos que desplazan las dietas locales preparadas con ingredientes frescos y poco procesados, y que contribuyen a la pandemia global de obesidad, diabetes, enfermedades metabólicas o cardiovasculares… y plástico.
Tomarlos de vez en cuando no es ningún drama. Una bolsa de ganchitos viendo una peli en el cine no nos matará. El problema es cuando su consumo es estructural: en España, en tres décadas, las calorías que ingerimos en ultraprocesados han pasado del 11% al 32%. Somos uno de los países europeos con mayor aceleración en este cambio hacia dietas ultraprocesadas. En Estados Unidos, ya representan un 70%.
Según los estudios, hoy, este conglomerado de empresas ha ocupado el lugar que a mediados del siglo XX ostentaban las grandes tabacaleras en términos de músculo financiero, poder de influencia y capacidad de impactar en la salud de los consumidores. El reportaje, interesantísimo y acompañado de gráficos tan claros como inquietantes, muestra que no podemos cargar sobre la gente corriente la responsabilidad de frenar a estos gigantes. Es una tarea política.
Los seres humanos hemos procesado los alimentos desde que el primer homínido se comió la pulpa de una fruta y descartó la cáscara. Ahumar, confitar y secar son formas de procesar para conservar, como lo son cocer legumbres en un tarro de cristal o triturar, freír y envasar tomate en latas para que dure meses. Estas soluciones tecnológicas han facilitado la vida a millones de familias en todo el mundo. Pero esta clase de procesado no es el problema.
A finales de los sesenta, la industria vio que podía adaptar la ingeniería militar, que había alimentado a los soldados con comida ligera e incorruptible durante dos guerras mundiales, al consumo de masas. Tanto el café soluble como los ganchitos derivan de un proceso de liofilización del plasma sanguíneo usado en hospitales de campaña. En 1943, a los Cheetos se les llamaba Jungle Cheese y eran alimento para comandos y operaciones especiales en la selva.
Las innovaciones en fertilizantes, pesticidas y la tecnificación de cultivos de finales de los setenta, junto con las subvenciones agrarias, provocaron el excedente de grano capaz de hinchar los ultraprocesados de ingredientes baratos como el jarabe de maíz y los almidones modificados.
Las grandes tabacaleras se subieron al carro (el gigante Kraft es de Philip Morris) y aplicaron a los snacks y las galletas las mismas técnicas de marketing que antes sirvieron para vender cigarrillos. La televisión les dio línea directa con cada salita de estar del universo.
Con la desregulación de la inversión extranjera en 1980 y la globalización, las estanterías de los supermercados se terminaron de llenar de comida que era imposible que los consumidores pudiesen reproducir en sus casas. Era comida mágica, científica y tecnológica: la comida del futuro. Y la mejor amiga de la mujer, que podía incorporarse masivamente al mercado laboral sin miedo a dejar la mesa familiar desatendida. Teniendo varitas de pescado ultraprocesadas en el congelador y cereales de desayuno en la alacena, todo estaba controlado.
Hasta ahora, la industria de los ultraprocesados basaba su defensa en apuntar que la mayoría de los estudios realizados para encontrar vínculos directos entre sus productos y enfermedades como el cáncer o la depresión eran observacionales, es decir, basados en encuestas. En este tipo de investigación, los científicos no intervienen directamente, sino que observan lo que la gente hace de forma natural y después buscan asociaciones entre esos hábitos y ciertos resultados de salud. Esto permite detectar patrones, pero no puede demostrar relaciones de causa–efecto con certeza absoluta, porque no controla elementos como el nivel socioeconómico, el estrés, el sedentarismo o hasta la masticación. Realizar un estudio no observacional implicaría encarcelar a miles de participantes en un ambiente controlado y forzarles a alimentarse de fruta y verdura o de patatas chips durante años, violando unos cuantos derechos humanos y otros tantos tratados internacionales por el camino.
Pero esta misma estrategia científica permitió vincular el tabaco con el cáncer, el amianto con los tumores de pleura y la contaminación atmosférica con las enfermedades respiratorias. Y hoy el trabajo de The Lancet puede marcar un punto de inflexión y significar un cambio de paradigma. La fuerza del conjunto de análisis y estudios presentados es robustísima y llama a tratar el conglomerado de empresas de los ultraprocesados como se trató a las grandes tabacaleras: como una cuestión de salud pública. Regular no es atacar la libertad: es la única forma de recuperarla.
Uno de los principales beneficios que se atribuyen a este alimento es la capacidad reguladora de la glucemia post-pandrial, esto es, el nivel de glucosa, o azúcar, en sangre después de la comida. Habitualmente, el nivel de glucosa en el cuerpo se mantiene en equilibrio gracias a la regulación de dos hormonas: la insulina y el glicagón. Pero tras las comidas, los niveles de insulina suelen aumentar mucho, disparando también el nivel de glucosa, pues debe permitir y controlar el paso a la sangre del azúcar consumido para ser usado en forma de energía.
Ahora bien, un estudio publicado en Nature por el Centro de Nutrición Clínica de Toronto, demostró que los pistachos tenían un cierto efecto en la regulación de los niveles de glucosa tras esas comidas. Mediante la participación de voluntarios sanos, observaron que cuando el alimento se consumía solo, el efecto era mínimo; pero cuando se hacía tras comidas con alto contenido en carbohidratos, sí se presentaba una actuación clara en la respuesta glucemia, regulando de forma más estricta el paso de azúcar al organismo.
BENEFICIOS DEL PISTACHO: REDUCCIÓN DEL RIESGO CARDIOVASCULAR
Quizás otra de las propiedades más interesantes del pistacho es la colaboración a la reducción del riesgo cardiovascular. En una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Pennsylvania, observaron los efectos de distintas dosis de pistachos en una dieta saludable, baja en grasas. Midieron los valores de la proteína de transferencia del colesterol en la sangre, así como los niveles de actividad de la desaturasa, la proteína que controla la síntesis de ácidos grasos.
El resultado fue que, efectivamente, la inclusión de una cantidad regular de pistachos en una dieta sana afectaba beneficiosamente a mejorar el control de la desaturasa, así como a producir un leve descenso en el colesterol LDL, lo cual influye positivamente en reducir el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.
BENEFICIOS DEL PISTACHO: UN GRAN ANTIOXIDANTE
Los pistachos están compuestos por polifenoles, un grupo de sustancias presentes en alimentos de origen vegetal, y que tienen además grandes características antioxidantes, proporcionando también ese beneficio al fruto seco. Ahora bien, un estudio de la Universidad de Cornell, además de remarcar la actividad antioxidante del alimento, establece que esta propiedad es más observable en el consumo de pistacho crudo, que en el cocinado y procesado.
La forma en la que los polifenoles colaboran a mantener el organismo saludable es regulando el estrés oxidativo. El oxígeno que se consume, puede oxidarse, lo que genera diferentes especies reactivas que afectan la mecánica del organismo, por ejemplo, provocando el mal funcionamiento de proteínas esenciales y generando diferentes tipos de enfermedades. Los polifenoles ayudan a evitar esa degradación, colaborando a mantener al individuo sano.
Beneficios del pistacho: Alto en fibra
Además, los pistachos son uno de los frutos secos más altos en fibra, lo cual colabora en gran medida al fortalecimiento del sistema digestivo, gracias a las bacterias intestinales que se albergan dentro. Y es que, cuando la fibra alcanza el intestino, esas bacterias actúan sobre ella, modificándola hasta convertirla en un tipo de ácidos grasos conocidos como ácido butíricos.
Evaluaron durante tres semanas a una serie de hombres con problemas de disfunción eréctil que incorporaron una cierta dosis de pistachos en su dieta. Los resultados fueron visibles como una mejora en el Índice Internacional de Función Erectil (IIEF), en el cual se mide la función orgásmica, el deseo sexual y la satisfacción del deseo sexual.
Los científicos apuntan a que este hecho es consecuencia del alto contenido en arginina de los pistachos. Este aminoácido colabora en la sintetización de múltiples proteínas, muchas de las cuales ayudan a mantener las arterias flexibles y mejoran el flujo sanguíneo, lo que elevaría los niveles de óxido nítrico: un componente que relaja los vasos sanguíneos.
Se trata de una bacteria altamente resistente y puede ser peligrosa para ciertos grupos de población, no obstante, la posibilidad de que nos afecte es baja si se atiende a las normas de seguridad recomendadas.
Hace unos días se notificó una alerta alimentaria que preocupó a mucha gente. Es lógico, si se tiene en cuenta que afectó a siete productos diferentes de consumo cotidiano como la mortadela, chóped y demás, que se vendían en dos cadenas de supermercados muy conocidas (Aldi y DIA). Además estaba involucrada una bacteria que arrastra merecida mala fama por la grave crisis que causó hace pocos años: la Listeria monocytogenes.
Afortunadamente, en esta ocasión de momento no ha afectado a ninguna persona. Pero esta alerta puede servirnos para hablar de dos temas importantes que todo el mundo debería conocer: la dichosa bacteria (y cómo evitarla) y las alertas alimentarias (y cómo actuar cuando se producen).
NO ES SOLO SALMONELA
Si hablamos de comida y bacterias patógenas, lo primero que nos suele venir a la cabeza es la salmonela. No es para menos porque las autoridades sanitarias y varias personas, llevan años haciendo hincapié en ella para advertir sobre sus riesgos y prevenir la salmonelosis. Pero esta bacteria no es la que provoca más casos de gastroenteritis transmitida por alimentos: ese honor corresponde a Campylobacter, que se asocia, sobre todo, al consumo de carne de pollo contaminada. Provocó 148.200 casos en la Unión Europea durante el año 2023 (frente a 77.500 casos de salmonelosis).
A pesar de su popularidad, Salmonella tampoco es la bacteria que suele producir más quebraderos de cabeza a la industria alimentaria o a las autoridades sanitarias; Sin embargo, Ese papel sí corresponde a Listeria. No es la que causa más toxiinfecciones –ocupa el quinto puesto en la Unión Europea, con casi 3.000 casos en 2023–, pero estas pueden ser graves, sobre todo en grupos de riesgo, como veremos más adelante. Aunque lo más preocupante de esta bacteria es que es muy escurridiza.
SUPER RESISTENTE Si hacemos caso de la vieja frase “mala hierba nunca muere”, podríamos decir que la listeria es malísima; ya que lo aguanta casi todo. Sobrevive y se multiplica en ambientes poco favorables, donde otras bacterias no pueden hacerlo. Esto además le da ventaja para desarrollarse, porque no tiene que competir con otras. Por ejemplo:
Es capaz de multiplicarse a bajas temperaturas (hasta -2ºC), así que puede desarrollarse, por ejemplo, en un trozo de salmón ahumado o un embutido loncheado, aunque lo tengamos en el frigorífico.
Puede crecer en alimentos muy ácidos: resiste un pH de hasta 3,3. Para orientarnos, es el pH que podemos encontrar, por ejemplo, en alimentos como los pepinillos en vinagre o el zumo de naranja.
Resiste concentraciones muy altas de sal, de hasta un 20%. Para hacernos una idea, los alimentos muy salados, como el jamón curado o el salchichón, contienen un 5% de sal.
Puede desarrollarse en condiciones donde hay poca agua, como por ejemplo en el chorizo curado que todavía está un poco tierno (resiste una actividad de agua de hasta 0,92).
Es capaz de desarrollarse en condiciones de escasez de oxígeno; por ejemplo, en un embutido loncheado envasado.
Puede resistir temperaturas relativamente altas, sobre todo si la carga bacteriana es elevada (por ejemplo, en leche cruda podría sobrevivir a un tratamiento térmico de 74ºC durante un segundo).
¿En qué alimentos se puede encontrar?
Si tenemos en cuenta de dónde puede proceder esta bacteria y las condiciones en las que puede sobrevivir y multiplicarse, es fácil imaginar los alimentos donde se puede encontrar:
Carne y pescados crudos o poco cocinados como carpaccio, tartar, sashimi, ceviche y similares. Frutas y verduras crudas: sobre todo si están troceadas, en forma de zumo natural, macedonia o ensalada. Leche sin pasteurizar y derivados lácteos elaborados con ella, como queso fresco. Alimentos listos para consumir que requieren frío para su conservación y que no se cocinan antes del consumo: fiambres y embutidos loncheados, ensaladas de bolsa, patés o sándwiches.
¿Cómo combatir la listeria?
Hasta ahora, el panorama que se plantea parece descorazonador: una bacteria todoterreno que parece resistir todo lo que le echen, puede causar daños muy graves en población de riesgo y que parece cada vez más presente; pero afortunadamente tenemos herramientas para tratar de combatirla. En la industria se aplica un sistema de gestión de la seguridad alimentaria que se basa en dos puntos: el primero consiste en asegurar que se den las condiciones necesarias para que los alimentos sean inocuos; por ejemplo, que el agua sea segura, que las instalaciones y la maquinaria se encuentren en buen estado y estén limpias y desinfectadas, etc.
El segundo pasa por identificar partes del proceso productivo que son especialmente sensibles y que deben ser controladas para asegurar la inocuidad del producto. Por ejemplo, si hablamos de una planta procesadora de leche, un punto crítico es el tratamiento de esterilización, donde deben controlarse el tiempo y la temperatura para asegurar que se eliminan los microorganismos patógenos (listeria incluida). Además, se verifica con medidas de control; por ejemplo, la toma de muestras para analizar. Así, en caso de que se produzca algún fallo, se puede descartar el producto y tomar medidas para evitar que ese fallo se repita.
Para concluir, aunque su incidencia general es baja si se siguen las normas de seguridad alimentaria, la listeria debe tenerse en consideración y vigilancia por parte de la población. Así las alertas, como la reciente en productos de consumo cotidiano, nos recuerdan la importancia de mantener buenas prácticas de higiene y control en la industria y en el hogar para prevenir riesgos y garantizar alimentos seguros.
¿Habéis notado alguna vez que unas dietas funcionan para algunas personas y para otras no? Esto podría ocurrir por las diferencias genéticas. Para solucionar esto existe la nutrición personalizada.
¿Qué es?
La nutrición personalizada estudia cómo responde tu genética a lo que comes para recomendarte comer unos alimentos u otros para conseguir distintos objetivos. Aparte de eso puede revelar cosas como tu forma de metabolizar ciertos nutrientes o predisposición a enfermedades relacionadas con la dieta.
¿Cómo funciona?
Primero se estudian varios factores:
-Se hace un test genético para identificar variables relacionadas con el metabolismo, intolerancias…
-El estilo de vida como los horarios, la actividad física…
-Microbiota intestinal
¿Merece la pena?
Lo primero en lo que piensa la gente antes de hacer este tipo de cosas es el precio. Este tratamiento a día de hoy es muy nuevo por lo que el precio es bastante elevado para la mayoría de personas. Pero una gran ventaja que tiene es que va a ser mucho más eficaz que otras dietas al adaptarse al cuerpo de cada uno.
En un contexto social donde la preocupación principal ya no es la escasez de alimentos, sino la gestión del consumo y el exceso de información, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado el libro Los falsos mitos de la alimentación, del investigador Miguel Herrero. Esta obra se enmarca en la necesidad de abordar la desinformación que surge al trasladar los hallazgos científicos al público general.
El objetivo central del libro es ofrecer una perspectiva rigurosa sobre las nuevas corrientes alimenticias y las creencias populares que carecen de base científica. El autor, experto en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, se centra en desmantelar mitos sobre dietas «milagro» y desvelar la verdad científica detrás de ciertos productos de consumo habitual.
Entre los temas específicos que se abordan, el trabajo examina la justificación detrás de la moda de las dietas sin gluten en personas no celíacas, evalúa los verdaderos beneficios y riesgos del aceite de palma, cuestiona la eficacia de las populares dietas detox y analiza por qué ha disminuido la calidad organoléptica de productos básicos como el tomate.
A través de esta publicación, el CSIC subraya la importancia de acceder a un conocimiento científico fiable para que el consumidor pueda tomar decisiones informadas, priorizando la salud en un entorno saturado de información contradictoria.
Equipos de investigadores de la Universitat de Lleida-Agrotecnio y la IRB Lleida buscan estrategias nuevas para reducir los efectos de la obesidad.
El estudio se centra en tres líneas de investigación para modular la microbiota, que se cree clave en la lucha contra esta enfermedad: introduciendo a la dieta probióticos, fibras dietéticas o el betacaroteno.
Primera línea de investigación: con probióticos En el IRB Lleida se estudió la introducción de probióticos, levaduras y bacterias en la alimentación de ratas obesas. Los resultados mostraron que los animales tratados presentaban menor inflamación. Además, tenían niveles de glucosa y colesterol en plasma significativamente más bajos que aquellos que no recibieron la suplementación, evidenciando un efecto positivo sobre su metabolismo.
La investigadora del IRB Lleida destaca que se ha visto que el hecho de introducirlos en la dieta «puede ser un gran beneficio para prevenir la obesidad o para ayudar a paliar los efectos de esta enfermedad», recordando que la obesidad se asocia a otras enfermedades más graves como el cáncer o la diabetes tipo II.
Fibras dietéticas de alcachofa y zanahoria Otra línea de investigación ha consistido en añadir a la dieta fibras de frutas y hortalizas como alcachofa, pimiento, pepino o manzana. En modelos in vitro que simulan la digestión humana y la fermentación en el colon, se observó que la alcachofa y la zanahoria aumentaban considerablemente las poblaciones de bacterias beneficiosas para la salud intestinal, como «Lactobacillus» y «Bifidobacterium».
Nuevos alimentos con menos grasas La última línea de investigación, la más compleja y llamativa, se centra en transportar el betacaroteno hasta el intestino sin que se descomponga antes. Aunque abundante en las zanahorias, este antioxidante es difícil de absorber y de actuar sobre la microbiota.
Se ha logrado encapsular el betacaroteno en gotas de aceite mediante óleo geles, elaborados con ingredientes naturales de frutas, hortalizas y aceites saludables, protegiéndolo hasta llegar a la flora intestinal.
El objetivo es que estos óleo geles, con textura similar al flan, puedan sustituir grasas saturadas en productos como hamburguesas, embutidos vegetales o yogures.
Según la investigadora principal del proyecto, de este modo se pueden elaborar productos, como los yogures griegos, con la misma textura sensorial pero con menos calorías y grasa. «Solo así ya se contribuye a prevenir la obesidad y todavía más si podemos introducir compuestos beneficiosos para la salud, como el betacaroteno», apunta la investigadora.
La última fase del proyecto se llevará a cabo en el IRB Lleida, donde se introducirán estos nuevos óleo geles con betacaroteno en la dieta de las ratas para estudiar sus beneficios para la salud.
Un equipo de Flinders University desarrolló una solución sostenible para envases a base de biopolímeros y nanoclay, que busca disminuir el impacto ambiental de los empaques alimentarios y favorecer una mejor gestión de residuos plásticos.
La contaminación plástica constituye una amenaza global para el ambiente y la salud humana. Microplásticos en suelos, ríos, aire e incluso en órganos humanos evidencian la dimensión de este problema.
En este contexto, la carrera por desarrollar plásticos biodegradables toma impulso, con la Universidad Flinders, en el sur de Australia, posicionada como uno de los centros de innovación más activos en este campo, según información de la propia institución.
El uso masivo de plásticos de un solo uso, especialmente en envases alimentarios, motivó a equipos científicos de la Universidad Flinders a investigar materiales que puedan degradarse de manera segura. En colaboración con la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, en Colombia, el grupo dirigido por el profesor Youhong Tang diseñó películas biodegradables basadas en caseinato de calcio, almidón modificado y nanoclay de bentonita.
Esta composición, reforzada con glicerol y alcohol polivinílico para aportar resistencia y flexibilidad, apunta a convertirse en una alternativa sostenible a los envases tradicionales.
Innovación científica en plásticos biodegradables
Un estudio publicado en la revista Polymers detalla que las películas creadas logran degradarse por completo en condiciones normales de suelo en unas trece semanas. Las pruebas de biodegradabilidad mostraron una desintegración constante, confirmando su potencial para reducir la acumulación de desechos plásticos. Los análisis microbiológicos certificaron que la cantidad de colonias bacterianas permaneció dentro de los parámetros permitidos para materiales biodegradables no antimicrobianos, lo que respalda su idoneidad para aplicaciones en contacto con alimentos.
El propósito fue lograr una formulación de ingredientes económicos, biodegradables y respetuosos con el medioambiente, capaz de ofrecer una alternativa sostenible con propiedades mejoradas.
Desafío global y perspectivas de futuro
El escenario mundial intensifica la urgencia de soluciones. De acuerdo con datos citados por la Universidad Flinders, la producción global de plásticos pasó de dos millones de toneladas en 1950 a 475 millones en 2022, cifra equivalente al peso de 250 millones de automóviles.
La OCDE proyecta que, sin cambios efectivos, la producción podría aumentar un 70% entre 2020 y 2040, superando los 700 millones de toneladas anuales. Aunque ciertos plásticos pueden reutilizarse, solo el 10% se recicla y cerca del 60% corresponde a artículos de un solo uso, sobre todo envases alimentarios. Además, los plásticos contienen miles de compuestos químicos, algunos tóxicos y cancerígenos, lo que incrementa los riesgos para la salud y el ambiente.
Frente a este panorama, expertos de la Universidad Flinders subrayan la importancia de impulsar la economía circular y avanzar en la investigación de materiales biodegradables. Recomiendan que la sociedad y la industria exploren activamente estas opciones para disminuir la dependencia de los plásticos tradicionales y preservar los recursos naturales.
Dado que la mayoría de los plásticos de un solo uso proviene de envases alimentarios, el desarrollo y la adopción de opciones biodegradables como las propuestas por la Universidad Flinders pueden favorecer una transición hacia una economía más sostenible y responsable con el entorno.
Cultivos eficientes: optimizando la producción agrícola con IA
Uno de los primeros impactos y más notables de la Inteligencia Artificial en la alimentación es la optimización de la producción agrícola. Los agricultores han adoptado esta tecnología para aumentar la eficiencia en sus operaciones. La recopilación y análisis de datos agrícolas permiten a los agricultores tomar decisiones más informadas sobre cuestiones como el riego, la fertilización y la prevención de enfermedades. Esto no solo impulsa la productividad, sino que también ayuda a preservar recursos naturales valiosos, reduciendo el uso excesivo de agua y productos químicos.
La IA también puede ayudar a los agricultores a prever problemas antes de que ocurran. Mediante el monitoreo constante de los cultivos, es posible identificar signos tempranos de enfermedades o estrés hídrico, lo que permite una respuesta rápida y eficaz.Es fundamental en un momento en que el cambio climático genera desafíos adicionales para la agricultura.
Predicción de la demanda y producción
La IA no solo se ha quedado en el campo, sino que también ha ingresado de lleno en el corazón de la cadena de suministro alimentaria. Las empresas alimentarias están utilizando la IA para anticipar la demanda de productos y ajustar la producción en consecuencia. Esta capacidad de predicción no solo evita el desperdicio de alimentos, sino que también garantiza que los estantes estén siempre abastecidos con los productos que los consumidores desean.
Este enfoque basado en datos permite una gestión más eficiente de los inventarios. Las empresas pueden minimizar el desperdicio y reducir los costos de almacenamiento al producir solo lo que se necesita. Además, esta optimización también reduce la presión sobre los agricultores al garantizar que sus productos encuentren un mercado y no se desperdicien debido a la sobreproducción.
Predicción de calidad y caducidad
La IA también ha revolucionado la inspección de calidad de los alimentos. Gracias a la visión por computadora y el aprendizaje automático, la IA puede evaluar la calidad de los alimentos de manera precisa y rápida. Esto es fundamental para garantizar que solo los productos de la más alta calidad lleguen a los consumidores. Además, la IA también puede predecir la fecha de caducidad de los alimentos, lo que es esencial para reducir el desperdicio de alimentos y garantizar la seguridad alimentaria.
Imagina un futuro en el que los consumidores puedan escanear un código QR en un producto y obtener información instantánea sobre su calidad y frescura. Esto no solo brinda a los consumidores la tranquilidad de saber que están comprando productos de alta calidad, sino que también reduce el desperdicio de alimentos, ya que las fechas de caducidad se vuelven más precisas.
Maximizando los márgenes sin alienar a los consumidores
La fijación de precios en la industria alimentaria es un desafío constante. La IA utiliza algoritmos sofisticados para ajustar los precios en función de múltiples variables, como la demanda, la competencia y los costos de producción. Esto permite a las empresas maximizar sus márgenes sin alienar a los consumidores. Además, la IA también puede ayudar a diseñar estrategias de precios dinámicos que se ajusten a las fluctuaciones del mercado en tiempo real.
Un ejemplo concreto es cómo las aplicaciones de entrega de alimentos utilizan la IA para establecer precios de entrega que varían según la demanda en un momento determinado. Esto garantiza que los consumidores tengan opciones de entrega asequibles y, al mismo tiempo, permite a las empresas de entrega maximizar sus ingresos.
El camino hacia una industria alimentaria más verde y saludable
La IA también juega un papel crucial en la promoción de prácticas agrícolas sostenibles y en la reducción de la huella de carbono de la industria alimentaria. Al optimizar el uso de recursos, como el agua y los fertilizantes, y minimizar el desperdicio, estamos dando pasos importantes hacia un futuro más verde y saludable. La agricultura de precisión, respaldada por la IA, permite una gestión más eficiente de los recursos, lo que es esencial en un mundo donde la sostenibilidad es una preocupación creciente.
Además, la IA también puede contribuir a reducir la huella de carbono en la cadena de suministro alimentaria al optimizar la logística y el transporte. La planificación de rutas más eficientes y la reducción de emisiones en el transporte de alimentos son solo algunos ejemplos de cómo la IA puede hacer que la industria alimentaria sea más amigable con el medio ambiente.
Un futuro alimentario impulsado por la IA
La Inteligencia Artificial está transformando de manera fundamental la industria alimentaria. Desde la producción agrícola hasta la experiencia del consumidor, está optimizando procesos, reduciendo el desperdicio y promoviendo prácticas o materiales de embalaje más sostenibles. Este emocionante viaje hacia un futuro alimentario impulsado por la IA está lejos de terminar. La tecnología continúa evolucionando y desafiando los límites de lo que es posible en la industria de la alimentación.
Si te preguntas cómo la IA puede influir aún más en la alimentación del futuro, la respuesta es que las posibilidades son infinitas. La investigación y la innovación en este campo avanzan a pasos agigantados, y no podemos esperar a ver lo que depara el futuro.